martes, noviembre 03, 2009

Reyertas 62: ¿Esperanzas? Sólo si se trabajan

Muy tenue, se filtra una luz muy débil que tal vez no anuncie una solución que podamos festejar los trabajadores del mundo. Pero al menos, es una esperanza. La cuál, sin embargo, tal vez no sea vana, fútil. La condición para que no lo sea así es entender que no es tiempo de celebraciones banales sino de arduos trabajos, todavía más, si es que la pretensión es la de alcanzar verdaderos triunfos para la clase trabajadora y para el pueblo.

Explico. Justamente la semana anterior acontecieron dos eventos importantes que permiten enfrentar con ánimos renovados la lucha tanto en el caso de la compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC) como en el del Golpe de Estado en Honduras.

En el caso hondureño, después de varios meses de presión internacional pero sobre todo de una obstinada resistencia popular (que posiblemente no sea la más imaginativa, pero tiene mucha tenacidad), el gobierno golpista de Roberto Micheletti por fin se dio cuenta que tiene necesidad por ceder cosas reales y no nada más hacer esas pequeñas concesiones con las que ganó tiempo. Durante los cuatro meses transcurridos desde el golpe, el presidente de facto se ha visto obligado a cerrar medios de comunicación, restringir las garantías sociales, reprimir a la oposición, cortar relaciones diplomáticas, entablar falsas mesas de diálogo sin capacidad para llegar a acuerdos y hacer propuestas sin la mínima viabilidad política. Todo lo anterior simple y llanamente para hacerse del tiempo indispensable para desmantelar cualquier posibilidad de un futuro distinto para Honduras.

La aceptación de la propuesta que fundamenta la necesidad establecer un gobierno de Unidad Nacional que pase por la decisión del Congreso para reinstalar en su cargo al depuesto Manuel Zelaya no puede ser visto como algo menos que una victoria del resistente movimiento popular hondureño. Irse con el engaño que otorga todo el crédito a la diplomacia estadounidense sería muestra de una estrecha concepción. Sería olvidar que el movimiento popular, y la repercusión internacional que éste ha tenido, fue lo que obligó a los estadounidenses a tomar una actitud distinta a la indolente pasividad que habían demostrado hasta ahora. Pasividad que daba cierto grado de legitimidad al golpismo.

Por el lado del Sindicato Mexicano de Electricistas el boletín que el secretario del exterior, Fernando Amezcua, difundió por diversos medios de comunicación, el pasado 31 de octubre, es una pieza fundamental en el presente conflicto. En éste se informa de dos sucesos cuyas repercusiones son realmente trascendentes para los trabajadores. Por una parte, la admisión de la demanda de amparo en el juzgado primero del centro auxiliar de la primera región tiene (o debería tener si es que cómo dice en el gobierno del señor Felipillo I, el espurio, que su administración respeta la legalidad) es dejar en suspenso la liquidación (que no extinción, pues como señalan los especialistas en derecho, esa figura no existe) de LFC. Por el otro lado, se informa que la JFCA se vio obligada a reconocer la personalidad jurídica que posee el SME como organismo que representa los intereses de los trabajadores electricistas. Como consecuencia de este par de sucesos, la propia JFCA tuvo que admitir que las relaciones laborales entre la patronal y el sindicato, persisten y por tanto se mantiene la vigencia del Contrato Colectivo de Trabajo (CCT).

Sin embargo, en el caso hondureño, el que los golpistas hayan aceptado que la restitución de Zelaya sea sancionada por el Congreso local no implica que realmente vayan a ceder. A estas alturas se requiere que el pueblo hondureño y la comunidad internacional incrementen la presión (tanto en términos de magnitud como de eficacia) en contra del gobierno de Micheletti. Ya quedó claro que los golpistas harán todo lo que esté a su alcance para retrasar lo más posible el cumplimiento de los acuerdos. Parten de la idea de que entre más tiempo pase y ellos tengan el control del gobierno más difícil será que se les arrebate en las elecciones del próximo 29 de noviembre. Es un gran avance que la burguesía rentista que hegemoniza a Honduras haya cedido, al menos en el discurso, en algo que podría sacarles del poder. Por ello es que éste no puede ser el momento de sentarse a celebrar que los golpistas estén apunto de caer, por el contrario, es ahora cuando se requiere mayor entereza y que el proletariado hondureño por fin comience la ofensiva final contra los golpistas. Cabe aclarar que dicha ofensiva no solamente debe enfocarse a sacarlos del gobierno sino que hace falta sellar también las posibilidades de un triunfo electoral que les restituya de manera “legítima” en el gobierno de Honduras, y que además elimine las trabas que durante los últimos cuatro meses han impuesto los golpistas a cualquier intento de reformar el orden constitucional en favor del pueblo hondureño. Claro que en esa tarea se debe tener siempre claro que Zelaya es un aliado de los trabajadores, pero uno del cuál no se puede esperar demasiado; uno al cuál se le debe ejercer una presión muy bien calibrada para que abra los espacios en que el movimiento revolucionario puede avanzar y no caer en el inmovilismo que se regodea con sus triunfos parciales.

En el caso del SME sucede algo similar. La suspensión del decreto no quiere decir, siquiera, que el poder judicial vaya a otorgar el amparo en contra de la decisión del gobierno de Felipillo I, el católico. Tampoco puede festejarse demasiado la decisión que el Distrito Federal y el municipio hidalguense de Tetepango estén en disposición de interponer una controversia constitucional contra el decreto del sabadazo que “extinguió” a LFC. No por nada, el propio secretario del exterior del SME, Fernando Amezcua, difundió un boletín firmado por el Comité Central y las Comisiones Autónomas del sindicato y firmado con día 3 de noviembre, que ya la juez Guillermina Coutiño Mata está siendo víctima de todo tipo de presiones provenientes desde el gobierno federal para que no emita la suspensión definitiva del decreto de liquidación de LFC.

A Felipillo I, el breve, le urge desaparecer a los electricistas no nada más por el asunto de la fibra óptica, como lo han sugerido muchos columnistas, sino porque sería un elemento clave para la imposición de reformas neoliberales más profundas; como en el caso de la Reforma Laboral Neoliberal. Véase nada más el carácter que se le está imprimiendo al presupuesto federal para 2010: se incrementan los impuestos a los contribuyentes que perciben menores ingresos mientras se premia a los grandes corporativos manteniendo los regímenes de consolidación que les permiten diferir el pago de impuestos o incluso no pagar lo que deben.

Si nuestros electricistas del SME claudican y/o no consiguen involucrar al pueblo en su justa demanda de restitución de su materia de trabajo, solamente tendrían un futuro posible: ser la repetición del caso de los miembros del Sindicato Único de Trabajadores de Autotransporte Urbano de Pasajeros de Ruta 100 (SUTAUR 100), en el caso de los activos. Además de que se repetiría con los jubilados la situación que hoy están padeciendo los antiguos jubilados del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM), a los cuáles se les prometió que se respetarían las condiciones establecidas por en el Contrato Colectivo de Trabajo, pero en la actualidad, esos trabajadores están padeciendo porque en las reformas más recientes sus jubilaciones simplemente desaparecieron sin que el eterno líder del sindicato, el señor Víctor Flores, haya movido un dedo para apoyarlos.

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, octubre 29, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 29:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(tercera de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

1.2 MATERIA Y PROPIEDADES

Hemos visto que la materia se define por su capacidad de movimiento (energía) (1.1), lo cual nos puede hacer suponer que existen dos entidades, por lo que no tendríamos un materialismo, sino un dualismo material-energista. O inclusive podríamos pensar que sólo existe la energía, pero la capacidad de movimiento es siempre sobre algo. Para no caer en tales artilugios es preciso ubicar la energía no como una entidad, sino como una propiedad de la materia, aclarando que "las propiedades y relaciones sólo pueden ser materiales de manera derivada, vale decir en virtud de la materialidad de las cosas involucradas: no hay propiedades ni relaciones en sí mismas, salvo como abstracciones" (Bunge, 2006:33), es decir que, las propiedades y relaciones no pueden ser meros nombres porque influyen sobre la materia, pero a su vez no son directamente materiales porque no existen por sí mismas, sino que se constituyen y transforman en razón de los objetos materiales que las contienen. En ese sentido, un materialismo consecuente afirma la diversidad de propiedades, ya que negarlas nos haría simplificar el concepto de materia.

Ahora bien, se puede confundir propiedad con predicado, en tanto que "una propiedad, tal como ser pesado, se representa mediante un atributo o predicado. Las propiedades se poseen realmente; los atributos se atribuyen verdadera o falsamente" (Bunge, 2002b:16) Es decir que, la verdad se refiere a nuestros conceptos y la realidad a los objetos. La confusión se genera porque predicado o atributo se refieren a lo que se dice de un sujeto u objeto, mientras que las propiedades es aquello que poseen los objetos (individual o colectivamente), por lo que las propiedades son objetivas, no hay que confundirlas con los predicados. En otras palabras, podemos asignar predicados infinitos y arbitrarios a cualquier cosa o persona, en la medida en que tales juicios coincidan con las propiedades que poseen los objetos: tales características serán atributos de las cosas y no meros juicios del observador.

Existen dos tipos de propiedades, las intrínsecas, "tales como el número de componentes de una cosa, y propiedades relacionales, tales como la velocidad" (Bunge, 2002b:17). Es decir que, si la materia está en constante movimiento, cada objeto produce cambios dentro de sí y a su vez interactúa con otros objetos y todo ello genera las propiedades correspondientes.

También podemos clasificar a las propiedades en esenciales y accidentales, "una propiedad esencial de una cosa es la que la cosa pierde si se transmuta en una cosa de especie diferente, en tanto que una propiedad accidental es la que no influye mucho, o no influye nada, en ninguna de las propiedades esenciales" (Bunge, 1999:34). Es decir que, si una propiedad determina el que un objeto se transforme en otro totalmente distinto, será una propiedad esencial, pero si solamente genera un cambio cuantitativo será una propiedad accidental. En ese sentido, las propiedades no solamente están contenidas en la materia, sino que la transforman, generando así materia de diferentes tipos, por ejemplo, la capacidad de supervivencia es una propiedad que poseen los seres orgánicos para mantenerse vivos. Esto no hace a Bunge un esencialista, pues no sostiene que lo que determina a un objeto sea su esencia, sino que conforme los objetos se complejizan van adquiriendo propiedades que los constituyen, pero pueden ser modificadas en cualquier momento.

Además podemos clasificarlas como absolutas y relativas, “las primeras son las mismas para todos (de manera relativa a todos) (…) ejemplos paradigmáticos de ellas son la existencia real, la carga eléctrica y la entropía de una cosa física, y la composición y estructura de un sistema (…) otras propiedades como la masa y la frecuencia, así como la posición y la velocidad, dependen del sistema de referencia” (Bunge, 2006:36) En otra palabras, hay propiedades que comparten todas las entidades en un mismo nivel de organización (como la vida en el nivel biológico) y hay otras que son específicas de cada entidad, como su volumen. Por lo que el movimiento de la materia mantiene cierta uniformidad y a la vez genera la diversidad.

Por otro lado, la propiedad de la energía no es solamente intrínseca, esencial y absoluta, sino que es la más importante y no podría ser de otra forma, pues es la que define a la materia misma, es decir, "la energía no es sólo una propiedad entre muchas otras, es la propiedad universal, el universal por excelencia" (Bunge, 2006:35). Pero a su vez ésta propiedad puede resultar ambigua, pues si todos los objetos materiales la poseen parece difícil distinguirla, dado que "puesto que la energía es un universal, resulta insuficiente como "ser", "existente" o "cosa" para caracterizar una cosa en particular"(Bunge, 2006:35), por lo que si queremos describir o explicar un objeto material debemos enunciar al menos dos propiedades, incluyendo a la energía.

En pocas palabras, todo objeto se compone de materia con propiedades, pues si no existieran las propiedades no habría diversidad y éstas son materiales de manera derivada, pues toda propiedad lo es de algo: la lucha de clases se da entre grupos humanos, los pensamientos existen en los cerebros, la digestión se da en organismos determinados y la combustión en compuestos químicos específicos, por mencionar algunos ejemplos. Esto no es un dualismo disfrazado, sino un monismo materialista con un pluralismo en las propiedades (Bunge, 1981), las cuales al no poseer existencia sin sus respectivos objetos materiales: no modifican el monismo de nuestra ontología científica.

Otras propiedades que poseen todos los objetos materiales son la existencia (que veremos en el último capítulo), el espacio y el tiempo. Estos últimos poseen características muy peculiares, por lo que los abordaremos en la siguiente sección.

1.3 ESPACIO Y TIEMPO

Hemos visto que todo ente material posee propiedades y que la propiedad fundamental es la energía (1.2), si bien no es posible evaluarla en razón de que todos la poseen, sí es posible medir la energía de cualquier entidad material, en cambio existen dos propiedades que también pertenecen a toda la materia, pero que no pueden medirse: el espacio y el tiempo, los cuales no son entidades materiales, pues si así fuera el espacio tendría la capacidad de cambiar, lo cual no tiene forma de verificarse pues no es posible percibir su movimiento. Si suponemos que el tiempo es material, podría moverse de manera discontinua, pero su velocidad depende de la fuerza de gravitación de los objetos materiales, pues a la velocidad de la luz el tiempo pasa lentísimo y en la estratosfera es un poco más rápido que a nivel del mar (Sagan, 2004:205). Es decir que, "el espacio es la estructura básica de la colección de las cosas: es un conjunto de relaciones y, como tal, no existe sin los objetos relacionados, que son las cosas" (Bunge, 2002b:21). Y a su vez "el tiempo es la estructura básica de la colección de acontecimientos. Para que haya tiempo, debe haber cosas capaces de cambiar, es decir, entidades materiales." (Bunge, 2002b:21).

En ese sentido, el espacio y el tiempo no existen por sí mismos, sino que constituyen una red de conexiones entre las cosas, en tanto que los objetos materiales forman parte de sucesos. En particular, "el espacio y el tiempo no son cosas concretas, puesto que no poseen energía" (Bunge, 2006:335). Aunque suponemos que nuestro autor no quiso decir concretas, sino con capacidad de movimiento, puesto que los campos físicos no son concretos. Es decir, que el espacio y el tiempo no son materiales por no poseer energía, mientras que los objetos materiales se mueven en el espacio y en el tiempo en razón de que poseen energía.

Consecuentemente, “el espacio es el modo de espaciarse las cosas, y el tiempo el modo de sucederse los sucesos que ocurren en las cosas" (Bunge, 1981:39). Es así como podemos explicar la materialidad del mundo incluyendo al espacio y al tiempo como conexiones.

Por otra parte, al ser el espacio y tiempo una red, implica que no pueden separarse, pues uno y otro posibilitan el movimiento sucesivo (tiempo) y simultáneo (espacio), es decir que, "el espacio y el tiempo, si bien son conceptualmente distinguibles, en realidad constituyen un único bloque, el universo" (Bunge, 2006:335). Pero en otro lado, Bunge entiende el universo como la totalidad de los objetos materiales (Bunge, 1981). Nosotros consideramos que posee mayor consistencia este último argumento, pues si todo cuanto existe es material, la suma de los objetos materiales constituye la totalidad de lo existente (universo), en cambio el bloque espacio-tiempo es solamente la red que se entreteje sobre los objetos materiales, misma que hace posible los campos físicos. Es decir, espacio y tiempo son los ligamentos que unen a la totalidad de los objetos materiales, donde no haya tales objetos tampoco habrá temporalidad ni espacialidad, es decir, no habrá nada, lo que abordaremos en el último capítulo.

En pocas palabras, no debemos multiplicar los entes innecesariamente, pues para un materialismo congruente basta con una sola entidad: la materia, la cual posee propiedades y genera el espacio y el tiempo en tanto utiliza su propia energía. Pues si supusiéramos que materia, energía, espacio y tiempo son entidades irreductibles, como sostiene Arana (2001), habría que explicar cada una de sus interacciones y naturalezas de manera aislada, lo que no nos permitiría dar cuenta de la realidad eficientemente. Ya que habría que justificar la autonomía ontológica de al menos cuatro entidades y al mismo tiempo su interacción en una misma realidad, lo que nos mete en dificultades similares a las que se enfrentó Descartes con su dualismo psicofísico.

Es decir, nuestro materialismo científico no puede reducirse a una materialidad meramente concreta, sino dinámica, esto implica que todo lo material posee energía y otras propiedades, entre ellas deben estar necesariamente el espacio y el tiempo, pues entenderlos por separado generaría un pluralismo ontológico y no el monismo materialista que defendemos.

1.4 MATERIA Y EMERGENCIA

Hemos visto que el universo se compone de objetos materiales con sus propiedades (1.3), sin embargo hay propiedades que no forman parte de entes individuales, sino que forman parte de las totalidades, lo que se verá en adelante.

En general, los materialismos e idealismos en la historia de la filosofía han sufrido de limitaciones, tanto los primeros por reducir la realidad a su mera materialidad, como los segundos al insertar elementos externos que requieren una nueva explicación y así sucesivamente. En ese sentido, de uno u otro modo se admite que la realidad se compone de materia, pero al no tener un visión compleja de lo que es material, se tiende a los reduccionismos ontológicos.

Bunge trata de superar éstas dicotomías con el concepto de emergencia. En la sección anterior (1.3) vimos que la materia cambia constantemente y posee propiedades, y que dichas propiedades transforman a la materia. A su vez la materia en su transformación genera nuevas propiedades, esto es, propiedades emergentes. Es decir, "...algunos cambios, tales como el desplazamiento y la mezcla, son cuantitativos, otros como la combinación química y la formación de nuevas organizaciones son cualitativos. De modo equivalente, estos cambios involucran la emergencia (adquisición) o extinción (pérdida) de ciertas propiedades." (Bunge, 2006:37). Es decir, que la materia no sólo tiene la capacidad de cambiar, sino de complejizarse. En tal sentido, no todo cambio genera propiedades emergentes, pues para que tal hecho ocurra se requiere que los cambios sean cualitativos, es decir, que los objetos en cuestión formen totalidades o estructuras (dichas totalidades para nuestro autor constituyen sistemas, lo cual no abordaremos en esta obra, pues excedería nuestra delimitación temática).

Ahora bien, éstas propiedades emergentes a primera vista pudieran parecer un inserto idealista como el dios creador para explicar el inicio del universo, o una "imposibilidad de explicar la novedad cualitativa en términos de los constituyentes de la totalidad en cuestión y sus relaciones" (Bunge, 2006:37). Sin embargo no se cae en idealismos en tanto se conciben las propiedades como existentes derivados de la materia y no es una imposibilidad en tanto explicación pues no está reduciendo los componente a lo más simple "por ejemplo, un subsistema cerebral capaz de tener experiencias mentales de algún tipo está compuesto por neuronas, células gliales y otros tipos de células, ninguna de las cuales es capaz de tener pensamientos, del mismo modo, una empresa comercial, aunque está compuesta por personas, ofrece productos que ningún individuo [aislado] podría producir" (Bunge, 2004:188) Es decir, que las propiedades emergentes no surgen de la nada, sino que siempre derivan de objetos materiales y sus respectivas combinaciones, pues la materia se va complejizando conforme encuentra más y mejores modos de organizarse, donde lo químico posee más propiedades que lo físico y lo mismo sucede con lo biológico y lo social, ya que mientras más compleja es una totalidad más propiedades genera, pero no por ello dejar de ser material.

Esto es muy claro en la sal, pues el sodio y el cloro son sumamente dañinos para el humano, pero cuando forman el compuesto químico de la sal son sumamente benéficos, es decir, las propiedades de tales elementos se pierden en el compuesto, el que a su vez genera nuevas propiedades. La explicación se dificulta cuando se pretende explicar la emergencia de la vida a partir del conjunto de moléculas orgánicas, pues "los procesos de emergencia son mucho más difíciles de explicar que los de agregación y dispersión. Por ejemplo, no hay ninguna teoría aceptada acerca del modo en que emergieron los organismos a partir de materiales abióticos, alrededor de 3000 millones de años atrás (...) lo mismo ocurre con la emergencia de la mente..." (Bunge, 2004:40). Lo que se expondrá en la siguiente sección (1.5).

Esto puede clarificarse aun mas cuando se comprende que la energía no solamente genera un mero movimiento cuantitativo en la materia, sino que "... el movimiento puede inducir un cambio cualitativo, como en el caso de dos átomos que se aproximan y se combinan en una molécula o el encuentro de varias personas en un lugar formando un sistema social. Dicho de otro modo, es posible que el cambio cualitativo haga posible una transformación cualitativa" (Bunge, 2001:146). Es decir, que la emergencia no resulta de la mera suma de elementos, sino que cuando los objetos materiales se conjugan de modo que formen un todo, tal elemento es un nuevo objeto material, por lo que también poseerá propiedades, en tanto que “Toda propiedad lo es de algún objeto, y no hay objetos sin propiedades.” (Bunge, 2002b:16).

En pocas palabras, aunque resulta más sencillo explicar la emergencia de propiedades químicas a partir de elementos físicos (como en la sal), que explicar la emergencia de propiedades biológicas a partir de compuestos químicos o de propiedades sociales a partir de individuos humanos: el proceso es el mismo, a saber, el desarrollo de la materia mediante la formación de nuevas estructuras. Por lo que no debe entenderse la emergencia de vida y sociedades como ajena a la materia, lo que veremos en la siguiente sección (1.5).

En resumen, la materia posee energía, entreteje su propio espacio y tiempo y posee propiedades, algunas de ellas son emergentes, en tanto corresponden a las totalidades que construye la materia en su propio movimiento. Las propiedades emergentes más importantes son la vida, la mente y la cultura, lo que se verá en adelante.

(Continuará…)

martes, octubre 27, 2009

Reyertas 61: Cuatro postales de América Latina

La ferocidad con que el gobierno de Felipillo I, el espurio, lanza sus ataques contra el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) es motivo suficiente para que los revolucionarios de este país centremos nuestros esfuerzos en apoyar la organización de los obreros que defienden su materia de trabajo. Pero ello no quiere decir que dejemos de ver el bosque por actuar en el árbol. Es importante que hagamos en estos difíciles días un breve alto para reflexionar sobre los asuntos que se están presentando a escala internacional. Por principio de cuentas, habrá que señalar que, en las semanas recientes la situación de nuestra América ha estado marcada por cuatro escenas que se vienen desarrollando en cuatro naciones diferentes: México, Honduras, Nicaragua y Uruguay. El desarrollo estos escenarios está condicionado por el predominio a escala internacional de la fase depresiva del ciclo económico. Sin embargo, el carácter mundial no implica que la superación de la depresión económica se vaya a resolver al mismo tiempo en todas las naciones, por el contrario. Mientras la economía de algunas naciones de Sudamérica está entrando en una fase de recuperación, v. gr. Brasil, la mayoría de las latinoamericanas está arribando a la parte final de la depresión, y algunas otras, como México, sus gobiernos se obstinan en instalar al país lo más cómodamente que le sea posible en la fase depresiva del ciclo.

Aunque los hechos demuestren el próximo año que la recesión más fuerte desde 1929 (pero la cual sin duda sería un juego de niños ante una crisis en la que se combinen el quebranto de la economía estadounidense con el de la china), se superase o se prolongare, la realidad es que las tensiones sociales se están acumulando y el inicio de un nuevo ciclo económico, con el respectivo período de ascenso, serán campo fértil para que se multipliquen las expresiones sociales de lucha. Entre más rápido salga una nación de la depresión, menor potencial revolucionario se acumulara; pero al contrario, entre más se tarde en llegar la fase de recuperación mayores energías se acumularán en la sociedad. En estos términos vale la pena hacer un breve recuento de los cuatro escenarios que están acaparando la atención.

Sombras nada más

Nueve años después muchos mexicanos apenas se empiezan a dar cuenta que el cambio tan prometido no fue más que una promesa de campaña: los panistas de Fox y Calderón solamente se han distinguido de los gobiernos priistas en que presumen de ser más apegados a las costumbres de la mochería. Más allá de ello no hay evidencias reales de algo que diferencie objetivamente al PAN del PRI. Salvo para algunos ingenuos creyentes de la consigna “López Obrador es un peligro para México”, para nadie más era un secreto que la famosa guerra contra el narcotráfico que está desplegando el gobierno federal era un simple pretexto que encubría la tendencia creciente al crecimiento de las fuerzas represivas en el país, pero no para combatir a los cárteles de la droga u otras organizaciones criminales sino para enfrentar cualquier tipo de protesta social que pudiese surgir como efecto de la imposición de nuevas reformas estructurales.

De por sí resultaba ya sospechoso que pese al escándalo que se realiza en los medios masivos de comunicación cada que se detenía a algunos mandos medios del crimen organizado, mientras que el poder de esas mismas organizaciones se reafirmaba. Ahora, los operativos policíacos y militares que se desplegaron en el caso de la extinción de Luz y Fuerza del Centro (LFC) no dejan lugar a dudas. Felipillo I, el católico, está empeñado en cumplir las promesas que en campaña le hizo a sus verdaderos electores: el capital librecambista que lucra con los mexicanos. Al artero golpe en contra de los trabajadores electricistas se suma el proyecto para profundizar el carácter confiscatorio del ingreso de las clases subsumidas que tiene la política fiscal mexicana.

El rumbo que ha tomado el país con las políticas neoliberales, y la obstinación en recurrir a ellas en momentos de tremenda depresión económica mundial, auguran que las dificultades van para largo. Sobre todo cuando sobre la cabeza de los trabajadores pende la amenaza, cada vez más cercana, de la Reforma Laboral Neoliberal (RLN).

Tanta obcecación calderoniana está generando tanto descontento social que bien podrían hacer realidad una realidad con la que hasta ahora ha jugueteado ingenuamente la izquierda revolucionaria: 2010.

Broncas hondas y duras

Tampoco las cosas pintan muy claras en el caso del Golpe de Estado en Honduras. Esta semana se cumplen ya cuatro meses que el congreso encubrió la acción golpista del militar Romeo Velásquez al colocar en la presidencia al señor Roberto Micheletti. El conflicto estaba tomando un rumbo distinto a partir de que el 21 de septiembre el presidente José Manuel Zelaya, como lo comenté en Reyertas 57: Al filo en las Honduras, sin embargo en las semanas que han seguido el gobierno golpista ha conseguido, a duras penas, ganar un valioso tiempo que lo acerca a su objetivo: mantener un status quo benéfico para la conservadora burguesía terrateniente parasitaria (encabezada por los expresidentes Carlos Flores Facussé y Ricardo Maduro) que se benefician de las sumisas alianzas que establecieron con el capital imperialista.

Por desgracia, entre el papel de comparsa que ha desempeñado la Organización de Estados Americanos (OEA), la cuál si bien ha mesurado su papel como instrumento del imperialismo aún mantiene un sesgo que intenta ser discreto, y la falta de creatividad que ha exhibido el movimiento popular hondureño que respalda a Zelaya.

A estas alturas los escenarios más probables que se dilucidan como solución al Golpe de Estado en Honduras es que las elecciones se realicen bajo el gobierno de facto, y con ello se pretenda dar por zanjado el asunto con la formación de un nuevo gobierno que comience a funcionar a partir de 2010 e, incluso, los golpistas tendrían pocas trabas para aceptar el regreso de un presidente ya sin poder y sin capacidad para cambiar algo. La alternativa que se perfila, si es que el movimiento popular no logra crear algo sorpresivo, es que Zelaya acepte las condiciones de docilidad que le imponen los golpistas para, en consecuencia, se realice su regreso antes de las elecciones de finales de noviembre.

Entre Sandino y Somoza solo un Ortega

La resolución judicial, del 19 de octubre pasado, que abre la posibilidad para que el actual presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, se reelija consecutivamente como presidente de la nación centroamericana confirma tres cosas que ya se sospechaban. Primero, que hace mucho tiempo que para Ortega el sandinismo y el socialismo no son más que una máscara para ganar cierta legitimidad en el plano internacional, pues ambas definiciones le facilitan la cercanía con gobiernos que han sido más consecuentes con su carácter socialista como el de Cuba o Venezuela. Pero, en realidad Ortega no tiene ningún prurito en violar los principios del sandinismo o del socialismo, cuando así le conviene.

Segundo, que la política de votar por el menos malo suele ser la peor decisión posible desde la perspectiva de los intereses de la clase trabajadora. No es posible negar que el triunfo de Ortega en las elecciones del 5 de noviembre de 2006 fue un triunfo del proletariado nicaragüense, pero a final de cuentas, el menos malo de los candidatos terminó cumpliendo su previsible destino fatal: traicionar al pueblo. Tercero, la mezquindad y oportunismo que caracterizan a los supuestos renovadores del sandinismo. Ésos discípulos de Sergio Ramírez y de Ernesto Cardenal que al no ver satisfechas sus ambiciones de poder fueron capaces de cambiar la camiseta de los principios socialistas que defendía el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) por las de la tercera vía, en un primer momento, o de plano llegar al “supuesto” retiro político pero sin dejar de hacer propaganda favor de ese fraude al pueblo que representa la socialdemocracia al estilo europeo, ¿alguien olvida que ésa está representada por personajes de la talla del español Felipe González o del escocés Anthony Blair?

Esperando la luz al final del túnel

Las elecciones presidenciales del pasado domingo 25 de octubre en Uruguay arrojaron el triunfo del candidato del Frente Amplio (FA), el exguerrillero tupamaro José “pepe” Mujica. Sin duda que la biografía de pepe muestra a un personaje comprometido y radical, por tanto, es mucho más prometedora que la del actual presidente Tabaré Vázquez cuando ganó las elecciones presidenciales en 2004. En consecuencia se puede pensar que, al menos, Mujica sería un presidente mucho más consecuente con el programa de las izquierdas uruguayas de lo que lo ha sido el tibio Tabaré.

Sin embargo, todavía hay dos escollos que los trabajadores uruguayos deben superar para festejar a pepe. Primero, deben lograr refrendar en la segunda vuelta el triunfo electoral (en la primera vuelta sacó ventaja de 18 puntos porcentuales pero no alcanzó el 50% de la votación total); y segundo, deben obligar a Mujica a ser consecuente con el programa, a evitar que el individuo traicione a la clase.

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

domingo, octubre 25, 2009

Memoria proletaria 3: ¿Cuentos chinos; de la revolución a la contrarrevolución?

Según la astrología china, los años que transcurren bajo el signo el búfalo estarán colmados de prosperidad que se alcanza a través de la fortaleza y el trabajo. Al intentar compaginar el calendario gregoriano que rige la medición del tiempo en occidente con la sucesión de signos del calendario astrológico chino, encontraremos que la mayor parte de 1949 coincidió con un año regido por el signo del búfalo. Bajo esas premisas podría suponerse que el triunfo de la revolución encabezada por el Partido Comunista (PCCh), el 1 de octubre de 1949, es la demostración más clara de la sabiduría del ancestral pensamiento chino. Dicho triunfo no sería más que el justo reconocimiento, la prosperidad ocasionada por la perseverancia y arduo trabajo que los comunistas dirigidos por Mao Tse-Tung desplegaron, no solamente los últimos tres años de la Guerra Civil (1946-1949), sino durante buen parte de la etapa de la República China (1912-1237), pues el PCCH se fundó en 1921, y la invasión japonesa durante la Segunda Guerra Mundial (1937-1945).

Sin embargo, el pensamiento supersticioso (tan acremente criticado por Mao en sus escritos) deja sin explicar en realidad que la prosperidad también fue perseguida con mucho trabajo por los partidarios del Partido Nacionalista o Kuomintang (KMT), que era dirigido por Chiang Kai-Shek. Ambas partes fueron fuertes y trabajaron incansablemente por ganar el derecho a gobernar china bajo su programa político. Eso en un momento dado significaría que las dos facciones contendientes debieron alcanzar la prosperidad en su momento. Pero no fue así.

En realidad, la situación puede explicarse de forma más precisa cuando se hace uso de una concepción teórica apegada al pensamiento científico. Por un lado, debe reconocerse que el trabajo político desplegado por el PCCh fue amplio y consecuente con las necesidades del pueblo chino, lograron asimilar que se trataba de una sociedad mayoritariamente agraria que mantenía arraigadas muchas costumbres impuestas por tres siglos de dominación de la dinastía Qing, que gobernó el Imperio Chino desde el año 1644 hasta el acontecimiento de la Revolución Xinhai de 1912. Por el otro lado, estaba el KMT más empeñado en la lucha por el poder desde las capas superiores de la sociedad china, por ello es que, a pesar de contar con todos los recursos del Estado, fue incapaz de someter a los “Señores de la Guerra” por más de una década. Éstos habían ido incrementando su poder desde la deposición de Puyi, el último emperador de China hasta alcanzar su máximo esplendor en la primera parte de la década de los años 1920, para por fin ser controlados hasta 1927. En realidad la política del KMT no tenía más objetivo que proteger los intereses de los grandes terratenientes y comerciantes que habitaban en China, intereses que se contraponían con los partidarios del imperio, pero no de manera radical. Por ello es que en cierto sentido, algunas facciones de ese partido coquetearon con la idea de restaurar a Puyi como emperador, posibilidad que quedó completamente diluida cuando éste personaje aceptó el cargo en Manchuria (región al norte de China) que le ofrecieron los japoneses durante la invasión a China.

Pese al empeño puesto en modernizar al gigante asiático, Chiang Kai-Shek fue incapaz de encabezar un gobierno que aplicase propuestas que resolviesen los graves problemas de China, por el contrario la situación se agravó tras el final de la Segunda Guerra Mundial y la expulsión de los japoneses. A ello, hay que agregar el factor de la enorme esperanza que le inyectaba al pueblo chino la política desplegada por el PCCh. En más de una ocasión el gobierno del KMT recurrió a la política de exterminar a sus adversarios políticos; el asesinato de dirigentes sindicales y agrarios se volvió común en esos años de guerra civil, pero ello no minó la fuerza del partido revolucionario. Al contrario.

Tras tres intensos años de guerra entre las fuerzas del KMT y del PCCh, éste obtuvo una gran victoria que le permitió promulgar la fundación de la República Popular China el 1 de octubre de 1949. Mientras que los partidarios de Chian Kai-Shek se refugiaron en las islas que rodean a la de Taiwán, desde donde han mantenido la existencia de la República de China.

Hacer la revolución en aquella nación asiática no fue sencillo, requirió de un gran esfuerzo por parte del pueblo que incluyo salir airosos de dos guerras civiles (1927-1937 y 1946-1949), una invasión extranjera (la japonesa, 1937-1945), una gran migración que obligó a miles de personas del sur hacia el norte del país para evitar el exterminio total, episodio que se conoció como la Gran Marcha, amén de los dirigentes sindicales, campesinos y populares que fueron asesinados por las fuerzas del KMT.

En días pasados ese esfuerzo fue celebrado con grandes fiestas por parte del gobierno chino encabezado por el presidente Hu Jintao, quien por cierto solamente tenía 6 años cuando Mao Tse-Tung proclamaba el triunfo de la revolución. Entre los actos de festejo del 60º aniversario de la Revolución China, se incluyó un fastuoso desfile militar, el más grande que la humanidad haya visto, con el cual se pretendió hacer gala de una pequeña porción del poderío militar que ha alcanzado China. Por cierto, que en los siguientes videos se pueden apreciar algunas imágenes del tamaño que tuvo tal parada.

Sin embargo, el desarrollo de las fuerzas armadas en la República Popular debería ser motivo para detenerse a reconsiderar qué ha sido de la Revolución. ¿Realmente hay una transformación en China que esté tendiendo a eliminar las contradicciones sociales a su interior? ¿El modelo chino de socialismo está permitiendo que las clases vayan desapareciendo paulatinamente? ¿El enorme progreso de las fuerzas productivas es un progreso que no solamente es construido por los trabajadores y campesinos, sino que es dirigido y va en beneficio de éstos? ¿El poder político no ha servido para consolidar nuevas burguesías en esencia anticomunistas? ¿El PCCh ha obligado a los trabajadores a convertirse en esquiroles del proletariado? ¿El enorme desarrollo chino de los últimos años no se trata de una fase de crecimiento capitalista protegido por el Estado, tal como ocurrió con las grandes potencias capitalistas de Europa y Estados Unidos? ¿El PCCh ha traicionado a la revolución, a los trabajadores, a los campesinos; para convertirse en un nuevo imperialismo capitalista?

Muchas interrogantes por resolver, por desgracia muy pocos elementos se tienen desde este lado del mundo para poder dar respuestas a profundidad a todas esas preguntas. Lo que sí es posible hacer es dar un esbozo que dé una respuesta al conjunto y permita ir sentando las primeras hipótesis para tener una mejor idea de cuán conveniente le es al proletariado mundial el ascenso de China.

Por principio de cuentas, el empeño por incrementar su potencial militar es un indicio de que existen en aquella nación más que una necesidad por defender al socialismo, hay cierta vocación hacia la construcción de un imperialismo que compita con los europeos, el japonés y el estadounidense. Esta idea se ve reforzada por la renuncia que en la práctica ha hecho el PCCh al carácter internacionalista del socialismo. Es cierto que cada pueblo está obligado a realizar su propia revolución socialista, ninguna nación podrá sustituir las fuerzas populares. Sin embargo, en el largo plazo la única manera en que realmente puede triunfar una revolución es que el socialismo se generalice por el mundo como modo de producción, de lo contrario el propio peso del capitalismo podría desmantelar abiertamente o en forma discreta a cualquier revolución. Al PCCh no le toca hacer la revolución en otras naciones, pero sí tiene la obligación de compartir información, experiencias, teoría, apoyo diplomático, etc. no solamente con otros gobiernos que se denominen socialistas, sino con los propios movimientos u organizaciones revolucionarias. En ese sentido, hay que reconocer que China despliega una política exterior poco revolucionaria pero altamente conveniente al desarrollo de sus fuerzas productivas y que eventualmente podrían convertirla en un contendiente a la hegemonía imperialista. En otras palabras, tanto con naciones de América Latina como de África y Asia ha establecido relaciones comerciales que le abren le garantizan fuentes de las cuales importa materias primas, pero que dejan abierto el camino para en un futuro no muy lejano incrementar el volumen de la exportación de capitales. En años recientes, Cuba, Brasil y Venezuela, por referir algunos, han anunciado que el gigante asiático realizará inversiones productivas en esas naciones. En cambio, Estados Unidos y Europa se están convirtiendo en los principales compradores de las manufacturas chinas; de hecho el crecimiento del PIB chino en la presente década está ligado estrechamente al crecimiento de sus exportaciones.

Por otro lado, es cierto que en su momento la revolución China sirvió como aliciente para el ánimo revolucionario en el mundo, en específico en América Latina. Como bien recordó Fidel Castro en uno de sus artículos de la serie Reflexiones de Fidel Castro, titulado “La historia no puede ser ignorada”, que la propia Revolución cubana fue animada por el acontecimiento de la china, cuando señaló: “Nadie había imaginado entonces que menos de cuatro años después de aquella memorable fecha, sin ningún otro vínculo que el de las ideas, en la lejana Cuba se produciría el ataque al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, y apenas nueve años después de la liberación de China triunfaría la Revolución Cubana a 90 millas de la metrópoli imperialista.”

Sin embargo, no es posible soslayar el papel que China comenzó a desempeñar desde inicios de la década de 1970, cuando las reuniones secretas de Mao Tse-Tung con Henry Kissinger (el supercanciller estadounidense que tuvo un papel clave en la política exterior estadounidense para servir como catalizador de la implosión del Bloque Soviético) en 1971 y la multipublicitada visita posterior que Richard Nixon realizó en 1973 a la nación asiática. Pese a la defenestración que Nixon sufrió poco después por el asunto del Watergate, la tendencia colaboracionista de China con Estados Unidos fue en aumento. A tal punto que hoy, aquélla es la principal socio comercial de ésta.

Es cierto que las reformas implementadas en los años ochenta por el máximo dirigente de la revolución Deng Xiaoping, han permitido modernizar a China a pasos acelerados. No obstante, la forma en que se han desarrollado las fuerzas productivas chinas ha permitido la creación de una nueva pequeña-burguesía que se apoya en el incremento exponencial de la absorción de millones de campesinos que cada año se convierten en trabajadores que perciben salarios que les impiden consumir todo lo necesario (lo cual va en detrimento del propio mercado interno) y que habitan en condiciones que, según los reportes de varios viajeros occidentales, recuerdan los cuadros descritos sobre los estragos sociales que ocasionó la Revolución Industrial en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX.

Finalmente, ni el pensamiento supersticioso ni el fanatismo religioso han sido erradicados entre el pueblo chino. Por un lado, muchos de los elementos del pensamiento que sustentaba ideológicamente a las dinastías imperiales se ha ido filtrando en los últimos años por todos los medios: Internet, medios de comunicación masiva, escuela, etc., de cierto modo el comercio exterior también es reflejo de ello. Actualmente en países bastante lejanos de China es posible hallar a vendedores que ofrecen productos milagrosos de origen chino, que dicen curar cualquier tipo de dolencia porque están basadas en la antigua sabiduría oriental. Por el otro lado, el incremento del fanatismo budista al interior de la nación asiática y a escala internacional ha sido bien aprovechada por ese merolico sinvergüenza de nombre Tenzin Gyatso, que no tiene empacho en explotar la miseria de su pueblo y la ignorancia del mundo al arrogarse un título de supuesta santidad suprahumana, el de Dalai Lama, pero que tiene toda la terrenalidad de haber sido impuesto por el nada sacro Gengis Khan; para reactivar una campaña de hostigamiento contra el gobierno chino, abriendo el paso para que la descomposición social impulsado por la religión vaya propagándose. No hace mucho el budismo ocasionó disturbios en el Tibet y hace todavía menos los musulmanes de la etnia uigur extendieron la confrontación hacia el noroeste de China. Finalmente, el fanatismo también se expresa en el arraigado culto a la personalidad que la sociedad china todavía realiza. Los juegos olímpicos de Pekín o Beijing (si se prefiere) de 2008 fueron el escaparate perfecto para mostrar que en China las figuras míticas de Mao Tse-Tung y Deng Xiaoping no solamente eclipsan al Mao y al Deng de carne y hueso, sino también oscurecen en términos absolutos el papel de los trabajadores chinos en la construcción de la actual modernidad china.

Para muestra del culto que se ha fomentado con la imagen de Mao, nada más obsérvese el cartel que insertamos aquí:


De los elementos anteriores se puede establecer como hipótesis tanto de investigación histórica como para la revolución internacional, que el PCCh traicionó desde tiempo de Mao a la revolución, y que en consecuencia, es necesario que el proletariado en China comience a preparar una nueve revolución, una verdaderamente socialista que aproveche el gran avance que no se tenía en 1949, ahora el desarrollo de las fuerzas productivas está muy avanzado.

lunes, octubre 19, 2009

Reyertas 60: Valentía iluminada

Debe reconocerse que Felipe I, el espurio, ha hecho gala de una valentía enorme para apoyar a esas 400 grandes empresas que, según los datos del Sistema de Administración Tributaria (SAT), el año pasado ganaron 4 billones 960 mil millones de pesos, pero que, mediante diversas artimañas, solamente pagaron 85 mil millones de pesos en lugar de los 850 mil millones que debieron haber entregado al fisco por concepto de Impuesto Sobre la Renta (Véase La Jornada, 17/X/09). Los 765 mil millones de pesos que esa minoría privilegiada dejo de pagar equivalen a más de 18 veces el presupuesto del programa Oportunidades, mediante el cuál se podría crear una clientela electoral de 25 millones de mexicanos que recibirían mensualmente entre mil y dos mil pesos. Esa cantidad también sería suficiente para que la UNAM incrementase 36 veces su presupuesto. Sería posible desarrollar más ciencia, más tecnología, más empleos con esos 765 mil millones de pesos que el gobierno de Fepilllo I, el breve, ha evitado reclamar a los empresarios en un acto de valentía. Sabe bien que los trabajadores mexicanos le reclamaran que deje de cobrárselos a esos grandes consorcios en una época de crisis. Aún se necesita más valor para, en estas condiciones, tomar la dolorosa pero necesaria decisión (claro, siempre desde el punto de vista del capital librecambista) de extinguir la compañía de Luz y Fuerza del Centro (LFC) para dejar sin trabajo a 44 mil obreros. Un movimiento que no reportará ningún beneficio económico para el presupuesto federal. Por el contrario, hará que se erogue más en los próximos años.

Sería muy ingenuo creer que la desaparición de LFC es en verdad una medida que beneficiará a los trabajadores del país. Por principio de cuentas, las jugosísimas liquidaciones ofrecidas por el autodefinido presidente del empleo, implicarían que en el transcurso de un mes se erogarían del presupuesto federal $9,583,200,000 (sí, leyó usted bien estimable lector: nueve mil quinientos ochenta y tres millones doscientos mil pesos), lo que equivale a más de 6 veces el subejercicio presupuestal que los administradores de LFC acumularon entre enero y septiembre del 2009, monto que habría servido para que la empresa cumpliese los acuerdos de productividad firmados con el sindicato. Si a Calderón se le hubiese ocurrido la idea de que antes de extinguir la compañía, valía la pena rescatarla (como se hizo con los bancos o con las carreteras), el pago de salarios en el periodo que va del 15 de octubre al 14 de noviembre solamente sería $290 millones, no los más de $9 mil millones que se prometen pagar en el mismo período por liquidaciones.

Sobre las pensiones ni hablar. Resulta que, según Felipillo I, el católico, ya embarcó al Sistema de Enajenación de Bienes (SAE) como el encargado de pagar éstas. El monto de ellas, según las cifras del propio Calderón, son superiores a los 160 mil millones de pesos. En consecuencia no hay tal ahorro, aunque según el espurio es el que representa las mayores fugas de capital para la empresa.

Para Felipillo I la situación de la compañía era incosteable: tenía pérdidas por $33 mil millones de pesos. Las cuales, según él, son responsabilidad absoluta de los trabajadores, porque tienen privilegios más allá del promedio de los trabajadores de México. Sin embargo, al desglosar las cuentas hasta los periodistas más adictos al capitalismo se encuentran con una sorpresa que no pueden digerir. La compañía de LFC factura $48 mil millones al año, pero debido a que las administraciones no invirtieron en generación de electricidad (¿eso es culpa de los funcionarios puestos por el gobierno o de los trabajadores sindicalizados?), la empresa tiene que comprar la electricidad a las plantas generadoras de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), que se la vendían por encima de las tarifas al usuario final que la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) establece. Así, la CFE le cobraba anualmente a LFC más de $56 mil millones por la electricidad. Ejerciendo una forma de Dumping, una práctica penada por las leyes de muchos países, incluido México. Además de ocasionar pérdidas anuales superiores a los 8 mil millones de pesos, ese simple hecho demuestra que la CFE, como organismo autónomo descentralizado, es corresponsable de las pérdidas en LFC. Por si fuese poco, se reporta que la compañía perdía el 32.5% de la electricidad que distribuía, monto que equivalió a $25 mil millones. De esas pérdidas hay que tomar en cuenta que al menos la tercera parte son pérdidas normales en el sistema, que se incrementan en función de la distancia deba recorrer la electricidad (desde su punto de generación hasta el punto en que se consume) y de la mayor altura sobre el nivel del mar, más pérdidas se tendrán por simples fenómenos físicos que acontecen en la transmisión de energía. Los otros dos tercios de pérdidas son por robo y obsolescencia del sistema de distribución del fluido eléctrico. Elementos que no son atribuibles a nadie más que a la misma administración de la empresa, que es responsable de mantener en orden a los usuarios y las instalaciones en las mejores condiciones para los usuarios. Al sumar las pérdidas de energía con el sobreprecio por el fluido que cobra CFE se tienen más de $33 mil millones, curiosamente el monto que la empresa pierde, según el discurso oficial, por pagar las prestaciones del Contrato Colectivo de Trabajo del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Esta simple operación demuestra que la famosa inviabilidad de la empresa no se debe a los derechos que los trabajadores han consiguiendo, sino a las pésimas administraciones de funcionarios privilegiados que no dan resultados. Véase dónde estaban en LFC los “privilegiados”, mientras el salario mensual promedio de los sindicalizados era de $6,600, el director general de la LFC (quién nunca hizo realmente algo por mejorar el servicio) cobraba $240,000 al mes. Es decir una cantidad suficiente para pagar el salario de 36 electricistas. Por cierto, el salario mensual que en promedio devengan los trabajadores mexicanos no está demasiado lejos del de los electricistas de LFC, ya que con el 4% de aumento en este año, aquél ronda los $5,100.

La modernización de las instalaciones era una necesidad que los trabajadores del SME venían exigiendo desde hace algunas décadas y que la dirección nunca estuvo dispuesta a realizar. Esa indolencia administrativa obligó a los electricistas de LFC a ingeniar formas de trabajo muy distintas a las que se requieren para operar el moderno equipo al que están acostumbrados los electricistas y contratistas de la CFE. Esa diferencia es la que ha provocado el incremento de las fallas en la zona que operaba LFC y que solamente tienen dos soluciones. O habrá que esperar varios meses, e incluso años, hasta que los electricistas de LFC sean recontratados por CFE y se genere la experiencia requerida, o se modernicen los sistemas de operación. Ambas soluciones requieren incrementar el gasto presupuestal en la distribución de electricidad en la zona, soportar el empeoramiento del servicio por un tiempo (sea por el adiestramiento requerido para los trabajadores o por las obras de modernización). Para realizar cualquiera de esos gastos no era necesario liquidar a la LFC, pues la inversión en capital fijo no depende de la compañía que lo instale, sino del precio que cobren los proveedores.

Para concluir es importante señalar dos asuntos más. Primero, es cierto que de manera inmediata la extinción de la compañía no implica la privatización del servicio, pero sí es un paso hacia ella. Hasta ahora en LFC no se adquiría directamente electricidad de los Productores Independientes de Electricidad (PIE), sino que se generaba una pequeña parte en plantas obsoletas como la de Necaxa o Lechería (la primera con más de 103 años de operación) y la otra se adquiría de CFE. Sin embargo, la comisión federal sí adquiere electricidad de PIE, a tal punto que de la energía que se consume en el país el 38% es generada por privados, tal como lo reporta el documento elaborado por Alberto Montoya Martín del Campo, Análisis de la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Esto ocasiona la subutilización de la infraestructura construida dinero de los mexicanos.

Finalmente, quién crea que los problemas con los cobros desproporcionados se resolverán con el cambio de empresa, vale más que la vaya desechando. Las tarifas no las impone ni LFC ni CFE sino la SHCP, que en 2002 decidió unificar las tarifas para todo el país y sacarse de la manga la categoría Doméstica de Alto Consumo (DAC). El problema estriba en que mientras la tarifa doméstica 1A, que le correspondería al centro del país (temperatura mínima promedio en verano menor a los 25°C) se cobra cuando el usuario en doce meses consume hasta 3,000 Kw/hr, que equivale a 250Kw/hr al mes. El precio de cada Kw/hr en 2008 fue de $0.88, mientras que en la DAC, que se cobra cuando en 12 meses el usuario consume 3,001Kw/hr o más, fue de $2.90. Ese Kw/hr hace una diferencia abismal y es lo que genera los problemas con los usuarios. Tan solo tómese un par de casos hipotéticos: por un lado, si se consumiese el límite de los 3,000Kw/hr en 12 meses con el límite bimestral de 500Kw/hr, el recibo más reciente sería cobrado por $440. En cambio, sí el consumo en los 12 meses recientes es de 3,001Kw/hr y el último reporta un consumo de 501Kw/hr, el cobro sería por $1,452.90. Un solo Kilowatt-hora ocasiona, en el irracional esquema tarifario de la SHCP, el sobreprecio pagado por el consumidor doméstico sea de más de $1,012.90 por ese Kw/hr. Esa política tarifaria ha ocasionado que surjan, nada más en 2009, movimientos sociales contra ella en Campeche, Chihuahua, Nayarit, Tabasco, Chiapas y Veracruz, estado donde la “alta eficiencia” de las cobranzas de CFE es la que opera, la misma que ya opera en el centro del país.

Mientras, el derecho a la energía no sea un derecho social que obligue al Estado a tomarlo con responsabilidad directa y de manera eficiente, por más que se ataque a los trabajadores no habrá un servicio que permita el desarrollo de las fuerzas productivas del país. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, octubre 15, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 28:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(segunda de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

CAPÍTULO 1

INTRODUCCIÓN

En el presente capítulo se analizará el concepto de materia. Para ello se clarificará qué entiende Bunge por materia y su relación con el movimiento. Hecho esto se abordará qué significa que la materia tenga propiedades, y su relación con el espacio y el tiempo. Se proseguirá con el concepto de emergencia de propiedades y se verán los alcances de tales elementos para explicar la vida, la mente, la cultura y la sociedad, todo ello con el enfoque materialista y con el objetivo de clarificar de qué están hechas las cosas, pues de este modo se expondrá por qué para Bunge todo está hecho de materia y no de otra cosa.

1.1 MATERIA Y MOVIMIENTO

Dentro de nuestro antropocentrismo hemos llegado a pensar que lo material es todo aquello que se encuentra fuera de nuestra mente, ya que de antemano creemos que lo espiritual es de una naturaleza ajena a lo físico, sin embargo nuestra mente también se compone de materia en cierto sentido, debido a que está contenida dentro del cerebro. Y a la inversa, puede suponerse que existen ideas fuera de nuestra mente, como las ecuaciones matemáticas. Es decir que, si las ideas existen tanto fuera como dentro de nuestra mente, no hay posibilidad de hacer distinciones ontológicas, ya que tanto las ideas como la materia serían elementos de la mente o del exterior indistintamente. Esto implica que o bien no todo lo que existe fuera de nuestra mente es material o requerimos de una clara definición de materia.

Una opción es lo que se entiende cotidianamente por materia: como lo concreto, como aquello que tiene masa o como lo palpable, esto nos ayuda a contraponer lo material a lo mental o espiritual, sin embargo existen contraejemplos que refutarían tal definición, Bunge explica que "los entes materiales no pueden identificarse con los objetos (...) sólidos, desde que se descubrieron campos sin masa tales como el electromagnético y el neutrínico" (Bunge, 1981:34). Es decir que, si existen objetos materiales que no pueden percibirse cotidianamente, requerimos de otro criterio para entender lo material. En ese sentido, los campos físicos no pueden percibirse a simple vista, pero al no poseer lo que convencionalmente se entiende por materia como la concreción (grosso modo “que se puedan tocar”), nos obligan a redefinir lo material, lo cual no es arbitrario, podemos empezar por apegarnos a aquello que nos muestra que hay un campo físico: el movimiento de otros objetos.

Este ejemplo evidencia que el concepto de materia posee cierta complejidad y a la vez corre el peligro de caer en la ambigüedad, pues si hay objetos no palpables que a la vez son materiales, requerimos de un criterio bien delimitado para definir materia. Bunge opta por lo siguiente: "podemos caracterizar un objeto material como un objeto que puede estar por lo menos en dos estados, de modo que puede saltar de uno a otro" (Bunge, 1981:35) En ese sentido, material es todo aquello que se mueve o es capaz de cambiar o ser modificado, esto implica de paso que los campos físicos son materiales, pues cambian constantemente, en relación a los objetos que los rodean. Además, una montaña es material aunque aparentemente no se mueva, pues dentro de sí ocurren procesos fisicoquímicos que nunca cesan. Para clarificar tales conceptos observaremos si es posible que algo se mueva sin ser material.

Un objeto que puede entenderse como material y a la vez sin movimiento es un hecho estático, es decir, una o varias cosas en un estado dado (Bunge, 2006:40), sin embargo un estado dado es una mera convención, pues todo "estar" forma parte de un proceso, el cual es un movimiento, por ejemplo, el hecho de "estar durmiendo" implica procesos fisiológicos que no se interrumpen por completo en ningún momento, por lo que los hechos estáticos son materiales en tanto se mueven. Asimismo, los hechos, entendidos como sucesos entre objetos, no son materiales por sí mismos, pues existen en tanto involucran cosas concretas (Bunge, 1999:33), por lo que son materiales de manera derivada, ya que no hay hechos sin objetos materiales.

Por otro lado "los objetos conceptuales, como los números y las teorías, no son mutables, sólo las mentes que piensan en ellos están sujetas al cambio: de hecho, cambian cuando piensan" (Bunge, 1999:33). Es decir que, las teorías están en constante cambio en tanto son modificadas por los cerebros que las inventan, pero por sí mismas pueden permanecer estáticas permanentemente, como lo hacen en un libro impreso. Aun podría objetarse que las ideas cambian por sí mismas, por ejemplo el número “pi” consiste en una serie infinita de decimales, sin embargo tal número es una invención humana y no un objeto que por sí solo avance sin cesar, por lo que en todo momento posee una magnitud determinada: aquella que sea pensada en cada momento preciso.

Otro ejemplo, el concepto “México” no se mueve en tanto representa nuestro país, pero la cantidad de materia que corresponde a tal concepto se mueve en infinidad de direcciones, tanto por las personas y objetos que habitan dentro del territorio, como porque se traslada lentamente mediante el movimiento teutónico, y hasta por su reducción territorial por culpa de Santa Anna y otros factores históricos. Es decir, el concepto de México es una construcción político-cultural que depende de individuos concretos que la mantengan “viva”, pues es un hecho que sin individuos que se reconozcan como mexicanos, no existiría nada llamado México.

Aun podríamos imaginar un objeto tan simple que no se mueva y no forme parte de un proceso, pero solamente sería un imaginario, pues hasta la partícula más pequeña (como los quarks) está en constante movimiento y forma parte de procesos subatómicos, es decir que, "aun las llamadas partículas elementales o son inestables o, en caso de ser longevas, cambian en varias maneras, ya sea espontáneamente, ya sea en virtud de interacciones con otras entidades" (Bunge, 2002a:87). Vemos pues, que el movimiento no sólo es el criterio para saber qué es material, sino que nos ayuda a saber lo que no es material, sin embargo, aunque todo aquello que sea conceptual es inmaterial, no por ello existe por sí mismo, pues sólo existen dentro de la mente de los individuos o en los archivos de las computadoras o impreso en los libros, ya que nada que sea conceptual tiene movimiento o energía.

Por otra parte, nuestro autor intenta refutar algunas de las más comunes objeciones de la siguiente forma:

Podría objetarse que las almas descarnadas, tales como las propuestas por la mayoría de las religiones y los fantasmas que, se dice, acechan algunos castillos escoceses, son mudables y, a pesar de ello, inmateriales, lo que prueba lo inapropiado de nuestra definición [la de materia]. De ningún modo, ya que nuestra definición pertenece a una ontología materialista, en la cual no hay lugar para objetos sin cuerpo, y los estados mentales son estados cerebrales. Además, no hay pruebas de la existencia de fantasmas fuera de los cerebros de narradores y devotos religiosos (Bunge, 2002a:87).

Decir que nuestra definición pertenece a una ontología materialista no resuelve nada, pues a su vez la ontología materialista se perfila por su definición de materia, lo cual es un argumento circular, en tanto que se quiere demostrar algo que se encuentra dentro de la misma argumentación. Por lo demás, no puede haber estados mentales por sí mismos (entendidos como las configuraciones que adquiere el cerebro en función de procesos psicológicos), pues al poseer movimiento caben en nuestra definición de materia, sin mencionar que no ocurren en ausencia de procesos cerebrales, por ejemplo, pareciera que un rayo y un trueno no son lo mismo, pues los percibimos de manera independiente, pero en realidad es un solo fenómeno que se manifiesta sonoramente y visualmente en momentos sucesivos (Este argumento se refuerza en la sección 1.5.2). Y las supuestas pruebas de la existencia de fantasmas que suelen pulular en la vida cotidiana suelen ser invenciones o confusiones debido a trastornos cerebrales; por ejemplo, las experiencias cercanas a la muerte se deben a que en estados de alteración intensos el cerebro provoca sensaciones que no corresponden a la realidad, como el sentir que se sale del cuerpo o que hay una luz sumamente brillante (estos argumentos se refuerzan en la sección 2.2.3).

Definir la materia como aquello que posee movimiento nos puede llevar a la confusión de que materia y movimiento son lo mismo y puesto que el movimiento se da en objetos materiales, podríamos suponer que el movimiento se mueve, lo cual es ambiguo, pues no existe el movimiento por sí mismo, sino que es una abstracción que hacemos ante objetos que cambian de lugar o de estado. Para distinguir materia de movimiento habremos de entender que por un lado hay objetos materiales y por el otro existe la capacidad de tales objetos para cambiar, esto es, la energía. Es decir que, "puesto que la palabra técnica para mutabilidad es energía, la fórmula puede reescribirse como (...) Para todo x (x es material = x posee energía)" (Bunge, 2006:35).

La definición de materia puede reformularse postulando que es material todo aquello que posea energía y como la energía es una capacidad y no otro objeto: no pueden identificarse ambos elementos. En ese sentido, lo que define a una entidad como material no consiste en lo que sea en ese momento, sino en lo que puede llegar a ser, lo que abordaremos en el último capítulo. Además, la energía nos permite incluir a los objetos no-concretos como los campos físicos dentro de lo material, pues poseen energía como los demás objetos materiales.

Por otro lado, Peña critica al materialismo desde su filosofía analítico-dialéctica argumentando que "se podría p. Ej., criticar al materialismo (...) diciendo que, del mismo modo que ente es palabra plurívoca, cualquier palabra --p. Ej. materia-- a la que se pretende dar una aplicación universal será plurívoca, de suerte que decir que todo es materia será usar en una sola ocurrencia una palabra con una pluralidad de sentidos, o sea: incurrir en una silepsis --en definitiva: en un sin-sentido--" (Peña,1987:94). Es decir, que al usar palabras con una multiplicidad de significados, como lo es “materia”, no se logra explicar nada, pues lo mismo vale que se diga que algo es material por ser concreto o por ser un bien banal como la riqueza. Y efectivamente el concepto de materia sufre históricamente de una pluralidad de sentidos, pero el materialismo científico que defendemos posee la definición específica que ya hemos mencionado (1.1), por lo que no cae en un sin sentido o ambigüedad ontológica, sino que clarifica el sentido de los entes al tomar su materialidad como punto de partida. Una ontología que no posea un concepto nuclear como la nuestra tendería al sin-sentido, pues no tendría un fundamento para construir su propia visión del mundo.

A manera de síntesis, la materia es lo que constituye todo cuanto tiene la capacidad de cambiar (es decir, energía), pero esto no implica que la materia sea lo mismo que la energía, sino que materia es todo aquello que posee energía. Esto tampoco implica que la energía sea material, sino que es una propiedad de la materia, lo que veremos a continuación.

(Continuará…)

lunes, octubre 12, 2009

Reyertas 59: Cayó la cuchilla

Primeramente, permítaseme agradecer los comentarios que algunos lectores nos dejaron a Asaltando la Red con motivo de la entrega anterior para este blog: Reyertas 58: Futuro a oscuras. Por desgracia, en esta oportunidad otra vez es preciso referirse al asunto de la industria eléctrica en términos poco halagüeños para los trabajadores, pues el sábado 10 de octubre se concretó uno de los ataques más arteros que la burguesía de librecambista ha lanzado en contra del proletariado en México: la liquidación de Luz y Fuerza del Centro (LFC).

A la luz de la historia

En 1881 México tenía un pueblo que aún conservaba el ánimo inflamado por la gloriosa defensa que hizo de la Constitución de 1857. Para lo cuál el país tuvo que pasar por dos desgastantes guerras, la de Reforma (1858-1861) y la intervención francesa (1862-1867), que retardaron poco más de una década el desarrollo de las fuerzas productivas. A final de cuentas, lo que se perdió económicamente con la guerra se ganó en ánimo. Pese a las rencillas causadas por el reeleccionismo, los gobiernos emanados de la nueva república lograron cimentar las bases para la creación de un mercado interno. Con Benito Juárez se expandió la industria textil, con Sebastián Lerdo de Tejada se inauguraron los primero kilómetros del ferrocarril, en 1873; el primer gobierno de Porfirio Díaz continuó con la expansión de las líneas ferroviarias y durante la presidencia de Manuel González se entregó la primer concesión de telégrafo y se introdujo el uso de energía eléctrica. Ya en plena dictadura porfirista, con capital canadiense, se fundó en 1898 la Mexican Light & Power Company, Ltd. (ML&PC). Ésta se convertiría en 1963, tras la nacionalización de la industria eléctrica del 27 de septiembre de 1960, en la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, S. A.

Además de abrir el camino de la generación masiva de electricidad con la construcción e inauguración de la planta hidroeléctrica de Necaxa, la ML&PC también fue el origen de uno de los sindicatos que más ha influido en la historia del movimiento obrero en México, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). El SME se fundó en diciembre de 1914, un par de meses después de la fundación de su sindicato hermano, la Alianza de Tranviarios.

Tanto el sindicato como la empresa han tenido una participación de claroscuros en la historia contemporánea del país. Como compañía privada la compañía de luz se caracterizo por una lucratividad que surgía del abuso por partida doble: la elevada explotación contra sus trabajadores y por un servicio limitado hacia los usuarios. Desde la nacionalización el gobierno ha intentado que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) absorba a la LFC para que sea una compañía única la que brinde el servicio en todo el país. Por ello, es que desde 1960 la compañía de luz ha padecido recurrentes ataques, sufrido pésimas administraciones que intentaron quebrantarla; pese a lo anterior y a las deficiencias derivadas de la indolencia consciente de los administradores, LFC consiguió abastecer del estratégico recurso del fluido eléctrico a la economía del centro de la república. Todavía en la actualidad, con todo y la famosa política de descentralización que se implementa desde hace más de 30 años el Distrito Federal, sin contar los municipios que LFC atiende en los Estado de México, Hidalgo, Puebla y Morelos, se produce 24% más riqueza que la que generan juntos los estados de Jalisco y Nuevo León los que, por cierto, tienen una extensión territorial 98 veces mayor a la del Distrito Federal.

Labrando el camino de la privatización

Por su parte, debe reconocérsele a los trabajadores de LFC que han sacado adelante a la empresa, pese a las difíciles condiciones laborales que siempre han tenido. Pero también debe reconocerse que al SME no siempre ha sido un gran defensor de los derechos de la clase trabajadora ni tampoco de la industria eléctrica nacional. Si bien en los últimos 15 años el sindicato de electricistas ha sido la vanguardia del movimiento obrero, también hay que recordar que el corporativismo no les es algo ajeno, durante el sexenio de Salinas de Gortari el entonces secretario general del SME, Jorge Sánchez (quien por ese entreguismo fue expulsado de la organización), validó las reformas que en 1992 comenzaron el proceso de privatización de la industria eléctrica. Además, en la segunda mitad de los 70 el mexicano de electricistas abandonó a su suerte al intentó por democratizar el sindicalismo en México que encabezó Rafael Galván con la Tendencia Democrática que surgió en el Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM).

Pero como señalaba arriba, el proceso de privatización de la industria eléctrica arrancó desde las reformas de 1992 que establecieron la posibilidad de los productores independientes. Años después, hacia el final del gobierno de Ernesto Zedillo, la llegada de Alfredo Elías Ayub (personaje cercano al magnate Carlos Slim Helú) a la dirección de la CFE en enero de 1999 significó la redefinición de la estrategia privatizadora por la implementación de medidas paulatinas y silenciosas que vayan alcanzando el objetivo de entregar la industria eléctrica a las manos de la iniciativa privada.

Durante los diez años que Elías Ayub lleva al frente de CFE la generación privada de electricidad se ha incrementado más allá de cualquier límite sensato, tal como lo ha denunciado en diversos foros el Comité Nacional de Estudios de la Energía (CNEE). La situación ha llegado a tal punto que CFE tuvo que desmantelar plantas de generación por darle prioridad a la compra de electricidad a productores privados. Esta política no solamente ha causado estragos para la economía del país, también pone en peligro la integridad de numerosos pueblos en la nación. Para muestra está el ejemplo de la inundación que en 2007 asoló a Villahermosa y otros pueblos de Tabasco. A la pésima planeación urbana se sumó la negativa de CFE a desahogar las presas del Grijalva, simplemente porque eso habría implicado generar electricidad que, de otra manera, ya no se compraría a los productores privados. Por cierto, si alguien tiene la ilusa idea que con la intervención de la “eficiente” CFE se eliminarán en el Valle de México el problema de la mala facturación, vaya desechándola porque al consultar los boletines del CNEE uno puede darse cuenta que en varios estados de la república los abusos en cobros han degenerado en el surgimiento de movimientos sociales de consumidores.

De goles, festejos y sabadazos

La ofensiva cuidadosamente planeada (así es camaradas ya va siendo hora de abandonar esa soberbia que nada más ha servido para menospreciar la capacidad del minigolpista, mientras éste nos asesta golpes efectivos) por el gobierno de Felipillo I, el espurio, para liquidar a la LFC no se limitó al plano jurídico (con la negación de la toma de nota al SME y el decreto presidencial), ni al plano militar (con la toma de las instalaciones de la compañía por la Policía Federal), sino que también incluyó una intensa ofensiva ideológica. Por cierto que esta última no se restringió al simple plano de usar a los medios de comunicación, sino que tuvo el acierto de ser desarrollada en diversos contextos. Aprovechando el desprestigio que pesa sobre el sindicalismo, a partir de la negativa del conspicuo provocador que despacha en la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS) para darle la toma de nota al secretario general electo, se desató una línea ofensiva a través de todos los “líderes de opinión” que se lanzaron a la yugular del SME. Sin importar que posición digan compartir, todos esos escribanos del capital coincidieron en el objetivo de aislar mediante sus dichos a los electricistas del resto de la sociedad. Algunos como la “feminista de izquierda” Denise Dresser en su editorial “Código Dresser: Bajarles el switch” publicado en la revista cibernética Reporte Índigo, núm. 150 del 9 de octubre de 2009; llegan al extremo de señalar los ciudadanos (whatever than means) somos víctimas de los trabajadores, específicamente de los electricistas.

Por su parte, los burócratas que cobran sus onerosos salarios en el gobierno de Felipe I, el breve, no se han cansado de repetir, en complicidad con los titulares de los programas noticiosos de radio y televisión, una retahíla de cifras convenientemente arregladas para argumentar que la compañía de LFC ha sido quebrantada por los despreciables trabajadores y no por las pudorosas administraciones neoliberales. ¡Viva los burócratas que nos eliminan la patria!

Para cerrar la pinza, atisbaron un conflicto interno mediante la añeja técnica del inflamar las ambiciosas aspiraciones de un personaje sin demasiada claridad política para que, a cambio de la promesa de recursos que le permitiesen encaramarse en la secretaría general del SME, generasen una gran división al interior del gremio emblemático de la lucha obrera antineoliberal. Todavía el 8 de octubre en la entrevista que el excandidato a la dirección del sindicato de electricistas, Alejandro Muñoz concedió al noticiero matutino de Radio Trece, conducido por Javier Solórzano, asumía una actitud altanera cuando afirmaba que el conflicto sindical no significaba una amenaza hacia la empresa porque todo se reducía a la vida interna del SME. De hecho, planteó que había que restringir la participación del sindicato en el movimiento obrero, porque “…de todos los movimientos que hemos apoyado y de todas las marchas que hemos hecho, que nos diga [Martín Esparza] qué hemos obtenido como trabajadores o que beneficios hemos tenido”. En contraste, en las entrevistas concedidas por el propio Muñoz, tras la publicación del decreto de extinción de LFC, su actitud ha sido diametralmente opuesta. No solamente aceptó la propuesta de unidad, y aún se niega a aceptar que se le defina como esquirol, sino que es notoria la desaparición de esa actitud jactanciosa exhibida tres días antes.

Es cierto, como se señalaba en la entrega anterior, que la dirigencia de Esparza se ha caracterizado por solapar la corrupción e inconsciencia al interior del sindicato, que se cometió un abuso al elevar las cuotas sindicales so pretexto de la construcción del nuevo edifico para la sede sindical. Pero, también es cierto que ni Esparza ni Muñoz son el SME por sí mismos, al igual que lo es que para poder ampliar la democratización de un sindicato, es decir que los trabajadores realmente se apropien de su organización, primero es necesario que exista dicho sindicato. La desaparición de la empresa junto con el contrato colectivo y la organización gremial no conduce a otro destino que a la repetición de la historia: el SME se está viendo en el reflejo del Sindicato Único de Trabajadores de Autotransportes Urbanos de Pasajeros Ruta-100 (SUTAUR-100) de 1995. Esparza tal vez no haya demostrado ser el personaje más adecuado para dirigir al sindicato que está más cercano a ser democrático en México y Muñoz dejó que los calderonistas lo usaran de la forma más soez. Pero, el objetivo es ganar la subsistencia del sindicato, no resguardar los privilegios de algún dirigente en particular. Por cierto, que será básico cuidarle las manos a la dirigencia sindical porque, como en el caso de SUTAUR100, podrían negociar mejorías en su forma de vida a costa de los miembros del sindicato.

La insostenibilidad de los leves argumentos calderonistas

Los burócratas calderonistas (¿acaso calderópatas?) utilizan una serie de argumentos falaces para fundamentar el Decreto por el que se extingue el organismo descentralizado Luz y Fuerza del Centro. El supuesto esfuerzo por modernizar la empresa queda rápidamente desmentido cuando se observa que hasta septiembre del presente año la compañía de luz tenía un subejercicio presupuestal superior a los mil 500 millones de pesos, además del incumplimiento por la patronal de los convenios de productividad que se pactaron en la más reciente revisión contractual. La administración tampoco ha tenido la intención de crear infraestructura de generación (una política completamente opuesta a la de CFE que, con tal de alentar el crecimiento de la generación privada, incluso desmantela plantas con poco tiempo de haberse construido para venderse como chatarra) de manera tal que LFC debe comprar casi la totalidad de la energía que distribuye; para colmo adquiere de CFE la energía a precios mucho mayores que las tarifas a las que está obligada a vender. Por cierto, los empresarios se alinearon para exigir y festejar la liquidación de la compañía, pero curiosamente las grandes empresas son las que presentan mayor morosidad en el servicio de electricidad, si no es que ya han entrado en el negocio de generar electricidad, supuestamente para autoconsumo, que venden a la comisión federal con jugosas ganancias. Por si fuese poco el planeado descuido con que el gobierno a dirigido la LFC, tanto Reporte Índigo, núm.150; como la revista Proceso, núm. 1719; dan cuenta de la disputa por la fibra óptica en la que están involucrados: Carlos Slim (a través de Alfredo Elías Ayub ya que la CFE posee la mayor red de este tipo en el país y quedaría redondeado el negocio con el control de la zona económica más importante del país), la empresa española WL Comunicaciones (representada en México por los exsecretarios de energía Ernesto Martens y Fernando Canales Clariond, que ya firmaron un contrato en 2005, que nunca se cumplió, para instalar fibra óptica en la postería de LFC) y el propio SME que desde 2003 ha venido proponiendo que la propia empresa puede brindar los servicios triple play basándose en el modelo que sigue Electricité de France, y con ello romper los monopolios en la industria de las telecomunicaciones. Pero lo realmente importante en el asunto de la liquidación de la compañía es el falso argumento que responsabiliza a los trabajadores de todos los males que condujeron a la desaparición de aquélla. Prestaciones por encima de la ley, altos salarios, una plantilla laboral amplia, edad de jubilación por debajo de la media nacional y altos pasivos por las jubilaciones que se pagan, son los argumentos que Felipillo I, el católico, esgrimió tanto en los considerandos del decreto de liquidación como en su mensaje a la nación del domingo 11 de octubre. Lo que realmente le duele a la burguesía librecambista es que esas condiciones contractuales reducen la explotación que sufren los trabajadores, por eso lloran desaforadamente y le exigen al resto del proletariado (al cual llaman ciudadanía para hacerle olvidar que también pertenecen a la clase obrera) que se lance en contra de esos injustos trabajadores que no se dejan explotar tan fácilmente (fomentan así, el síndrome de los cangrejos al que tanto aludía el exdirector técnico nacional Hugo Sánchez). Pero esto exhibe que se trata de un sabotaje calculado de la empresa, pues cualquier empresario sabe bien que perfeccionar los medios de trabajo reduce el trabajo socialmente necesario en la misma proporción que se incrementa la plusvalía. Ello hace viables e incrementa la productividad (e incluso la competitividad) de cualquier empresa que se rija por las leyes del mercado capitalista.

Como evidentemente no bastan los argumentos que reclaman el alto costo del Contrato Colectivo de Trabajo del SME, como el factor que quebrantó a la compañía, a consecuencia de las prestaciones (ganadas por los trabajadores) que incluye, el gobierno federal intenta comprar (al más puro estilo de El Padrino) la voluntad de los trabajadores. Por cierto, que las propuestas de indemnización (por encima de las de ley) exhiben que la liquidación de LFC es una maniobra política que nada tiene que ver con la funcionalidad de la empresa. La propuesta de compensaciones mantiene íntegro el gasto en jubilaciones (¿pues no que eso representaba lo más despreciable?) y las erogaciones para liquidar a los trabajadores activos implica gastos más desproporcionados que el mantener funcionando a la empresa. Tan sólo el monto que se gastará en el pago base de tres meses, sin contar los doce días por año de antigüedad, tomando en cuenta que el salario promedio de cada electricista es de $205 diarios y que la plantilla sindical (sin contar a los empleados de confianza) ronda los 44,500 trabajadores, ascendería a más de $821 millones. A esa cifra habría que sumarle los bonos (compra de consciencia obrera) que el calderonato ofrece para que los trabajadores se desistan de cualquier protesta.

Las tramposas comparaciones entre la inversión que cada año se hace en LFC contra el gasto en el combate a la pobreza, demuestra que al gobierno de Felipillo I, el breve, no le interesa realmente sacar de la miseria al 60% de los trabajadores y campesinos que la padecen en México; para ello se necesitaría garantizar el incremento de los empleos con buena remuneración y prestaciones de acuerdo con la ley. El que el presupuesto de LFC sea similar al del “estratégico” programa Oportunidades, pero que éste no sea tocado ni con el pétalo de una rosa, demuestra que además de ser un paso más rumbo a la privatización de la industria eléctrica, entregar la red de fibra óptica al capital transnacional y liberar el paso para la reforma laboral neoliberal, la jugada también incluye que Felipillo I, el católico, siga construyendo la clientela política que le permita revivir al panismo en las elecciones generales de 2012.

Por último, cierto que el cierre de Luz y Fuerza no significa la privatización inmediata de la industria eléctrica, pero sí es un paso más en ese sentido. No se olvide que una gran porción de la Comisión Federal de Electricidad ya depende de las compañías privadas, sobre todo en el ramo de la generación. Ese es el futuro que en términos reales le espera al centro del país. Ahora los trabajadores requerimos entrar a la lucha real con la mayor decisión, pero todavía con más inteligencia, ser tan prudentes como el griego Ulises, porque hoy es contra los electricistas pero mañana será contra todos los demás (no hay que caer en la trampa de esa ambigüedad conceptual de la “ciudadanía” que al igualarnos a todos también nos arrebata de la mente la realidad de que somos trabajadores). El peso de la clase obrera reclama, al fin, el compromiso de los electricistas. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

lunes, octubre 05, 2009

Reyertas 58: Futuro a oscuras

El problema de las campañas electorales simplemente es la ignorancia de los candidatos en el uso de las preposiciones en el idioma español, esto se comprueba cuando se contraponen los slogans electorales con las realidades de gobierno. En 2006 al señor Felipe Calderón se le ocurrió promoverse como “el presidente del empleo” sin percatarse de que las preposiciones de y contra denotan cosas completamente opuestas. Mientras que el primero suele usarse para expresar la existencia de un vínculo entre dos elementos, el segundo expresa la total oposición entre partes. La realidad en los últimos tres años no deja lugar a dudas: Calderón es el “presidente contra el empleo”. Muestras del odio enfermizo que Felipillo I el espurio le tiene a la clase obrera hay por montones.

Al ensayar un breve recuento de los principales ataques lanzados contra los trabajadores durante el presente sexenio, el primer evento con que nos toparemos será una herencia foxista, el intento por desaparecer al Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana (SNTMMSRM). Desde febrero de 2006 hasta octubre de 2009 las acciones del gobierno federal se han encaminado a la desactivación del sindicalismo que no estuviese completamente en la línea de profundización del neoliberalismo. Como he señalado anteriormente, Napito, el impresentable monarca que heredó la dirigencia sindical, cometió el imperdonable error de oponerse a la reforma neoliberal a la legislación laboral, mejor conocida como ley Abascal. Aunque Napito es un personaje oscuro como dirigente sindical y tampoco es distinto a otros charros del sindicalismo nacional, pero como (a diferencia de las supersticiones del neozapatismo) el problema no se reduce a los individuos sino que trasciende por las repercusiones que ha tenido (y seguirá teniendo) es un antecedente adverso para disidencias obreras más sólidas que la del SNTMMSRM. La segunda de las grandes acciones contra los trabajadores lanzada por el gobierno calderonista fue, en marzo de 2007, la imposición de la reforma al régimen de pensiones de los trabajadores al servicio del Estado mediante las modificaciones a la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), que individualiza sus cuentas de ahorro, además de precarizar las condiciones para realizar dicho ahorro. En tercer lugar habría que apuntar las modificaciones que el gobierno federal le hizo al régimen de pensiones y jubilaciones de los trabajadores de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con la complicidad del secretario general del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (SUTERM), el señor Víctor Fuentes del Villar. Según la síntesis de prensa del día 19 de agosto de 2008 (que puede consultarse en los archivos de prensa de la CFE), el contrato que se firmó un día antes (el 18) entre el director de la empresa, el ing. Alfredo Elías Ayub, y el secretario general del SUTERM, el susodicho Víctor Fuentes, incluye tres puntos que apuñalan a los electricistas: 1) creación de cuentas individuales de jubilación, 2) incremento en cinco años de la edad para la jubilación, y 3) la CFE y el SUTERM decidirían en qué se invertirían esos fondos, algo que está en completa sintonía con la propuesta actual de Calderón para bursatilizar las cuentas de los trabajadores, sin tomar realmente en cuenta la voluntad de éstos.

En cuarto lugar podemos ubicar dos iniciativas que se han ido intentando promocionar e introducir en el ánimo social: la reforma a la Ley Federal del Trabajo (cuyo primer intento de promoción abordé ampliamente en este espacio en varios artíuculo publicado entre febrero y junio del presente año) y la reforma que Calderón pretende para que se bursatilicen los ahorros de los trabajadores.

La quinta gran acción ofensiva contra el proletariado fue la intervención de la Secretaría del Trabajo en los asuntos de la Asociación Sindical de Sobrecargos Aéreos (ASSA), es curioso que la oficina dirigida por Javier Lozano haya reconocido los resultados de una asamblea que fue convocada de forma ilegal, véase la nota de El Economista del 9 de agosto de 2009. Pese a sus debilidades políticas provenientes de una línea reformista, los dos grandes sindicatos de la aviación en México (ASSA y ASPA, Asociación Sindical de Pilotos Aviadores) han estado entre las organizaciones gremiales que han mostrado mayor solidez en su oposición a la política laboral neoliberal.

Ahora, en las últimas semanas hemos presenciado cómo el gobierno de Felipillo I, el católico, está desplegando en contra del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), el más grande opositor a la política anti-obrera del neoliberalismo, la sexta injuria en el presente recuento de agravios. Es cierto que no puede definirse al SME como un sindicato democrático, mucho menos revolucionario o consecuente con la lucha de los trabajadores por alcanzar sus intereses de clase, pero hasta ahora ha sido, junto a sus organizaciones paralelas como el Diálogo Nacional, el instrumento más cercano a la democracia que ha permitido apuntalar la resistencia del proletariado en México.

Ya en el número de agosto del boletín publicado por el Comité Nacional de Estudios de la Energía (CNEE) en la zona metropolitana de la Ciudad de México, anticipó, de manera excelsa, que el golpeteo en contra del SME sería atroz y fundamenta su previsión inscribiéndolo en la política privatizadora que el gobierno de Felipillo I el espurio impulsa en el sector de la energía. La ofensiva que persigue desgastar el prestigio del SME ante la sociedad no es algo novedoso, por años se ha intentado colocar a la clase obrera en contra de los electricistas al remarcar que las condiciones del Contrato Colectivo de Trabajo en Luz y Fuerza contiene prestaciones que están muy por encima de la media nacional. En ese sentido más de uno muerde el anzuelo al reprocharle a los trabajadores electricistas el haber conseguido tales ventajas. El gobierno federal apela a la irracionalidad del subjetivismo que muchos obreros aún conservan debido a la ideología individualista que les embarga, pero es justamente esa porción del proletariado la que no comprende que el asunto de fondo no es permitir el autoritarismo que les quite a los electricistas las conquistas laborales de su contrato, sino que los trabajadores del resto del país luche para mejorar sus condiciones laborales teniendo como parámetro mínimo las condiciones que tiene el SME. Ahora que es cierto que muchos trabajadores al interior del sindicato no se hacen un favor a sí mismos e incluso sabotean a su organización, incluso, poniendo en riesgo su fuente de laboral al reproducir la desmoralización de los obreros mediante la corrupción.

Entre el desprestigio del sindicato y la imagen de ineficiencia que los mismos trabajadores se están haciendo al permitir su desmoralización está el talón de Aquiles que pone en riesgo al sindicato que en la última década ha sido la organización más visible en la lucha antineoliberal. A diferencia de los miembros del propio SME, en el gobierno federal tienen completamente claro este hecho, por ello es que ahora sí parece estar poniendo en práctica una ofensiva mucho mejor planeada para derrotar a los trabajadores, pues no sería una derrota cuyas consecuencias se limitarían nada más a los electricistas, sino que se extendería a toda la clase obrera.

Primero, aprovecha que la estrategia de privatización silenciosa de la industria eléctrica, creada durante el gobierno de Ernesto Zedillo, ya está lo suficientemente madura y le ha quitado capacidad a Luz y Fuerza. Segundo, aprovecha el descontento al interior del sindicato que ha provocado la desastrosa dirección que Martín Esparza y Fernando Amezcua han ejercido desde 2005 para dividir al gremio. Tercero, el gobierno supo respaldar la planilla de un aliado que le permitiría neutralizar al SME, no se olvide que Ramón Mera (candidato a la Secretaría del Exterior), compañero de fórmula de Alejandro Muñoz, estuvo detrás del fallido intento calderonista por sacar al sindicato electricista de las movilizaciones anti-fraude del 2006. Cuarto, justo este 5 de octubre Javier Lozano, secretario del trabajo, rechazó otorgarle la toma de nota a Esparza argumentando irregularidades en la documentación. ¿Por qué el secretrio no fue capaz de ver los errores en la destitución de Lizette Clavel al frente de ASSA o en las impugnaciones que los trabajadores petroleros hicieron de la elección más reciente de Romero Deschamps al frente del sindicato petrolero?

Ahora el SME está metido en una trampa que podría conducirlo a la desaparición de la empresa. La amenaza es que si las movilizaciones se intensifican, el gobierno tendrá el pretexto para requisar o incluso desaparece a Luz y Fuerza. Si el SME cede, perderá toda su fortaleza. Posiblemente la solución más adecuada para los trabajadores sea un acuerdo entre los dirigentes de las dos planillas que se presentaron a la elección sindical y que se elijan a nuevos dirigentes, pero sin que Esperza, Amezcua, mucho menos Muñoz o Mera ocupen alguna cartera importante. Lo anterior con la finalidad de restablecer la unidad al interior del gremio, para encarar la ofensiva decidida que está lanzando el calderonato.

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, octubre 01, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 27:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(Primera de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

Dedicado a mis padres

y a Adriana

Por su apoyo.

Agradecimientos a Jonatan García Campos y Paola Hernández Chávez por sus sugerencias y críticas.

INTRODUCCIÓN

Una de las tareas primordiales de la filosofía es explicar la realidad. Dependiendo del tipo de ontología que escojamos es como tendremos una mayor o menor aproximación a la misma. De ese modo, la historia de la ontología ha oscilado entre los materialismos y los idealismos, es decir, entre los primeros que pretenden que el fundamento de la existencia es la materia y los segundos que sostienen que la materia es meramente pasiva y que el verdadero fundamento es espiritual, dado que ambas posturas suponen cierta correspondencia entre pensamiento y ser, forman parte de la gran corriente de sensualismo objetivo, es decir, que ambas sostienen que en mayor o menor grado podemos conocer la realidad. En contraposición tenemos al sensualismo subjetivo, a saber, la postura que sostiene que sólo existen las sensaciones, pues es lo único de lo que tenemos certeza, ya que las experimentamos todo el tiempo.

En esta tesis se apuesta por el materialismo pues sostendremos dos argumentos, en primer lugar: que es una de las ontologías que se apega a la ciencia actual, por lo que tiene mayores posibilidades de alcanzar la objetividad, así como una base sólida de conocimientos a los cuales acudir. En segundo lugar porque consideramos que algunos de los aspectos más importantes del idealismo, aquellos que tambalearon al materialismo griego o mecanicista durante siglos, como el pensamiento, la cultura, las intenciones, Dios, el alma, la libertad, el amor y la felicidad, entre otros: pueden ser integrados a una visión materialista actualizada.

No era posible explicar tales elementos reduciéndolos a la mera materialidad o incluso negando su existencia sin más. Pero no podemos abordar todos estos temas a la vez, además de que esto nos enfocaría demasiado en las particularidades y nos impediría profundizar en el problema central, es decir, que clarificaremos algunas categorías del materialismo moderno, de modo que mediante ellas busquemos el punto de partida para explicar cualquier entidad ontológica como las del párrafo precedente. Ése será el propósito central de la tesis.

Para realizar nuestro propósito manejaremos los conceptos de materia, realidad y existencia, en razón de que suelen corresponder a algunos de los problemas fundamentales de la metafísica, dado que al ser conceptos elementales, su clarificación no puede extenderse más allá de sí mismos. El autor que abordaremos será Mario Bunge, pues consideramos que es el filósofo que busca desarrollar el materialismo científico en la actualidad.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El materialismo sufre de una multiplicidad de posturas, las cuales han provocado que se le acuse de ambigüedad, al grado de rechazarlo de tajo, por ello daremos nuestra propia demarcación. Consideramos que es materialista: cualquier corriente filosófica que sostenga que el fundamento de todo se constituye por la materia, ya sea ésta perceptible directamente como en la cotidianidad o indirectamente como las partículas subatómicas mediante un microscopio. No importando el papel que se le asigne a las ideas y siempre que se rechace cualquier entidad sobrenatural.

En la historia de la filosofía occidental, el materialismo surge en Grecia en donde la mayoría de los presocráticos tendían a un tipo de materialismo, si bien no escapaban a elementos idealistas o a una carga de misticismo. Particularmente sostuvieron que la realidad se compone de al menos uno de los cuatro elementos clásicos: tierra, agua, aire y fuego. Leucipo y Demócrito optaron por el atomismo, el cual sostiene que todo cuanto existe se compone de las mismas partículas elementales sumamente pequeñas e indivisibles.

Inclusive el filósofo que muchos consideran que posee el mayor desarrollo en la floreciente Grecia: Aristóteles, sostenía un materialismo peculiar, pues proponía que todo lo existente se compone de materia y forma, siendo la materia el elemento base.

En la Edad Media el materialismo fue prácticamente olvidado o subordinado al tomismo, pero en la época moderna resurgió gracias al avance de la física, por lo que su desarrollo tendió al mecanicismo, es decir, la postura que sostiene que todo puede ser explicado mediante mecanismos físicos. Esto no significa que la ciencia moderna fuera solamente mecanicista, sino que los avances tecnológicos contribuyeron a que muchos filósofos basaran su ontología en tales resultados. Sin embargo, su tendiente reducción de la vida y la mente a procesos físicos (como en La Mettrie, D'Holbach, Helvetius y Feuerbach), evidenció sus insuficiencias.

En el siglo XIX surgió el materialismo dialéctico de Marx y Engels, el cual sostiene que todo cuanto existe se compone de materia y ésta se mueve de tal modo que hace necesarios saltos cualitativos a partir de fenómenos cuantitativos. Para los fines de este trabajo no abordaremos dicha corriente.

Ya en el siglo XX nacieron tres materialismos, el de José Ferrater Mora, el de Mario Bunge y el de Gustavo Bueno, los tres se derivaron del avance de la ciencia e incluso de la lógica y de la filosofía del lenguaje, pues gran parte de los problemas sobre la materia dependen de una clarificación conceptual. En particular, nosotros sólo abordaremos el materialismo que defiende Mario Bunge, el cual propone que si bien todo cuanto existe no puede reducirse a la mera materialidad, hasta los elementos más sofisticados se componen de materia. Nosotros convergemos con tal postura, haciendo énfasis en que la visión materialista científica nos permite librarnos de todo aquello que se considere sobrenatural.

Cabe aclarar que el materialismo científico de nuestro autor no pretende utilizar los métodos científicos para hacer filosofía, ni hacer ciencia mediante la especulación filosófica. Lo que sostenemos es que partiendo de los resultados de la ciencia, es decir, de su capacidad para resolver problemas, podemos partir de una base sólida para construir una ontología que busque ser objetiva.

Hemos optado por Mario Bunge en razón de que es uno de los más completos ontólogos de la ciencia, así como un destacado físico-matemático, por lo que sus investigaciones poseen un rico contenido filosófico-científico, en tanto alcanza altos grados de abstracción filosófica y de concreción científica.

EL CONCEPTO DE MATERIA

En el capítulo uno afrontaremos nuestro concepto problemático principal, el de materia, el cual es muy complejo, pues si bien todos los objetos concretos son materiales, lo mismo no ocurre a la inversa. Esto es, Bunge define un objeto material como “aquello que puede estar en al menos dos estados de modo que pueda saltar de uno a otro” (Bunge, 1981:35), es decir que, materia es todo aquello que tenga la capacidad de moverse, por lo que pareciera que materia y movimiento son lo mismo. Asimismo, el fenómeno del movimiento tiene una gran afinidad con el de energía, por lo que podría malentenderse que materia es lo mismo que energía, pero esto contradice radicalmente el pensamiento de Bunge, así como a un materialismo consecuente, tampoco podemos identificar materia con masa (entendida como la cantidad de partículas que posee un objeto), pues hay entidades materiales que no poseen masa, tales como los campos gravitatorios. Por lo que, la clarificación, desarrollo y explicación de tales elementos es fundamental para entender no sólo qué es la materia, sino de qué está hecha.

Por la misma línea, Bunge evita el reduccionismo mecanicista (es decir, el pretender que todo fenómeno se reduce a mecanismos físicos) al formular que la materia se divide al menos en cinco niveles de organización: físico, químico, biológico, social y técnico (Bunge, 1981:44); de tal manera que el desarrollo de la materia ha generado diversos niveles de complejidad. Con ello Bunge busca explicar cómo partiendo de la base material, la realidad adquiere propiedades características de cada fase. En ese sentido, si Bunge no cae en el reduccionismo de los materialismos clásicos y tampoco inserta elementos externos como el idealismo, habrá que clarificar cómo los elementos emergentes de cada nivel pueden ser explicados materialmente y a la vez sin reducirlos a su materialidad y que esto a su vez siga siendo materialista.

Asimismo, veremos de qué forma el materialismo moderno puede ser capaz de explicar la vida, la mente y la cultura, los cuales son los conceptos fundamentales de los niveles biológico, psicológico y social, respectivamente. De este modo, en el primer capítulo de este trabajo nos centraremos en la noción de materia y en algunos de los temas y problemas que esta noción tiene en el pensamiento de Bunge.

EL CONCEPTO DE REALIDAD

En el capitulo segundo abordaremos el concepto de realidad, el cual es muy escurridizo, pues tanto los pensamientos como los objetos materiales son reales, pero su realidad es distinta, por ejemplo, las propiedades, relaciones y cambios de los objetos materiales son reales, pero de manera derivada, pues no existirían sin los objetos que los poseen. De ese modo, Bunge (formulando el realismo científico) sostiene que "un objeto es real si, y solamente si, influye sobre, o es influido por otro objeto o está compuesto exclusivamente de objetos reales” (Bunge, 1981:37), por lo que la misma idea de realidad implica que los objetos están interconectados y que son de la misma naturaleza, a saber, material. En tanto que para que algo pueda influir sobre otro objeto requiere de cierta compatibilidad, pues de no ser así ni siquiera podrían rozarse.

Esto conlleva que identifiquemos lo real con lo material y efectivamente, para Bunge “un objeto es real si y sólo si es material” (Bunge, 1981:38), en donde todo objeto que cambie de estado (material) lo hace en razón de que otro elemento influyó sobre él (real), sin embargo se usan dos conceptos distintos en tanto tales ideas se refieren a enfoques distintos, lo cual requiere de una clarificación minuciosa. Además, la combinación del materialismo moderno y el realismo científico que defiende Bunge: constituye el hilorrealismo, término sugerido por nuestro autor para unificar ambos elementos y explicar la realidad de forma integral (Bunge, 2006:55).

Asimismo, la definición de realidad como aquello que existe fuera de nuestra mente padece serias dificultades, lo cual se relaciona con la postura de Bunge de que el mundo exterior existe independientemente del sujeto. Además clarificaremos la consistencia de las apariencias, así como la idea de que sólo existen los fenómenos, y la idea de que la realidad pueda ser la totalidad de las ideas eternas, es decir, que la realidad pueda estar desprovista de materia.

De este modo, veremos la viabilidad de responder a grandes interrogantes como ¿Qué es la realidad? y ¿Qué es real?, todo ello en relación a la materia y sus propiedades.

EL CONCEPTO DE EXISTENCIA

En el capítulo tercero abordaremos el concepto de existencia, el cual ocuparemos para complementar nuestra investigación, pues una ontología consecuente es aquella que explica los aspectos más generales de la realidad y esto incluye la idea de existencia o ser. En donde Bunge define a la existencia como una propiedad que pueden tener tanto los objetos materiales como las ideas (Bunge, 2001:73), lo que pudiera prestarse a malentendidos, por ejemplo, suponer que basta con pensar una idea para que se realice o que los objetos materiales son invenciones mentales. También se abordará el uso del cuantificador existencial que analiza Bunge. Además, en este capítulo se explicará qué se entiende por existencia del pensamiento, lo cual también se relaciona con la materia y la realidad.

Asimismo, se clarificará la relación de la existencia con la realidad, por ejemplo con la diferencia que hay entre existencia real y realidad existente.

También analizaremos la relación entre existencia y movimiento, en donde se reflexionará sobre la existencia misma del universo y su sentido, en concordancia con los niveles de organización de la materia, donde veremos funcionar a todos los conceptos que hemos analizado de manera conjunta.

En las conclusiones distinguiremos qué posibilidad posee nuestro materialismo científico para responder a las preguntas filosóficas fundamentales, debido a que si logra explicar ontológicamente la realidad, es decir, el fundamento de la existencia, tiene altas probabilidades de responder cualquier pregunta existencial (como el sentido del universo o el significado de la vida), en tanto que todas las interrogantes derivan de la pregunta por la existencia en general. Es en las conclusiones donde se someterá a Bunge al juicio más riguroso que se le puede hacer, y no es algo que esté fuera de su alcance dado que si ha optado por llamar "metafísica de la ciencia" a su postura, está obligado a responder a las preguntas metafísicas principales.

En pocas palabras, la estructura de la tesis es la siguiente: En el primer capítulo se analizará el concepto de materia, en tanto pretende ser el concepto nuclear para explicar la realidad, en el segundo capítulo se explicará qué se entiende por realidad y su conexión con la materialidad, y en el tercer capítulo se abordará el problema de la existencia, tanto por los alcances de dicho término en la ontología de Bunge, como por las limitantes que surgen al contrastar la metafísica de la ciencia con los problemas fundamentales de la filosofía.

(Continuará...)

lunes, septiembre 28, 2009

Reyertas 57: Al filo en las Honduras

Apenas inicia el otoño boreal y llegó cargado de sucesos. Sobre todo en el plano nacional la humareda que dejaron los festejos patrios es densa, entre la ratificación del Arturo Chávez al frente de la Procuraduría General de la República (PGR) hasta las interminables, cuan estériles, batallas verbales en torno al presupuesto de 2010, pasando por la intensificación de la putrefacción amarilla que inicia entre los famosos Chuchos y alcanza a los puros que siguen a López Obrador, el incremento de la pobreza que reconoce la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en sus proyecciones para el año que viene, las purgas de trabajadores (no de funcionarios de alto nivel) que se realizarán al interior de las Secretarías de Estado, Felipillo I, el espurio, que insiste en la privatización de la industria petrolera con reglamentos impuestos mediante albazos y el colapso al que la falta de democracia real está conduciendo al denominado sindicalismo democrático, son todos elementos que pintan de frente perfil el fracaso al que el neoliberalismo está conduciendo al proyecto de la nación mexicana. ¡Y todavía hay quién festeja la guerra contra el crimen organizado como si realmente estuviese salvando a la nación! Cuando no es más que el síntoma más claro de que el país se está deshaciendo a pedazos.

En el panorama internacional las cosas no parecen ser mejores. Aunque en días recientes ha surgido una pequeña luz de esperanza en el caso de la república de Honduras. Quizá la pequeña nación centroamericana no se vaya a convertir en la chispa que encienda la llama de la revolución mundial, pero sí está presentándose como un modelo a escala de lo que podría ocurrir en el mundo, o al menos en América Latina, en los próximos años.

En la entrega de la semana pasada (Reyertas 56: Ramificación del camino revolucionario) señalé que los escenarios posibles tras la actual crisis económica mundial. Por un lado bien podría ocurrir que con el inicio de un ciclo largo descendente, la actual oleada revolucionaria llegase a su fin para iniciar un período de restauración conservadora. Pero también es muy probable que si hay una rápida recuperación de la economía que conduzca al tope del desarrollo del ciclo económico largo, y eso implicaría una prolongación de la oleada revolucionaria, pero con la condición de que sería un momento decisivo que al movimiento revolucionario le urgiría aprovechar.

Pero en cualquiera de ambos escenarios, se presentaría una intensificación de la respuesta de la facción hegemónica para cerrarle el paso a cualquier oleada revolucionaria. Por ello no sería extraño ver que otra vez comenzasen a presentarse situaciones de reacción virulenta contra todo aquello que se perciba como proveniente de la izquierda.

Es justamente en ese sentido que señalo la posibilidad de apreciar al caso hondureño como una representación a escala. Por un lado, el golpe de Estado encabezado por el militar Romeo Orlando Vásquez Velásquez que depuso al presidente constitucional José Manuel Zelaya Rosales para sustituirlo por el presidente del Congreso Roberto Micheletti, es una clara expresión de que ante la oleada revolucionaria 1999-2009 las derechas se ven forzadas a responder. Conforme los intereses de los capitalistas neoliberales queden más restringidos por los avances del proletariado, la réplica que éstos den será menos escrupulosa y estarán más dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias. Esas son precisamente las condiciones que cimentarían las bases de los regímenes totalitarios del corte de las dictaduras militares que aquejaron a América Latina durante gran parte del siglo XX.

En ese contexto, el golpe de Estado es el resultado de una burguesía de libre mercado que ante la amenaza de perder parte de sus privilegios realizó una acción desesperada, pero con plena conciencia de que ahora están obligados a llevarla hasta sus últimas consecuencias. Micheletti puede estar asustado o dispuesto a entregar la presidencia, pero el grupo que está detrás de él no está dispuesto a dejarlo ceder un ápice. Aquí no importa cuál es la voluntad del individuo que personifica al gobierno de facto, sino cuál es la necesidad de la clase hegemónica. Por eso es que antes que ceder el gobierno de Micheletti estaría dispuesto a incrementar la ofensiva y castigar al propio pueblo hondureño, incluso en detrimento de su base social, que ha estas alturas solamente puede compararse con el fervor fanático que alcanzan algunas sectas religiosas.

Esa obcecación de los golpistas combinada con las consecuencias sociales del haber alcanzado el punto más agudo de la crisis económica en Honduras fueron las circunstancias que frenaron la respuesta social. Por ello es que durante más de dos meses la ofensiva estuvo en manos de los golpistas, pese a la respuesta que ha dio la comunidad internacional al asunto, en contraste con la posición de resistencia que tuvieron que mantener los partidarios de Zelaya.

La inesperada aparición de “Mel”, el 21 de septiembre pasado, en las instalaciones de la embajada de Brasil en Tegucigalpa le dan a la situación hondureña un giro radical. El pueblo que apoya el regreso de la institucionalidad democrática a Honduras tiene la posibilidad, por fin, de tomar la ofensiva tras la victoria moral que representa. Pero también los golpistas quedan en una posición que los obliga a escalar la belicosidad de sus reacciones. De entrada, la sistemática negación de diálogo que Micheletti ha expresado de múltiples maneras, algunas directas y otras encubiertas en pretextos absurdos, se complementa con el incremento de la represión. Desde el reestablecimiento del toque de queda hasta el endurecimiento de la censura contra los medios que no se sometan a la línea periodística que el golpismo pretende imponer, aún a los corresponsales del extranjero, pasando por las represalias que el gobierno de facto pretende imponerle a la comunidad internacional (puede motivar justificadas carcajadas el berrinche de Micheletti implícito en el ultimátum contra los gobiernos de México, Venezuela, Argentina y España que se niegan a reconocer a su gobierno) pero no es más que un pésimo augurio en contra del pueblo hondureño. Se cierne sobre la clase obrera de Honduras el fantasma del genocidio.

Parte del envalentonamiento de los golpistas también se apoya en que aún hay sectores al interior del gobierno estadounidense que respaldan a Micheletti. Muestra de lo anterior son las declaraciones que el representante alterno de EE. UU. ante la Organización de Estados Americanos (OEA), el señor Lewis Amselem, en las cuales dejó caer su rechazo al regreso de Zelaya a Honduras cuando dijo: “El retorno del presidente Zelaya a Honduras es irresponsable e idiota”, tal como puede leerse en la nota que el corresponsal Jordi Zamora preparó para la Agence France-Presse (AFP).

El otro riesgo que corre Honduras es el de la intervención militar por parte de Estados Unidos, ya hubo un primer rumor en el Consejo de Seguridad de la ONU que sugería la intervención de las fuerzas de paz, que obviamente estarían encabezadas por EE. UU. como se ha hecho en otras ocasiones. Un movimiento de ese tipo despeñaría al pueblo hondureño hacia la guerra civil, porque la burguesía librecambista que mantiene a Micheletti en el poder tendría que jugarse su última carta: la guerra. Mientras tanto, el pueblo hondureño vería absolutamente clausuradas las vías democráticas, sin contar con que se echaría por la borda el poco prestigio de demócrata que aún mantiene el empresario metido a la política que trabaja como presidente, Manuel Zelaya, de aquella nación centroamericana.

Como puede apreciarse en el análisis que he desarrollado hasta este punto, las esperanzas de una solución democrática y favorable a los intereses de los trabajadores siguen siendo escasas. Sobre todo cuando se percibe claramente que la única idea que los golpistas están dispuestos a aceptar como solución al conflicto es el resistir un mes y medio más para celebrar unas elecciones en las cuales resulte electo un personaje bien esterilizado por ellos.

Para los trabajadores hondureños se estrechan las salidas. Por lo pronto urge que su consciencia de clase se desarrolle a pasos agigantados, que se coloquen en la disposición de llegar hasta las últimas consecuencias, incluyendo el concientizar a integrantes de las fuerzas armadas hondureñas. De otra manera, el apoyo que las fuerzas progresistas le estamos brindando al pueblo hondureño serán inútiles. No pasarán de un mero evento anecdótico. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

domingo, septiembre 27, 2009

Memoria proletaria 2: Plebe independentista

El 14 de julio de 1789 pasó a la historia no solamente por haber sido el día en que la toma de la Bastilla marcó el inicio de la revolución francesa, sino también por haber sido la irrupción del pueblo —la chusma, dirían en la nobleza— en la historia. Antes de ese momento los campesinos, obreros y artesanos habían hecho posible la historia pero se habían ubicado en un plano secundario, casi invisible. Después de ese evento el pueblo como tal no ha dejado de tener un papel decisivo en los sucesos cruciales. De entrada baste recordar que durante la misma revolución francesa mientras la burguesía perfeccionaba el nacionalismo basado en el desarrollo del mercado interno, el pueblo comenzó a esbozar las líneas básicas del socialismo y del comunismo.

El poder del pueblo, como tal, tampoco se constriño al marco europeo sino que se reprodujo rápidamente en el resto del mundo. Las guerras napoleónicas no solamente afectaron a Europa con la difusión de las ideas de la ilustración, también en América se propagaron éstas rápidamente. Con ellas el papel del pueblo en la historia también se fue haciendo más evidente, ya no solamente como el sujeto social que hacia posible toda la subsistencia sino que también tenía la posibilidad de presionar para crear cambios radicales en la estructura.

Lo anterior viene a colación porque en estas fechas se preparan ya grandes festejos en toda América Latina, desde California hasta la Tierra de Fuego (Patagonia) para conmemorar los bicentenarios de las independencias. Sin embargo, el enfoque que se le está dando a ese tipo de festejos es el de conmemorar una historia de medias verdades. La visión oficialista (la de la burguesía hegemónica), así como la de la facción más conservadora entre los capitalistas es la que se ha impuesto con mayor vehemencia.

Por una parte, en donde los gobiernos de tendencia más o menos progresista se han asentado, a lo más que se llega es a reivindicar la figura de algunos próceres, pero sin cuestionar mayormente su origen o intervención en los procesos independentistas. Así, las elegías que se componen para personajes como Miguel Hidalgo, Simón Bolívar o José de San Martín, no hacen más que imponer la idea de que los únicos capaces de “hacer la Historia” son los grandes personajes. Por si eso no fuese poco, se llega al extremo de atribuirle a esos sujetos cualidades que nunca tuvieron, se presentan versiones idílicas de los héroes mediante el viejo procedimiento de exagerar sus acciones positivas y omitir las negativas. Nada más obsérvese a los gobiernos progresistas en Sudamérica, reivindicando el más importante movimiento político-social de los últimos treinta años con el apelativo de bolivariano. Algo que no deja de imponer la concepción unilateralidad de la historia que se enfoca en las acciones de unos cuantos personajes.

El otro lado, cuando al frente de algunos gobiernos latinoamericanos han triunfado las facciones más conservadoras de la burguesía, inmediatamente se pretende imponer una concepción que reivindica a los personajes más oscuros de los procesos de independencia. Recuérdese cómo el golpista más democrático de la historia, Felipe Calderón, ha sido uno de los promotores de la restitución de Agustín de Iturbide en el santoral republicano de México. Desde que fue dirigente nacional del Partido Acción Nacional (PAN) a Calderón le urgía recuperar a Iturbide como una de las figuras emblemáticas de la derecha, tal como lo recuerda Édgar González Ruiz en su artículo Iturbide: emblema derechista.

Independientemente del personaje que se reivindique para construir una identidad nacional, el otro problema que subyace a la imagen histórica de las independencias que se está presentando con motivo de los bicentenarios está muy parcializada. Si uno identifica el origen de los próceres que se ensalzan se puede apreciar ese racismo que ha caracterizado a las elites latinoamericanas. Casi todos los personajes que se mencionan fueron criollos (españoles nacidos en América), que no tenían mayor interés en crear condiciones de verdadera libertad e igualdad entre los pobladores de la región, sino en encontrar la manera de acceder al poder que entonces ejercían los gachupines (españoles nacidos en la península). Desde entonces hasta la fecha, la ideología que se ha impulsado para legitimar la dominación de clase en la región ha tenido un carácter de racismo disimulado. Pocos jefes de estado en América Latina han salido del canon racial, o blancos de origen europeo o mestizos cuya piel esté lo menos bronceada que sea posible. No solamente Benito Juárez García debió enfrentar los denuestos que le lanzaban los partidarios del Partido Conservador, sino que hasta dentro del propio Partido Liberal uno de los motivos que impulsó a sus detractores fue su origen zapoteco. En la actualidad, ese mal no ha sido erradicado de la región, por mucho que ahora sea considerada la más progresista del planeta. Llama la atención la virulencia con que determinados grupos sociales, tanto dentro como fuera de Bolivia, son capaces de alcanzar en su desprecio contra Evo Morales Ayma. No les interesa si el de Morales ha sido un gobierno que responda o no a los intereses del pueblo boliviano, el racismo conduce a muchos de los opositores del presidente de Bolivia a ver cada acción como un error, en el mejor de los casos, sino es que llegan hasta el grado de señalarlo insistentemente como el lacayo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Para ellos, el presidente de origen aimara, como todos los aimaras e indígenas, son niños fácilmente manipulables. ¡Vaya mentalidad colonialista!

Una de las utilidades de la historia, más precisamente de la enseñanza de la historia, es la construcción de una identidad nacional. Ésta puede ir en dos sentidos: crear un orgullo nacional que sea la base del imperialismo o una conciencia nacionalista que se oponga al neocolonialismo. En ese sentido resulta incoherente que un gobierno encabezado por un personaje tan educado como Felipe Calderón, esté introduciendo reformas, bajo la presión de transnacionales de origen español, a los planes de estudio en la enseñanza básica que mutilan dos de los procesos históricos que determinan la identidad nacional de los pueblos latinoamericanos, y en los cuales se definen muchas de las particularidades que los distinguen entre sí: la conquista y el período de la colonia. En cambio, el (para sus detractores) ignorante aimara que preside Bolivia, Evo Morales, justamente a mediados del presente año concretó el rompimiento de las relaciones comerciales que obligaban a su gobierno a adquirir los libros de texto de primaria que editaba el grupo editorial Santillana de procedencia española. En esos volúmenes, curiosamente, se hacía omisión y se trivializaban los procesos de conquista y colonia del Alto Perú (hoy Bolivia).

Pero aún eso sigue sin ser suficiente.

Tampoco basta con colocar algunos cuantos nombres de personajes entre los principales próceres de las independencias, como Francois Dominique Toussaint-Louverture (dirigente de los esclavos negros en Haití que consiguieron su independencia en 1804) o José María Morelos y Pavón (caudillo de la independencia mexicana de origen mestizo). Ni tampoco basta con reconocer y valorar las insurrecciones previas, como la encabezada por Gaspar Yanga o la de Jacinto Canek en Nueva España, o las de Tupac Amaru II en Perú o la de Tupac Katari en el Alto Perú, las cuales allanaron el terreno para los procesos independentistas. Porque a final de cuentas sería repetir los mismos errores de crear una serie de ídolos. Mucho menos es de utilidad repetir el procedimiento seguido por el notable insurgente Carlos María de Bustamante que al difundir en sus escritos el movimiento de independencia en México, creo mitos como el del Pípila o el del Niño artillero.

En dado caso la tarea central que se requeriría al elaborar una historiografía científica, una memoria de los trabajadores, que abone para la articulación de una identidad de la clase obrera, sería reivindicar el papel que el pueblo (la “chusma”) tuvo en el proceso independentista. Desde la conciencia de clase sería un grave error incurrir en el menosprecio del papel que el pueblo desempeño durante el movimiento independentista. Implicaría cometer el mismo desatino que Hidalgo cuando se negó a entrar en la Ciudad de México tras la batalla del Monte de las Cruces, o el de Bolívar cuando jugueteo con la idea de establecer una monarquía en los territorios liberados por él, o el de José de San Martín cuando se negó a la unificación de las naciones que habían sido colonias españolas. Es decir, la injusticia del menosprecio hacia el pueblo.

Es cierto que no se trata de negar la influencia que ejercen los grandes personajes en la historia, finalmente, el papel que los dirigentes tienen en la historia es el de encausar las fuerzas sociales. Sin embargo, es importante desde la perspectiva de los trabajadores superar las ideas que permiten el ascenso de una clase que subsuma a las demás y ésta se da gracias a la rendija que deja abierta el culto a las grandes personalidades. Evitar toda exaltación de los próceres por encima del pueblo es una equivocación que los trabajadores debemos evitar.

El inicio, desarrollo y consumación de las guerras de independencia fueron posibles gracias a que mucha gente, tanto hombres como mujeres: campesino, artesanos, obreros, comerciantes, bajo clero y militares rasos, tuvieron que modificar sus condiciones de vida para adaptarse a las condiciones que les imponía su propia convicción de pelear por la independencia de las colonias hispanas. Las glorias de San Martín o las de Bolívar o las de Morelos no existirían sin el respaldo de ese pueblo que luchó y de ese pueblo que sustentó la vida de esos ejércitos insurgentes.

Aunque, es importante acotar que tampoco se debe caer en la idealización del pueblo. En muchos sentidos, si la independencia política que dio origen a las naciones latinoamericanas fue una obra de sus propios pueblos, también es justo señalar que las debilidades con que nacieron esas naciones se debieron a las propias carencias de las sociedades americanas. Por ello es que durante las primeras décadas de independencia el poderío económico del imperio británico mantuvo en entredicho la independencia de las naciones latinoamericanas y que durante el siglo XX el imperialismo estadounidense haya hecho de las suyas a lo largo y ancho de la región.

En síntesis, la elaboración de una historiografía desde la perspectiva de los trabajadores requiere dimensionar de manera más justa el papel que tuvo el pueblo en los procesos de independencia. Pero también requiere de esclarecerse los límites que históricamente ha tenido para tener claras las tareas que se le han quedado pendientes. Ello permitiría construir una identidad nacional con posición de clase impulsada desde el proletariado que se oponga al imperialismo y haga efectivamente real los sueños de liberación nacional.

lunes, septiembre 21, 2009

Reyertas 56: Ramificación del camino revolucionario

La mayoría de los izquierdistas hemos juzgado con demasiada dureza la actual crisis económica mundial. Más de uno ha querido ver el surgimiento de una crisis estructural del capitalismo al empatar el proceso económico con los procesos de deterioro ambiental, los cambios en las relaciones políticas, la degradación de las relaciones sociales y el surgimiento de nuevas expresiones dentro de los movimientos sociales. No obstante, las cosas se están desarrollando de manera muy distinta a lo que los buenos deseos de los analistas de izquierda quisiéramos. El armagedón que representaría la actual crisis simple y sencillamente no está ocurriendo, por el contrario, comienzan a darse los primeros signos de que podría comenzar en los próximos meses una recuperación.

Como mencionábamos hace unos meses en el Reyertas 18: 2009, el año (del temor) por venir señalé, con base en el análisis desarrollador por el Círculo de Estudios de Marxismo Ortodoxo y Recalcitrante (CEMOR), que la actual crisis tiene muchas posibilidades de convertirse en el inicio de una fase descendente del ciclo largo económico (con duración total de 40-60 años), pero la condición indispensable de esto era el desempeño de la economía china en la presente crisis. Entre más tiempo durase la fase depresiva del ciclo económico medio (que en total dura entre 7 y 11 años), la floreciente economía de la República Popular China se vería cada vez más comprometida, lo cual en un momento determinado podría ocasionar el colapso definitivo del mercado estadounidense, que en los años recientes se va haciendo dependiente en forma progresiva de la productividad china.

Debido a los procesos de globalización, desatados en los años setenta del siglo XX por aquel supremo consejo revitalizador del capitalismo que fue la Comisión Trilateral, en las últimas tres décadas la interrelación entre el mercado norteamericano y el chino ha crecido de manera descomunal. Por el lado de China, la inversión proveniente de Estados Unidos pero sobre todo la transferencia de tecnología han sido los principales instrumentos que están convirtiendo a la nación asiática en una de las economías más sólidas del siglo XXI. El costo de ello ha sido que a cambio los estadounidenses han podido expandir sus corporaciones transnacionales, incrementar su control financiero sobre el mundo. El principal comprador de los bonos del tesoro norteamericano (deuda) es China, nación que entre sus reservas monetarias en el extranjero cuenta con más de un billón de dólares (un trillón según la forma anglosajona de hacer cuentas). De no ser por esa gran masa de circulante estadounidense que los chinos tienen atesorados, el valor del dólar como moneda de reserva internacional se habría desplomado hace tiempo. En otras palabras, el desarrollo de las fuerzas productivas en China se ha realizado gracias a la expansión de las empresas norteamericanas, no tanto por las inversiones directas sino por la transferencia de tecnologías y patentes, eso ha convertido al gigante asiático en el principal socio comercial de los EU. Las mercancías importadas desde China son las que le dan posibilidades de subsistir a los estadounidenses; al tiempo que el déficit comercial de los Estados Unidos frente a la economía china es el elemento principal que le da valor al dólar, y gracias a ello, es posible que los norteamericanos se apropien de la producción mundial de mercancías.

La crisis actual ha obligado a la dirección política china a redireccionar su capacidad económica hacia el fortalecimiento de su mercado interno, pues el que Estados Unidos se encuentre en condiciones adversas para seguir adquiriendo las mercancías básicas de otras naciones se traduce en un rápido incremento del capital almacenado improductivamente. Dada la capacidad productiva que tiene la economía china habría sido un golpe letal el perder el espacio físico en el cuál se realiza su producción. Pero, lo ventaja de China es que al basar su desarrollo económico en el sector de las exportaciones, dejando intacto el despliegue pleno de su mercado interno. Ante la difícil situación mundial, la economía asiática tiene la oportunidad de expandirse internamente, lo que implicaría un incremento considerable hacia su interior. El efecto de largo plazo de tal evolución económica china sería el vaciar a Estados Unidos de la rentabilidad financiera que le ha caracterizado en las tres décadas más recientes.

Un viraje chino de interiorización combinado con la reestructuración productiva estadounidense le daría una sobrevida a la fase ascendente del ciclo económico largo, pues se crearían condiciones que le devolverían a EE. UU. la posibilidad de competir, lo cuál implicaría reforzar su capacidad productiva y por extensión su mercado interno.

Pero cuidado. La reconstrucción del aparato productivo estadounidense requerirá que las medidas que el gobierno de Barack Obama está impulsando para restringir la especulación financiera sean adoptadas. Hasta el momento las reformas del sector industrial gringo han dado algunos resultados, pero de nada servirán si el libertinaje financiero continúa drenando la riqueza generada en la producción real de mercancías. En tal sentido, no basta con eliminar los Hedge Funds o cualquier otro de los instrumentos que se han multiplicado en la última década, también le es urgente al mercado norteamericano el crear un sistema de salud que se quite los grilletes impuestos por las poderosas empresas farmacéuticas. En términos financieros dichos corporativos son los que generan el pozo sin fondo que más recursos consume de forma improductiva, al tiempo que polariza el ingreso de los hogares, generando con ello mayor desigualdad entre aquellos que perciben los ingresos más altos dentro de la sociedad estadounidense y la porción social que obtiene más bajos ingresos. La situación política en los Estados Unidos apunta a que gracias a la férrea oposición del partido republicano, a la mezquindad que reina entre los congresistas demócratas (a quienes les aterroriza pagar el costo electoral de aprobar una ley que dañe los intereses de los grandes capitalistas) y la intensa campaña de intimidación y desprestigio social que los dueños de las farmacéuticas, aseguradoras y hospitales han lanzado en contra de la reforma al sistema de salud que promueve Obama.

Para colmo, algunos economistas ya comenzaron a reportar que el sentido positivo del crecimiento económico de la producción china no se basa tanto en el fortalecimiento de su mercado interno, sino en la adquisición especulativa de materias primas por parte del gobierno chino. Esta forma de proceder coloca un grave riesgo sobre la economía mundial.

Si EE. UU. no logra recuperarse pronto de la depresión, es decir si no se consigue reducir las posibilidades de la especulación financiera, el aletargamiento será todavía más prolongado y los alfileres con que China le estaría sosteniendo la economía mundial no podrían soportar demasiado tiempo, por lo que eventualmente la burbuja especulativa creada por la adquisición de materias primas terminaría arrastrando al mundo a una profundización de la crisis económica mundial. Entonces, y solamente entonces, el desplome alcanzaría los niveles que muchos de los analistas de izquierda hemos profetizado desde nuestros espacios de lucha.

Sin embargo, ese escenario sería precisamente el que cumpliría con aquella sentencia que reza: “cuidado con lo que se sueña, porque podría volverse realidad”. Contrariamente a los que se piensa desde la izquierda, tanto los momentos de crisis en el ciclo medio como las fases descendentes del ciclo económico largo son puntos en que el descontento social no se expresa mediante grandes cambios transformadores, por el contrario, en las crisis las organizaciones revolucionarias y la auto-organización obrera suele disminuir porque para las personas el obtener los medios de vida se vuelve más difícil y, por consiguiente, la tarea que ocupa más tiempo. Por su lado, en las fases descendentes ocurre algo similar, de hecho se puede comprobar que hay una correlación entre los momentos de auge revolucionario con el ascenso del ciclo económico largo, lo que supone que hay una correlación en el sentido inverso. Recuérdese que el momento de reflujo revolucionario más reciente se dio en la década de los años 80, justo cuando el ciclo largo se hallaba en su fase descendente más aguda, en cambio, en los años recientes las izquierdas han proliferado en el mundo a la par que se llegaba a la cima de la fase ascendente.

Nos encontramos en un punto histórico crucial para el desarrollo de las izquierdas y la evolución de los sistemas democráticos (en el sentido de superación del concepto de democracia burguesa). Por más que el crecimiento chino se esté dando como producto de su desarrollo interno, si EE. UU. no entra en su fase de recuperación pronto, la depresión se profundizará a tal punto que se iniciaría una fase descendente del ciclo largo, lo que plantearía una gran dificultad para los movimientos revolucionarios y habría que comenzar a plantearse estrategias de verdadera resistencia, de sobrevivencia. En cambio, si la economía estadounidense entra en una fase de recuperación (en la cual los movimientos sociales tienen más opciones para crecer), pese a que China estuviese sosteniendo su crecimiento mediante la especulación con materias primas, la fase ascendente se prolongaría un ciclo más, lo que nos daría tiempo (7-11 años) para desplegar estrategias de ofensiva revolucionaria más serias. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, septiembre 17, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 26:

El Infinito

Análisis filosófico del origen del universo

Por: Sagandhimeo

Para Angélica

Por su apoyo

INTRODUCCIÓN

En esta obra se analizará si el universo tuvo un origen y la noción de infinito que le subyace, partiendo de los avances de la astrofísica y de argumentos filosóficos fundamentales.

1. El problema central

El primer paso para hablar del origen del universo consiste en no desviarse del problema, para ello es preciso entender universo como la totalidad y debido a que universo a veces puede entenderse como “nuestro universo” habremos de formular un nuevo término: “metauniverso”, en dicho término incluiremos nuestro universo, así como todo lo que pueda quedar fuera de él, como lo sería un estadio previo al universo actual, múltiples universos, universos paralelos e inclusive el vacío que pueda haber fuera del universo conocido.

En ese sentido, suponer que nuestro universo surgió de otro universo evade el problema, pues lo que queremos saber es el origen de todo en absoluto, del metauniverso. Del mismo modo, si planteamos que hubo un creador del metauniverso, tenemos que preguntarnos por el origen de tal creador y así sucesivamente, pues argumentar que dicho creador siempre existió o es causa de sí mismo es equivalente a decir que el metauniverso mismo siempre ha existido o es causa de sí mismo.

Algo parecido ocurre en cada campo de estudio, como creer que la civilización viene de otro planeta, o que la vida se originó en otra galaxia, o que la tierra reposa sobre una tortuga como se creía en culturas orientales. Estos argumentos poseen el mismo patrón: no enfrentar el problema como tal, sino pretender explicarlo insertando un elemento externo que se queda sin explicación y que por lo regular involucra cierta mística.

Por el contrario, actualmente se sostiene que la civilización es un producto histórico, que la vida emergió de componentes químicos terrestres y que la tierra no está sostenida por nada, pues su equilibrio radica en la gravitación universal, ya es tiempo de que también el origen del universo posea una explicación objetiva y libre de agentes arbitrarios.

2. El problema del infinito.

Para comprender el origen del metauniverso es necesario poseer una noción adecuada del infinito, como se verá en adelante.

Muy citada es la antinomia kantiana del infinito, la cual sostiene que si el universo tuviera un comienzo forzosamente tendría que haber algo antes de eso, por lo que no hay comienzo, y si no lo tuviera habría una infinidad de tiempo antes de ahora, por lo cual tiene que haber comienzo. Con esta antinomia Kant concluye que es imposible saber si el universo tuvo un origen o no.

El problema radica en la noción de infinito que se tenga, desde Aristóteles existen dos tipos de infinito, infinito en acto y en potencia. Infinito en acto es aquél que existe en absoluto y como ejemplo sólo podemos mencionar la idea de Dios, pues se cree que posee todos los atributos elevados a la máxima potencia. A este infinito se le suele llamar transfinito. Por otra parte el infinito en potencia es la posibilidad de sucesión indeterminada, como ejemplo tenemos todo cuanto existe, pues es posible una sucesión indefinida de los números, de las cosas, de las capacidades, de las personas, ya que siempre es posible que aumente el número de cualquier conjunto.

El transfinito es intrínsecamente incongruente pues supone una entidad que contiene en sí misma todas las posibilidades de ser, por lo cual no se movería y al ser estática es finita. Por ejemplo, la idea de destino supone que ya todas las posibilidades están dadas, de modo que la vida misma es una ilusión. En otras palabras, aunque el infinito posea congruencia siempre se encuentra en un estadio determinado, es decir, podemos contar los números del uno al infinito, pero aunque podamos continuar contando siempre, en todo momento estaremos en un número determinado. Así, el metauniverso es infinito (más claramente “indefinido”) en el sentido de que no tiene término, pero en todo momento posee una extensión y duración determinadas.

Manejar el infinito en acto y no como potencialidad facilita generar cosmovisiones incongruentes como la de Zenón, el cual ideó una serie de paradojas. Una de ellas consiste en afirmar que racionalmente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, porque primero debe llegar a la mitad de éste, antes a la mitad de la mitad, pero antes aún debería recorrer la mitad de la mitad de la mitad y así eternamente hasta el infinito. De este modo, teóricamente, una persona no puede recorrer un estadio de longitud, aunque los sentidos muestran que sí es posible. Esto ocurre porque el autor maneja el concepto de infinito en acto y no como potencia, es decir, una persona recorre un infinito número de lugares para recorrer un estadio, pero porque cada lugar es potencialmente divisible al infinito, en acto el estadio se recorre en pasos, no en unidades indefinidas.

La confusión surge cuando se mezclan los tipos de infinito. En el caso de Kant sucede que él considera que había tiempo antes del inicio del universo, siendo que el tiempo pudo surgir junto con el mismo, de modo que no hay paradoja. Por otro lado Kant supone que no puede haber una infinidad de tiempo hacia el pasado porque nunca llegaría hasta el presente, pero el tiempo hacia atrás no tiene por qué haber transcurrido ya, pues por ejemplo nuestra numeración es infinita hacia atrás y hacia delante y no por ello nos impide contar cotidianamente (Reichenbach). En otras palabras, suponer que el tiempo ha transcurrido transfinitamente hacia atrás es injustificado, pues puede suceder “indefinidamente”, de modo que en la actualidad siga avanzando hacia delante y hacia atrás desde un tiempo cero. Esto puede sonar extraño, pero es físicamente posible, pues así como existen partículas y antipartículas es probable que en otro lado del universo o en un universo paralelo el tiempo transcurra hacia atrás desde nuestra ubicación y viceversa. Donde naturalmente no hay una anti-tierra, pues su desarrollo es totalmente independiente al de nuestro universo.

De este modo lo que Kant veía como una antinomia se convierte en una disyuntiva, donde ambas optativas son razonables y la última palabra la posee la investigación científica, como veremos en adelante.

3. El problema del origen.

Hasta el momento tenemos dos opciones: que el universo haya existido siempre, de modo que el tiempo transcurra indefinidamente hacia atrás y hacia adelante. Y que el universo haya surgido en algún momento generando el espacio y el tiempo simultáneamente.

Estas opciones no son excluyentes, podemos combinarlas en una sola: el universo surgió en un punto cero a partir del cual se desglosó en dos espaciotiempos que se extienden indefinidamente. Esta afirmación no es meramente lógica pues existen descubrimientos físicos que la apoyan, como veremos.

La fluctuación cuántica consiste en que a partir del vacío surge espontáneamente una partícula con su correspondiente antipartícula (la misma pero con carga opuesta como el electrón y el positrón) y se aniquilan al instante, esto no es mera especulación sino una teoría de la física cuántica. Además, dicha fluctuación no viola las leyes de la matemática, pues si bien es injustificado que 0=1, sí es válido que 0=+1-1, de modo que del vacío no puede surgir la materia, pero sí materia más antimateria. De la nada no sale algo, pero sí algo más “antialgo”.

Sobre esta teoría algunos científicos sostienen que el universo surgió de la nada (matemáticamente esto equivale a la dimensión -1, ya que la dimensión cero es un punto), de una fluctuación cuántica colosal, aunque aun falta por explicar por qué no se aniquiló al instante como sucede en las fluctuaciones cuánticas comunes. Como en el universo hay muchísima más materia que antimateria, es probable que se haya generado otro universo con mucha más antimateria que materia, conservando así la igualdad y la existencia metauniversal. En otras palabras, en el principio no existía nada, ni el espaciotiempo, luego una fluctuación cuántica colosal derivó en dos universos (con sus respectivos big-bangs, según el modelo inflacionario), uno con más materia y otro con más antimateria, de modo que entre ambos tienen carga igual a cero, por lo que su aparición está justificada física y matemáticamente.

4. Implicaciones filosóficas

Es sumamente difícil imaginar la nada absoluta y más que de ella surgiera algo y antialgo, pues esto implica que la nada posee la potencialidad para generar todo cuanto existe. La pregunta de Leibniz ¿Por qué existe algo en vez de nada? Puede responderse: existe algo porque la nada contiene la potencialidad de algo, pero si la nada no es nada, ¿Cómo puede poseer un atributo de potencialidad? La solución consiste en no concebir la nada simplista, estática o irracionalmente. Sino en concebirla dialécticamente, es decir, entender que la existencia y la nada forman una unidad en conflicto permanente, para Hegel, el ser puro y la nada pura no pueden existir, sino que son meras abstracciones, pues si el ser es homogéneo, inmutable y simple: es exactamente igual que la nada pura. Como mirar un paisaje mediante toda la luz o nada de luz, en ambos casos no se puede ver el paisaje, sino blanco o negro, respectivamente.

Por lo tanto, la suma de todo lo existente así como cada una de sus partes: se constituyen por una mezcla de ser y nada, donde el ser significa su singularidad y la nada su posibilidad de movimiento. De este modo recuperamos la defensa de Parménides de que la nada no es nada, pues si fuera algo ya no sería nada. Pero a su vez consideramos que la nada aunque no sea algo concreto sí se constituye como una condición de posibilidad, la cual permite el movimiento del ser, es decir, el devenir.

En matemáticas el ser se constituye por los números y la nada por el cero. Pues el cero no representa nada por sí mismo, pero es condición de posibilidad de la mayoría de los números, como los que siguen del diez y los decimales, basta con compararlo con los sistemas de numeración antiguos que no poseían el cero.

Esto ocurre también en la constitución del universo, donde el ser o suma de lo existente está completamente rodeada por la nada (o vacío absoluto) y esto es lo que permite su expansión, pues si el universo lo ocupara todo no podría moverse. Además, las partículas subatómicas se encuentras enormemente separadas unas de otras, lo que implica que el vacío dentro del universo también es condición de posibilidad del movimiento nuclear.

Conclusiones

Como humanidad hemos encontrado una explicación lógica, matemática y física del origen del universo (y en general del metauniverso) que disfruta de solidez y autosuficiencia, por lo que podemos desechar toda explicación mística o agnóstica.

Además, es posible que haya una infinidad de universos dentro del metauniverso, pues las fluctuaciones colosales pueden ocurrir indefinidamente, lo importante es que existimos en uno de ellos y estamos hechos de la misma materia que lo originó, lo cual en cierta medida nos hace sus protagonistas, de nosotros depende lo que hagamos con esa fortuna.

Bibliografía

Aguilar Sahagún, En el limite del universo: la vision cosmologica de Stephen W. Hawking.

Courant y Robbins, ¿Qué son las matemáticas?

Engels, El Antidüring.

Gribbin, Génesis, los orígenes del hombre y del universo

Hacyan, El descubrimiento del universo.

Hegel, Ciencia de la Lógica.

Hospers, Introducción al análisis filosófico.

Kant, Crítica de la Razón Pura.

Reichenbach, La Filosofía Científica.

Zellini, Breve historia del infinito.

lunes, septiembre 14, 2009

Reyertas 55: Réquiem por la educación

Con el pretexto de enfrentar la crisis de la mejor manera posible, el gobierno de Felipillo I el breve, ha decidido combatir a sus peores enemigos para que al fin México supere su rezago y salga a flote: la ciencia y la educación. Durante los tres años de calderonato, el inquilino de Los Pinos ha demostrado tener la piel sumamente delgada ante la crítica de la oposición, ha demostrado que no aguanta que alguien esté en desacuerdo con su peculiar forma de ver las cosas. La intolerancia calderoniana se expresa en su afán por acabar con todo aquello que represente la amenaza de extender la actitud crítica en la sociedad. Por eso es que cual merolico vendiendo sus cursos de autoayuda para recetarle a los mexicanos que tienen toda la obligación de hablar bien de México, no importa que el país se esté cayendo a pedazos, hay que hablar bien de México. Sin embargo, lo que Felipillo I el espurio entiende por “hablar bien de México” se reduce a hablar bien de su gobierno federal. Una especie de regresión calderoniana en la que pretende equipararse con Luis XIV, aquel rey francés del siglo XVIII que decía: “el Estado soy yo”. En un sentido apologético, Calderón parodia al francés al decir: “México soy yo”.

Lo que no puede negarse, cuando se trata de enfrentar a la crítica, es que el señor Calderón es un personaje de soluciones radicales. Para evitar que la actitud crítica siga empañando los grandilocuentes logros de su tan exitosa administración, ha metido el acelerador para desarticular el sistema educativo del país.

Es cierto que muchos camaradas exageran al indicar que lo más importante para un pueblo es la educación. Se olvidan que antes de poder aspirar a que un pueblo tenga la posibilidad para ser educado, requiere satisfacer otras necesidades que hacen posible una vida digna, una vida humana. La garantía de una alimentación suficiente y el desarrollo de las capacidades de trabajo son las dos condiciones que preceden a cualquier aspiración por crear un sistema educativo que le dé una amplia cultura a todos los integrantes de una sociedad. Para los mexicanos la capacidad de trabajo es un hecho que se demuestra día a día, pese a las malas caricaturas que pretenda hacerse de sus trabajadores, éstos diariamente dejan clara tal capacidad. Pero las arbitrariedades cometidas por los capitalistas nacionales y trasnacionales no solamente les escatiman ese reconocimiento, sino también la propia posibilidad de tener una alimentación adecuada. Para colmo de males, los panistas no se han distinguido, en sus 70 años de existencia, por ser un partido que se preocupe de manera extensa por la formación de consciencias críticas. Más bien se han preocupado por perseguir toda expresión cultural que salga de sus estrechos límites. De modo que el panismo no puede presumir que haya tenido grandes lumbreras entre sus intelectuales. Antes por el contrario, le conviene mejor ocultar las pocas que ha dado. Por ejemplo, Carlos Castillo Peraza, el gran intelectual del PAN en tiempos recientes, no fue un personaje al que se le pudiesen reconocer grandes dotes como difusor de la cultura ni capaz de mostrar un bagaje cultural que impresionase a sus adversarios, si mayor cualidad era la de ser un defensor vehemente de sus ideas, pero no más.

Esta saña del panismo en contra de toda la cultura deriva de que justamente de la gente que posee cierta formación de pensamiento crítico es la que más ha cuestionado sus planes de gobierno. La situación se vuelve todavía más aguda cuando el PAN coloca en la presidencia a un sujeto como Calderón que es incapaz de soportar el mínimo disenso con su pensamiento.

Por ello es que la ciencia y la educación han sido los dos grandes blancos contra los cuales las armas del calderonismo se han enfocado. Esos rubros son, para Felipillo I el breve, más peligrosos que la aparición en escena de cualquiera de los integrantes de los Zetas. Por eso es que anteponiendo el pretexto de la crisis, la Secretaría de Hacienda recortó el presupuesto a los becarios de posgrado del CONACYT. A tal punto ha llegado esto, que los pocos investigadores que está formando el país, están quedando ahogados bajo el peso de las cuentas que requieren pagar para sustentar su vida. Esta situación no puede conducir a ningún otro camino que a la reducción de formación de cuadros generadores de ciencia y tecnología. Esa situación no ha pasado inadvertida para los becarios que están buscando convertirse en parte de los investigadores que requiere México, por ello es que se han venido agrupando para dar la batalla en contra de los recortes que la sensible secretaría de Hacienda está haciendo no únicamente hacia los becarios, sino a todas las instituciones encargadas de desarrollar la ciencia, tecnología y la educación superior en el país (véase el blog: que ni reduzcan las becas ni nos cierren las bocas).

En el extremo opuesto del sistema educativo mexicano, apenas puede creerse que algo que hace unos meses, apenas junio pasado, causó revuelo en el mundo, hoy México esté retomando las cosas nefastas que suceden en el mundo. Apenas el 7 de junio en Bolivia el gobierno de Evo Morales le cerró las puertas del jugoso negocio de los libros de texto para la educación básica a la trasnacional española editorial Santillana, y en nuestro país ya se están imitando las peores prácticas de ese corporativo. En Bolivia se le quitó la edición de libros de texto a la editorial Santillana porque promovía la eliminación de la identidad nacional boliviana. La línea de la casa editora iba en la tendencia de eliminar los puntos de conflicto entre las culturas indígenas prehispánicas y la cultura española de los conquistadores. Estos momentos que son los que definieron la cultura moderna de los pueblos de Latinoamérica, es decir los de conquista y colonia, son los puntos que el gobierno de Felipillo I el espurio intenta borrar de la memoria de los mexicanos.

Ya es preocupante el hecho de que por años se haya intentado eliminar la parte sustancial del pensamiento crítico de los mexicanos: la identidad, bajo el pretexto de que la educación “moderna” debe privilegiar el razonamiento verbal y matemático. ¡Bien! No es mala idea dejar atrás la enseñanza tradicional que se basa totalmente en la memorización, sin embargo, no puede ni debe abandonarse el fomentar que los alumnos tengan una buena capacidad de memoria porque finalmente cualquier habilidad de razonamiento resulta inútil, estéril, si no se tiene la materia prima sobre la cuál reflexionar, sobre la cual pensar; y esa solamente se puede obtener gracias a la memoria. No solamente en el campo de las ciencias sociales, que el ejercicio adecuado del razonamiento sobre la información que se concentra en la memoria nos daría por resultado excelentes ciudadanos capaces de ejercer sus capacidades críticas hacia los diversos gobiernos; también en el campo de las ciencias naturales y las ciencias exactas es indispensable que los investigadores tengan la capacidad para realizar la crítica sobre los conocimientos preexistentes a su investigación. De otra manera tendríamos una ciencia en estado permanente de estancamiento.

Como se afirmó arriba, la educación no es el problema más importante que se debe resolver, con perdón de los camaradas profesores y demás trabajadores dedicados a la educación, resultaría demasiado simplón, simplista y hasta cursi hacer la típica afirmación sobre la centralidad de la educación. Sin embargo, el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la adecuada educación son procesos que tienen una importancia decisiva en el desarrollo de las fuerzas productivas, lo cual es un interés que los trabajadores debemos seguir persiguiendo porque son elementos que nos permitirán abrirnos el camino de la revolución.

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

viernes, septiembre 11, 2009

Reyertas 54: De lo perdido, lo encontrado

Con un poco de retraso en su publicación, pero cumpliendo con su compromiso de presentar a los lectores un punto de vista que analiza la situación de la sociedad que les aporte algo a los revolucionarios que estamos intentando transformar la forma en que viven los trabajadores del país, y del mundo. En esta oportunidad, el retraso se ha debido en parte por la gran cantidad de material que el golpista inquilino de Los Pinos, Felipillo I el católico, ha ido entregando en pequeñas dosis elementos que simbolizan claramente la abdicación de su trono tan duramente peleado.

En muchos sentidos, el discurso manejado por Felipillo I el breve desde que le entregó su informe al Congreso de la Unión ha sido una forma de reconocer que se equivocó, parecería una señal de madurez política ese reconocimiento de los errores propios. Sin embargo, la codicia que ha sido el sello del gobierno federal actual, ha sido demasiado traicionera para el señor Calderón, pues de un acto altamente loable ha logrado convertirlo en una acción pueril, propia de cualquier buscapleitos de barrio. Mucho han resaltado los medios electrónicos de comunicación que Felipillo I el espurio haya señalado que lo hecho hasta ahora por su gobierno ha sido “insuficiente”. Lo que no comentan es que en cada mensaje de la presidencia de la república se inicia con alguna variante de la justificación favorita del gobierno que le descarga cualquier responsabilidad sobre lo que ha pasado en los tres años recientes. Una manera de echarle la culpa a todos los demás para ocultar todo lo que no se ha hecho y todo lo que ha dejado de hacerse en esta administración.

En el Mensaje del Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, licenciado Felipe Calderón Hinojosa, con motivo de su Tercer Informe de Gobierno, difundido en los principales diarios de circulación nacional el día 4 de septiembre de 2009 (aquí incluyo el hipervínculo del mensaje en la página de Presidencia de la República), el gobierno de Calderón reparte culpas entre la crisis mundial, la epidemia de influenza, la violencia del crimen organizado, la caída de la producción petrolera y la sequía; pero él como responsable de la política del país no tiene la menor culpa. Ni él ni sus funcionarios tienen culpa alguna en la crisis, mucho menos los eficientísimos gobiernos panistas y con menos razón los modernísimos gobiernos neoliberales son responsables de la situación actual del país. Por cierto, se prevé que el presente año será el de peor crecimiento económico desde 1932, cuando el PIB cayó 14% (según datos del propio INEGI).

Por otro lado, durante los primeros tres años del gobierno de Calderón la seguridad era la principal bandera, el estandarte mediante el cuál Felipillo I el católico había ido ganándose su legitimidad (que nunca pudo obtener en las urnas). Pues en el mensaje presidencial arriba mencionado, que incluye un nuevo decálogo anticrisis, el punto principal es el del combate a la pobreza. Hasta ahora Calderón, como otros panistas, había considerado que este tipo de políticas son populistas: no una salida real a la pobreza en México. No se olvide que durante la campaña de 2006 y en estos tres años la descalificación principal de populista contra López Obrador ha sido por su famoso lema: “primero los pobres”. Para colmo, en un mensaje posterior, Mensaje a la nación del Presidente Calderón en Materia de Combate a la Pobreza en el Marco de su Tercer informe de Gobierno, el señor Calderón no presume otra cosa ni promete continuar otra cosa que políticas clientelares. Presume que gracias al programa Oportunidades 26 millones de mexicanos reciben ayudas mensuales que van desde los 500 hasta los 2,000 pesos, es decir, se les entrega una cantidad que a las familias más pobres del país les permite subsistir, pero que definitivamente no las saca de la miseria en la que subsisten. Por el contrario, el objetivo es conseguir que la clientela tenga los medios para seguir con vida pero que no se haga de los suficientes medios económicos que los quite de la nómina de clientes políticos. ¿No es esto populismo? Peor aún, programas como oportunidades que están diseñados para profundizar la brecha entre ricos y pobres al cambiarles los derechos a los más pobres por simples programas, que suelen ser los primeros en sufrir los recortes presupuestales.

El ejemplo más claro de lo anterior está en el segundo punto del decálogo calderoniano, que es el de ampliar la cobertura de salud. Durante los gobiernos panistas se han creado programas que están sustituyendo a las instituciones encargadas de garantizar el derecho a la salud de los mexicanos. Muchos estudios, de diversos investigadores, han demostrado que el Seguro Popular o el Seguro para una Nueve Generación ni tienen la capacidad técnica para alcanzar la cobertura universal, ni pueden cubrir el catálogo de las principales enfermedades que aquejan a los mexicanos y para colmo solamente le ha ido restando recursos al IMSS, ISSSTE y sistemas de salud estatales que les urgen.

Cómo mencionaba en Reyertas 20: ¿Cuál plan anticrisis?, la parte más criticable del que entonces se promovía como el gran acuerdo que le daría la salvación a México era que pretendía encaminarse por una vía correcta, la construcción de infraestructura, pero se hacia en forma completamente irreflexiva y demagógica. Ni la planeación ni la asignación de recursos era suficiente. Sobre la concentración de un plan anticíclico en el rubro de la infraestructura también se hizo hincapié en que dicha actividad es la más importante en momentos de crisis en el ciclo económico pero no por sus resultados inmediatos, no los tiene, sino por el capital fijo que crea a largo plazo, el que podría constituir la base de una renovación del mercado interno. Pero el espontaneismo del calderonato le impidió a su gobierno tener una mejor planeación de en qué proyectos prioritarios invertiría el gobierno federal.

Por ese uso simple y llanamente electorero del Acuerdo Nacional en Favor de la Economía Familiar y el Empleo para Vivir Mejor terminó ahogándose a sí mismo bajo el peso del oportunismo burocrático de los gobiernos neoliberales.

Pero ahora, en los recientes mensajes en torno al tercer informe de gobierno, además de los recientes cambios en el gabinete y la propuesta presupuestal para 2010, Calderón no está demostrando otra cosa que la claudicación hacia los planes anticrisis que tanto había propuesto a inicios del presente año. En unos cuantos meses se pasó del planteamiento que prorizaba la construcción de nueva infraestructura al simple fortalecimiento de los programas asistencialistas contra la pobreza y de carácter netamente clientelar: populistas sería una expresión más precisa.

Sin embargo, los puntos seis, siete y ocho, principalmente el siete, son caballos de Troya. El seis y ocho se enfocan respectivamente al sector de telecomunicaciones y a la administración. Por un lado, parece loable el objetivo de romper los monopolios en el ramo, pero lo que no parece buena idea es que se haría mediante la entrega a compañías transnacionales del espacio mexicano. Por el otro, también aparece como un punto interesante, sin embargo nada garantiza que sea un medio para hacer más efectivo el gasto corriente del gobierno federal, sino que podría utilizarse como arma para ir eliminando las plazas de los trabajadores; en administraciones recientes esta práctica de reducción de plazas para agilizar la administración se ha realizado en varias dependencia dando como resultado el despido de varios trabajadores y que los salarios de éstos se sumen a las percepciones de los altos funcionarios de las secretarias.

A pesar de todo, la verdadera clave, el auténtico punto central de la propuesta calderoniana se halla en el séptimo punto de su decálogo: la reforma laboral. Sin duda que cualquier propuesta que se haga al respecto irá en el sentido que largamente analicé en las entregas Reyertas entre febrero y junio del presente año, es decir, en el de legalizar la confiscación de los derechos de los trabajadores.

El periodista Miguel Ángel Granados Chapa pone el dedo en la llaga al señalar, en su artículo para Proceso 1714, sus suspicacias sobre el uso de la expresión “toda la fuerza del Estado” al referirse al combate de la pobreza como punto inicial. De un lado, el resultado de la frasecita puede resultar en la demostración de la magritud e impotencia del Estado. En el lado opuesto, es una declaración de renuncia por ejercer cualquier de acción. Sin embargo, en este momento cuando Calderón dice que se usará toda la fuerza del Estado para combatir la pobreza está diciendo que el PAN ha arrancado la campaña electoral de 2012. Para eso es que el primer movimiento del calderonismo va dirigido a crear una clientela política, ya que definitivamente el gobierno de Felipillo I el espurio no ha convencido a nadie.

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!