sábado, enero 16, 2010

Memoria proletaria 6: Notas para una historia del neozapatismo

En los últimos diez años he intentado en tres ocasiones el hacer un estudio histórico sobre el movimiento originado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, con el objetivo de esclarecer mi propia concepción sobre el neozapatismo. De ellos solamente el primero, realizado en 2001 con motivo de la Marcha del color de la tierra, lo realicé en solitario. Los siguientes dos, en 2006 y 2007, más bien fueron trabajos conjuntos para el Círculo de Estudios del Marxismo Ortodoxo y Recalcitrante (CEMOR). El primer intento mencionado fue un documento para consumo personal que titulé: El EZLN; puertas abiertas a la revolución. A la distancia y con nueve años más de experiencia ahora encuentro muchos de los defectos en mi concepción sobre el neozapatismo. Sin embargo, tal documento me sigue siendo útil para poder distinguir algunos puntos generales sobre el desarrollo del fervor zapatista desatado en 1994. El segundo documento al que hago referencia fue el artículo que en el CEMOR se preparó para el número especial de la revista Palabras Pendientes sobre la Otra Campaña. El escrito también fue publicado por Asaltando la red en dos entregas: Cavilaciones 1: La otra teoría. Tareas pendientes y Cavilaciones 2: La otra teoría. Tareas pendientes, 2. El objetivo de tal artículo era mucho más práctico que teórico, de ahí que haya sido tan bien recibido en los círculos de militantes (adherentes) zapatosos, pues argumentaba en favor de la creación de instancias sociales para la generación de una nueva teoría sobre la transformación. Por obvias razones, aquél documento apenas incluía una semblanza histórica sobre el neozapatismo, sin embargo su tono crítico aún le da cierta vigencia a esa parte de la elaboración. Finalmente, en el mismo CEMOR surgió la necesidad de tener un diagnóstico propio sobre las condiciones en que la lucha de clases se presentaría durante el período 2006-2012. Dicho documento, jamás alcanzó a concluirse pero el avance que se tuvo contiene un apartado completo dedicado al neozapatismo que es el estudio mejor elaborado que se ha escrito hasta el momento. En ese texto no tuve la responsabilidad directa de su redacción, aunque participé en las discusiones sobre el asunto; polémicas que rindieron frutos bastante ricos pues, al menos quienes nos involucramos en el asunto, llegamos a coincidencias fundamentales sobre el tema. Sin embargo, dicho avance no puede darse por un punto definitivo sobre el neozapatismo. En lugar de ello, me dejó la claridad de una necesidad apremiante para la clase trabajadora de realizar una liquidación de la conciencia neozapatistas. Eso sí, sin escatimarle el alto valor histórico que conlleva su lucha, pero aclarando los porqués de la incompatibilidad entre la prosa-poética de su pensamiento y las necesidades del proletariado como clase para pasar de serlo en sí a convertirse para sí.

El presente no es, como podría suponerse dado el comentario arriba expuesto, el cuarto intento por realizar una dolorosa pero necesaria liquidación del pensamiento neozapatista en función de las necesidades de la clase trabajadora. El objetivo del presente texto que ahora entrego a los lectores es mucho más modesto: presentar una breve reseña sobre la historia del neozapatismo que sirva para además de aclararnos, tanto al autor como al lector, el devenir de la lucha más importante de la última década del siglo XX. En forma paralela, también se espera que el presente texto vaya abriendo algunas líneas temáticas que permitan identificar nítidamente los elementos que motivan el aislamiento de las comunidades chiapanecas zapatistas del resto de la lucha de las clases subsumidas, principalmente de la clase trabajadora como tal.

Como se recordará el primer día de este 2010 se cumplió el 16° aniversario del levantamiento armado del EZLN. Si bien la lucha armada duró unos cuantos días, el 12 de enero de 1994 el presidente Salinas de Gortari ordenó al ejército mexicano el cese de las hostilidades, lo cierto es que fueron días que sentaron las bases de un cambio en la correlación de fuerzas a escala internacional. Cualquier valoración sobre el neozapatismo que no reconozca la importancia de éste como suceso que relanzó las perspectivas revolucionarias de la clase trabajadora, estaría partiendo de un vicio de origen que la haría caer en el subjetivismo. El EZLN surgió justamente en el momento en que la oscuridad teórica era más intensa para la clase obrera. El coletazo final de la Unión Soviética había sepultado las esperanzas de un mundo distinto al capitalista. Peor aún, si dicho colapso fue producto de un fuerte reflujo revolucionario que siguió al fracaso de la oleada revolucionaria de los setenta, el derrumbe soviético sacó a la luz una serie de secretos deshonrosos que terminaron de quebrantar los restos del ánimo revolucionario de los trabajadores. De hecho, en su libro Imperio el otrora marxista radical, Antonio Negri, postuló que con el fin del bloque socialista había llegado el final de las oleadas revolucionarias. Ahora los trabajadores veteranos ya no transmiten a los más jóvenes las experiencias de lucha para el surgimiento de una nueva. En esos términos Negri y, su cómplice, Michael Hardt proclamaron el acta de defunción del Viejo Topo del cuál hablaba Karl Marx. Según la metáfora del fundador del materialismo histórico, la clase obrera no puede estar todo el tiempo tensando las condiciones antagónicas de la lucha de clases; por tanto, al igual que los topos al construir sus galeras subterráneas, los trabajadores realizan la transmisión de sus experiencias de organización y lucha de forma oculta a los ojos del capitalista. Eventualmente, esa experiencia se mezcla con las condiciones prácticas de los nuevos trabajadores. Pero, Hardt y Negri adoptan la subjetiva hipótesis sociológica de la brecha generacional sin mayor crítica; terminan trasponiéndola a la situación presente de la lucha de clases para apuntar que los movimientos actuales tomen su distancia de los anteriores. El neozapatismo, es la demostración práctica del error en que incurren ambos pensadores otrora marxistas radicales. Tanto el EZLN como los movimientos que han retomado planteamientos de éste, no desconocen las experiencias anteriores de lucha como entidades sociales (quizá como individuos haya varios que lo hagan) sino que las niegan. No se trata de una negación que ignore el pasado sino una que de manera intuitiva sabe que eso fracasó y que, por tanto, ese no es el camino. Cierto que a muchos colectivos les vendría bien profundizar más en esa historia de fracasos, pues la simple intuición como método para comprender la realidad, hace tabla rasa del pasado y no separa lo afortunado de lo inconveniente.

Como señalé en el texto que preparé en mayo de 2001: el de transformarse en el momento preciso para mantener viva la movilización de su base. Sus ajustes no han sido, siempre los más precisos para el desarrollo de la lucha de clases. Aunque sí han sido los más oportunos para fortalecer el de las comunidades indígenas chiapanecas. Todos esos cambios que ha realizado el neozapatismo han sido tanto en lo estratégico como en lo táctico. De tal manera se aprecian tres grandes etapas en el devenir histórico del EZLN. En el primero se trataba de una organización guerrillera muy del estilo de las guerrillas setenteras en América Latina. La segunda, se caracterizó como un movimiento armado cuyas diferencias más radicales se hallaban en los métodos para conseguir la identificación del grupo armado con las comunidades chiapanecas. La tercera se trata de un cambio radical en cuanto a la orientación de las estrategias de lucha, la guerrilla como método de lucha pospuesto.

Al igual que muchos de las organizaciones guerrilleras, es decir que priorizaron la guerra de guerrillas como vía de lucha, que surgieron durante los años sesenta y setenta como el Partido Revolucionario Obrero Clandestino-Unión del Pueblo (PROCUP), la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria (ACNR), Partidos de los Pobres (PDLP), la Liga 23 de Septiembre; las Fuerzas de Liberación Nacional (FLN) fueron el producto de la coincidencia de un grupo de fuerzas que convergieron en América Latina. Primero, el endurecimiento de la política represiva hacia los movimientos sociales aplicada por la mayoría de los países de la región como consecuencia de la presión que ejerció sobre ellos el gobierno de los Estados Unidos. Segundo, la polarización de la lucha ideológica en el contexto de la guerra fría. Tercero, el triunfo de la revolución cubana. Cuarto, la falta de seguimiento político que consolidase los resultados de la reforma agraria. Quinto, el anquilosamiento del régimen revolucionario, mediante el crecimiento desmedido de la burocracia y la corporativización de las organizaciones sociales, agrarias y obreras. Sexto, la exclusión de la juventud de los espacios político-organizativos de la sociedad, cuyo efecto mayor fue la falta de renovación en las estructuras sociales.

Esas condiciones, que tuvieron su versión en varias naciones de América Latina, ocasionaron una exacerbación de las contradicciones entre las clases sociales. A tal punto que el enclenque desarrollo de las estructuras institucionales democráticas fue rápidamente rebasado por las protestas sociales de las décadas de los sesenta y setenta. La resistencia de la burguesía neocolonial en México ocasionó que las vías institucionales se estrechasen. Hecho al cuál habría que sumar el extremismo infantil de muchos jóvenes a quiénes el entusiasmo por el triunfo de la revolución cubana había obnubilado. No es extraño que en Madera, Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965 un grupúsculo de pequeño-burgueses radicalizados haya intentado emular el asalto al cuartel Moncada que fue encabezado por Fidel Castro el 26 de julio de 1953. Es cierto, que el proceso de pacificación que sucedió a la Revolución Mexicana nunca fue absoluto, algunos grupos armados se mantuvieron alzados contra el gobierno mexicano. Un ejemplo claro de ello fue la guerrilla zapatista encabezada por Rubén Jaramillo en las montañas de Morelos, que se mantuvo activa hasta 1959. Sin embargo, las guerrillas de los sesenta y setenta retomaron muy pocos elementos de ese tipo de movimientos.

Entre la imitación del modelo foquista cubano y la contracción de los caminos institucionales, la proliferación del extremismo tuvo campo fértil. De esa manera, dirigentes comunitarios que provenían del magisterio como Genaro Vázquez Rojas o Lucio Cabañas, se convirtieron en míticos héroes de la pequeña-burguesía radicalizada. Además de crear el panteón de mártires necesario para retroalimentar esa política guerrillera, también se consiguió que la burguesía se concentrase en fortalecer todo el aparato de represión interna. El problema no es que la clase obrera no estaba lista para enfrentar la reacción de la burguesía. Algo que no era difícil de preveer dada la carencia de una organización nacional de clase que pudiese organizar con mayor efectividad las acciones de lucha.

El costo político de aquél aventurerismo sesentero y setentero todavía lo estamos pagando hoy. Las fuerzas armadas están más enfocadas a combatir la disidencia que a proteger a la nación o erradicar a la delincuencia organizada. La educación ha cedido su papel formativo para convertirse en un instrumento domesticador que anestesia la conciencia y prepara entrena para la explotación: de tal modo que en la actualidad hasta los más animosos activistas sociales suelen padecer una infinidad de vicios políticos producto de una mezcla entre soberbia práctica e incapacidad para la comprensión de la teoría, en otras palabras la ausencia de una praxis. La pluralización de las instancias de gobierno ya no es una amenaza para la burguesía debido a que las organizaciones partidarias que han surgido en las décadas recientes, han sido continuadoras e incluso terminaron profundizando la tendencia del Partido Comunista Mexicano (PCM) a la especialización (osificación) en la vía electoral. En mucho la desconfianza que el pueblo suele tener hacia los partidos políticos emana de la degradación que produce la elevada especialización en una sola vía de lucha. Es decir, más allá de la corrupción que caracteriza al Partido de la Revolución Democrática (PRD), al Partido del Trabajo (PT), a Convergencia o al ya extinto Partido Socialdemócrata (PSD), lo que realmente los ha alejado del pueblo ha sido su sumisión ante el capital: ninguno de esos partidos ha sido capaz de rebasar los límites de la política tradicional de cúpulas y, en cambio prefieren recurrir a la inconsecuencia como modus operandi.

En su origen, allá en el lejano año de 1969, las FLN, fundadas en Monterrey, Nuevo León, no era muy distinto del resto de las organizaciones guerrilleras de la época. Es decir, conformada en buena parte por pequeño-burgueses radicalizados con una formación profesional. Antiguos estudiantes cuyas expectativas habían sido trastocadas por el movimiento estudiantil de 1968 y que ansiaban convertirse en héroes de una clase a la que solamente conocían a través de cierto sentimentalismo.

Sin embargo, la perseverancia de los miembros de las FLN tuvo sus resultados. Para el año de 1983 la organización se mudó al lejano estado de Chiapas. A diferencia de la ACNR o del PDLP, cuya aceptación en las comunidades fue relativamente sencilla debido al papel de educadores comunitarios de sus principales dirigentes, a las FLN no les fue sencillo penetrar en las comunidades rurales. Por el contrario, según lo cuentan sus propios veteranos, los primeros años en Chiapas fueron presa del rechazo de las comunidades indígenas. No obstante, esa perseverancia les obligó a desarrollar formas más amplias para relacionarse, hecho que terminó modificando sus propios proyectos e, incluso, muchas de sus concepciones políticas.

Tras una década de labor entre las comunidades más apartadas de la república, el germen de una nueva política se produjo de la fusión entre los cuadros de las FLN y los miembros de las comunidades indígenas. En medio de ese proceso se creó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

De tal manera, es posible distinguir, hasta este punto, dos etapas de esta organización guerrillera. La primera entre 1969 a 1983, en que continúo siendo una estructura plagada de los mismos vicios que el resto de las de su tipo. Así también se distingue una segunda etapa que desde su arribo a Chiapas hasta los últimos días de 1993. En ella se distingue una fuerte contradicción entre la tendencia a actuar como una guerrilla tradicional y las bases de una nueva forma de realizar la movilización social. Fundamentos que en términos sencillos fueron dados por las exigencias de la situación en que se hallaban los pueblos indígenas y la generación de una organización, lo cuál implicó generar innovaciones. La preparación clandestina de una ofensiva armada con miras a motivar a otros sectores de la población reacción generalizada de insurrección en el país, era algo que iba en toda la línea tradicional del foquismo retomado de la Revolución Cubana.

A partir del primero de enero de 1994 el desarrollo del EZLN puede delimitarse en períodos históricos, como se señaló en el documento del CEMOR, muy bien marcados por las Declaraciones políticas que ha hecho. Es decir, las seis declaraciones políticas representan programas que se ajustan a las nuevas etapas (de la 3 a la 8) por las que ha ido atravesando el movimiento neozapatista.

La primera Declaración de la Selva, promulgada el 1° de enero de 1994, además de declararle la guerra al Estado mexicano, proponía la implementación de una serie de leyes revolucionarias aplicables a todo el país. Sin embargo, las condiciones en que se presentó la guerra hicieron que la aplicación de tales leyes se restringiese a los territorios controlados por el EZLN, a partir del cese al fuego del 12 de enero de 1994. Sin duda que el papel desempeñado por la sociedad mexicana tuvo un gran impacto en que el ejército mexicano detuviese una contraofensiva más fuerte, pero también en que el neozapatismo diese el viraje definitivo para separarse del camino tradicional de las guerrillas latinoamericanas. Durante los siguientes seis meses el primer programa difundido por el EZLN, entre enero y junio de aquel año, quedó rebasado, pues los insurgentes se habían plegado ya a la búsqueda de desarrollar estrategias de lucha por la vía pacífica, en tanto que la declaración llamaba a la lucha armada. El hueco programático fue cubierto por las habilidades comunicativas desplegadas por el vocero neozapatista, el Subcomandante Insurgente Marcos, quién a logró darle a la serie de pronunciamientos políticos guerrilleros una gran expresividad al incluir en ellos elementos retóricos extraídos de la poesía y de la tradición oral indígena. A tal grado llegó el éxito de esas innovaciones comunicativas que muy pronto el sub se hizo de admiradores en todas partes del mundo, que no solamente estaban dispuestos a seguirle, sino a solidarizarse con la organización guerrillera.

La Segunda Declaración de la Selva Lacandona resultó la formalización del viraje político que habían dado los neozapatistas en la práctica desde el cese al fuego. En esa primera instancia salió a relucir su carácter como un movimiento que ideológicamente se amparaba en la socialdemocracia de la Liberación Nacional. La evidencia es evidente, la conformación de la Convención Nacional Democrática (CND), convocada en la Segunda Declaración, además de tener el acierto de intentar integrar a todas las fuerzas políticas posibles; dio un espaldarazo a la candidatura presidencial de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano. De manera informal, para no afectar la votación en favor del hijo del general Lázaro, el apoyo no fue tan explícito en aquél momento. Pero en las acciones prácticas los neozapatistas se sumaron con lo que tuvieron a la mano.

La quinta fase del EZLN es todavía más descarada en sus objetivos socialdemócratas. El apoyo a la lucha electoral queda relegado para llamar a la conformación de un frente amplio denominado Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y, cuál émulos del unificador italiano Giuseppe Garibaldi, reconocieron la autoridad superior del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas como el dirigente que debía encabezar al nuevo frente amplio. En aquella ocasión las palabras de los propios neozapatistas fueron claras: “Llamamos a la Convención Nacional Democrática y al ciudadano Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a encabezar este Movimiento para la Liberación Nacional, como frente amplio de oposición” (Tercera Declaración de la Selva Lacandona, 1/01/1995).

Justamente un año después, para el 1° de enero de 1996, el EZLN publicó la cuarta Declaración de La Selva Lacandona. Lo anterior marca el inicio de una nueva etapa programática para el neozapatismo, su sexta fase histórica. En el nuevo viraje destacan dos elementos que se mencionan en el documento: 1) se comienza a definir la línea indigenista de la guerrilla, o mejor dicho, se marca con mayor claridad que la demanda sectorial se convertirá en el eje de toda su lucha. 2) Se hace un llamado a la conformación del Frente Zapatista de Liberación Nacional (FZLN) como una expresión organizativa capaz de instrumentar la línea de la CND. El cambio de dirección tuvo dos posibles condiciones que sería preciso profundizar. Por un lado, el más explícito, la traición zedillista que lanzó una feroz ofensiva de exterminio mientras fingía el reinicio del diálogo. Por el otro lado, un elemento que se omite mencionar fue la nula respuesta que el ingeniero Cárdenas y su Partido de la Revolución Democrática (PRD) le dieron al llamado a encabezar al MLN. Surge la duda sobre si en realidad el reformismo perredista traicionó al reformismo neozapatista en 2001 con la aprobación de una ley indígena mutilada. De manera institucional el PRD no atendió los llamados del EZLN, sino que siempre le dio menos de lo solicitado.

La séptima etapa histórica del EZLN comenzó con la promulgación de la Quinta Declaración de La Selva Lacandona el 17 de julio de 1998. A esas alturas el programa neozapatista ya estaba completamente volcado sobre la demanda de los pueblos indígenas: la aprobación en el Congreso de la Ley Cocopa. Para ello, intenta poner en acción su nueva organización frentista: el FZLN. El éxito de las movilizaciones a escala nacional que tuvo el neozapatismo no se debieron a la gran capacidad organizativa de su instrumento frentista, pues mientras existió solamente funcionó como agencia de viajes de turismo revolucionario, sino a las simpatías que el EZLN despertó en diversas organizaciones sociales, tanto viejas como de surgimiento reciente, las cuáles rebasaron a la torpe dirección del FZLN. El fracaso de la Quinta Declaración se hizo palpable en 2001. Tras una larga marcha que unificó a diversos sectores en torno al neozapatismo, el Congreso de la Unión aprobó una versión de Ley Indígena que expoliaba el sentido original de los Acuerdos de San Andrés Larráinzar. De esa forma el movimiento quedó anulado. En parte por la parálisis que, desde mayo de 2001 y hasta junio de 2005, se apoderó de la dirigencia del EZLN. En parte, por la ruptura definitiva con el PRD. En parte por el alejamiento del neozapatismo con los movimientos revolucionarios al declarar en entrevista con Julio Scherer García que ellos eran simples rebeldes que rechazaban todas las formas de los revolucionarios. Y en parte, por la maduración de muchos de los movimientos que surgieron estimulados por el alzamiento neozapatista de 1994, dichos grupos en ocasiones se solidarizaron con el EZLN pero siempre y cuando no los distrajese de sus objetivos principales, y otros mostraron toda la enjundia rebelde pero al mismo tiempo su enorme aislamiento social.

El pasmo en que se metió el neozapatismo terminó en junio de 2005 con la promulgación de la Sexta Declaración de La Selva Lacandona. Tal evento marcó un nuevo giro en la estrategia neozapatista. En esta octava fase partía de la suposición de una modificación significativa de las condiciones reales en la estructura política. Por principio de cuentas decidieron que en las comunidades autónomas debía crearse una estructura de gobierno: los caracoles. Hacia el exterior por fin notaron que el FZLN era una instancia copada completamente por personajes distinguidos por su falta de compromiso real y su oportunismo. Pero además, apostaron todo su prestigio político en una campaña para contrarrestar al proceso electoral de 2006. Organizaron a sus simpatizantes en una estructura partidaria bastante laxa que además de sustituir al FZLN también proponía extender la concepción política del neozapatismo por el resto del territorio mexicano.

Sin embargo, los cálculos del neozapatismo se basaban en el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, en otras palabras: en que el presidente del país para el período 2006-2012 habría sido el político perredista. No consideraron seriamente la posibilidad de un Golpe de Estado encubierto como el que se presentó en 2006. Peor aún, aunque reconocieron que todos sus despliegues políticos se realizaron con esa condición como fondo, los neozapatistas nunca estuvieron dispuestos a modificar su estrategia política. El hecho de la realidad desplegándose en forma muy distinta a las especulaciones plasmadas en la Sexta Declaración tuvo un doble efecto. En lo interno, es decir al seno de los municipios autónomos, los gobiernos conformados han tenido buenos resultados, pues son, a la vez, el producto del pensamiento e historia de las comunidades indígenas chiapanecas. En lo externo, es decir hacia el resto de México, la Otra Campaña ha sido un auténtico fracaso. En efecto, cumplen con el objetivo de crear una fuerza externa que impida que la acción represiva de la clase hegemónica llegue hasta el punto de exterminar a los municipios neozapatistas. Aunque en el plano de generar una organización rebelde que consiga tener influencia en la transformación de la sociedad mexicana. El tropiezo puede deberse a dos elementos específicos. El uno sería la decisión del EZLN de quedarse exclusivamente con los aliados cuya pureza sea lo más absoluta posible. Sin duda que ello ha sido un arma de dos filos que les ha hecho más daño que provecho, porque si bien los puros han mostrado una gran disposición a participar en tareas de apoyo (asistencialismo) a la Sexta Declaración, también se han mostrado como los personajes más proclives al sectarismo.

El otro elemento es la tendencia que se manifiesta entre los adherentes a imponer a rajatabla toda la concepción neozapatista en el resto del país. No les importa que los postulados del EZLN hayan sido el producto de las condiciones particulares que predominan en la selva chiapaneca. Se niegan a comprender que el desarrollo de las fuerzas productivas en el resto de México, obliga plantear formas muy distintas de organización y objetivos programáticos diferentes. La obnubilación de los adherentes hacia los logros del neozapatismo en los municipios autónomos, sumado al dogmatismo de la pureza política, tiene muy alejados a los simpatizantes del EZLN en los centros más poblados del país.

Sin lugar a dudas, la irrupción del Ejército Zapatista el 1° de enero de 1994, su desarrollo político y los logros que ha tenido en la organización de sus comunidades de base, le han valido convertirse en un referente importante de la actual oleada de movimientos sociales. El otro mundo posible de los altermundistas está inspirado en la lucha del EZ. Movimientos victoriosos en el mundo y en México han reconocido y/o desmostrado que muchos de sus principios democráticos están inspirados en ideas del neozapatismo. La renovación de las izquierdas en América Latina tiene mucho que agradecerle al surgimiento del EZLN. Muchos de sus avances, incluyendo, por supuesto, la elección de Evo Morales como presidente de Bolivia, han sido posibles gracias a la renovación del pensamiento de las izquierdas que aquél generó.

Sin embargo, no todo es coser y cantar. El fracaso de la Sexta Declaración ha derivado en un proceso de descomposición que ya está bastante avanzado. A tal grado que su utilidad como protección ante el aparato represivo del Estado comienza a resquebrajarse. La propia sobrevivencia del neozapatismo exige una nueva renovación (valga la redundancia) de la estrategia a seguir. Pero en esta ocasión partiendo de escenarios más reales y con la madurez suficiente para comprender que las necesidades en el resto del país son muy distintas a las que persisten en la selva Lacandona.

Las exigencias de la lucha de clases implican, además de lo anteriormente expuesto, que los trabajadores realicemos un esfuerzo más penetrante para comprender el devenir del EZLN. Hasta aquí, no hago más que proponer algunos elementos que servirían para adentrarse en dicho proceso cognitivo.

lunes, enero 11, 2010

Reyertas 72: Cuesta arriba

La sabiduría popular habla de un fenómeno anual que se presenta en enero: la cuesta de enero. Dicha expresión hace referencia a la conjunción de dos sucesos anuales. Por un lado, que a partir de los primeros días de cada año, llega el momento de pagar muchas de las deudas contraídas para solventar los festejos de fin de año. Por el otro, invariablemente el libre mercado tiende al aumento de precios en estas fechas. De tal manera que el grueso de la población se encuentra en una situación económica muy estrecha.

Muchos han sugerido remedios para evitar los duros efectos de la cuesta de enero sobre los hogares de los trabajadores. Los grandes académicos y el personal involucrado en las instituciones financieras insisten en que todo el problema se reduce a la educación financiera deficiente que padecen los mexicanos. Los socialdemócratas y los moralmente puros responsabilizan como única causa de la inflación a la corrupción que aqueja al gobierno. Los militantes izquierdistas un tanto dados a la demagogia enfocan todas sus baterías hacia la rapacidad de los comerciantes. La unilateralidad de cada una de estas explicaciones es insuficiente para aclarar el problema de la inflación, mucho menos útil es para implementar alguna solución al aumento de precios.

En el colmo de la ignorancia sobre los fundamentos de la economía, algunos periodistas, como el señor Isaac Katz de El Economista, se atreven a señalar que “la inflación se constituye como el impuesto más regresivo que existe” (“Inflación, precios relativos y bienestar”, 11/01/2010). En el colmo del paroxismo neoliberal, el periodismo económico de sesgo neoliberal inventa que “los efectos negativos de la inflación son varios, pero el que sin duda resulta como el más importante es el siguiente: la inflación le permite al gobierno apropiarse de una parte de la riqueza de los agentes económicos privados”. Es decir, según el señor Katz y la ortodoxia librecambista que él defiende, toda la culpa del incremento de los precios de los artículos de primera. El misticismo monetarista supone que el valor del dinero y su relación con el valor de las mercancías son secretos ininteligibles por la mente humana, que si acaso únicamente es traducido a la práctica terrenal de los consumidores a través de las pitonisas autoridades gubernamentales que apelando al ocultismo ponen en circulación billetes y monedas (la parte buena) o cobran impuestos (la parte perversa).

A los sapientes difusores de la ideología librecambista se les olvida fácilmente un par de cosas básicas sobre la economía real. Por un lado que el dinero es una mercancía como el resto, aunque su valor tiene características especiales. Por el otro suponen que la ley de la oferta y la demanda es un concepto científico que el mercado nunca viola, creen que el único con la posibilidad de romper con dicha ley es el gobierno. Perspectiva que no solamente es completamente subjetiva, sino que es un síntoma de disociación de la realidad.

Para que a nadie le sorprendan las elucubraciones esotéricas de estos masones de la economía, vale la pena explicar un par de cosas sobre la teoría del valor objetivo. Por un lado, todas las mercancías, cualquiera que sea su forma específica, contienen una determinada magnitud de valor. Dicho valor es el tiempo que en promedio tarda la fabricación de cada unidad de mercancía. Es decir, en el supuesto de una sociedad que solamente tuviese dos zapateros en total, si uno fábrica un par de zapatos cada hora y el otro tarda tres por cada par de zapatos elaborados, el valor de cada par de zapatos será de dos horas de trabajo. Así de simple. Pero, como para satisfacer las necesidades de cada persona es necesario el intercambio de lo que se produce, se necesita una manera de expresar el valor de las mercancías y que se hagan equivalentes. De aquí surgió el dinero como mercancía que vino a resolver esa necesidad objetiva del ser humano.

Pero, a diferencia del resto de las mercancías, el valor del dinero no se cuenta por el tiempo que tarda en elaborarse, sino por la cantidad total de mercancías que se encuentren en circulación. Es decir, si en el mercado circulan mercancías por un valor total de 1,000 y la cantidad de dinero circulante en total también es de 1,000; entonces habrá una paridad de 1:1 entre mercancías y dinero. Pero, no necesariamente todas las mercancías que se producen son colocadas en circulación, los capitalistas industriales o comerciales pueden optar por retirar una parte de las mercancías para almacenarlas, ello mientras la cantidad de dinero circulante se mantiene igual que antes. Si suponemos que en nuestro ejemplo, en una economía se retiran de la circulación mercancías por un total de 500 eso hará que queden en el comercio otras 500, mientras el dinero sería de 1,000. Es decir, tendríamos una paridad de 1:2, lo que en otras palabras significa que por cada mercancía, en lugar de desembolsar 1, como era anteriormente, la reducción en el mercado de las mercancías implicaría que ahora habría que desembolsar 2 de dinero por cada mercancía adquirida. En síntesis, el valor de las mercancías en relación con su expresión dineraria no va a variar, lo que variará será la denominación. Esto es, si en nuestra economía imaginaria, la usada para ejemplificar el punto, supongamos que el dinero circulante se distribuye entre 10 personas. Una persona concentra dinero por 350, la segunda tiene 150, una tercera que posee 110. Hasta aquí tenemos que los primeros tres propietarios de circulante acaparan 610 de los recursos monetarios, algo así como el 61%. El 39% restante del dinero, o sea unos 390, se reparte entre las 7 personas restantes de nuestra pequeña economía imaginaria. Llegando hasta el extremo, el décimo propietario de dinero tendría a penas 12, lo cuál equivale al 3.4% de los recursos totales con que cuenta el primero de los adinerados. Suponiendo que el precio total de los medios de vida más básicos, los alimentos, fuese de 10 y que el de la suma de las demás mercancías fuese de 900, tendríamos que cada uno de nuestros participantes en la economía estaría en la posibilidad de desembolsar la cantidad monetaria de 10 para satisfacer sus necesidades de subsistencia. Sin embargo, esto solamente funcionaría en el caso dado de que el valor dinerario de todas las mercancías en circulación fuese igual a 1,000, la situación cambia cuando se retira la mitad de los productos de la circulación dejando intacta la cantidad de dinero. Esto haría que los precios del conjunto de las mercancías elevara su precio nominal, aunque la relación entre mercancías y dinero circulante se ajustaría en un lapso relativamente corto de tiempo para quedar la proporción, como se mencionó anteriormente, en 500 de mercancía igual a 1,000 dinero. Esto haría que el precio de cada mercancía circulante en el mercado se ajustase a la nueva proporción, de modo que el precio total de los medios de subsistencia se duplicaría, al igual que el resto de las mercancías. El efecto en la vida cotidiana de los 10 participantes en nuestra economía de ejemplo tendría que absorber ese costo, sin embargo las consecuencias no son parejas. Para la persona que ocupa el décimo lugar su capacidad de compra se afectará tanto que si anteriormente podía adquirir, apenas lo básico, con la duplicación de precios, ahora solamente podría adquirir la mitad de lo que compraba en la situación anterior. En el lado opuesto de la ecuación, es decir en las tres personas que concentran el 61% del dinero, la afectación no sería tan severa, puesto que en lugar de reducirse el consumo, se puede mantener en el mismo nivel, pues tienen capacidad suficiente para prescindir de los gastos en mercancías menos prioritarias y concentrar su gasto en los productos de subsistencia. Así, la inflación (devaluación del dinero frente a las mercancías en circulación) provoca una mayor concentración de la riqueza en quienes más poseen.

Esta inflación o aumento generalizado de los precios, o de manera más precisa la devaluación del dinero, también puede darse, y de hecho se da, a través del mecanismo de la elevación arbitraria de los precios. Dicho incremento puede ser implementado por los propietarios del capital o provocado por el gobierno. Los capitalistas suelen recurrir a tal práctica, de forma más o menos constante, con la finalidad de obtener ganancias extraordinarias. Sin embargo, el desequilibrio entre el valor dinerario de las mercancías y su valor real tiene a ajustarse relativamente rápido, debido a que el resto de los productores, incluyendo a los que producen materias primas, también tendrá que elevar los precios de sus productos. Por su parte, el gobierno puede recurrir al ajuste arbitrario de precios mediante dos mecanismos o eleva los precios de las ramas estratégicas de la economía que controla o aumenta el monto de los impuestos. El resultado a final de cuentas es el mismo que si fuesen los empresarios los que subiesen los precios, debido a que todos los costos de producción se encarecen. En estos términos, no es el gobierno el que se apropia de una porción de la riqueza generada por los privados, como al más puro estilo goebbeliano pretenden hacerlo ver periodistas como el señor Katz, sino los grandes capitalistas los que consiguen incrementar sus ganancias por dos vías. De un lado, durante el pequeño momento en que tardan en reequilibrarse el valor dinerario de las mercancías y su valor real. Por el otro, mediante el precisar a las clases subsumidas a incurrir en el subconsumo.

El 2010 inició para los mexicanos con una pronunciada cuesta de enero. Nada más durante los primeros tres días del año (según la nota de Laura Flores Gómez, “En tres días se dispararon hasta 30% precios de básicos: Sedeco”, en La Jornada, 4/01/10, p. 27), se calcula que los precios de los insumos básicos para la subsistencia de los trabajadores, la denominada Canasta Básica, se incrementaron un 30%. Más de seis veces el incremento del salario mínimo que no alcanzó ni el 5%. Pero esta situación no es algo extraordinario, durante los tres años que lleva el gobierno de Felipillo I, el espurio, la tasa de la inflación a crecido en promedio anual al 4.6%, pero los precios de la canasta básica, la que se supone es el mínimo que necesitan consumir los trabajadores para subsistir, lo ha hecho al 5.3%.

La otra omisión gigantesca de los periodistas de libre mercado es que la Ley de la Oferta y la Demanda suele ser usada por los propietarios privados que poseen capital, para especular con los precios y generar con ello grandes y jugosas ganancias al confiscar la poca riqueza que se derrama hacia la clase trabajadora. Al acaparar, es decir al retirar de la circulación, una porción de las mercancías en circulación, los capitalistas obligan al incremento de precios con mejores resultados. Lo que también va en detrimento de las clases subsumidas.

En síntesis, la inflación para nada es un impuesto regresivo, sino un mecanismo más de la explotación capitalista sobre los trabajadores. Explotación que por momentos también afecta a los estratos más endebles de la clase capitalista, como lo es la pequeña burguesía. Es interesante que en estos primeros diez días de enero (once con el de hoy), las secciones de cartas a los diarios y los comentarios a las noticias en los sitios noticiosos del Internet estén enfocados a quejarse por el incremento de los precios. Esto es síntoma de que la pequeña burguesía ilustrada intuye su extinción masiva si se continua con dicha política económica. Pero esto, no debe hacer que nosotros los trabajadores nos quedemos con los brazos cruzados, se trata de luchar con objetivos muy precisos: la vida digna. Con ese motivo es importante que a la tan famosa y sentida demanda del incremento salarial de emergencia se agregue, todavía con mayor énfasis la demanda del aniquilamiento total de los especuladores. Ello debido a que cualquier aumento salarial será inútil si no va correlacionado con un incremento de las mercancías en circulación, pues más rápido que tarde los se elevarían los precios. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, enero 07, 2010

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 34:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(octava de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

CONCLUSIONES

4.1 RESUMEN

Partiendo de Bunge, en el capítulo primero hemos sostenido que el concepto de materia –entendida como todo aquello que posee energía (1.1)—puede brindar un punto de partida objetivo y cabal para explicar la naturaleza de cualquier fenómeno, pues mientras posea movimiento es material y en tanto no lo posea es conceptual. También expusimos que para no reducir todo a la mera materialidad podemos complementar tal elemento con la categoría “propiedad” (1.2), la cual explica la diversidad de los objetos materiales mediante sus manifestaciones, puntualizando que no existen propiedades en sí mismas, sino en tanto las posee la materia.

Vimos que un caso particular de propiedad lo constituye el espacio y el tiempo (1.3), los cuales son solamente propiedades de la materia, la cual se mueve en su propio espacio y sucede en su propio tiempo, ya que fuera del universo no hay ni uno ni otro. Además, la materia tiende a organizarse de tal modo que genera totalidades, las cuales pierden algunas propiedades y ganan otras (1.4). De esta forma emergen nuevos niveles de organización, tales como la vida, la mente, la cultura y la sociedad (1.5).

En el capítulo segundo planteamos que “real” es todo aquello que puede influir o ser influido por otro objeto (2.1), es decir que, la realidad es una totalidad de elementos interconectados, los cuales no pueden aislarse, pues en ese caso no son plenamente reales, sino tan sólo como ideas.

También observamos que una gran cantidad de elementos poseen una realidad menor que los objetos materiales (2.2), pues su influencia depende de tales objetos, dichos elementos son las propiedades, el espacio y el tiempo, las ficciones y las posibilidades, pues aun cuando ninguno de éstos sea plenamente real, son en menor o mayor grado reales. Inclusive, expusimos que la experiencia inmediata como las alucinaciones pueden ser menos real que los que jamás experimentaremos directamente, como los electrones, clarificando así, la situación de los trascendentales.

También hablamos de la relación entre materia y realidad (2.3), en donde todo lo material es real, en tanto todo lo mudable es capaz de influir sobre otro ente, pero no todo lo real es material, pues las ideas influyen a los hombres, pero no pueden cambiar por sí mismas.

Y en el capítulo tercero planteamos que la existencia es la propiedad fundamental de la materia (3.1), aquélla que define si un objeto es material o ideal, en tanto posea energía o haya sido pensado, respectivamente. En tal sentido, la existencia también posee grados como la realidad, en tanto sólo existe plenamente aquello que sea material. También vimos que los universales pueden ser materiales o ideales, ya sea que pertenezcan a la materia como la impenetrabilidad o a la mente como la refutabilidad.

Además abordamos la relación entre existencia, realidad y materia (3.2), en donde vimos que las dos primeras ocupan un espectro mayor que la última, pues las ideas son realmente existentes y no son materiales. Además, propusimos que aunque la existencia y la realidad comparten el mismo campo y cantidad, sus cualidades son distintas, en tanto que la realidad es una capacidad y la existencia una propiedad.

4.2 ALCANCES ONTOLÓGICOS

A partir de esta sección nos basaremos en la ontología de Bunge para postular nuestra propia visión, por lo que en adelante la reflexión es ajena a dicho autor.

Hemos visto que para dar cuenta de la realidad requerimos del concepto fundamental “existir”, el cual es una propiedad que categoriza a las cosas en tanto sean ideales o materiales (3.1.3). Este “sean” implica que el existir está vinculado con el verbo “ser”, por lo que llegamos al problema fundamental de la ontología: el ser en cuanto ser, es decir, responderemos qué es ser.

4.2.1 PRINCIPIO Y LÍMITE DE LA EXISTENCIA

Hemos visto que el espacio y el tiempo son propiedades (1.3), por lo que no existen por sí mismos. Si preguntamos ¿Qué hubo antes de la materia? Podemos contestar que nada hubo, pues “antes” se refiere al tiempo y éste es una propiedad material. Si preguntamos ¿De dónde surgió la materia? Podemos contestar que de ningún lado, pues “dónde” se refiere al espacio y éste es una propiedad material. En otras palabras, los objetos materiales ocupan todo cuanto existe y todo el tiempo que transcurre, en ese sentido la materia es absoluta. Pero no es absoluta en un sentido idealista, pues hemos visto que material es tan sólo aquello con la capacidad de cambiar (1.1). En ese sentido, no sabemos que hubo antes del Big-Bang, sólo sabemos que todo cuanto pudo haber ocurrido fue material.

Por otro lado, la ciencia actual considera que el universo se está expandiendo (Gribbin, 1986:13). ¿Cómo puede expandirse si la materia lo ocupa todo? Esto se resuelve con el concepto de la “nada”, esto es, si el universo se compone de materia, la cual genera su propio tiempo y espacio, lo que esté fuera del universo no es materia ni tiempo-espacio, sino absolutamente nada, por lo tanto, el universo se expande en la nada y a su paso (material) lleva consigo la red espacio-temporal.

Esto puede parecer ambiguo, pues hablar de la nada como “algo” es contradictorio, pero la nada no es algo propiamente dicho, sino tan sólo la condición de posibilidad de los objetos materiales para expandirse más allá de la red espacio-temporal que se entreteje entre sí. Y hemos visto que la posibilidad es también una propiedad de la materia (2.2.4). En otras palabras, el universo se expande en la nada, la cual es una propiedad de los componentes del universo (Esto ya lo habían intuido los atomistas griegos, quienes propusieron la noción de vacío como condición de posibilidad para el movimiento de los átomos).

Cabe mencionar que la nada no puede ser material puesto que no posee energía (1.1), tampoco puede ser plenamente real pues no es capaz de influir directamente sobre otros objetos (2.2) y tampoco existe como una mera idea pues posee una influencia indirecta sobre la materia. Su categorización adecuada se constituye como una propiedad, ya que la nada es la propiedad que posee el universo para expandirse, pues si el universo lo ocupara todo no podría moverse fuera de sí (como el ser parmenídeo). En ese sentido, el universo es un subconjunto perteneciente al conjunto compuesto por el ser (material) y la nada (como propiedad). Este conjunto es absoluto en tanto todo lo existente e inexistente cabe en esta categoría ser-nada.

Además, la ciencia actual considera que el universo es infinito (Gribbin, 1986). ¿Cómo puede ser infinito si se está expandiendo? Esto se resuelve si entendemos el infinito en acto y no como potencia, tal como proponía Aristóteles. Es decir, nada en absoluto es infinito en el sentido de no tener término, pues en todo momento se posee una magnitud determinada, por ejemplo, aun cuando los números sean potencialmente infinitos, no hay una suma absolutamente alta, pues siempre designarán una magnitud determinada. Asimismo, el universo es infinito en el sentido de no poseer un límite predeterminado, pero su expansión posee una magnitud específica, aunque nuestra tecnología no pueda medirla con exactitud. En otras palabras, el universo es infinito o más claramente indefinido, en el sentido de expandirse sin restricciones, no porque su magnitud sea absoluta.

En resumen, la existencia no tiene comienzo en el espacio ni en el tiempo, pues tales categorías son propiedades de la materia y no existen sin ella. Tampoco tiene término pues el universo se expande indefinidamente, tal expansión se efectúa en la nada, la cual no es un objeto, sino la condición de posibilidad del movimiento del universo.

4.2.2 LA EXISTENCIA DE “EL SER”

Si cada objeto fuera lo que es por sí mismo, no requeriría de la interacción con los demás para existir, lo que nos envolvería en un politeísmo en el peor de los casos (en el cual cada objeto es el fundamento de sí mismo y por tanto absoluto) o en una monadología leibniziana en el mejor de los mismos (en el que no es posible explicar la interacción entre objetos, ya que no la requieren).

En ese sentido, el fundamento de cada objeto no puede estar en sí mismo, sino porque forman parte del universo, así podemos pensar que “el ser” es un gran ente que rige la interacción en el mismo, lo cual es absurdo tanto porque nos haría caer en el idealismo de un agente externo a la realidad, como porque tendríamos que explicar el ser de este gran Ser y así indefinidamente.

También podemos concebir al ser como la suma de todos los entes, lo que no explica por qué los entes son lo que son. Incluso podemos concebir al ser como lo que está presente en todos los entes, pero que algo esté presente en todo: no constituye un punto de referencia determinado, pues su influencia se anula. Tanto como si todo creciera exactamente a la misma proporción al mismo tiempo, sería imperceptible y no causaría repercusiones.

Finalmente, proponemos entender al Ser como el sentido de la existencia, es decir, que el fundamento de todos los objetos consiste en el sentido o dirección que poseen. En el lenguaje común esto nos parece muy claro, los pensamientos son coherentes cuando poseen un sentido. En la realidad todo está en constante movimiento y el hecho de que tal movimiento contenga la posibilidad de generar vida, mente y cultura: implica que la realidad posee un sentido o dirección, pues incluso un movimiento sin sentido tiende a ser aparente.

Ahora bien, el sentido o dirección no debe confundirse con la finalidad, pues si bien los seres humanos actuamos mediante fines, no podemos atribuir tales mecanismos a la naturaleza. Si el universo tuviera un fin, su desarrollo estaría predeterminado y todo estaría “hecho” para algo, pero existen miles de objetos que no poseen una finalidad determinada, por ejemplo, nuestro planeta fue una de las condiciones de posibilidad para la generación de la vida, pero no podemos afirmar que su fin sea ese, pues existen millones de planetas que no generan vida, empezando por los más cercanos. De este modo, los objetos materiales se constituyen por su propio movimiento, el cual tiende a la complejidad, lo cual no implica que tengan un objetivo, pues plantearse objetivos es constitutivo del humano, lo cual no nos autoriza a extenderlo a los demás entes.

Tampoco podemos sostener que como no hay un fin de la existencia, todo se rige por el azar, pues de ser así no podría haber la emergencia de nuevos niveles de organización, tales como el biológico o el social, pues no habría regularidades en la naturaleza. Ya hemos hablado del azar anteriormente (2.2.4), baste decir que lejos de negarlo, sostenemos que forma parte de todo fenómeno, pero sólo en tanto ocurre en espacio y tiempo contingentes, no porque evada las leyes naturales. Por ejemplo, suele pensarse que la emergencia de nuevas especies ocurre por mero azar, pero esto no es del todo cierto, pues el mero azar en un gen terminaría por destruirlo, ya que no permitiría ni un mínimo de ordenamiento molecular, por el contrario un azar circunscrito a las regularidades genéticas produce una mutación.

En pocas palabras, el sentido de la existencia que sostenemos (hacia la complejidad) no es teleológico ni caótico, pero lejos de negar tales formas de devenir las integra, ya que admite que los humanos actuamos mediante fines u objetivos y que el azar es una parte constitutiva de todo fenómeno.

En tal sentido, apoyamos la postura de que “la ciencia contemporánea reconoce cinco modos principales de devenir: el azar, la causalidad, la cooperación, el conflicto y la finalidad. Los cuatro primeros parecen obrar a todos los niveles, en tanto que el comportamiento intencional parece estar restringido a los vertebrados superiores” (Bunge, 1981:55). Dicho de otro modo, el sentido de la existencia se dirige hacia la complejidad material, éste devenir adquiere diversas formas, las cuales consisten tanto en una mera contingencia espaciotemporal (casualidad), como en una relación causa-efecto (causalidad), una sinergia entre diversos elementos o factores (cooperación), un choque o contraposición entre elementos adversos (conflicto), y un objetivo a seguir entre organismos pensantes (finalidad).

Vemos pues, que el último modo de devenir, el teleológico, es a su vez un devenir emergente, pues sólo es posible dentro de las totalidades biológicas altamente desarrolladas y por supuesto en las sociedades. Tal devenir emergió en razón de que algunos mamíferos desarrollaron funciones cerebrales, tales como la memoria, el entendimiento y la creatividad, al grado de actuar no solamente obedeciendo su instinto, sino planteándose metas concretas en función de su supervivencia, para ello requirieron de condiciones materiales específicas, tales como el medio ambiente, el desarrollo de las manos y de un lenguaje primitivo, entre otros.

Por ello, el nivel técnico es el más complejamente organizado, pues no sólo incluye artefactos hechos con objetivos determinados, sino que permiten el desarrollo de las sociedades, como en los medios de comunicación electrónicos, la diversificación del trabajo y además abre posibilidades infinitas en el arte, como ha hecho con el cine.

En ese sentido, así como los vertebrados superiores poseemos metas particulares y las sociedades tienden a enfocarse en desarrollar su propia cultura: simultáneamente contribuyen en el sentido del universo, en tanto tienden a la complejidad en diversos niveles.

Por otro lado, para nuestro autor, “la mutabilidad (o energía) es la propiedad que define la materia, ya sea física, química, viviente, social o técnica. Si se me permite acuñar una consigna ambigua: ser (material) es devenir.” (Bunge, 2006:188). Es decir que, las cosas no son lo que son por sí mismas, sino porque se mueven, son porque devienen (entendiendo devenir como el paso de ser algo a ser otra cosa), cuando algo no se mueve en absoluto es porque consiste en una mera idea y no en un objeto material. Ahora bien, para nosotros, ser y devenir no son exactamente lo mismo, sino que se implican mutuamente, pues establecer una relación de identidad implicaría que existir es lo mismo que moverse y ya hemos visto que el existir es una propiedad (3.1) y moverse una capacidad (1.1).

Ahora bien, si ser implica devenir y la realidad requiere de un sentido para “ser”, esto conlleva que el devenir posee un sentido o dirección, esto podemos apreciarlo a primera vista en la historia natural, pues primero hubo elementos atómicos, de estos se formaron compuestos químicos, de los cuales derivaron organismos vivos, sociedades y al final tecnología. Es decir que, la materia deviene hacia totalidades cada vez más complejas, por lo que el sentido de la existencia consiste en el desarrollo de la materia.

Podría objetarse que nuestra propuesta es lineal, pues nada nos garantiza que el devenir se presente absolutamente como lo proponemos. Retomando nuestra idea de que todo ocurre necesariamente, pero en espacio-tiempo contingente (2.2.4), sostenemos que pudieron no ocurrir las condiciones suficientes para que se diera la vida en la tierra, o que nuestra civilización puede autodestruirse regresando al nivel meramente biológico o algo peor.

lunes, enero 04, 2010

Reyertas 71: Escenarios y sugerencias para 2010

En las entregas anteriores (Reyertas 69: El año de la gran crisis y Reyertas 70: Balance del año para México) realicé un sintético balance del desarrollo de la lucha de clases tanto en el plano internacional como en el nacional. Resta, para la presente entrega, ensayar una prospección para el año que comienza, además de algunas propuestas sobre la agenda que, desde mi punto de vista, necesita enfocarse la lucha de la clase obrera. No sobra aclarar que este ejercicio no es uno de esos intentos cargados de soberbia para decirle al movimiento lo que debe hacer. Simple y llanamente es el resultado del trabajo empeñado para comprender la correlación en la lucha de clases. Por consecuencia son las propuestas contenidas en el presente documento son propuestas que están sujetas a la discusión, pero también a la revisión y perfeccionamiento.

Por su parte, la prospectiva es también un asunto delicado. La proyección de los escenarios según su mayor factibilidad es una labor que en ocasiones asemeja a la de los oráculos. No falta quién pretenda hacer una enunciación demasiado ambigua en la que quepa tanto la opción afirmativa como su opuesto, para de esa manera presentarse ante la sociedad como el más acertado de los profetas contemporáneos. Valorar la factibilidad de un escenario requiere de partir de un acertado balance de lo acontecido el año anterior, con la finalidad de tener precisa la tendencia que está siguiendo la suma de los eventos.

En función de lo anterior, es importante no olvidar que la trayectoria que adquiere la lucha de clases está basada por el desarrollo de las fuerzas productivas. Eso permite comprender que la fase de recesión tiene, en términos objetivos, solamente dos opciones: o empeora o mejora. No hay más. Como señalé al mencionar el contexto internacional ya hay indicios del comienzo de que se entrará a una fase de recuperación económica mundial. Las medidas que ha implementado Barack Obama han estado teniendo repercusión favorable en la economía estadounidense, lo cuál se combina con la capacidad de China para que su economía no se haya desplomado como muchas otras de las naciones. Ya en otras ocasiones he señalado que el gran riesgo de la presente fase recesiva del ciclo económico medio era que a la debacle del aparato productivo estadounidense se agregase el del mercado chino. En realidad, el programa de promoción de la industria doméstica ha permitido contener la acelerada destrucción de las fuerzas productivas en EE. UU., mientras que el rescate bancario permitió controlar el valor de las casas con lo que la industria de la construcción se salvó de un quebranto mayor que, a la postre, se contagiase en el resto de las industrias. En tanto, el gobierno chino logró contener los efectos mundiales de la crisis al seguir consumiendo una gran cantidad de insumos que adquiere de todas partes del mundo. Es seguro que una buena porción de esas materias primas fue a dar a las fábricas, de ahí que China se haya mantenido como uno de los principales exportadores del mundo. Sin embargo, las amenazas de una gran depresión que marque el final del ciclo económico largo. Pese a los avances alcanzados, el gobierno de Obama no ha conseguido doblegar a la industria farmacéutica, que actúa en forma monopolista. Tampoco ha conseguido una reforma que permita legalizar a muchos de los trabajadores migrantes que han dado vida a la economía estadounidense en los años recientes. Además, el rescate bancario, Ley de Estímulo Económico que diseñó el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Timothy Geithner, no eliminó los efectos de los instrumentos de especulación financiera (Armas de Destrucción Económica Masiva, como las refiere el académico Alfredo Jalife-Rahme), solamente contuvo sus devastadores efectos. Según los analistas más conservadores, los instrumentos financieros especulativos son incobrables pues representan, al menos, diez veces el valor de toda la producción mundial. Pero el plan Geithner no solamente funciona por contener una parte de la deuda pública que resulta incobrable, sino gracias a que la Reserva Federal, el banco central de los EE. UU., ha mantenido las tasas de interés en su mínimo nivel posible. De esa manera, el riesgo de un colapso mayor en la economía estadounidense se mantiene, pues de iniciarse una nueva fase de recuperación, y posteriormente de auge, en lugar de desaparecer esos instrumentos de especulación financiera tenderán a crecer, debe considerarse que dadas las bajas tasas de interés el precio de dichos documentos se mantiene bajo, pero en cuanto las tasas de interés vayan ascendiendo con la recuperación económica la especulación crecerá sin obstáculos y eventualmente provocarán una sobreacumulación de capital.

Con lo anterior, lo que sugiero como el escenario más probable para este 2010 es que se inicie la fase de recuperación de la economía mundial, si no es que ya lo hizo, aunque definitivamente será algo lenta dado que estructuralmente la fase ascendente del ciclo económico largo está llegando a su fin. Con esto, el inicio de una nueva fase expansiva del capital no será fácil ni tendrá los resultados inmediatos que se desearen por la inmensa mayoría de los habitantes del planeta. Por un lado, ya decía que las medidas de Obama no son suficientemente profundas, hay demasiados titubeos, por lo que no puede esperarse que el resultado inmediato sea un crecimiento sólido. Pese a las expectativas, el actual inquilino de la Casa Blanca está muy lejos de ser un emulo de Franklin D. Roosevelt y su New Deal. Esa lenta recuperación permitirá, si acaso, reactivar a una pequeña porción de la fuerza de trabajo que perdió su empleo en los últimos dos años. Las consecuencias son bastante predecibles en un escenario de esa clase es que el consumo del mercado estadounidense también se incremente muy gradualmente, lo que hará que las importaciones provenientes del resto del mundo también vayan con relativa lentitud, pues EE. UU. no es autosuficiente en la producción de materias primas, salvo algunos productos de origen agropecuario, la realidad es que debe importar la mayor parte de los insumos para la producción. El petróleo es quizá la mercancía más evidente, pues de dicha materia prima los estadounidenses importan más de las dos terceras partes de los más de 20 millones de barriles diarios que consumen. En esas circunstancias, habrá naciones que durante el presente año no logren comenzar su proceso de recuperación, pues su mercado interno es débil, así que su sector productivo depende de las compras que les hacen los Estados Unidos.

Como consecuencia del panorama descrito en el mercado mundial, la polarización de la lucha de clases es algo altamente probable. Del lado de la burguesía se haría por tres vías. Primero la intensificación de los instrumentos coercitivos hacia las clases subsumidas, lo cuál pasa por mayores esfuerzos para contener y mediatizar las expresiones de inconformidad social. Esto coloca como uno de los primeros objetivos de la burguesía librecambista a los movimientos altermundistas. Ya en los años previos la tendencia de los gobiernos es a descafeinar dichos movimientos abriendo espacios de “participación ciudadana” o “participación social” que en realidad solamente sirven como una válvula de escape de la inconformidad social, así el pueblo llega a la conclusión de haber conseguido algún avance y que eso le permite regresar a su vida cotidiana sin necesidad de elevar la participación, el compromiso y la organización política. Al referirse a estos mecanismos no se trata de abstracciones intangibles ni de adherirse a la paranoia de las teorías conspirativas. Sino de rememorar el papel que en años recientes han desempeñado algunos gobiernos de izquierda, no solamente en América Latina, también en el resto del mundo. Un primer ejemplo lo encontramos en el colapso de la izquierda italiana, que no fue capaz de hacer verdaderos cambios bajo el gobierno de Romano Prodi, aunque apeló a la “participación ciudadana” en realidad la política cupular que desempeñó durante su gestión fue una de las principales causas, no la única, de la sepultura de la izquierda en Italia. Ese mismo fenómeno ha venido ocurriendo en otras naciones como España, Grecia, Inglaterra, Estado Unidos, e incluso en América Latina. Daniel Ortega en Nicaragua, Fernando Lugo en Paraguay, Michel Bachelet en Chile, Mauricio Funes en El Salvador, Álvaro Colom en Guatemala, Tabaré Vázquez (y probablemente el recién llegado José Mújica) en Uruguay, Cristina Fernández en Argentina y principalmente Luiz Inacio Lula Da Silva en Brasil han gobernado con el discurso de fomentar y construir gobiernos con la participación ciudadana, pero comprendiendo ésta desde una perspectiva patrimonialista. Es decir, la participación de la sociedad solamente debe darse gracias a que la integre el gobierno para que no se salga del control del control de éste. El fenómeno no es algo casual, aunque tampoco hay detrás una enorme maquinaria que tenga cada aspecto fríamente calculado, se trata simple y sencillamente del carácter de clase que tienen los grupos de las izquierdas que han alcanzado su conversión en gobierno, en entes que ejercen el poder. Pese a comulgar con algunos principios de igualdad social, lo cierto es que también la burguesía ilustrada y radicalizada asume posiciones de izquierda, solamente que sus mismos intereses de clase le impiden ser consecuente con dichos principios. Su pertenencia a la clase suele ser más fuerte que el compromiso con la coherencia, con la firmeza en los principios que profesa. A lo anterior habrá que sumar la falta de claridad de las clases subsumidas, los propios trabajadores temen dejar de ser una clase en sí, al convertirse en una clase para sí. Es decir, no se deciden a dejar de ser una clase en potencia porque le temen al convertirse en una realización histórica. Esa indecisión, como factor subjetivo de la lucha de clases, deviene que todavía no existe una capacidad organizativa que les dé confianza a los trabajadores para dar el paso decisivo.

La segunda pista en la cuál se expresará el endurecimiento de las posiciones de la burguesía será en las confrontaciones entre naciones. Por un lado, en una nueva fase expansiva del capital se recrudecerán las pugnas entre empresarios por acaparar la mejor tajada del mercado mundial. Mientras eso se traduce en la intensificación de la lucha entre imperialismos, en el bando opuesto las burguesías de mercado interno tratarán de apoderarse de un espacio propio que les garantice un crecimiento sólido. De ahí que muy posiblemente se definan por las tendencias progresistas, mas no revolucionarias, de las izquierdas. La lenta recuperación económica alentará las posiciones políticas tanto de los imperialismos consolidados como en los que están en formación, pero también la de las naciones que llevan mayor trecho avanzado en su propia liberación. Entre las primeras se cuenta Estados Unidos, Japón, Inglaterra, Francia, Alemania, pero también aquellas como Brasil, Rusia, India y China. En el segundo grupo están naciones como Cuba, Venezuela, Bolivia o Ecuador. Mientras eso ocurre con las naciones que han definido un rumbo en favor del libre mercado o en favor de un desarrollo económico independiente, aquellas naciones que se han colocado en un segundo plano, como economías abastecedoras de materias primas para la producción en las naciones industrializadas, seguirán cocinándose durante 2010 en el purgatorio de la recesión, pues su carácter como economías exportadoras solamente será recompensada hasta que la recuperación de las economías imperialistas se acelere en forma clara.

La tercera forma en que se expresará la tendencia hacia el antagonismo de clase para la burguesía de libre mercado es el resultado de la combinación entre el primer y segundo elementos señalados. Es decir, el incremento del armamentismo, así como de los conflictos bélicos abiertos. Ya Barack Obama está abriendo el frente yemení sin haber cerrado realmente el afgano, el iraquí ni el guantanamero (ojo, no se olvide que el primer presidente que representa la diversidad étnica estadounidense prometió abandonar la base militar estadounidense en Cuba, de negra memoria), como la transición Bush-Obama estuvo marcada por el apoyo estadounidense a la militarización en México y Colombia. Además, las operaciones encubiertas del imperialismo en América Latina se están incrementando tal como ocurrió en los años de gobierno de Ronald Reagan: el Honduras de los contras no está tan lejano como podría pensarse a más de 20 años después de la conversión de esa nación centroamericana en un gran portaaviones estadounidense en contra del gobierno sandinista de Nicaragua.

El caso específico de México es realmente preocupante. De entrada el papel en la economía mundial que ha asumido el país es el de un simple proveedor de materiales para la producción en Estados Unidos. La consecuencia de ello será, que pese a los buenos deseos de Felipillo I, el espurio, es difícil que en el 2010 se inicie en México un proceso de recuperación económica. Pese al discurso oficial, el breve inquilino de Los Pinos sabe perfectamente que el optimismo en el plano económico es irreal. Por ello es que se empeña en fortalecer la lucha contra el crimen organizado. Hasta el momento, las corporaciones policíacas y las fuerzas armadas son las únicas fuentes de empleo que están absorbiendo de manera constante a la fuerza de trabajo que ha quedado desempleada. Entre los elementos que fueron cesados para poder presumir que se combate la corrupción, las víctimas de la guerra frontal (a lo Borras) y los desertores que prefirieron cambiarse del bando del gobierno federal al del narcotráfico, constantemente se están abriendo nuevas plazas que permiten captar de manera constante a una porción de la fuerza de trabajo, maniobra con la cual se puede disfrazar un poco el desempleo abierto que reina en el país.

De manera paralela a sus efectos económicos, la guerra de Calderón en contra del narcotráfico tiene otros dos efectos nocivos. Se justifica el incremento de la violación de los derechos humanos, al igual que los controles sobre los medios de comunicación. Además de las denuncias que cada mes se presentan en contra de abusos de las corporaciones policíacas y militares contra la sociedad, tan graves que en los meses recientes el calderonato presionó para fortalecer los controles sobre la Comisión Nacional de Derechos Humanos, de manera que hubiese continuidad con el trabajo de José Luis Soberanes. Como resultado de dicha continuidad, en la persona de Raúl Plascencia Villanueva, lo único que se hace es sepultar cualquier credibilidad que pudiese tener esa institución, pues eso significa que el encubrimiento ocasionado por las políticas federales irá en incremento. Pero el encubrimiento de los abusos del poder no se limita a callar los asuntos de derechos humanos. La difusión de la información pública, la revisión del correcto uso del presupuesto, la política monetaria y la procuración de justicia son asignaturas que en las semanas finales de 2009 quedaron a merced de Felipillo I, el mocho. Esto debido a que la responsabilidad de encabezar el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI), la Auditoría Superior de la Federación (ASF), el Banco de México (BdeM) y el más flamante ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, son personajes que tienen algún tipo de relación con el equipo cercano a la presidencia. Tanto María Elena Pérez-Jaén como Wanda Sigrid Artz en el IFAI, son personajes identificadas con el calderonismo. En la ASF se colocó a Juan Manuel Portal Martínez, un personaje que si bien no es cercano al equipo del presidente ni siquiera al partido de éste, al menos es alguien con un perfil mucho más moderado que el anterior auditor; no se olvide que la ASF que encabezó Arturo González de Aragón fue una instancia que le causó muchos dolores de cabeza a los gobiernos panistas al evidenciar los abusos que tanto Fox como Calderón cometieron en sus respectivos períodos presidenciales con el presupuesto de la nación. El BdeM es una institución que puede dar por perdida toda su autonomía, al menos en los próximos tres años, pues al llegar a ella Agustín Carstens (el doctor catarrito), un personaje tan cercano al presidente en funciones que hasta fue su Secretario de Hacienda, la colaboración del banco central con la política económica está garantizada. Así, la forma caprichosa en la que se ha conducido la política económica del país, ahora se expande hacia el BdeM. Finalmente, con el final de los períodos de Genaro Góngora Pimentel y Mariano Azuela Buitrón en la SCJN, quedaron dos vacantes en ésta. La mayoría conservadora que acapara el Senado de la República aprovechó la ocasión para colocar a dos abogados que se han distinguido por ser bastante conservadores al ejercer su profesión, por un lado Luis María Aguilar Morales y por el otro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Éste último es otro insigne egresado de la Escuela Libre de Derecho, alma mater del propio Calderón, y se ha distinguido por su cercanía con las posiciones más conservadoras del derecho.

La anulación de los contrapesos políticos ya mencionados, podría abrir la puerta para fortalecer el Estado autoritario que se proyecta en la propuesta de reforma política de Calderón. El fortalecimiento del derecho de veto que tiene el presidente, no hace otra cosa que entregarle al poder ejecutivo la parte central de las funciones del legislativo. Se olvida que la esencia de la división de poderes es evitar la concentración que da pie a abusos y al autoritarismo. Esa parte de la reforma propuesta se complementa con la reducción del Congreso de la Unión. De por sí la reforma de 1978 le quitó a la Cámara de Diputados su carácter de organismo de representación de las comunidades. Anterior a dicha reforma los distritos electorales iban en relación con la cantidad de habitantes de cada localidad, en cambio, en los 30 años recientes la cantidad de diputados es una cifra rígida (300) que no guardan relación alguna con la cantidad de habitantes de cada comunidad. Para colmo, los diputados de partido, mejor conocido como plurinominales, es un simple parche que tiene el objeto de garantizar que la oposición calme sus protestas, pero que no basa la existencia de esos diputados en la representación del pueblo sino en la representación de los partidos. Pero además, la propuesta calderoniana intenta fortalecer los instrumentos de control del presidencialismo al sobredimensionar el poder de los partidos políticos como organismos de negociación sometidos al poder ejecutivo. Por un lado, la propuesta de la reelección continua de legisladores y presidentes municipales no es, como argumentan sus defensores, la profesionalización de los políticos, sino su perpetuación. Véase en naciones como EE. UU. como la reelección continua de los legisladores fortalece los vínculos entre los grupos empresariales que fungen como mecenas de tales políticos, pero también los hace más vulnerables a los poderes fácticos que actúan en el país. Adicionalmente, las propuestas sobre candidaturas independientes y la inclusión de la figura de referéndum, independientemente de la forma disfuncional en que se planean, descubren dos grandes problemas de la democracia en México: el financiamiento de los partidos y la participación de la sociedad. En realidad el problema de los partidos electorales en México es que se en lugar de ser partidos políticos plenos se restringen a los asuntos electorales, por ello es que están tan alejados de las necesidades del pueblo. Es indudable que deben establecerse controles para evitar que los institutos políticos se conviertan en abiertas sociedades anónimas, pero ello no está por el lado del financiamiento público. El que el presupuesto de cada partido se sustente en las entregas monetarias que el propio gobierno les hace, no hace más que obligar a cada contribuyente a pagar a los partidos aunque no comulgue con las ideas de éstos. Antes de reelecciones, de elevar el porcentaje mínimo para mantener el registro, antes de candidaturas independientes y a la par de vías de consulta popular, se debe obligar a que los partidos busquen su propio financiamiento entre sus militantes y simpatizantes. Si eso se hace colocando límites para evitar el lavado de dinero, pero también la apropiación por los grupos empresariales. Un partido que solamente puede recibir dinero de sus simpatizantes, en lugar de recibirlo del erario público, es un partido mucho más dinámico y apegado a los intereses de la sociedad, porque está obligado a convencer a la mayor cantidad de personas que le sea posible al tiempo que estas se sentirán más obligadas a participar directamente en la vida partidaria para cuidar la forma en que es empleada su dinero. Sin embargo, es claro que esta vía, que curiosamente nunca se les ocurre a los grandes académicos demócratas del país, atenta contra las cúpulas que se han enquistado en las dirigencias de los partidos. Sería el fin de su lucrativo negocio. La mención sobre la segunda vuelta electoral, resulta algo más bien oportunista e irreal, un elemento para legitimar la propuesta a la vista de la sociedad mexicana, pero sin la verdadera intención de realizar un cambio de fondo.

Con todo, la reforma política que Felipillo I, el espurio, se sacó de la manga en los últimos días de 2009, no es lo más peligroso, por el momento. El ataque hacia el Sindicato Mexicanos de Electricistas (SME) es también un movimiento para desorganizar más a la organización de las clases subsumidas. La profundización de la reforma neoliberal en el sector energético, ya no solamente en la industria petrolera, y la reforma neoliberal a la Ley Federal del Trabajo son amenazas que penden sobre los trabajadores con mucha mayor peligrosidad. Situación que se hace todavía más aguda durante el primer semestre del año debido a que el tiempo está corriendo en contra del SME, pues el Contrato Colectivo termina su vigencia en marzo, por lo cuál no sería extraño que esa organización, la de mayor importancia en el movimiento obrero, se enfocase por completo a su demanda inmediata.

Precisamente, partiendo de lo anterior, y considerando que en el mundo la lenta recuperación económica irá sentando las condiciones favorables para que los movimientos sociales sigan creciendo, lo cuál ocasionará mayor polarización en la lucha de clases; es que el escenario más probable que pinta para México es el peor de los posibles. Sin duda que la errática política económica del calderonato, sumada a una intensificación del autoritarismo político generará un crecimiento exponencial en el descontento social. Sin embargo, la organización social no está respondiendo a la radicalización popular. Ello implica una posibilidad muy alta de un estallido social que termine en simple revuelta, no en la revolución que están esperando los partidarios del revolucionarismo supersticioso.

Con base en lo anterior, desde Asaltando la red, se proponen un par de cosas que podrían incluirse en una agenda más amplia que le de mayor profundidad al proletariado en la dirección de convertirlo en una clase para sí. Reitero que son cuestiones modestas pero que pueden funcionar. Por un lado, la integración de una prensa obrera unificada. Existen una gran cantidad de publicaciones de toda clase de partidos revolucionarios o movimientos por los derechos de un determinado sector social, eso tanto en papel como por medios electrónicos. El gran problema es que toda esa información termina, en muchas ocasiones, dispersándose y perdiendo mucha de su influencia potencial. Además, la prensa formal, aunque ha tenido una función de vincular a los diversos movimientos sociales, está acotada para tener un papel más activo en términos revolucionarios por la simple razón de que al priorizar los criterios económicos deben abrir su línea editorial de manera que la objetividad se confunde con la neutralidad que imponen los mercaderes. Integrar una sola publicación revolucionaria que se complemente con la creación de un índice de blogs revolucionarios es una necesidad organizativa del proletariado.

Por el otro lado, es indispensable estructurar un plan de desarrollo económico NO capitalista que vaya más allá del proyecto planteado por los Diálogos Nacionales. Un plan que siente las bases de un nuevo proyecto de Nación. Por desgracia, la izquierda revolucionaria, por décadas, ha dilapidado demasiadas energías en la lucha por mejorar la calidad de la educación, por desgracia de nada sirve educar a un pueblo cuando el objetivo final de la nación es mantenerse como una productora de materias primas o semi-industrializadas para satisfacer a las grandes potencias industriales. De poco serviría mantener altos índices de profesionalización si no hay en dónde ocupar a los profesionistas, sería repetir el error cubano. Es loable exigir mayor incremento a la educación y a la investigación, el problema es ¿para qué realizar esa mayor inversión? Un plan económico revolucionario de integración del mercado interno le daría tanto un objetivo a la educación, como le daría una dirección realista, que permitiría superar el cursi lugar común de “la educación es el futuro”. La depresión económica bien puede aprovecharse para que los propios trabajadores recuperen las empresas, como ocurrió en 2002 en Argentina, o para formar cooperativas productivas tanto en el campo como en la industria. Nuevas organizaciones productivas que en efecto, sean dirigidas por los trabajadores, pero sometidas a la dirección suprema de direcciones colegiadas por rama productiva. Superar el individualismo en el que suelen incurrir los campesinos que pelean por la propiedad del ejido y la de los trabajadores que solamente pretenden mejoras económicas o crear su propia empresa cooperativa. Si la coordinación en la difusión de la información de los movimientos sociales ha hecho difícil la socialización de las luchas, la falta de alternativas que permitan solventar las necesidades económicas del pueblo son las que han hecho poco viable a la organización política popular. Ello sin olvidar que, con harta frecuencia, los revolucionarios suelen olvidar que la estructuración de una economía revolucionaria es también una lucha política. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

lunes, diciembre 28, 2009

Reyertas 70: Balance del año para México

La presente entrega es la última que se publica durante el 2009. Sin duda que ha sido un año sumamente contradictorio en términos de los avances en la lucha de clases, al menos desde la perspectiva de las clases subsumidas. Eso hace que realizar el trabajo de asimilación y comprensión teórica de los pasados 12 meses, sea una tarea demasiado ardua. En ocasiones infructuosa. Sin embargo, es indispensable hacerla.

En la entrega anterior, Reyertas 69: El año de la gran crisis, hice un balance lo más sintetizado que fue posible de las tendencias políticas que se marcaron en el plano internacional a lo largo del 2009. Por consiguiente, toca en la presente ocasión hacer lo propio con la situación nacional. Sin duda una labor bastante compleja, pero que es necesario hacer. Al menos, con estos artículos se persigue el objetivo de aportar un punto de vista a las discusiones que ya realizan las diversas expresiones de las izquierdas. Sobre todo para aquellas que comulgan con la necesidad de generar cambios revolucionarios.

En medio del panorama de crisis económica mundial, los efectos de ésta hacia la población de América Latina, y particularmente de México, son verdaderamente catastróficos para las clases subsumidas. Por principio de cuentas vale la pena referir que tan sólo en 2009, según la propia Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), la pobreza en la región creció en nueve millones de personas. Es decir, en su Informe Panorama Social de América Latina 2009 la CEPAL reconoce que en 2008 hubo 180 millones de personas en situación de pobreza. Según las mediciones del 2009, dicha cifra aumentó a 189 millones. Ese incremento es igual a la cantidad de pobladores de una ciudad como la de México. Aún no está disponible el desglose de dichas cifras, pero nada bueno augura para nuestro país ese dato, debido a que ya en el período 206-2008 la economía mexicana tuvo el orgullo de ser la única de América Latina que tuvo un incremento de la pobreza. En 2006, según la CEPAL, el 31.7% de los mexicanos vivían bajo la línea de pobreza, para 2008 se había alcanzado el 34.8% de la población. En cambio, en América Latina durante el 2006 equivalió al 34.1% de la población, dos años después había descendido hasta el 33%. Dado que en los años más recientes, México ha tenido un rendimiento inferior al promedio regional en casi todos los indicadores de crecimiento económico, es posible inferir que el incremento de pobres en América Latina, afectará mucho más a México que al resto de las naciones latinoamericanas. Son los grandes éxitos del programa Oportunidades, de la política Para Vivir Mejor y de la Guerra contra el narcotráfico. Tres grandes líneas que en lugar de fortalecer el tejido social, están acelerando su desintegración.

Para comprender de mejor manera la dura caída que está padeciendo la economía mexicana, como el piso del cuál parte la lucha de clases, es preciso atender cuatro esferas muy precisas: la destrucción de las fuerzas productivas, el debilitamiento de la fuerza de trabajo (tanto desde la disminución del salario como de los empleos disponibles), la pérdida de fuentes de ingreso alterno y el fracaso de las políticas económicas contracíclicas y asistenciales del gobierno. Desde la perspectiva de la lucha político-ideológica resaltan los procesos electorales para la LXI Legislatura. Aunque también tiene las secuelas del Terrorismo de Estado que se está implementando so pretexto de combatir al crimen organizado y la desarticulación de las garantías sociales que se está haciendo con la justificación de la crisis económica. A lo largo de la presente entrega iré desarrollando estos puntos. Aunque de entrada es preciso que el lector no pierda de vista que sin duda ha sido un año difícil para las expresiones progresistas que se alinean con las necesidades de las clases subsumidas. Mucho más que en el resto de América Latina. De hecho es posible adelantar que a México se le está convirtiendo en el laboratorio de la reacción de la burguesía librecambista para reforzar las estructuras del imperialismo estadounidense en la región.

Pese a las presunciones calderonistas sobre un navío de gran calado la realidad se presenta mucho más terca que el mismo Felipillo I, el espurio. Por desgracia para México, según las propias estadísticas del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), hasta el tercer trimestre de 2009 se acumularon cinco trimestres consecutivos de caída de la economía, incluyendo cuatro en que la estadística ha sido negativa. La capacidad productiva del país permitió que todavía en el segundo trimestre de 2008 el Producto Interno Bruto (PIB) creciese a una tasa del 2.9%. El tercer trimestre del mismo año todavía se registró cierto crecimiento aunque ya solamente del 1.7%. Sin embargo, en los cuatro trimestres subsecuentes se presentaron tasas negativas que tuvieron su máximo punto en el segundo trimestre de 2009, cuando el PIB se contrajo hasta un -10.1%. El pretexto fácil que se ha esgrimido para justificar el colapso de la economía mexicana es, según el propio Calderón, que la actual ha sido la crisis más fuerte en décadas. Si bien eso no es algo falso, sí es una explicación sumamente incompleta y ni siquiera es el elemento central.

El que la marea de la crisis económica global haga estragos tan fuertes en la economía mexicana, solamente esclarece un aspecto: no se trata de un navío de gran calado sino de una minúscula balsa sin remos, vela ni timón que es incapaz de tener una dirección propia; su dirección la determina la corriente. Excepto Calderón y su gabinete de cuates, cualquier persona sabe que si una embarcación carece de los medio que le permitan navegar en vez de flotar a la deriva, es casi inservible. Desde fines de la década de los años setenta se comenzaron a desmantelar todos aquellos elementos que le daban dirección a la estructura productiva. Con la irrupción mexicana como uno de las naciones exportadoras de petróleo, durante el gobierno de José López Portillo, la economía del país comenzó a enfocarse en la obtención de divisas mediante la exportación del crudo. Ya en los años ochenta, bajo el gobierno de Miguel de la Madrid, se fomentó la expansión del sector manufacturero pero con la finalidad de exportar, casi en exclusiva, hacia los Estados Unidos. Con la puesta en marcha del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) se consolidó la supeditación del sistema productivo mexicano a las necesidades del marcado imperialista estadounidense. Para muestra baste un botón: en octubre de 2009 las exportaciones mexicanas totales tuvieron un valor dinerario de 21,974 millones de dólares, de ésas 17,647 millones fueron hacia EE. UU., es decir el 80.3% de todas las exportaciones mexicanas es hacia un sólo comprador: Estados Unidos. A la burguesía librecambista que opera en territorio mexicano le preocupa sobremanera la existencia de monopolios en el mercado interno mexicano, pero le tienen sin cuidado los efectos todavía más destructivos que tiene el monopsonio al que México está sometido en el comercio exterior.

La petrolización del presupuesto del gobierno mexicano ha permitido que el régimen fiscal se relaje de forma preferencial hacia las grandes empresas. Los ingresos por la venta de petróleo y los préstamos que los organismos internacionales han entregado al país debido a la posesión de hidrocarburos posibilitaron crear grandes huecos en la legislación fiscal que solamente pueden aprovechar las grandes empresas para quedar exentas de una gran porción de los impuestos que deberían pagar. Ese simple hecho posterga uno de los objetivos que fundamentan al régimen fiscal: la redistribución del ingreso para evitar la polarización social.

Por su parte, la concentración de las industrias en la exportación hacia Estados Unidos, dado el pretexto de ser la mayor economía mundial, ha tenido el efecto de desmantelar progresivamente al mercado interno para subordinarlo a los intereses estadounidenses. Ello explica la correlación entre el desarrollo de las exportaciones no petroleras y el desarrollo industrial. No es casual que durante los catorce meses que transcurrieron entre agosto de 2008 y octubre de 2009 el índice de actividad industrial haya reportado tasas negativas consecutivas. Mientras que las exportaciones no petroleras reportaron la misma tendencia entre de octubre de 2008 a octubre de 2009. Cabe aclarar que los datos que reporta el INEGI llegan hasta octubre pasado. El que los medios de trabajo vayan quedando ociosos a la par que se reduce el comercio exterior no es ninguna casualidad, la política de libre mercado está diseñada para eso. En otras palabras, el libre comercio exige como tributo el sacrificio del mercado interno en las naciones en que el capitalismo está menos consolidado.

A la caída en las exportaciones y la actividad industrial también se agrega la pérdida de capital fijo, es decir tanto de edificaciones como de maquinaria o equipos para la producción. Una vez más, según el INEGI al cierre de octubre se registraban doce meses consecutivos con tasas negativas en inversión en capital fijo. Tomando en consideración que los efectos que tal tipo de inversión no tienen un efecto inmediato en la economía sino que se reflejan en el incremento de la producción hacia seis meses o un año, dependiendo del sector económico del cuál se trate, el resultado será que al menos hasta abril del 2010, cuando menos, no será un factor que potencie la expansión de la producción. Adicionalmente, la reducción de las tasas de inversión en capital fijo significa que los capitalistas perciben que la tasa de ganancias es demasiado baja como para arriesgar en la expansión de la capacidad productiva de sus empresas.

La ralentización de la economía mexicana se hace todavía más evidente cuando se habla del capital variable, es decir de la fuerza de trabajo. En ese sentido, la sociedad mexicana, desde hace varios años arrastra una terrible desigualdad. Solamente la cuarta parte de la sociedad es creadora de valor. Todavía para el año que termina, durante los tres primeros trimestres había poco más de 28.6 millones de asalariados en el país, que representan el 26.67% de la población absoluta. Eso no significa que el 73.33% restante de la población pertenezca a la clase capitalista. De entrada, hasta el propio INEGI reconoce que más del 40.39% de la población permanece en el ejército industrial de reserva. Sobreviviendo gracias a la solidaridad familiar o de clase. De tal manera que nos encontramos con que más del 67% de los mexicanos requiere de vender su fuerza de trabajo para subsistir. Sin embargo, a ese porcentaje hay que añadirle dos conceptos que ocasionan muchas confusiones en las estadísticas oficiales: el de trabajadores por cuenta propia y el de trabajadores informales. En esas categorías se confunde a muchos trabajadores que para poder vender su fuerza de trabajo, se les obliga a darse de alta ante la autoridad fiscal bajo regímenes similares al de un capitalista. Eso reduce considerablemente la porción de la población en la cuál se encuentran los capitalistas.

Para colmo de males, gracias a las errantes políticas económicas que ha seguido (o mejor dicho, continuado) Felipillo I, el breve, la crisis se ha traducido en el crecimiento de la tasa de desempleo a escala nacional. Cuando inició el sexenio la ficticia tasa de desempleo que publica periódicamente el INEGI, rondaba el 3.6%. En cambio, al cierre del tercer trimestre de 2009 la cifra reconocida por el gobierno como desempleo abierto alcanzó el 5.5% de la Población Económicamente Activa (PEA). Ya en varias entregas anteriores me he referido a lo tramposo que es la forma de medir ese dato por parte del INEGI, pero basta con decir que hasta en las estadísticas manejadas por el gobierno federal demuestran que durante los primeros tres años de Felipillo I, el mocho, se redujo la utilización de la fuerza de trabajo. Pero no solamente se tiene ese problema. El mismo valor dinerario que los capitalistas pagan por adquirir la fuerza de trabajo del proletariado ha decaído. En términos nominales, es decir solamente en la apariencia, el valor de la fuerza de trabajo, el salario medio que perciben los trabajadores mexicanos, creció en tres años 10.55%. Pero al descontar el efecto depreciador que tiene la inflación, o sea el crecimiento de los precios de la canasta básica, se tiene que en realidad la fuerza de trabajo tiene actualmente un valor dinerario 7.17% menor que en diciembre de 2006. Esto es, cuando Calderón tomó posesión de la presidencia el salario promedio de los trabajadores por cada hora laborada era de $26.49, para septiembre de 2009 esa cifra ha subido hasta alcanzar los $28.43. Sin embargo, al descontar los incrementos de precios que ha sufrido la canasta básica en estos tres años de calderonato, se tiene que esos 28.43 pesos de 2009 alcanzan para comprar la misma cantidad de productos básicos que se adquirían en diciembre de 2006 con $24.59. El valor dinerario de la fuerza de trabajo es, por tanto, -7.17% menor que en diciembre de 2006. ¡Vaya milagro de quien se proclama presidente del empleo!

El resultado inmediato de la pérdida de empleos, aunado a la disminución de la desvalorización de la fuerza de trabajo, tiene como consecuencia el incremento de la pobreza. Bajo el capitalismo las instancias nacionales e internacionales dedicadas a estudiar el desarrollo social, conceptualizan a la pobreza como la limitación de una persona para solventar sus necesidades alimenticias pero en crudo. Es decir, la concepción es que no importan las necesidades de la gente para vivir en forma plena, con que tengan qué comer aunque no tengan la capacidad para adquirir los medios de preparación y cocción de esos alimentos basta. En ese sentido, el propio Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) señala, en su Evaluación de la pobreza en México, 2009, que para 2008 hubo en el país 50.6 millones de pobres. Más aún, según ese mismo reporte, la pobreza se está incrementando en el país desde el año 2006 de manera constante, lo cuál está en completa concordancia con los datos de la CEPAL que cité al inicio de la presente entrega. Para colmo, las estimaciones de organismos internacionales como el Banco Mundial o la misma CEPAL sugieren que en México, durante 2009 entre cuatro y cinco millones de mexicanos cayeron en pobreza. En esas condiciones se alcanzaría la honrosa cifra de 54.8 millones de pobres hasta 2009, lo cuál significaría que en tan solo tres años el presidente del empleo consiguió que haya poco más de diez millones de nuevos pobres en el país. Con tales resultados cabe preguntarse ¿si mantener las políticas neoliberales, como lo ha hecho Calderón, no es el verdadero peligro para México?

En una gran cantidad de hogares la miseria es compensada con las remesas de dólares que los migrantes mexicanos en Estados Unidos envían a sus familiares en México. Tal situación ha convertido al país en la tercera nación, a escala mundial, y la primera en América que mayor flujo de divisas recibe por tal concepto. Incluso, en 2007 el país alcanzó su mejor registro al captar poco más de 26 mil millones de dólares. Sin embargo, desde ese momento hasta la fecha el flujo de remesas ha ido disminuyendo en forma consistente. Según el estudio La captación del flujo de REMESAS en México para el periodo de enero-octubre del 2009, elaborado por el Centro de Documentación, Información y Análisis de la Cámara de Diputados, en el 2009 solamente se habían captado hasta octubre poco más de 18 mil millones de dólares. Una tendencia que de mantenerse implicaría una reducción igual durante los últimos dos meses del año sería una disminución del 16.13% del flujo de divisas. Lo que está provocando la contracción de las remesas es evidenciar el fracaso de la política asistencial del programa Oportunidades. Junto a la promoción del militarismo que conlleva la guerra contra el narcotráfico, que continuamente está abriendo puestos de trabajo para convertirse en la única fuente capaz de absorber a la mano de obra desempleada, son lo más parecido a una política de desarrollo económico que ha implementado Felipillo I, el espurio. Cualquier política asistencial que venga del gobierno implica la claudicación de la responsabilidad por estructurar un mercado interno, pues significa equiparar a las instituciones de dirección del Estado con cualquier particular. El gobierno está para generar garantizar el bienestar social, no para administrar las limosnas. Pero cuando la política asistencial del gobierno fracasa, lo cuál es inevitable, lo único que queda claro es la urgencia por transformar el Proyecto de Nación. Tal como lo comentó el director del Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, Luis Arriaga, para la revista Contralínea el asistencialismo con el cuál enfrenta el Estado mexicano la miseria de millones de sus pobladores es el resultado de políticas de apertura comercial indiscriminada y de la insensibilidad oficial para conseguir la integración económica del país (Luis Arriaga Valenzuela, “Estado Mexicano, el responsable”, Contralínea, núm. 161, 13 de diciembre de 2009, p. 36-39). El colmo, es que en muchas comunidades las organizaciones del narcotráfico le han restringido el acceso a los funcionarios encargados de implementar los programas asistenciales e incluso a los educadores, tal como lo consignó la reportera Marcela Turiati (Proceso, núm. 1727, 6 de diciembre de 2009, p. 28-31). No es posible integrar un mercado interno cuando se excluye a gran parte de las comunidades rurales como consecuencia de su origen étnico y sus costumbres. Se requiere de encontrar mejores estrategias que la imposición de proyectos a las comunidades, pero que tampoco caigan en solapar el rezago so pretexto de respetar su autonomía. La autonomía debe ser ejercida por los pueblos en todos los rubros posibles, pero tomando en consideración las necesidades del conjunto nacional. Es decir, una autonomía que parta de los principios tanto de solidaridad como de responsabilidad de la comunidad local hacia la comunidad nacional.

En el campo político de la lucha de clases, sin duda que también fue un mal año para la clase obrera. Los pocos avances que se habían logrado en años anteriores, se han comenzado a desmoronar. Pese a todas sus deficiencias como personaje, la candidatura a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, fue un elemento que logró agrupar a una buena cantidad de militantes de las diversas izquierdas. Durante el 2009 las fracturas al interior del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el ahondamiento de las rupturas con el resto de los partidos de izquierda con participación electoral (Convergencia, Partido del Trabajo y Partido Socialdemócrata), han sido el sepulcro del lopezobradorismo. Cabe hacer un pequeño paréntesis para recordar que uno de los grandes errores de las izquierdas revolucionarias en México fue el de respaldar la candidatura de Andrés Manuel López Obrador en el 2006, dado que su forma de proceder no lo distingue de otros cuadros profesionales de la política. Aunque hay que reconocer que tanto la participación de 2005 en contra del desafuero y la unidad en el 2006 fueron buenos avances. Esto es, en las elecciones de 2006 fue un acierto de los revolucionarios el aliarse con el resto de las izquierdas, el error fue que esa unidad se diese en torno a un personaje que antes de favorecer las condiciones para el desarrollo de las organizaciones revolucionarias, inhibiría la participación popular. El tiempo, por desgracia, ha demostrado que el argumento tenía suficiente terrenalidad. Aun sin haber conseguido la presidencia de la república el lopezobradorismo ha sido uno de los factores, aunque ciertamente no el más importante, que desmovilizan y desalientan la participación de la sociedad en los procesos electorales. Es decir, en el perfeccionamiento de la democracia capitalista.

Lo anterior viene a colación debido a que la gran perdedora de las elecciones parlamentarias del 2009 fueron las expresiones de las izquierdas en México. Ni se hizo un buen trabajo durante las campañas de precandidatura, ni en las candidaturas, ni se avanzó en la consolidación de redes sociales que realmente estén en condiciones de enfrentar a la burguesía de libre mercado. El colapso de la izquierda electoral comenzó con dos eventos, la toma por asalto del PRD por los chuchos y las modificaciones a la ley electoral que restringen a las coaliciones entre partidos, puñalada en contra de la clase trabajadora que avalaron las huestes de Jesús Ortega y Jesús Zambrano. La primera le entregó el partido a la facción que más oportunismo ha demostrado en la historia, cosa que no han tardado en demostrar. Desde el 2008 Nueva Izquierda se ha empeñado en complacer al gobierno federal, aún en contra de los estatutos del PRD, para obtener pequeños espacios de dominio político. Victorias pírricas que encumbran a los dirigentes chuchos pero debilitan por completo al partido y, pero aún, la vía de la lucha electoral desde la perspectiva de clase. El segundo hecho, las restricciones a las coaliciones, fue una reforma que se impulsó desde las cúpulas de la oligarquía rentista para reforzar las divisiones entre las izquierdas. Cosa que hasta ahora ha funcionado perfectamente, pues en el proceso electoral de julio de 2009 los candidatos de los tres partidos de izquierda perdieron la mayoría de las elecciones. Para colmo tanto el Partido del Trabajo (PT) como Convergencia se vieron forzados a buscar sus propias vías de desarrollo, pues la dirección actual del PRD está empeñada en imponer su voluntad.

Para el partido oficialista tampoco fue un proceso electoral favorable, pues el Partido Acción Nacional (PAN) perdió la mayoría relativa que había conseguido en la Cámara de Diputados tras las elecciones del 2006. Sin embargo, desde una perspectiva de clase fue lo mejor que le pudo haber ocurrido a la burguesía librecambista que actúa en México. Al conseguir la mayoría absoluta, la coalición entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) se ha revitalizado la iniciativa de la facción hegemónica de los capitalistas. Ello se debe a que, ante su posición minoritaria en el Congreso, ahora el gobierno de Calderón está obligado a hacer concesiones más importantes para quedar bien con la fuerza mayoritaria de la oposición. En retribución a dichas concesiones el priismo ha puesto de su parte toda la experiencia y capacidad de negociación para sacar a flote la parte fundamental de las propuestas del ejecutivo. En esas condiciones, en la práctica, se percibe la conformación de un bloque inamovible entre el PRI y el PAN que es capaz de cerrarle cualquier resquicio a la oposición. Así, las alternativas de las izquierdas electorales son dos: o realizar un arduo trabajo de apertura de espacios para el debate o capitular la lucha parlamentaria para entregarse en brazos del bloque legislativo del PRI y el PAN. Ambos caminos tienen su costo político, en el primer caso se trata de la resignación a que las posiciones democratizadoras están perdidas de ante mano, a cambio de ganar cierta autoridad moral entre la sociedad que será útil para reorganizar la lucha electoral. En el segundo caso, el costo es la aniquilación de cualquier autoridad moral y, por ende, la evaporación de cualquier posibilidad real por ganar posiciones electorales en un futuro próximo, a cambio se podría ganar la posibilidad de hacer que se acepten en el Congreso algunas reformas insignificantes.

La descomposición de las organizaciones de izquierda que priorizan los métodos institucionales de lucha política es preocupante, porque le abren la posibilidad a la burguesía librecambista de profundizar el autoritarismo. Por una parte esto se demuestra en la serie de propuestas que Felipillo I, el mocho, presentó en fechas recientes al Congreso con la intención de modificar el funcionamiento del gobierno federal al reformar aspectos importantes de los tres poderes de la Unión. Sin embargo, al ser un proyecto de ley que se aprovecha de una necesidad real del país, el asunto de la propuesta de reforma política que plantea Calderón lo dejaré para la próxima entrega, pues en ella abordaré algunas líneas de acción en las que la clase obrera necesita avanzar en lo inmediato. Baste aquí con señalar que la misma presentación de dichas reformas es posible gracias a los avances que en el frente de la política institucional ha hecho el capitalismo de libre mercado. Sin duda que, debido a ello, en 2009 se marcó con mayor claridad la tendencia del capital hegemónico a la implementación de un régimen autoritario. La famosa lucha contra el narcotráfico es el mejor ejemplo de lo que podría pasar. En realidad hasta antes del llamativo operativo del pasado 16 de diciembre en que cayó asesinado el capo del narcotráfico, Arturo Beltrán Leyva (alías el Jefe de jefes), los operativos del gobierno federal habían demostrado que su intención no está tan centrada en combatir realmente al narcotráfico, sino en fortalecer a las fuerzas armadas del país. Por una parte se refuerza la capacidad de fuego, se rearticula al aparato de inteligencia mediante el famoso Plan Mérida y se expande el número de efectivos que conforman tanto al ejército como a la marina, a la fuerza aérea y a determinadas corporaciones policíacas. Por la otra parte, se generan condiciones de violencia en la sociedad, mediante brutales provocaciones al crimen organizado. De esa manera se obliga a dichas las organizaciones de capitalistas fuera de la ley a incrementar su arsenal, con ello se crean condiciones propicias para justificar cualquier acto de exceso de violencia por parte del gobierno, tal como ocurrió con la ejecución extrajudicial de Beltrán Leyva. Ahora, el uso excesivo de la fuerza se está implementando con mayor frecuencia en contra de los cárteles de narcotraficantes, incluso ya hay indicios de la formación de escuadrones de la muerte y otra serie de cuerpos paramilitares. Pero nada garantiza que esos mismos instrumentos queden sin emplear cuando se trate de someter a las disidencias sociales. Es un hecho que desde hace más de una década el descontento social va creciendo de manera constante, aunque sin desarrollar una capacidad organizativa que realmente ponga en aprietos al Estado. Sin embargo, a la burguesía le es necesario desarticular ese descontento mucho antes de que realmente cuajen las organizaciones amplias, y para ello está dispuesta a recurrir a cualquier medio. Por ello es que de ser cierta la existencia de escuadrones de la muerte y grupos paramilitares auspiciados por el gobierno federal, son una grave amenaza para el desarrollo de las luchas populares.

Por su parte, al igual que las organizaciones electorales, las distintas expresiones de la izquierda que actúan en las más variadas instancias de lucha se están desgastando sin encontrar una verdadera cohesión que permita avances políticos desde la perspectiva de la clase trabajadora. Hasta este 2009 había tres grandes instancias que permitían darle cierto desarrollo a los movimientos sociales. Por un lado, el lopezobradorismo, por el otro el neozapatismo y por otro el sindicalismo independiente encabezado por el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). De esas tres expresiones, el neozapatismo es el único que no reportó números rojos durante el año. Los otros dos reportan un saldo más que lamentable. El lopezobradorismo ha conseguido afiliar a poco más de dos millones de mexicanos a su movimiento, pero con la grave deficiencia de no generar una verdadera militancia. Al igual que al interior del PRD, el lopezobradorismo no hace intentos serios ni tenaces por darle a sus partidarios una verdadera formación política que les permita ser militantes. Es decir, reproduce la vieja práctica priista e la creación de clientelas. Son más bien esporádicas las brigadas lopezobradoristas que realmente se han preocupado por preparar a sus integrantes para una lucha política más seria. En el caso del SME, éste sindicato tenía muchos años de ser la cabeza más visible del sindicalismo, e incluso del movimiento obrero, pero con la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro, está en riesgo la posibilidad de coordinación de las expresiones sociales que estaban alrededor del sindicato de electricistas. Es cierto, que la primera reacción contra el cierre de la empresa fue la intensificación de las movilizaciones, no solamente del sindicato, sino también de otras organizaciones populares que se solidarizaron, inclusive se vivió una revitalización del movimiento lopezobradorista cuando éstos se adhirieron a las movilizaciones de los electricistas. Pero la burguesía le apuesta a que el desgaste acabará con el SME, el cuál no podrá recuperarse debido a la falta de una normalidad institucional que le dé continuidad a la vida interna de la organización. Ante la falta de reacción de los sindicatos agrupados en la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) y la debilidad de los que integran el Frente Sindical Mexicano (FSM), es muy poco probable que se consiga llegar a la huelga nacional. La única alternativa, por ese lado para el movimiento obrero es que la propia base del SME asuma las riendas del movimiento de la mano de las organizaciones sociales que tienen estrecha relación con el sindicato y logren rebasar a la actual dirigencia, que además de su poca imaginación política también es presa de su ineficiencia para resolver las contradicciones que surgen en su propia cúpula. La tercera de las organizaciones sociales que aglutina a una cantidad importante de movimientos es el neozapatismo. De alguna manera la oleada actual de movimientos populares a escala mundial, tiene una gran deuda con el EZLN, sentó las bases ideológicas que la reanimaron. Sin embargo, desde el fracaso de la Sexta Declaración con todo y su Otra campaña los neozapatistas no fueron capaces de rearticular su estrategia ni de corregir su propio análisis tras el encumbramiento de Felipillo I, el espurio, como presidente de México. Esa falta de autocrítica es la que tiene sumido al EZLN y sus organizaciones de apoyo en un marasmo. En Chiapas, los gobiernos autónomos, los llamados Caracoles, han ido cumpliendo muchos de los objetivos que se planteaban en su creación. Eso hace que en sus territorios de influencia el zapatismo tenga una solidez relativa, pues no dejan de existir las amenazas de grupos paramilitares financiados por los caciques locales en alianza con los partidos electorales de la región. No obstante, al tiempo que se consolidan internamente los Caracoles hacia el exterior, es decir en función de la lucha de clases en México y el mundo, los zapatistas se están aislando cada vez más. Cuidado, esto no quiere decir que pierdan contacto con el mundo, tienen sus mecanismos para relacionarse con el resto de la humanidad gracias a las organizaciones asistenciales que le brindan solidaridad tanto en el país como en muchas naciones de Europa. El problema del neozapatismo es que ha renunciado por completo a participar en la construcción de un proyecto de sociedad distinto al capitalista, más allá de Chiapas. Por desgracia, lo que es válido para las comunidades indígenas de esa región, no es viable en muchas otras regiones. Al aislarse de esa participación, la construcción de su proyecto es bastante unilateral y no se garantiza que sea algo integrador. En cambio la estructura de asistencialismo externo que se ha formado entorno al zapatismo, pocos méritos puede adjudicarse; no es ni una generadora de organización ni de consciencia revolucionaria. Por el contrario, resulta más una válvula de escape que permite canalizar de manera inocua para el capital el aventurerismo revolucionario de la pequeña-burguesía radicalizada, tanto en las ciudades mexicanas como en el extranjero. Muchos de los simpatizantes con el neozapatismo, que se denominan a sí mismos adherentes a la Sexta Declaración de la Selva cometen el error de reducir la problema de la lucha de clases a un simple dilema de sensibilidad en sus vertientes ética y cultural. Es cierto que a partir de la irrupción del neozapatismo el 1 de enero de 1994 se ha presentado un cambio cultural profundo en las comunidades indígenas, el cuál es un hecho de suma importancia, pero el asistencialismo pro zapatista intenta reproducir esos cambios como si fuesen lo más trascendental de la experiencia del EZLN. En realidad, la imaginación y creatividad política ha sido lo más relevante del neozapatismo, pues a partir de ella la organización social consiguió avances, condiciones, para el surgimiento de esa nueva cultura. Por cierto, es necesario retomar el respaldo hacia el EZLN debido a que los cuadros políticos que participan desde la irrupción de 1994 ya se hallan sumamente desgastados y los nuevos cuadros tienen el agregado de haber sido gente forjada con una concepción muy otra del mundo, pero que poco tiene de relación con el resto del mundo globalizado, lo que hace difícil que desarrolle esa habilidad para dar las alternativas innovadoras que hagan el cambio cualitativo en la lucha de clases. Mientras tanto, el asistencialismo neozapatista ha entrado en un proceso de descomposición similar al que padecieron los Aguascalientes hace poco más de un lustro. Su inacción, o cuando menos bajo perfil, frente a la situación de crisis que padeció el país en este 2009 demostró que como opción organizativa a la clase trabajadora poco le sirve el aislamiento de los caracoles y de nada las condiciones en que actualmente opera el asistencialismo pro zapatista.

Dado el negro panorama que se ha esbozado como balance del año por concluir, es importante desecharla tesis de la insurrección cíclicamente centenaria. Las condiciones para el incremento del descontento popular están dadas y seguirán incrementándose, pero no hay visos, aún, de capacidad organizativa que nos permitan cifran las esperanzas en un cercano movimiento transformador que cimbre al país hasta sus mismas raíces. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, diciembre 24, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 33:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(séptima de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

CAPITULO 3

INTRODUCCIÓN

Hemos visto que el concepto de materia nos permite entender de qué está hecha la realidad y el concepto de realidad nos facilita comprender qué tipo de entidades componen todo cuanto nos rodea y a nosotros mismos. Pero una ontología cabal es aquella que puede dar cuenta de los elementos fundamentales de la existencia, en tanto que la metafísica trata los problemas centrales y más profundos de la filosofía, tales como los fundamentos (presupuestos, causas y “primeros principios”), las estructuras más generales (leyes y principios), el sentido y la finalidad de la realidad toda y de todo ser.

Sin embargo, no toda filosofía admite que existan elementos fundamentales de la existencia, pues tal postura puede caer en el idealismo. Por otra parte tampoco podemos prescindir de ellos dado que el hecho de que todo objeto sea capaz de influir o de ser influido (2.1) sugiere que el universo posee una estructura común, al menos en su capacidad de interacción. Por tanto, consideramos que una metafísica consecuente es aquélla que sin negar que el conjunto de los objetos reales poseen un fundamento en común: no mistifica tal elemento, sino que sólo lo utiliza como punto de partida para explicar la interconexión de todo objeto material con el universo.

Hasta donde hemos abordado al materialismo científico, éste clarifica los fundamentos (la materia, Cáp.1 y la realidad, Cáp.2) y las estructuras (los niveles de organización (1.5) y leyes naturales (2.2.4)). En este capítulo veremos qué tanto puede responder al sentido y finalidad de la realidad, o bien, si habrá que reformular los objetivos.

Por otro lado, la metafísica suele dividirse en psicología filosófica, teología filosófica y metafísica general u ontología (por ejemplo, González, 1876:5-11). La psicología filosófica trata sobre la existencia del alma y de acuerdo a lo que vimos en el punto 1.5.2, ésta carece de fundamento, ya que todo proceso mental es un proceso cerebral, de modo que una entidad autónoma o inmutable como el alma es real de manera derivada, tan sólo como idea (2.2.3). La teología filosófica sufre de una carencia similar, ya que Dios no es material pues no es posible percibir su influencia sobre otro objeto, por lo que es real tan sólo como idea (2.2.3). De este modo, dos de las divisiones de la metafísica han perdido su campo de estudio (Dios y el alma) y sólo nos queda uno: la metafísica general u ontología, la cual trata del ser en cuanto a ser, es decir, del fundamento general de la existencia o grosso modo, de qué están hechas las cosas y cuál es su sentido, o qué hace que las cosas sean lo que son. Esta es la razón de que en esta tesis se haya manejado a la ontología y a la metafísica como sinónimos, ya que se han agotado las otras ramas.

3.1 DEFINICIÓN DE EXISTENCIA

La existencia “es la propiedad más importante que algo pueda poseer o perder. Sin embargo, la existencia puede ser conceptual o material” (Bunge, 2001:73). Es decir que, todo lo que podamos pensar existe conceptualmente y todo cuanto posea energía existe materialmente (1.1), por lo que podemos decir que lo único que no existe en absoluto es lo que no haya sido pensado, pues todo lo demás existe por su capacidad de movimiento o por haberse ideado.

Ahora bien, si la existencia es una propiedad y además de ello la más importante, en tanto no poseerla significa no ser nada, esto se contrapone a lo que dice nuestro autor en otro lugar, donde sostiene que “la energía no es sólo una propiedad entre muchas otras, es la propiedad universal, el universal por excelencia” (Bunge, 2006:35). Nosotros optamos por que la existencia es más importante que la energía, pues si bien la energía es la que ha generado todo cuanto nos rodea al complejizar la materia, la existencia es mucho más abarcadora, pues incluye tanto a lo material como lo conceptual.

3.1.2 GRADOS DE EXISTENCIA

En ese sentido, tanto la energía como la existencia son propiedades de la materia, pero la existencia es además una propiedad de las ideas, las cuales existen como pensamiento. Sin embargo aquí surge otro problema, si la existencia es una propiedad, ¿qué significa que las propiedades existan?, significaría que las propiedades tienen la propiedad de existir, algo así como una metapropiedad, sin embargo nuestro autor sostiene que la existencia es una propiedad de la materia o de las ideas, como acabamos de ver, pero no dice nada acerca de las propiedades mismas.

Nosotros optamos por considerar a las propiedades como existentes de manera derivada, pues al requerir de objetos materiales no existen por sí mismas, sino en cuanto existen tales objetos. A su vez, las ideas existen también de manera derivada, pues no pueden subsistir sin cerebros, computadoras o libros, entre otros objetos materiales. En ese sentido, los objetos materiales existen por sí mismos, en tanto poseen energía, las propiedades poseen un grado menor de existencia, en tanto dependen de la materia y las ideas poseen el grado más bajo de existencia, pues dependen de la propiedad de pensar de algunos animales.

En ese sentido, la “existencia” posee una existencia menor que los objetos materiales, pues es un concepto, el cual abstraemos de tales objetos, los cuales poseen existencia plena.

3.1.3 EXISTENCIA IDEAL Y MATERIAL

Es importante distinguir entre la existencia material e ideal, pues mientras la primera existe por sí misma, la segunda depende de la primera, por ejemplo “si un matemático postula la existencia de un nuevo objeto conceptual, y lo hace sin incurrir en contradicción, nadie podrá refutarle; a lo sumo, su postulado de existencia será ignorado por considerárselo carente de interés. En cambio, si un físico, un biólogo, o un historiador postulan la existencia de un objeto concreto aún no descubierto, lo hacen con la esperanza de descubrirlo” (Bunge, 1977:57). Es decir que, mientras la existencia conceptual requiere solamente de congruencia, la material depende además de que sea posible contrastarlo con la ciencia.

Sin embargo, existen controversias al respecto, pues Bunge opta por la existencia como propiedad y “los lógicos modernos han afirmado que la existencia no es un predicado sino un cuantificador, a saber, el cuantificador existencial” (Bunge, 1977:58). Pero esto sólo genera la confusión de la existencia ideal y la material, pues tal cuantificador se aplica tanto a los pensamientos como a los objetos materiales, por lo que nuestro autor cree que “el problema se resuelve distinguiendo dos conceptos que [algunos de] los lógicos modernos han confundido: el concepto lógico algo y el concepto ontológico existe” (Bunge, 1977:58).

En otras palabras, el concepto lógico “algo” se utiliza para simbolizar un elemento hipotético que posee congruencia argumental, pero eso no implica que exista materialmente. Y el concepto ontológico “existe”, incluye tanto al “algo” de la lógica, como a la existencia material de los objetos que poseen energía. Por ejemplo, si decimos “existe al menos un número mayor que ocho”, queremos decir que conceptualmente podemos contar número mayores que ocho, lo cual tendría que expresarse como “algo es mayor que ocho”, para distinguirlo de “existe al menos un planeta en nuestra galaxia” en donde no sólo conceptualmente, sino materialmente existe tal planeta.

Por otro lado, tales existencias no pueden mezclarse, pues “cualquier conjunto de objetos puede dividirse en dos subconjuntos separados el uno del otro: una clase de cosas concretas o materiales y su complemento, una clase de constructos (...) Por consiguiente, no existen objetos combinados –es decir, objetos que se compongan tanto de cosas (materiales) como de ideas” (Bunge, 1999: 33). Esto es, siempre podremos categorizar un objeto como ideal o material, pero nunca encontraremos un objeto híbrido, pues nuestro criterio será si posee o no energía, ya que si es material la poseerá y en caso contrario será una mera idea (1.1). Inclusive, si se opta por distinguir entre términos teóricos y términos observacionales u objetivos, ambos conjuntos contendrían ideas, aunque el primero en un grado más abstracto.

3.1.4 EXISTENCIA Y UNIVERSALES

Otro problema importante para clarificar la diferencia entre la existencia material y la ideal es la existencia de los universales, es decir, si los conceptos existen por sí mismos o su existencia depende de sujetos pensantes y si son solamente nombres o poseen cierta influencia en el mundo real, para nuestro autor “los universales son indispensables porque están tanto en el mundo (como propiedades) como en las teorías (como predicados)” (Bunge, 2006:308). En otras palabras, los objetos materiales comparten cosas en común, los cuales pueden universalizarse como propiedades primarias (2.2.1), a su vez, nuestras construcciones mentales también comparten cosas en común, por lo que pueden generalizarse como propiedades secundarias (2.2.1).

En ese sentido, algunos universales, tales como la impenetrabilidad de los cuerpos, existen de manera material, pues los poseen los objetos plenamente reales (2.2), y otros universales, tales como la sintaxis, existen de manera conceptual, ya que lo poseen objetos ideales. Es decir, que los universales no son meros nombres, pues influyen indirectamente (como propiedades o ideas) sobre la realidad, pero tampoco son plenamente reales, pues no existen por sí mismos, sino porque los poseen objetos materiales o constructos mentales. En concreto, los universales son abstracciones o propiedades de la materia, que en la realidad manifiestan regularidades y en la mente nos permiten categorizar.

En suma, la existencia es una propiedad y la más importante de todas (ya que no poseerla significa no ser material ni haberse pensado), incluso más importante que la energía, pues hay objetos sin energía como las ideas y las propiedades, pero no hay objetos sin existencia (pues si algo no es material ni se ha pensado ni siquiera es un objeto). Además, la existencia puede ser ideal o material y esto implica que hay grados de existencia, pues lo material tiene mayor existencia al existir por sí mismo. Lo ideal y las propiedades existen en menor grado por existir de manera derivada, por lo que tampoco puede existir algo que sea material e ideal a la vez. En tal sentido el mal uso del cuantificador existencial confunde los tipos de existencia, por lo que es mejor utilizarlo sólo en conceptos. Y los universales existen ya sea materialmente como propiedades o idealmente como abstracciones.

Por todo ello, el concepto de existencia nos sirve para clasificar los objetos en materiales e ideales, así como para comprender que lo único inexistente es aquello que no pueda pensarse, por lo que la existencia como propiedad nos facilitará explicar la realidad a partir de los conceptos de materia y realidad, como veremos a continuación.

3.2 RELACIÓN ENTRE EXISTENCIA, REALIDAD Y MATERIA

Una vez que hemos clarificado el concepto de existencia, es momento de relacionarlo con los conceptos de realidad y materia, con el fin de concatenar los fundamentos de nuestra ontología y así poseer un solo método para abordar la realidad.

Anteriormente vimos que hay grados de realidad (2.2) y también hay grados de existencia (3.1.2), esto puede malentenderse como que existencia y realidad son lo mismo, pues parecieran coincidir en todo los sentidos, es decir, si a entonces b y b entonces a, a = b.

En concreto, vimos que los grados de realidad varían en función de la materia, las ideas y las posibilidades, a su vez vimos que los grados de existencia varían en función de la materia, las propiedades y las ideas. Además, podemos hablar de la realidad de las propiedades de modo semejante, como derivadas de la materia y podemos hablar de la existencia de las posibilidades, de la misma derivación. De este modo, existencia y realidad comparten el mismo campo y aplican el mismo grado en cada caso.

La diferencia radica en que mientras la realidad es una capacidad (2.1), la de influir o ser influido, la existencia es una propiedad (3.1), la de ser material o ideal. Es decir, que aunque se refieran a las mismas cosas en el mismo grado cuantitativo, su enfoque cualitativo es distinto (como capacidad o propiedad, según el caso). Semejante a la diferencia entre materia y movimiento (1.1), pues mientras el movimiento es la capacidad de cambiar de estado, la materia es todo aquello que tenga tal capacidad.

En ese sentido, la diferencia entre existencia real y realidad existente, radica en que la primera se refiere a todo cuanto influye y la segunda se refiere a todo cuanto es material o ideal. Esto es, las dos frases se refieren a la misma idea pero desde distintos enfoques, aun cuando decir que todo cuanto existe es real o todo cuanto es real existe, resulten ser trivialidades. Por ejemplo, una mesa existe realmente en tanto interactúa con el medio que la rodea y su realidad es materialmente existente en tanto posee movimiento en sus moléculas.

En pocas palabras, mientras lo material es sólo aquello que posee energía, lo real y lo existente abarcan todo cuanto posea energía o sea pensado, distinguiendo lo real como una capacidad y lo existente como una propiedad, por lo que requerimos de los tres conceptos para explicar de qué están hechas las cosas, en el próximo apartado veremos los alcances ontológicos de nuestra ontología.

En resumen, la existencia es una propiedad que posee toda entidad, ya sea material o conceptual, tal propiedad designa como material a todo aquello que posea energía y conceptual a todo aquello que se haya pensado. Además, los universales caben en ambas categorías, ya sea que sean propiedades comunes a varios objetos materiales o que sean meras abstracciones mentales. Asimismo, la existencia la poseen todos los objetos materiales, pero hay existencia sin materia, como en las ideas; la existencia y la realidad comparten el mismo campo y aplicación cuantitativa, pero difieren cualitativamente, ya que la existencia es una propiedad y la realidad una capacidad.

Vemos pues, que aun cuando Bunge no aborda los problemas existenciales (pues está más interesado en cuestiones metodológicas), nos brinda los instrumentos para construir una ontología coherente y altamente abarcadora, la cual pueda superar a las metafísicas que están envueltas en misticismos o ambigüedades insalvables.

(Continuará…)

lunes, diciembre 21, 2009

Reyertas 69: El año de la gran crisis

Ha sido un largo año. No porque haya sido bisiesto o algún otro fenómeno que modifique la duración objetiva de éste, sino en términos de la cantidad de acontecimientos y de la dificultad que ha implicado para muchos de los casi siete mil millones de habitantes del planeta. Dificultades que subjetivamente hacen que se perciba mucho más prolongada la duración del tiempo. Como se impone en estos días, gracias al calendario gregoriano, es preciso comenzar a sacar las cuentas de lo que nos dejó el año 2009. Pero no se trata de hacer cuentas alegres o por un simple espíritu de llevar las cuentas. Se trata de medir la situación de la lucha de clases en el mundo y en México, con la finalidad de tener claridad sobre las necesidades que se vienen en los próximos meses y años, claro si el objetivo es el de transformar a la sociedad. En la entrega número 18 de Reyertas: 2009, el año (del temor) por venir, publicada el 29 de diciembre de 2008, realicé una serie de proyecciones basadas en la información que hasta entonces se tenía disponible. Una de las premisas básicas de aquél análisis era que la crisis económica había tocado fondo, al menos en Estados Unidos, entre finales de agosto e inicios de octubre de 2008. Lo que ha seguido desde entonces ha sido un largo período de depresión o estancamiento económico. Es decir, de la fase del ciclo medio en la cuál se despliegan por entero los efectos destructivos de la crisis sobre el sistema productivo. También se indicó que lo más factible es que dicho período depresivo se prolongase por todo el 2009 y el 2010. No obstante, también se señaló que había algunos resquicios que podían ser aprovechados por el capital para acelerar el paso hacia la fase de recuperación económica. Dichos espacios dependían centralmente de las acciones que tomase el gobierno de los Estados Unidos. En estos días, las evidencias disponibles indican que EE. UU. está ingresando en una fase de recuperación económica, debido a que pese todas las adversidades políticas, el novel presidente Barack Obama ha conseguido poner en práctica algunas medidas que tienden a la reconstrucción del sistema productivo estadounidense.

Sin duda que, al interior de la izquierda resulta una afirmación polémica la de sugerir que la fase depresiva del ciclo económico medio está llegando a su final. Las principales voces de cada una de las expresiones izquierdistas sostienen que la crisis seguirá por largo tiempo. No es extraño que se incurra en proclamar la crisis perenne, por el contrario, si algo tiene en común la práctica, el discurso, de las diversas izquierdas es que comparten el dicho que reza: el capitalismo se encuentra permanentemente en crisis. En realidad es algo muy sencillo, el discurso incendiario al que se recurre para agitar a las diversas fracciones de la sociedad, tiene un alto contenido de visceralidad. Es decir, el convencer al pueblo para organizarse y movilizarse requiere siempre de apelar a los elementos injustos del sistema capitalista. El problema con ello es que al llevar a la práctica dicho procedimiento, se incurre con mucha facilidad en la exageración e imprecisiones sobre la situación. Así, el confundir el incremento de la explotación de los trabajadores con las fases depresivas del ciclo económico se vuelve algo común. Sin embargo, no es lo mismo el incremento del trabajo impago, que la sobre acumulación del capital. El primero puede presentarse incluso en momentos en que el capital no haya trabas para seguirse acumulando libremente.

La urgencia por transformar la realidad conduce a muchos revolucionarios a ver una realidad distorsionada. Las imágenes difuminadas son una elección propia, los propios izquierdistas suelen no querer ver lo que acontece objetivamente. Así, se puede justificar el posible fracaso o justificar las prácticas equivocadas haciéndolas pasar como si fuesen lo correcto.

Además de los cambios que el equipo de Obama ha introducido, a empujones, hace falta considerar otro elemento que señala la posibilidad de estar entrando en 2010 a una fase de recuperación: el consumo de China. Es cierto que el motor de la economía mundial es el mercado interno de los Estados Unidos, cuyo peso específico oscila entre el 28 y el 30%. Por eso es que al definir los ciclos económicos medios y largos es preciso tomar como referente a la economía estadounidense. No obstante, desde hace varios años China se ha convertido en el principal aval para que los Estados Unidos tengan la liquidez necesaria para seguir inundando el mundo con dólares y adjudicándose la producción mundial. Tal operación se ha conseguido gracias a que el gobierno chino se volvió el mayor comprador de bonos de deuda del tesoro estadounidense.

No es casual que en el último año el precio de las materias primas, comenzando por el oro y el petróleo, se hayan mantenido en precios altos. El motivo fundamental de ello ha sido el consumo elevado que ha mantenido China. Si en lugar de mantener ese nivel, la economía del gigante asiático se hubiese desplomado, entonces sí la fase recesiva tendría mucha cuerda por delante. Pero al mantener su consumo, se le da un gran respiro a la economía capitalista, pues el segundo mayor comprador de materias primas del mundo es China. Ahora bien, se debate en la actualidad si la capacidad de consumo china resulta de un proceso de crecimiento del mercado interno o es un mecanismo especulativo que está inflando el mercado artificialmente. En realidad si es uno u otro, en el corto plazo, tiene poca relevancia porque el efecto es el de mantener elevadas las ventas de los mercados productores de materias primas, evitando con ello que el ciclo económico alcance su piso absoluto.

En el largo plazo, el único resultado es el de comienza a inflar una burbuja financiera que tiene posibilidades de darle sobrevida al ciclo económico largo. Pero que, cuando reviente, y como se mantienen las burbujas especulativas que desencadenaron la crisis actual, sería un desastre de proporciones cataclísmicas. No necesariamente para el sistema capitalista en su conjunto, aunque irremediablemente las tendrá hacia el imperialismo estadounidense. En esas condiciones la estructura de hegemonía que opera en la actualidad, es decir la que regula las actuales relaciones internacionales de poder, tendría que modificarse de raíz.

Al representar la economía más grande del planeta, la estadounidense también delimita la duración temporal del ciclo económico largo (el que dura entre 40 y 60 años). En esos términos, el que los efectos más destructivos de la fase depresiva del ciclo medio (que dura entre 7 y 11 años) hayan sido contenidos y con ello se abra la posibilidad de prolongar el ciclo largo es algo más que factible. De entrada, es preciso recordar que la actual fase ascendente comenzó hacia la primera parte de la década de los años noventa. Tomando como referente el desarrollo de la economía estadounidense el presente ciclo Kondratiev habría comenzado en 1993 con lo cual ya se habría prolongado la fase ascendente por más de 16 años, quedando espacio suficiente para un nuevo ciclo medio que prolongue, al menos otros 7 años al ciclo económico largo. Por su parte, tomando como referente a las siete economías más desarrolladas del mundo, es decir la de Estados Unidos más la de Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia y Canadá, se tiene que la anterior fase descendente terminó entre 1993 y 1995, lo que haría que en esos años se iniciase la siguiente fase ascendente. Esto, evidentemente, da suficiente espacio temporal para que dentro de la fase ascendente del ciclo Kondratiev (largo) se inserte un nuevo ciclo medio.

Lo anterior no es nada más una discusión de interés académico. Sino que resulta fundamental para comprender mejor el momento que se vivirá en la lucha de clases en los próximos años. La extensión del ciclo económico largo implica que durante estos años se alcanzará su punto máximo, su cresta, de ahí por consecuencia lógica se desprende que la lucha de clases a escala internacional se agudizará hasta alcanzar extremos de antagonismo que no se han visto en décadas. Por un lado, el avance que las izquierdas han sostenido desde el inicio de la oleada en 1999 (el viejo topo vive, pese al acta de defunción que pretendió extenderle el otrora gramsciano Antonio Negri) debe tomar decisiones de trascendencia vital sobre cómo continuar el ascenso. Pero, la creación de riqueza no tardará en obligar a la burguesía de libremercado a buscar mecanismos para atraer la mayor cantidad posible de esa riqueza, lo cual significa quitar de en medio a la clase obrera organizada. En cuanto a las naciones imperialistas, también se presentaría una intensificación, pues ante la abundancia se fortalecerían las naciones que le están disputando ya varias zonas de influencia que antes la potencia hegemónica dominaba sin mayor obstáculo. En la actualidad ya hay regiones del planeta que le son disputadas a la hegemonía estadounidense por las naciones que más rápido se están desplegando como imperialistas. Una nueva etapa de auge en un ciclo medio, beneficiaría más a esos protoimperialismos que al mismo imperialismo estadounidense. A las disputas por el nuevo reparto del mundo, habrá que agregar que no faltarán movimientos de liberación nacional que intenten aprovechar la situación para terminar con cualquier influencia imperialista en su territorio nacional.

Tampoco debe soslayarse que los imperialismos en formación, denominados por la prensa imperialista con el acrónimo BRIC (Brasil, Rusia, India y China) son los que mejor han aprovechado la actual fase ascendente del ciclo económico largo, pero sus espectacular irrupción es más bien tardía con respecto al comienzo de la fase ascendente, si acaso datará del inicio de la presente década. Por consecuencia, también son las naciones que le pueden dar una mayor sobrevida a la tendencia actual.

Al observar las condiciones político-sociales que prevalecen en el mundo, encontramos que en las naciones ricas las condiciones son muy contradictorias. En Europa y Estados Unidos, al menos en apariencia se percibe un fortalecimiento de las facciones más conservadoras de la burguesía. En el imperio hegemónico, hace un año se veía el triunfo de Barack Obama como un triunfo de los sectores progresistas al seno de la sociedad estadounidense. Antes de tomar posesión del cargo, el presidente 44° de EE. UU. ya había dado algunas señales de ser un personaje que tendría severos problemas para cumplir los compromisos que adquirió con sus electores. Se le notaba inclinado a hacer fuertes concesiones a las empresas dominantes en el mercado estadounidense. Curiosamente las mismas que condujeron a la crisis. Ya como presidente en funciones, Barack Obama ha tomado algunas medidas que son de mucha utilidad para la economía estadounidense. Como el programa de rescate bancario o el fomento a la producción interna, mediante el estimulo al comercio con mercancías creadas internamente. Sin embargo, es claro que también le ha faltado decisión para introducir otras reformas indispensables para Estados Unidos. Entre éstas las más notorias son la Reforma al sistema de salud, Obama no ha hecho frente a las empresas farmacéuticas; ni se ha realizado una verdadera Reforma migratoria que permita sacar de la clandestinidad a una masa obrera que percibe ingresos muy inferiores a los que tiene el resto de la clase trabajadora en EE. UU. Tal indecisión está alejando a los aliados progresistas de Obama y permitiendo el retorno de los imperialistas más conservadores. Para colmo de males, el encuentro mundial para tomar medidas que contengan los efectos del cambio climático a realizarse en la ciudad danesa de Copenhague entre el 7 y el 18 de diciembre pasados; fue un rotundo fracaso. La responsabilidad del gobierno estadounidense en tal revés es muy grande, hecho que se magnifica debido a que las propias organizaciones sociales que luchan por la preservación del medio ambiente, harán más visible dicha responsabilidad.

En el caso europeo la situación no es muy distinta. Aunque no se debe olvidar que tanto en Grecia como en Francia e Italia, en el 2009 se presentaron movilizaciones sociales que llamaron poderosamente la atención. De entrada, en Grecia se recibió el 2009 con intensas movilizaciones que llegaron a los enfrentamientos entre estudiantes y la policía. Sin olvidar que esos jóvenes consiguieron el respaldo de una buena parte de los trabajadores de las ciudades helenas. En Francia, les enfants de la Patrie también salieron a las calles a poner en claro que hay una gran polarización entre las clases sociales. Los enfrentamientos en la antigua Galia se siguen presentando con la pintoresca modalidad de la quema de automóviles. Sin embargo, esa capacidad de movilización popular no se refleja en una organización que aproveche los resquicios de la política formal. Son movimientos que en algún sentido han heredado la consigna argentina del “que se vayan todos”. Tal desinterés se evidenció en las elecciones regionales que se realizaron en 2009, pues los partidos de izquierda tuvieron fuertes retrocesos. Desde el Partido Socialista Francés hasta la Liga Comunista Revolucionaria y el Partido Anticapitalista fueron incapaces para canalizar la fuerza popular en términos políticos, lo que sería un trampolín para que siguiese creciendo. En Italia, las expresiones de izquierda quedaron noqueadas tras la destitución de Romano Prodi en 2007, simplemente ya no pintan en el panorama político italiano. Pero no así, la movilización popular que ha conseguido poner en jaque al Primer Ministro Silvio Berlusconi. Como nunca antes la imagen del Cavalieri ha quedado cuestionada. La cantidad de juicios que está enfrentando el jefe de gobierno italiano ya desembocaron en algo tan serio como un llamado a golpearlo, cosa que consiguió Massimo Tartaglia el pasado 13 de diciembre, lo que indica que hay un creciente descontento en Italia que se está convirtiendo en odio. En otras naciones europeas como Gran Bretaña, España o Alemania las cosas no son demasiado distintas. Las diversas expresiones de representación formal de las izquierdas han decepcionado lo suficiente a los pueblos como para quedar a su suerte. Así, los grupos imperialistas conservadores han quedado con las manos libres para presionar a los gobiernos y obligarlos a proteger, ya no sus intereses sino, sus caprichos de clase. Mientras en España el movimiento por la independencia de Cataluña sigue en ascenso, la devastación social generada por la crisis económica está colocando al gobierno de Rodríguez Zapatero en una posición muy coincidente con las del derechista Partido Popular.

En Asia hay tres grandes focos que llamaron la atención durante el 2009. Independientemente de las guerras estadounidenses en Irak y Afganistán el peso real del continente asiático en los equilibrios políticos internacionales estuvo en la zona de Palestina, Irán y China. En los casos palestino y chino el conflicto abierto fue el elemento que marcó las tendencias en la región. Respecto a la primera habrá que recordar que el año 2008 fue despedido por el ejército israelí con la Operación Plomo Endurecido que comenzó el 27 de diciembre de 2008 y finalizó hasta el 18 de enero de 2009. Es decir, 22 días con sus noches de bombardeos constantes y diarios sobre la franja de Gaza. El pecado de los palestinos fue el sostener a un gobierno emanado de las filas de la organización terrorista Hamas. Parte de la prensa internacional definió acertadamente la ofensiva israelí con el nombre de la Masacre de Gaza. Además de los severos estragos que las acciones militares ocasionaron sobre la población civil en los territorios palestinos de la franja de Gaza, el otro resultado tal ofensiva fue que se evidenció el resquebrajamiento de la unidad israelí.

Lo anterior se reflejó en dos eventos en particular. La condena de una gran cantidad de organizaciones sociales de origen hebreo hacia el sionismo. Mientras que el segundo evento fue la polarización al interior de Israel que derivó en el fortalecimiento de los partidos de derecha en las elecciones legislativas de 2009. Con lo cual se definió de facto una alianza entre los partidos Kadima (fundado en 2005 por Ariel Sharon, conocido por encabezar las masacres de 1982 en Sabra y Chatila, y que en la actualidad es dirigido por Tzipi Livni), Likud (el partido que dice representar a la centro-derecha) y por el partido Israel Beitenu (de corte ultranacionalista). Aunque Kadima ganó las elecciones en las negociaciones posteriores fue designado como Primer Ministro Benjamin Netanyahu, del partido Likud. Ello se debió a que los otros dos grupos sionistas decidieron cerrar filas en torno a una política más imperialista hacia la región. Así, Tzipi Livni quedó al frente del Ministerio de Asuntos Exteriores, uno de los tres cargos de gobierno más importantes en Israel junto al de Presidente y al de Primer Ministro. Por su parte, Avignor Lieberman quedó como uno de los líderes de la oposición más fuertes que haya tenido la historia de Israel. En las circunstancias descritas, el futuro para los territorios palestinos de la franja de Gaza y la Cisjordania, no es lo más esperanzador que pueda imaginarse. Por más que el presidente estadounidense, Barack Obama, se manifieste a favor de la creación de un Estado Palestino, la realidad es que la actual conformación del gobierno israelí y la pusilanimidad de Mahmoud Abbas en Cisjordania, aunado al aislamiento que padece el extremismo religioso de Hamas que gobierna Gaza en la persona de Ismail Haniya; son un augurio muy oscuro para el futuro de Palestina. Sin duda, el conflicto árabe-israelí seguirá movilizando a una gran cantidad de fuerzas en la región. Al mismo tiempo obligará a los estadounidenses a ser más liberales con los recursos que destina a la región para consolidar sus alianzas, con la finalidad de apuntalar a Israel.

El segundo gran conflicto asiático que marcó las tendencias internacionales, fue la sublevación uigur en China. Es cierto que el gobierno chino no se ha caracterizado por ser uno que en realidad demuestre su apego con la democracia proletaria que debiera ser la esencia de un gobierno revolucionario. Por el contrario, el autoritarismo que define a la estructura política en China se va estrechando con las tendencias librecambistas más reaccionarias, lo que podría resultar en que en pocos años el gigante asiático se convierta en el principal aspirante a heredar la hegemonía capitalista que hoy detentan los Estados Unidos. Sin embargo, no es menos cierto que la etnia uigur es una de las más atrasadas, en términos sociales, de toda China. La región que habitan no ha sido desarrollada entre otros factores, porque el pensamiento místico-religioso que profesan los uigures, inhibe el propio avance tecnológico de la región. Es cierto que como religión el Islam, en sí mismo, no es un impedimento para el desarrollo de las sociedades modernas, sin embargo, al igual con algunas facciones de otras religiones, como las cristianas, se oponen rotundamente al progreso en cualquiera de sus formas. El resultado es que en el caso de la etnia uigur la situación desemboca en una contradicción de alta complejidad. Por un lado, es un principio revolucionario el respetar la autodeterminación de los pueblos, lo cuál da cierta ventaja a los uigures. Pero tampoco se puede negar el derecho de los chinos que ya han migrado hacia la región para detonar el desarrollo de la región que habitan. Pero las implicaciones del conflicto que ocasionó enfrentamientos entre chinos de la etnia han y la uigur en julio de 2009 no se restringen a los límites geográficos de Xinjiang. Muchas de esas condiciones son las mismas que prevalecen en el caso del conflicto entre China y la región del Tíbet. El fanatismo místico-religioso centrado en la figura del Dalai Lama es fortalecido por la voracidad con que el gobierno de la República Popular China, desde la época de Mao Tse Tung. Desde que en 1950 el ejército chino invadió la región, las decisiones administrativas han sido tomadas sin tomar en cuenta a los tibetanos, lo cual evidentemente contraviene el principio obrero-revolucionario de la libre determinación. Sin embargo, ese grave error del gobierno de Beijing ha sido magnificado por décadas gracias a la intervención de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos (CIA, por sus siglas en inglés). En medio del fervor de la guerra fría la CIA ha hecho del Dalai Lama un hombre santo viviente. Con la anuencia del propio Tenzin Gyatso, 14° Dalai, la figura religiosa creada por el propio Gengis Khan durante la invasión mongola al Tíbet, ha sido explotada por el imperialismo estadounidense en momentos clave para mermar el peso en la política internacional de la República Popular de China. Dicha imagen de hombre santo viviente incluye la generación de una amnesia colectiva. Con premeditación, alevosía y ventaja se omite que las condiciones de vida para la población del Tíbet durante el mandato de Tenzin Gyatso (entonces un joven de apenas 15 años de edad) hacia 1950 eran aún más aberrantes que las padecidas por los chinos hacia 1912, cuando ocurrió la revolución que derrocó a Puyi el último emperador de la dinastía Qing. Es decir, un régimen despótico-absolutista que mantenía un modelo económico precapitalista. Las diferencias sociales eran mucho más abismales, solamente es posible imaginarlas al hacer la analogía con la situación presente de muchas naciones africanas. Mientras el emperador y el Dalai, junto a su corte, disfrutaban de una vida llena de los privilegios del mundo moderno, el resto del pueblo tenía que hace milagros para subsistir un día más. Ya no se diga la falta de acceso a una cultura más sofisticada como consecuencia del alto grado de analfabetismo y la carencia de instituciones educativas. Ese era el Tíbet del Dalai Lama. Es claro que ese panorama tibetano se olvida adrede, pues sería imposible que la ideología pequeño-burguesa que se promueve para los pueblos, tuviese un impacto tan grande como del que goza en la actualidad. El éxito de las mentiras de la CIA sobre el Tíbet ha sido tan profundo que no solamente las diversas expresiones de la derecha se adhieren a la condena contra China, sino diversas expresiones de la izquierda, caen en la trampa del sentimentalismo ramplón y se dejan manipular al adherirse a la condena imperialista. La intensificación de los conflictos chinos con las regiones uigur y tibetana, justo en medio de la fase depresiva del ciclo económico, muy probablemente no sea una casualidad sino una acción promovida y/o explotada desde el imperialismo para controlar los avances chinos.

Con respecto a Irán, la situación es igual o incluso más compleja que en los casos palestino y chino. Por principio de cuentas, la reelección de Mahmoud Ahmadineyad como presidente de Irán, la antigua Persia, realizada el 12 de julio del 2009, dejó en claras un par de cosas. Por un lado, que el régimen teocrático chiíta de los Ayatolas que se impuso con la revolución de 1978 se está agotando con cierta rapidez. Por el otro lado, se evidenció que los imperialismos están poco dispuestos a permitir que la modernización de Irán siga un camino independiente al imperialista, hay demasiado petróleo de por medio. En el primer caso, es preciso despejar de la ecuación la bruma generada por los medios de confusión masiva occidentales, pero aún así se mantiene una cosa en pie. La aparición de una disidencia iraní lo suficientemente grande como para ocasionar fuertes disturbios es evidencia del desgaste del régimen, no solamente del gobierno de Ahmadineyad. Es decir, el movimiento del que Mir-Hossein Mousavi se autodesignó como portavoz, exhibe el descontento que 20 años de turbiedades de Alí Jamenei como Ayatolá han provocado. Sin embargo, todavía es incierto que a corto o mediano plazo se organice una oposición popular sólida que detone cambios de fondo en la antigua Persia.

Respecto a la importancia internacional de Irán el asunto es mucho más delicado. Incluso las estancadas guerras estadounidenses en Afganistán e Irak se han colocado en función de la situación iraní. No en vano, la diplomacia imperialista ha insinuado la posibilidad de una guerra contra los persas; el motivo: la posibilidad de Irán como fabricante o poseedor de armamento nuclear. Al respecto, la reflexión de Alfredo Jalife-Rahme (“Irán, cercado nuclearmente por seis países y la OTAN” en Contralínea. Periodismo e Investigación, núm. 161, 8 de diciembre de 2009, p. 20-21.) resulta sumamente acertada al señalar que sería un error fatal para Irán si accede a la petición del imperialismo estadounidense de renunciar a su programa nuclear. La tensión que se ha generado en el mundo por esa situación, sin duda, será algo que siga marcando el desarrollo de la lucha de clases a escala mundial.

Con respecto al peso de las naciones africanas en los doce meses recientes, se debe señalar que ha destacado por dos situaciones muy particulares. Por un lado, los efectos de la crisis económica en Europa se han traducido en condiciones más difíciles para la emigración africana hacia el viejo continente. El racismo europeo creciente está produciendo instrumentos de control social incapaces de detener los movimientos migratorios masivos, pero sí genera condiciones mucho más inhumanas para la porción de los migrantes que no consigue arribar a su destino. Además de ello, la radicalización del racismo está produciendo el resurgimiento de las ideologías totalitarias como el fascismo y el nazismo. En España, Alemania, Austria, Italia y, recientemente, Rusia se han dado ejemplos peligrosos de lo que el ultranacionalismo (chovinismo) ocasionaría en las sociedades.

El otro elemento que en el presente año resaltó de las complejidades africanas, fue el incremento de la piratería. Desde algunos años a la fecha, la zona de Somalia ha sido un sitio de constante crecimiento para los grupos de piratas. Los conflictos separatistas entre las etnias somalíes, los depredadores intereses imperialistas por apropiarse de los recursos naturales de la región y el paso de una de las rutas comerciales marítimas más importantes del planeta frente a las costas de Somalia, son los tres elementos que han generado el auge de los piratas. Tal situación está obligando a las principales potencias del mundo, sobre todo a las europeas, a incrementar su presencia militar en la región. Al tiempo que se discute la mejor forma de resolver el problema. No sería extraño que este tipo de cosas justificase en un futuro la intervención norteamericana y europea en Somalia.

Finalmente, América Latina es la región que más afectó, y afecta, la depresión económica. A lo largo de la década que está por finalizar, la región ha sido vista como el paraíso de las izquierdas. Es cierto que es dónde más visibles han sido los logros de las diversas expresiones de izquierda, pero también es cierto que las derechas todavía tienen un gran margen de reacción. Pero hay que tener cuidado, lo anterior no quiere decir automáticamente que se esté cayendo o por alcanzar una fase de reflujo de los movimientos sociales. El resultado de esta tendencia ha sido el crecimiento de las disparidades entre el avance de los movimientos sociales. De México hasta Argentina y Chile, las cosas se presentaron durante 2009 en un muy amplio espectro. En gran parte, lo que ocurre es que gracias al apoyo del imperialismo estadounidense las expresiones conservadoras, las derechas, han tenido importantes avances. Pero eso ha dejado claro que el gobierno de Barack Obama no está dispuesto a cambiar el rumbo de la política de EE. UU. frente a la región, simple y sencillamente prefiere hacerla menos descarada. Así, en Honduras tenemos que primero los yanquis desconocieron al gobierno golpista de Roberto Micheletti y después decidieron reconocer las elecciones en que triunfo el candidato derechista, Porfirio Lobo.

Sin duda que este año, para América Latina, se caracterizó por la polarización. En algunas naciones avanzó mucho la derecha y en otras fue la izquierda la que dio buenos pasos. En cuanto a las primeras tenemos a México, Honduras, Brasil, Argentina y Chile. En la siguiente entrega me dedicaré a hacer un balance específico para la situación nacional, así que dejaré pendiente aquí el comentario sobre la tragedia mexicana.

En Honduras, el Golpe de Estado fue una acción de múltiples cobras de facturas y repercusiones. Por un lado, significó el romper el eslabón más débil de la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), lo que llevaba la intención de debilitar el avance de las izquierdas en la región. Por otro, implicó la venganza del imperialismo yanqui, pues unas semanas antes del golpe, el gobierno de Manuel Zelaya desplegó una intensa labor durante la reunión de la Organización de Estados Americanos (OEA) llevada a cabo el 3 de junio en San Pedro Sula, para conseguir que se revirtiese la expulsión de Cuba del organismo. Lo cuál representó un fuerte revés para el imperialismo estadounidense, incluyendo al presidente Barack Obama. Internamente, dicho golpe también representó la vuelta al poder de la parasitaria oligarquía terrateniente que había gobernado Honduras hasta que Zelaya comenzó a darles la espalda.

El caso argentino es otro preocupante. Los gobiernos socialdemócratas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, al menos en el papel, presumen de apoyarse en los movimientos sociales. Sin embargo, su incapacidad política y el oportunismo con que se manejan, ha aislado al gobierno de dichos movimientos. Las izquierdas en Argentina por una parte se radicalizan, pero por la otra se distancian más entre sí a cada momento. Esa situación, más la capacidad de las organizaciones más conservadoras para aprovechar los errores del gobierno, están produciendo una situación bastante complicada para mantener la tendencia ascendente de los movimientos sociales en la nación sudamericana.

En cuanto a Brasil y Chile, la situación es más o menos similar. En ambos, el desarrollo económico de los años recientes ha sido bastante bueno, aunque fortaleciendo las políticas neoliberales. A tal grado ha llegado esto que en Chile, es muy posible que el próximo 17 de enero gane la elección presidencial un candidato de la derecha más reaccionaria: el pinochetista Sebastián Piñera. En Brasil, a poco menos de un año de las elecciones presidenciales, los candidatos de la derecha llevan una gran ventaja. Ello se debe a que Lula ha conseguido que el gigante sudamericano se convierta en una de las naciones que aspiran con mayor fuerza a establecerse como nuevos imperialismos. Pero esto ha favorecido la tendencia que exige mantener en Brasil las cosas en el mismo estado. Así, tanto en Chile como en Brasil se presenta un fenómeno extraño: el de gobernantes, que formalmente se presumen como de izquierda, con una alta popularidad, pero que la preferencia electoral es hacia los partidos de las derechas.

En el extremo contrario, en El Salvador y en Colombia crecieron de forma importante las expresiones de la izquierda. El triunfo electoral del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), el 15 de marzo de 2009, en la persona de Mauricio Funes, implicó el establecimiento de un nuevo gobierno de izquierda en América Latina gracias al apoyo del pueblo. Por su parte, en Colombia durante el 2009 la arrasadora popularidad de Álvaro Uribe se fue desdibujando gracias a los escándalos de corrupción que las organizaciones sociales de izquierda fueron destapando. Aunque dichos avances todavía son insuficientes para preocupar a la derecha colaboracionista con el imperialismo que rige en Colombia, al menos es posible tomarla como el germen de organización con posibilidades muy amplias.

Pero en AL no todo han sido cambios radicales, incluso hay algunas naciones que presentan un estancamiento relativo. Venezuela, Bolivia, Uruguay y Ecuador mantienen su paso democrático, no sin problemas, pero al menos los gobiernos de esas naciones siguen siendo favorables para las organizaciones revolucionarias. En cambio, Cuba y Nicaragua sufrieron problemas serios que mantienen estancados los procesos de cambio. Mientras Cuba requiere de transformaciones urgentes que revitalicen la revolución, sobre todo en el campo económico; Nicaragua requiere que el sandinismo se renueve, eliminar de la cabeza a un personaje como Daniel Ortega, pues se corre el riesgo de destrozar todos los avances democráticos de los años recientes. Una destrucción que sería llevada a cabo por el propio Ortega.

Como puede apreciarse, en términos generales la situación durante este 2009 fue demasiado brumosa, difícil de comprender. Sin embargo, la polarización que está produciendo requerirá todavía mayores esfuerzos e incrementa la urgencia por descifrar los signos de los tiempos. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

sábado, diciembre 19, 2009

Memoria proletaria 5: Apunte sobre el sindicalismo en México

El pasado 14 de diciembre se celebró el 95 aniversario del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME). Hecho que lo ubica como el sindicato más antiguo, o al menos como uno de los más añejos, que aún mantiene su existencia. Este 95 aniversario llama la atención porque se presenta en medio de uno de los conflictos más dramáticos que han tenido que sortear los trabajadores electricistas. Pero, pese a las condiciones en que la clase obrera celebra un aniversario más del SME, el acontecimiento también debe darnos pie a reflexionar más sobre el surgimiento de las organizaciones obreras, como clase, y en específico en una de sus formas más socorridas: el sindicalismo.

Según lo que señaló el abogado Alberto Trueba Urbina en su Nuevo derecho del trabajo y que ha retomado el doctor en derecho laboral José Manuel Lastra Lastra. Las primeras organizaciones de trabajadores surgieron casi al mismo tiempo que comienza el proceso de industrialización del país, es decir cuando surgen las primeras fábricas. Ambos autores dan cuenta de la fundación, en los años finales del gobierno de Benito Juárez, de la Sociedad Particular de Socorros Mutuos. Según algunas fuentes, se señala que dicha organización fue fundada por anarquistas que llegaron de Grecia y que se habían contratado como trabajadores de la industria textil. Ya a comienzos de la presidencia de Sebastián Lerdo (1872) de Tejada se fundó la primera organización de trabajadores gremiales. Poco más tarde, al final del mismo período presidencial (1876), se fundó la Confederación de Asociaciones de Trabajadores de los Estados Unidos Mexicanos.

Con el impulso que la dictadura de Porfirio Díaz (1876-1880 y 1884-1911) y el gobierno de Manuel González (1880-1884) le dieron a la industria ferrocarrilera, la Confederación se fortaleció hacia 1890 con la creación de varias organizaciones de trabajadores ferrocarrileros. No obstante, al igual que en muchas otras partes del mundo, el derecho de los trabajadores a la organización no fue reconocido de buenas a primeras por los capitalistas ni por el gobierno. Fue un derecho cuyo reconocimiento, literalmente, costó sangre.

Las condiciones de represión constantes, unas veces abierta y en otras velada, contra la clase obrera y el pueblo que caracterizaron la dictadura de Porfirio Díaz, sentaron las bases para el surgimiento de nuevas formas organizativas del proletariado mexicano. Al mismo tiempo esclareció que el camino para los trabajadores no era el de las simples demandas inmediatas, las demandas económicas. La lucha de los trabajadores solamente podría avanzar en función de generar avances políticos grandes. Tal como la creación de un gobierno democrático.

En ese marco fue que para el año de 1901 los hermanos Flores Magón (Ricardo, Enrique y Jesús), aceptasen la invitación de Camilo Arriaga para participar en el Congreso Liberal que se celebró en la ciudad de San Luis Potosí. Evento con el que prácticamente se originó el Partido Liberal Mexicano (PLM). Cinco años más tarde, los Flores Magón tendrían una participación central en la elaboración del programa del PLM y la fundación formal de dicho partido. En poco tiempo, los contenidos programáticos se difundieron por el país y dieron vida a importantes movimientos obreros como el de los mineros en Cananea, Sonora, así como entre los trabajadores de la industria textil en Orizaba, Veracruz. En esas poblaciones se realizaron en 1906 y 1907, respectivamente, huelgas que tuvieron repercusiones muy extensas en el país. Nada más para empezar, tales sucesos le permitieron al PLM obtener experiencias valiosas que le fueron útiles para formar cuadros políticos que difundieron el pensamiento político del programa liberal.

La historiografía tradicional suele cometer el error de menospreciar el papel del proletariado durante la revolución mexicana. Durante las primeras etapas de la revolución, es cierto que la clase obrera como tal no desplegó grandes movimientos, sino que se adhirió a las movilizaciones populares. Entre el inicio de los levantamientos armados en noviembre de 1910 y el ascenso al poder de Victoriano Huerta, destacó el papel de los obreros agrícolas, al igual que el de los ferrocarrileros que hicieron posible el avance de las tropas revolucionarias en el norte del país. A lo anterior hay que añadir que, por desgracia, se suele omitir la repercusión que tuvo la inmigración de trabajadores desde Europa. Ya en pleno gobierno de Francisco I. Madero, se fundó la Casa del Obrero Mundial (COM) en julio de 1912, una de las primeras agrupaciones sindicales con inclinación anarquista. En la creación de la COM participaron dos antiguos anarcosindicalistas españoles que habían militado en la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en su España natal. Me refiero a Francisco Moncaleano y Eloy Armenta. El objetivo de la COM era crear una unión federada de productores que hiciese posible una sociedad basada en la autogestión y coordinación de la producción de los trabajadores.

El proyecto de la COM fue bien recibido por el PLM, incluso algunos veteranos de dicho partido, como Antonio Díaz Soto y Gama o Manuel Sarabia, participaron activamente en la estructuración de la organización sindical.

Ya con Victoriano Huerta usurpando la presidencia de la república, la COM tuvo un papel bastante activo. A tal grado que introdujeron en 1913 la conmemoración del 1 de mayo a la memoria de los mártires de Chicago. Unos días después, el 25 de mayo se realizó un mitin en la COM que fue reprimido por la policía huertista y el encarcelamiento de los principales dirigentes. Además del arresto de los trabajadores se deportó a trabajadores de origen español que habían participado en la fundación de la Casa; José Santos Chocano, Eloy Armenta y José Collado. La creación de sindicatos auspiciada por la COM continuó su tendencia creciente, lo que motivó a Huerta a clausurar las instalaciones de la organización para finales de mayo de 1914. Lo cuál fue una medida desesperada del usurpador para recobrar el control político de la capital, pero fue demasiado tarde. Apenas un mes y medio después de la clausura de la COM se firmaron los Tratados de Teoloyucan (13 de agosto de 1914), con lo que un par de días después Victoriano Huerta debió abandonar la Ciudad de México y el país. Así, la reapertura de la COM fue posible el propio día 21 de agosto, poco menos de tres meses después de haber sido clausurada por la dictadura.

Durante el período de la Revolución marcado por el conflicto entre los Constitucionalistas y los Convencionistas, el proletariado como clase desempeñó un papel fundamental, en particular la COM. Al principio del gobierno provisional de Venustiano Carranza (1914) el estallido de huelgas en la Ciudad de México, principalmente entre los trabajadores de los tranvías de la compañía Mexico Trailways el 3 de octubre de 1914. Dicha huelga fue el origen del Sindicato de Obreros y Empleados de la Compañía de Tranvías (más tarde cambiaría su nombre a la Alianza de Tranviarios de México). Parte del éxito de los tranviarios se debió a que en aquellos meses, a la realización de huelgas de trabajadores en la capital se agregaron los ataques que la Convención de Aguascalientes comenzó en contra de los Constitucionalistas de Carranza. Hecho que desembocó en la huída del gobierno provisional carrancista hacia el puerto de Veracruz y la toma de la Ciudad de México por los ejércitos Convencionistas, que reconocían como presidente del país a Eulalio Gutiérrez.

El triunfo de los tranviarios motivó a los trabajadores electricistas de la Mexican Light and Power para que un par de meses después (el 14 de diciembre) lograran la conformación del Sindicato de Empleados y Obreros del Ramo Eléctrico. Una semana después, la organización obrera cambió su denominación a Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).

A diferencia de lo que supone la historiografía tradicional, sería un grave error concebir como fenómenos aislados a la Convención de Aguascalientes y a las huelgas obreras. Aunque en efecto, las conexiones directas fueron muy escasas el efecto combinado de ambas consiguió generar un efecto de inestabilidad lo suficientemente grande como para poner en peligro serio al gobierno de Venustiano Carranza. Tales circunstancias no fueron comprendidas por los Convencionistas, pero sí lo fueron por los carrancistas. Por eso es que rápidamente se enfocaron a atraer a las organizaciones obreras. Álvaro Obregón y Venustiano Carranza le dieron un gran apoyo a las organizaciones de trabajadores, a tal punto que para el 10 de febrero de 1915, la COM decidió participar del lado del Ejército Constitucionalista. Eso dio origen a los batallones rojos que lograron sendas victorias carrancistas en Tampico, Tamaulipas y El Ébano, San Luis Potosí, además de colaborar de manera crucial en las victorias de Obregón sobre Villa en las batallas de Celaya en abril de 1915. Es una verdadera pena que haya sido la facción revolucionaria más oportunista, la de Carranza y el grupo Sonora (Adolfo de la Huerta, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles) la que realmente haya tenido claro el papel estratégico que tiene la fuerza revolucionaria de la clase obrera. En cambio, las facciones más avanzadas, congruentes y consecuentes, las de Francisco Villa y Emiliano Zapata, despreciaron ese potencial de los trabajadores.

No se puede argumentar que Villa y Zapata estuvieron lejos de los medios que les permitiesen comprender mejor la capacidad del movimiento obrero. Ambos tuvieron en su círculo más cercano a veteranos miembros del PLM y partidarios del floresmagonismo. Librado Rivera, Antonio Díaz Soto y Gama y Manuel Sarabia fueron los más destacados seguidores del magonismo, pero además fueron personajes de acción que estuvieron cercanos a los revolucionarios de todas las facciones. Algunos tuvieron gran influencia en el zapatismo, a tal grado que los principales objetivos del Ejército Libertador del Sur fueron desarrollados de manera clara por el magonismo. El brazo derecho de Villa, el general Felipe Ángeles, fue un personaje con bastante influencia de los magonistas. Sarabia y el propio Díaz Soto y Gama influyeron en la fracción de diputados pro-obreristas del Congreso Constituyente de 1916-1917. De hecho, el artículo 123 de la Constitución de 1917 es un gran avance del movimiento obrero al cuál los carrancistas tuvieron que ceder.

Pero incluso dentro de los constitucionalistas, el papel de los trabajadores no era igual de claro para todos. Fue precisamente el denominado grupo Sonora, encabezado por Álvaro Obregón el que tuvo más claridad. Éste caudillo fue el que apoyó con mayor intensidad a la COM. De hecho intercedió para que tal organización se transformase en 1918 en la Confederación Regional de Obreros de México (CROM) con Luis N. Morones como primer dirigente. Además, Obregón apoyó la creación del Partido Comunista Mexicano en 1919. Mientras tanto, el mismo Venustiano Carranza, al reestablecer su gobierno en la Ciudad de México en 1916, no tuvo la capacidad para sortear mejor las huelgas obreras de aquél año que reprimir a los trabajadores y perseguir a los integrantes de la COM.

Como puede inferirse de la historia del sindicalismo en México, el potencial revolucionario de la organización obrera es grande, pero depende de que tenga una dirección que realmente se guíe por las necesidades de la clase obrera. La situación de los trabajadores electricistas agrupados en el SME al conmemorarse el 95 aniversario de su fundación, debe ser motivo que nos conduzca a recuperar este tipo de objetivos.

lunes, diciembre 14, 2009

Reyertas 68: Las de cal y las de arena

La entrega pasada (ver Reyertas 67: El Pepe) dediqué este espacio al triunfo de José Mújica en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Uruguay, el pasado 29 de noviembre. El panorama derivado de ese suceso tiene un potencial alentador para las clases oprimidas en el mundo. Aunque no es el único proceso electoral de América Latina y sería un error sobreestimar el caso uruguayo cuando en las semanas recientes han acontecido otras tres elecciones que, de manera formal, mantienen equilibrada la balanza.

Partiendo de dicha lógica, en el presente artículo abordaré el peso que representan las elecciones presidenciales en Honduras, Bolivia y Chile. Al respecto cabe hacer un par de acotaciones. Primero, que no se debe perder de vista que lo electoral no es lo único, ni muchas veces, lo más importante para comprender la lucha de clases a escala global. Es decir, la lucha de clases no se resuelve en las urnas. Pero sí representa un buen elemento de análisis, que sumado a los demás indicadores, nos puede señalar un poco cuál es el estado real de la lucha de clases en el mundo. Hacer un balance más completo sobre la situación, y el cómo ha evolucionado en el año reciente, es una tarea que requiere tomar en cuenta una mayor cantidad de elementos, mucho más allá de restringirse a unos cuantos procesos electorales, y que por tanto ya comenzaré a trabajar a partir de la próxima entrega para este blog. Por el momento, baste con mencionar las implicaciones de las elecciones mencionadas. En segunda instancia, es menester dar aviso de aunque el proceso hondureño y boliviano ya han disipado mucha del polvo que levantaron, al momento de entregar estas líneas para su publicación a penas se están llevando a cabo los conteos preliminares, mientras se dan a conocer las encuestas a boca de urna que realizan las empresas de sondeo.

Pero, vayamos por partes.

Como mencionaba al inicio del presente artículo, la de Uruguay fue una elección que podría servir como aliciente a los trabajadores latinoamericanos y del mundo. Lo mismo ocurre con el caso del resultado de la elección presidencial que se realizó en Bolivia el pasado 6 de diciembre: la reelección de Evo Morales. El que Evo haya obtenido más de 5.1 millones de votos, el 60% del total, significa que pese a los grandes aspavientos que hace la oposición proimperialista, en realidad el pueblo boliviano tiene claro que el proyecto de transformación que impulsa el Movimiento Al Socialismo (MAS) se apega más a sus intereses. Por cierto, para aquellos que dan por hecho que el movimiento popular está entrando en una fase de reflujo, Bolivia les da un mentís, pues además de la reelección el MAS obtuvo más de las dos terceras partes de los escaños en el Parlamento boliviano. Eso significa, que al menos en el plano de las formalidades institucionales, los proyectos socialistas tienen claro que no basta con ganar las presidencias. Hay que defender las transformaciones sociales desde el Congreso.

Al tomar en consideración el resultado de las elecciones uruguayas y el de las bolivianas, podría pensarse que, salvo algunos detalles que es preciso cuidar, el ascenso de las izquierdas está en plenitud. Por tanto, que la revolución internacional es un hecho que se encuentra a la vuelta de la esquina. Sin embargo, el lado opuesto se presenta con otras dos elecciones que se realizaron en el transcurso de las dos o tres semanas recientes: Honduras y Chile.

El caso hondureño es un suceso muy grave porque deja claro que la postura de Barack Obama no es lo benevolente que muchos idealizaron. Por el contrario, el primer presidente de origen étnico afroamericano en los Estados Unidos mantiene una política tan imperialista hacia América Latina como todos sus antecesores desde la época de James Madison (el cuarto presidente de los EE. UU. que gobernó de 1809 a 1817 y durante su gobierno le insinuó a la representación diplomática de los insurgentes mexicanos del gobierno de Miguel Hidalgo, que reconocería la independencia del territorio de la Nueva España si se anexionaban a la Unión Americana). El que la Secretaria de Estado, primero, y después todo el gobierno de Obama reconociesen las elecciones desarrolladas el 29 de noviembre, es una clara muestra de la estrategia de doble estándar que se manejará en EE. UU. al enfrentar los asuntos relacionados con América Latina. Por un lado el discurso y hasta algunas convenientes señales de respeto hacia la institucionalidad soberana de las naciones. Pero, por debajo del agua un apoyo que no escatima recursos para apoyar a los incondicionales rentistas locales de inclinaciones parasitarias. Esos rentistas son los mismos que han permitido que los grandes capitalistas de origen estadounidense saqueen a la pequeña nación centroamericana. A cambio no han recibido más que el privilegio del poder títere, es decir, de esa forma de mandar que solamente crea soberbia en quién la ejerce, pero que carece de una verdadera capacidad resolutiva sobre las decisiones políticas.

Pero no todo está perdido en Honduras. Es común que ante la derrota que hemos sufrido las izquierdas internacionales en la nación centroamericana, se sobredimensione el resultado. El triunfo electoral de Porfirio Lobo, no demuestra que todo esté perdido. Por el contrario, se exhibe que hay elementos que podrían explotarse para crecer sólidamente. No se olvide que, aunque en la actualidad Lobo es uno de los representantes más emblemáticos de la derecha militante en el Partido Nacional, sus primeros pasos en la política los dio dentro de la izquierda socialista, e incluso, con tintes procomunistas. Lobo fue de aquellos cuadros sobresalientes en Latinoamérica que fueron enviados a estudiar a las academias de Moscú. Ese pasado no le impidió al candidato triunfador en las elecciones hondureñas hacer un posgrado en una universidad estadounidense ya en la década de los años ochenta. El pensamiento político y la pragmática de “pepe” Lobo pueden haberse corrido hacia el conservadurismo proneoliberal. Pero, es notorio que gran parte del arsenal que emplea para convencer a las masas para que lo apoyen, son recursos aprendidos en sus años juveniles de izquierdista. Dentro de ese arsenal se cuenta la capacidad, es decir, la sensibilidad suficiente para adaptar su discurso a las demandas más sentidas de la sociedad y canalizarlas así en su beneficio. No debe subestimarse dicho elemento, pues éste combinado con la falta de imaginación de la izquierda hondureña que respaldó a Zelaya ha sido el elemento clave que está desarticulando a la resistencia antigolpista. Es precisamente en ese espacio abierto por Lobo entre la resistencia zelayista y el golpismo encabezado por Micheletti que la posición estadounidense ha encontrado las condiciones necesarias para descarar su apoyo en torno al golpismo. Es altamente probable que, conforme vaya avanzando el tiempo con el nuevo gobierno electo, muchas de las naciones que hoy niegan su apoyo a Lobo den un giro completo a sus definiciones políticas en forma gradual, como condición de las necesidades prácticas de las relaciones internacionales.

Los primeros resultados de la elección chilena dejan claro que el emulo chileno de Berluconi, Sebastián Piñera, tiene mayoría. Lo que en otras palabras significa que la derecha pinochetista ha aprovechado las tremendas fisuras que en estos años se crearon al seno de la coalición demócrata. Tal vez Michel Bachelet tenga una gran popularidad entre los chilenos, pero es evidente que su gobierno nunca se atrevió a cuestionar el modelo de libre mercado que se impuso desde los tiempos de la dictadura, por eso es que la Concertacesión por la Democracia quedó completamente fragmentada. Por un lado, el segmento más conservador de los demócratas, cuyo candidato, Eduardo Frei, será el que contienda en la segunda vuelta contra Piñera. Sin duda que de llegar al gobierno, éste último será un presidente con el que será indispensable mantener la guardia en alto y los puños listos ante cualquier ataque que lance este político. Recuérdese que la principal característica de Piñera es la de ser un personaje prepotente y provocador. Para colmo, contra lo que muchos izquierdistas que idealizan los procesos revolucionarios piensan, el ascenso electoral de Marco Enríquez-Ominami (hijo de Miguel Enríquez, el histórico dirigente del MIR), no es necesariamente un buen augurio. Por principio de cuentas, Marco no es Miguel y la distancia entre las posiciones congruentes del padre no se han puesto aprueba de forma suficiente en el hijo. En ese flanco habrá que darle el beneficio de la duda a Marco. Desde el otro lado, es una posibilidad muy tangible que la izquierda entre en una etapa de reflujo. La ruptura de la izquierda socialista con los demócratas del centro, implica una incapacidad manifiesta para profundizar las diferencias internas de la burguesía. Por el contrario, la agudización internacional de la lucha de clases ha conducido a que en Chile las facciones de la burguesía de mercado interno y la de libre mercado se vayan reencontrando como clase. Cosa que no necesariamente, aunque sí en lo deseable, lo hace el proletariado. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, diciembre 10, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 32:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(sexta de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

2.2.3 LAS FICCIONES.

Por otro lado, uno de los problemas que sacuden al concepto de realidad es el concepto de ficción, en tanto se le puede catalogar como un imaginario que a su vez influye en la realidad, ¿Cómo es esto posible? Veamos el asunto a detalle. Una ficción es una construcción mental, si todas ellas fueran plenamente reales, no habría diferencia con la realidad material, por lo que todo sería ilusorio. Si todas ellas fueran meramente imaginarias, ninguna se aproximaría a la realidad, por lo que el conocimiento sería imposible.

Ahora bien, dentro de la ontología que venimos sosteniendo toda ficción es un imaginario que sólo existe como una propiedad de los cerebros, por lo que su realidad es derivada y sus resultados son arbitrarios, pues podemos imaginar cuanto se nos antoje. Sin embargo hay tipos de ficción que no son arbitrarias: la matemática y la lógica pura, las cuales, al ser aplicables a la realidad, evidencian poseer cierto grado de realidad, superior a las demás ficciones, pero inferior a los objetos materiales por carecer de contenido, es decir, "nuestra posición distingue entre ficciones matemáticas, por un lado, y mitos, cuentos de hadas, especulaciones teológicas, pinturas abstractas, fantasías parapsicológicas y psicoanalíticas, así como filosofías de múltiples mundos, por el otro (Bunge, 2006:269).

Esto ocurre en tanto que los mitos, las pinturas abstractas y los cuentos de hadas son representaciones del mundo y no descripciones precisas sobre la realidad, las especulaciones teológicas, las fantasías parapsicológicas y las psicoanalíticas no hablan de objetos que influyan o sean influidos por otros objetos de manera clara, pues ángeles, dioses, superyoes y fantasmas son invenciones de nuestra mente, los cuales no poseen una claridad suficiente de su interacción con los demás objetos. A diferencia de las ficciones matemáticas que "son estrictamente disciplinadas y pueden utilizarse para pensar acerca de cualquier asunto epistémico" (Bunge, 2006:283), pues comparten ciertas regularidades con la realidad material.

Aun podría objetarse que Dios, “el inconsciente” o la telepatía influyen de manera directa, pero lo que realmente influye es la idea de Dios, los mecanismos cerebrales y la sugestión, todos ellos pueden ser explicados por la psicología y por una ontología consecuente como busca ser la nuestra.

En ese sentido, para distinguir la influencia directa de un objeto real como el sol y un objeto imaginario como Dios, bastará con conocer el mecanismo en cuestión (Bunge, 2006:188), es decir, mientras que la interacción del sol con la tierra posee mecanismos fisicoquímicos ampliamente conocidos por la ciencia, la interacción de Dios con el mundo es ambigua, pues cada religión defiende su propia concepción y ninguna explica el mecanismo en cuestión, por lo que la influencia de Dios radica en el uso que se le dé a este concepto en el comportamiento psicosocial.

Otro ejemplo, suele ocurrir que un placebo cure algún padecimiento y esto puede malentenderse como que es una medicina real en tanto influye directamente para curar. Pero el problema es que explicar el mecanismo de cura mediante un mero placebo resulta insuficiente. El mecanismo en cuestión consiste en la sugestión del individuo, la cual le hace pensar que se curó cuando sólo se está engañando o cuando es la propia sugestión la que lo cura. En otras palabras, el placebo no es una medicina real, en tanto no es capaz de curar, y el mecanismo en cuestión explica que lo que hay es un engaño o una cura por sugestión, es decir, un fenómeno psicológico.

2.2.4 LAS POSIBILIDADES

Por otra parte, el movimiento de la materia no ocurriría sin la apertura de una posibilidad, es decir, la energía de la materia se efectúa solamente cuando existen las condiciones suficientes para tal evento, pues la materia no puede moverse arbitrariamente, en ese sentido "puesto que admitimos la categoría de posibilidad real, debemos expandir el concepto de realidad y, con ello, nuestra cosmovisión, para incluir hechos posibles, junto con los hechos efectivos, los cuales a su vez pueden ser necesarios o contingentes (Bunge, 2006:314). Es decir, que el hecho de que la realidad se mueva no implica que cada posibilidad sea una realidad, sino que dentro de una infinidad de posibilidades, todas ellas dentro de líneas legales, ocurrirán algunas de ellas contingentemente. En otras palabras, solamente ocurrirá aquello que tenga posibilidades reales, es decir, dentro de aquellos elementos que sean compatibles con las leyes de la naturaleza, y dentro de este patrón se levanta un sinnúmero de posibles eventos, tales derivan de la contingencia que acontece por el movimiento de la materia.

Cabe mencionar que las líneas legales o leyes de la naturaleza, tales como la relatividad, la combustión o el crecimiento, no deben entenderse en el sentido jurídico, como si la naturaleza tuviera una voluntad, pues no son convenciones ni mucho menos imposiciones, sino que llamamos leyes naturales a las regularidades que logramos identificar y que por sí mismas hacen posible la organización de la materia en sus diversos niveles, es decir, que las regularidades son propiedades primarias y al percibirlas las llamamos leyes, por lo que también son propiedades secundarias, según vimos anteriormente (2.2.1).

Sin embargo, Bunge categoriza a la realidad efectiva como dividida en hechos necesarios y hechos contingentes (Bunge, 2006:314), lo que a nuestro parecer se contrapone a otro argumento del mismo autor, pues en otro lado argumenta que "sería absurdo negar que hay accidentes a todos los niveles, y en particular que la existencia humana es un tejido de accidentes y necesidades. Pero estos accidentes, lejos de ser caóticos, son cruces de líneas legales (correspondientes a las regularidades naturales)" (Bunge, 1981:51). Es decir, que mientras en la primera cita Bunge divide a los hechos en dos tipos, en el segundo opta porque cada hecho es al mismo tiempo necesario: al ser el cruce de al menos una ley con otra, y contingente: al ocurrir con cierta aleatoriedad espacio-temporal.

Nosotros optamos por esta segunda opción, pues un hecho absolutamente necesario caería en el determinismo, donde todo está predispuesto y por tanto no hay variabilidad, y un hecho absolutamente contingente sería caótico, en el sentido de no obedecer a ninguna ley natural. Ambas posturas son unilaterales, por lo que nuestra opción consiste en entender cada hecho como necesario en el sentido de que permite explicar la complejidad y estabilidad de las totalidades, y al mismo tiempo como azaroso en el sentido de que permite generar la variabilidad en el acontecer espaciotemporal. Por ejemplo: un accidente de tránsito es necesario en tanto la imprudencia de los conductores, la presión laboral y la tecnología de nuestro siglo producen un catalizador, y al mismo tiempo es contingente en tanto le ocurra a éste o aquél transeúnte.

Ahora bien, en contraparte con la posibilidad real existe la posibilidad conceptual (Bunge, 2006:316), en donde la primera reposa sobre hechos y la segunda sobre razonamientos, mientras la primera requiere de ciertas condiciones materiales, la segunda sólo de condiciones lógicas. Por ejemplo, un Pegaso es conceptualmente posible, pues basta con pensar un caballo alado, en cambio es realmente imposible, pues según las leyes biológicas los mamíferos no generan alas hechas con plumas. Otro ejemplo, un animal que tenga el cuerpo totalmente cubierto de pelo y al mismo tiempo esté pelón es una imposibilidad conceptual, pues ni siquiera es posible imaginarlo y esto implica una imposibilidad real per se.

Ante tales categorías aún podemos preguntarnos qué tan real es la posibilidad real, en contraste con los hechos. En ese sentido, las posibilidades no son objetos materiales, pero tampoco son meras conjeturas, sino que son disposiciones o potencias de la materia (Bunge, 2006:328), es decir, propiedades, por tanto son reales tan sólo de forma derivada. En otras palabras, las posibilidades reales son reales en menor grado que los objetos materiales, a su vez las posibilidades conceptuales son reales en menor grado que los conceptos y como éstos a su vez son menos reales que los cerebros de donde surgen: resulta que las posibilidades conceptuales son reales en un grado muy pequeño, pero al fin y al cabo reales.

De este modo, no es necesario inventar mundos alternos para explicar la naturaleza de las posibilidades, basta con ubicarlas en el nivel que les corresponda, según sean reales o conceptuales. Asimismo, los objetos materiales poseen el mayor grado de realidad y las propiedades son reales de manera derivada, según se ha expuesto continuamente.

2.2.5 LOS TRASCENDENTALES

Un trascendental es todo aquello que no puede ser percibido mediante la experiencia cotidiana, a su vez hemos visto que lo real es todo lo que influye o es influido por otra cosa (2.1), en ese sentido, todo lo que trasciende la experiencia inmediata es tan real como lo que sentimos directamente, en tanto pueda percibirse de algún modo. Por tanto, la posibilidad, el espacio-tiempo, las ficciones, los electrones y las naciones son reales (Bunge, 2006:341), siempre que se localice su grado de realidad.

Es decir, mientras que la posibilidad y el espacio-tiempo son propiedades de la materia, las ficciones son construcciones mentales, los electrones son objetos materiales y las naciones son conjuntos de objetos materiales incluyendo organismos pensantes como los humanos. En otras palabras, el grado de realidad de cualquier elemento no está en relación directa con el grado de cercanía con nuestra experiencia inmediata, pues podemos sentir aquello que no ocurre como en una alucinación y podemos jamás percibir algo tan real y fundamental como los electrones.

En otras palabras, las propiedades, el espacio y el tiempo, las ficciones, y las posibilidades son reales de manera derivada y por ello su realidad es menor que la de los objetos materiales. Y los trascendentales (aquellos que sobrepasan la experiencia inmediata) son tan reales como lo que tenemos a la mano, e incluso son más reales que la experiencia directa de las ilusiones.

2.3 LA RELACIÓN ENTRE MATERIA Y REALIDAD

Durante todo este capítulo hemos hablado de la realidad con base en el materialismo que explicamos en el capítulo anterior, ahora es momento de clarificar las relaciones entre realidad y materia.

Como ya vimos, nuestro autor define materia como aquello que puede poseer movimiento o energía (1.1), y realidad como aquello que es capaz de influir o ser influido por otro objeto (2.1). En ese sentido, desde un enfoque meramente conceptual, vemos cómo para que un ente pueda influir sobre otro necesita moverse y la propia energía es una capacidad de influir. De este modo "un objeto es real (o existe realmente) si, y sólo si, es material. (Más brevemente: Todos los objetos materiales, y sólo ellos, son reales.)” (Bunge, 1981:38). Sin embargo, habrá que aclarar que un objeto puede ser real y no material, ya que puede ser subjetivamente real (Bunge, 2002a:89), esto no es contradictorio, ya que al ser subjetivamente real implica que su realidad reposa sobre objetos materiales, como ya vimos (2.1).

Asimismo, nuestro autor sostiene que materialismo y realismo deben estar unidos para dar una mejor explicación de la realidad (Bunge, 2006:62), pues si solamente se es realista, cabe la posibilidad de tomar por plenamente reales a las ideas, por lo que la noción de lo real se aplicaría indistintamente a todo elemento y perdería su delimitación categorial. Y si solamente se es materialista, se corre el riesgo de considerar lo mental como una mera construcción sin influencia en la realidad, por lo que se subestimaría la importancia del pensamiento.

Además es de suma importancia entender que si bien todo objeto plenamente real es material y viceversa, tales conceptos no poseen una relación de identidad, pues algo puede ser real (en un grado mínimo) sin ser material como los imaginarios, es decir que, "los materialistas rechazarán el ficcionismo por no hallarse dentro de las posibilidades de control sólo si confunden el materialismo con el realismo" (Bunge, 2006:288). Esto es, mientras lo material abarca los entes que poseen energía y sus propiedades que los acompañan, la realidad abarca un espectro mayor, el que incluye todo cuanto pueda pensarse. En ese sentido, solamente lo que no ha acontecido nunca y tampoco se ha pensado nunca: es lo irreal, pues todo lo demás es real en mayor o menor grado, en la realidad material o como realmente concebido.

Finalmente, nuestro autor opta por combinar el materialismo emergentista con el realismo científico en una nueva denominación: el hilorrealismo (Bunge, 2006:380). Donde la explicación de cualquier entidad, propiedad o proceso disfruta de una óptima clarificación conceptual. Es decir que, aun cuando materia y realidad se refieran casi a las mismas cosas, no deben confundirse simplistamente, sino combinarse complementariamente en el hilorrealismo, el cual posee una explicación complejizada de la realidad. En otras palabras, no es suficiente con optar por el mero realismo o con el mero materialismo, pues el realismo podría serlo de las ideas y el materialismo podría admitir múltiples realidades, para que nuestra visión adquiera objetividad debe poder combinar el movimiento de los objetos (lo que define a la materia (1.1)), con la interacción que se genera(lo que define a lo real (2.1)).

Por lo tanto, el concepto de lo real complementa al de materia y nos brinda algunos de los instrumentos necesarios para conformar una ontología acorde con los conocimientos científicos y con grandes posibilidades para dar cuenta de cualquier acontecimiento en el universo, según nuestra postura. Sin embargo, aún nos queda un concepto fundamental para una ontología consecuente: la existencia. En el siguiente capítulo veremos los alcances del hilorrealismo de Bunge para responder a las preguntas existenciales más importantes.

(Continuará…)

lunes, diciembre 07, 2009

Reyertas 67: El Pepe

El triunfo electoral de “el Pepe” en las elecciones presidenciales uruguayas del pasado 29 de noviembre, no puede verse como el triunfo de un solo individuo o de un pequeño grupo integrado por la cúpula del Frente Amplio (FA). Independientemente del rumbo político que decida tomar el antiguo militante de la organización guerrillera Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), sería una gran mezquindad no reconocer que el principal artífice de la victoria electoral de la izquierda uruguaya fue el propio pueblo uruguayo. Además, dentro del propio pueblo hay que recordar que su principal componente es la clase obrera, los trabajadores que, ya sea en el campo o en la ciudad, viven de ofertar su fuerza de trabajo. La esperanza que tal suceso despierta entre los uruguayos es extensiva para el resto de América Latina. Es algo que viene muy bien después del revés que las izquierdas del mundo han sufrido en Honduras.

Es completamente razonable y cierto que un personaje aislado no puede ser elevado al rango de “el gran salvador” de la clase obrera. Partir de esa idea ha ocasionado que a cada paso los revolucionarios nos topemos con la pared infranqueable de una nueva política de tendencias contrarrevolucionarias. También es cierto que en los años recientes, “el Pepe” se ha comportado políticamente como un destacado funcionario del sector agrícola en el gobierno de Tabaré Vázquez. Gobierno que, por cierto, no se distinguió por su consecuencia con las necesidades democráticas de las clases subsumidas. Sino que en muchas ocasiones se limitó a continuar la línea esbozada por las instancias promotoras del libre comercio. Por ese simple hecho, agregado a la urgencia por evitar toda sobreestimación del individuo sobre la clase, es que al “Pepe” no se le puede entregar un cheque en blanco.

Sin embargo, pese a todas las objeciones que se pueda tener sobre el presidente electo de Uruguay, tampoco sería justo tildarlo como un enemigo más. Por el contrario, si algo demostró el pueblo hondureño durante el gobierno inconcluso de Manuel Zelaya, fue que hasta los empresarios más vinculados a los intereses de la burguesía librecambista pueden, eventualmente, radicalizarse lo suficiente para defender las demandas democráticas de las clases subsumidas. Pero ese pequeño detalle solamente es posible conseguirlo gracias a la movilización organizada del pueblo. El asunto es no caer en la trampa de sentir que el trabajo ya fue hecho y que se puede descansar de la ardua tarea de la participación activa de la sociedad. ¡En lo más mínimo! Al contrario, se trata de agregarle un salto de calidad a la organización: hacer que ésta posea inteligencia e imaginación.

La fuerza que da la cohesión las clases sociales oprimidas alcanza bien para radicalizar las posiciones de cierta parte de la burguesía que tiende a las posiciones democráticas. Sin embargo, avanzar en el contexto de una lucha de clases más agudizada, cuyo antagonismo comienza a hacerse claro, implica que la clase obrera desarrolle mucha mayor astucia. Sin ese elemento, lo que ocurrirá en Uruguay será lo mismo que ha ocurrido en tantas otras partes del mundo: un gobierno de izquierda que en lugar de posibilitar el avance de las fuerzas revolucionarias, lo inhibe. Dado el pasado de José Mújica ese es justo el riesgo que se corre en Uruguay.

Al igual que ha ocurrido con otras organizaciones que comulgaban con el socialismo y el foquismo al mismo tiempo, los tupamaros han venido suavizando sus posiciones de manera radical. La desbordada pasión que les impulsaba a ser los más fieros comunistas careció, con el tiempo, de los argumentos razonados que sustenten los objetivos a largo plazo y los defiendan del acoso que implica la obstinada vida cotidiana. Esto explica porqué Mújica y sus seguidores ahora festejan con gran emoción la línea que ha desempeñado Lula en Brasil, es decir, el llevar a cabo una política de conciliación entre clases que adormece cualquier clase de consciencia revolucionaria. Es cierto que un objetivo irrenunciable de la izquierda es el fomentar el desarrollo de las fuerzas productivas en beneficio de la sociedad, no del capital. Al igual que lo es la necesidad de unificar a aquellos que son distintos. Sin embargo, una cosa es cumplir estas condiciones y otra muy distinta hacerle el juego a la burguesía librecambista al hacer ver los avances como una concesión del gran líder y no como lo que en realidad son: el producto de la lucha de las clases subsumidas. Lucha que se expresa tanto en la organización política como en la propia realización cotidiana de las tareas productivas, es decir tanto en lo más grande como en lo más pequeño de la existencia. En su artículo El ejemplo a seguir es Lula ¡Grande Lula! Uniendo a los diferentes, del 13 de abril de 2009 y publicado en su blog Pepe tal cual es, Mújica deja claro que para él la promoción del desarrollo de las fuerzas productivas deja de ser un medio que impulse la consciencia de las clases oprimidas, para volverse un fin en sí mismo. Un fin que por cierto, de manera falaz se equipara con la abolición de la pobreza.

La única manera en que el pueblo uruguayo puede evitar la reedición de un Lula que por erradicar la pobreza terminó haciéndole un favor a la burguesía neoliberal, en lugar de abonar a la construcción de un proyecto que elimine de fondo las razones de la miseria al tiempo que se liquida a los proyectos de la burguesía más regresiva y nociva para la sociedad, es que el pueblo supere esa limitación invalidante de creer que la organización es omnipotente y que por tanto puede prescindir en absoluto de la razón. La pelota está en la cancha del pueblo uruguayo, y sí hay mucho que celebrar con la derrota de Lacalle, pero la verdadera lucha de los trabajadores uruguayos apenas va a comenzar, todos los ojos del proletariado mundial deben girar hacia Uruguay para comprender lo que pase allá, sea para bien o para mal. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

lunes, noviembre 30, 2009

Reyertas 66: Un sepulcro para ellos habrá que darles

Mientras redacto las siguientes líneas para su publicación en Asaltando la red se presentan los primeros resultados oficiales en los medios internacionales de comunicación sobre las elecciones presidenciales tanto en Honduras como en Uruguay. En ambos casos la tendencia que hemos señalado en anteriores entregas (ver Reyertas 65: Decisiones) se está cumpliendo. Por un lado, ya con el visto bueno del reciente premio Nobel de la Paz, Barack Obama, Lobo se perfila como el ganador y futuro presidente de Honduras. En cambio, Mújica se encuentra a poco de ser el próximo presidente de Uruguay.

En un futuro cercano tendremos la oportunidad de profundizar mejor tanto en el caso uruguayo como en el hondureño. Por ahora basta con referir que estas son las características específicas en que se desarrolla la lucha de clases en América Latina. El crecimiento de las expresiones de izquierda, por un lado, pero también la recomposición de las derechas, como su anverso.

Una muestra interesante de las tendencias que se manifiestan en la región es el de las izquierdas electorales mexicanas. Por principio de cuentas cabe recordar que desde hace más de 15 años los partidos de izquierda con registro político, principalmente el Partido de la Revolución Democrática, se divorciaron irreconciliablemente de las demandas de las clases subsumidas. El papel poco solidario con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), la mezquindad populista de los gobiernos perredistas con los habitantes del Distrito Federal, la espalda que se le dio al movimiento estudiantil universitario en 1999 (cuando el PRD traicionó a un movimiento que no se dejó manipular por dicho partido), la complicidad de sus congresistas con la contrarreforma indígena, la falta de solidaridad con el movimiento de Atenco, la incapacidad e ineptitud con que combatió los fraudes electorales en Oaxaca (2005) y en la presidencial (2006), nulo apoyo que se le brindó a la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), las traiciones que la propia dirigencia de ese partido le ha hecho al pueblo mexicano desde el Congreso de la Unión y la ausencia de una política de fortalecimiento de la lucha obrera-sindical, son las muestras más claras del autismo que el PRD ha exhibido frente a las luchas populares. Todo el sumario de agravios anterior viene a cuento porque el próximo fin de semana (5 y 6 de diciembre) en Oaxtepec, Morelos se realizará el XII Congreso Nacional del PRD. El lema de tal congreso (“Para la refundación del PRD”) demuestra que el divorcio de ese partido se ha extendido muy severamente, ya no solamente con los movimientos sociales, sino hasta de la propia realidad.

Resulta completamente irreal creer que ese instituto político podría siquiera convertirse en una opción que realmente represente los intereses de las clases subsumidas. De entrada es imposible que en dicho congreso salga una estructura partidaria funcional. Ni la facción lopezobradorista ni la de los chuchos podrán llegar a acuerdos programáticos reales, pues aunque ninguna de las dos está en condiciones de independizarse del partido (han generado una obsesiva dependencia hacia las estructuras de organización clientelar). Pese al esfuerzo que han desplegado en sus giras, los lopezobradoristas, no han conseguido crear una estructura organizativa sólida y experimentada que les permita mantener la lucha política. Aún el voluntarismo es moneda corriente entre las brigadas de partidarios de López Obrador. Por su parte, las alianzas creadas por Nueva Izquierda con los pequeños grupos de influencia local obligan a los chuchos a depender cada vez más del presupuesto que les entrega el Instituto Federal Electoral (IFE), pues solamente repartiendo dinero es como se han logrado aferrar a la dirección partidaria.

La redefinición del PRD como un partido socialdemócrata tampoco puede tomarse como algo serio. Si alguna forma de socialismo demostró en el siglo XX que es completamente inocua para el capitalismo, esa es la socialdemocracia. El excesivo pragmatismo, basado en la realización de pequeñas reformas con la finalidad de equilibrar las desigualdades en la sociedad, característico de esa corriente socialista le ha impedido plantear un programa serio de transformaciones sociales. Esas condiciones nos señalan una teoría política completamente laxa, demagógica y desarticulada. No se olvide que dentro de la propia Internacional Socialdemócrata conviven por igual expresiones políticas como el Partido Socialista francés, el Partido Social Demócrata Alemán, el Partido de la Revolución Institucional de México o el Partido Laborista de la Gran Bretaña. Como se aprecia, en realidad no hay una verdadera unidad en torno a un proyecto de transformación de la humanidad que construya sobre las bases de la equidad social.

Pese a que la defunción del PRD es un hecho consumado, la permanencia de ese cadáver insepulto en la palestra política nacional es posible gracias a que en realidad no existe una alternativa electoral de izquierda. El Partido del Trabajo (PT) no ha dejado de ser una organización oportunista completamente aislada de los trabajadores. La improvisación, al igual que en el caso del lopezobradorismo, es la divisa de los petistas. Una organización sin el mínimo interés en la formación de cuadros y que reproduce demasiados de los viejos vicios del corporativismo. El PT ha basado su estructuración orgánica en la cooptación del movimiento territorial por la vivienda, el cuál puede tener demandas muy loables, pero en términos objetivos es un tipo de organización social que desarrolla el corporativismo en lo orgánico, pero el anarquismo en las propuestas políticas.

Convergencia por la Democracia va en el mismo sentido con el agravante de ser la franquicia de un solo individuo, Dante Delgado Rannauro. Aunque debe reconocérsele a dicho partido que ha sido el más apegado a la línea implantada por el peje y la Convención Democrática Nacional.

Hasta hace unos meses, la otra alternativa electoral de izquierda era el Partido Socialdemócrata (PSD). Sin embargo, el fracaso de dicha opción electoral se debió a la terquedad por apostar a ser el partido defensor de los intereses de la pequeña-burguesía ilustrada, esa que quiere dice reivindicar un proyecto de izquierda moderna y tolerante. Pero que en la práctica es la claudicación de cualquier lucha. Además de la evidente predisposición de su dirigencia a traicionar las demandas de la sociedad realizando acuerdos inconfesables con la parte más oscura del PRI y de los chuchos, la militancia del PSD carecía del desarrollo ideológico, de la disposición a la lucha que llega hasta sus últimas consecuencias. Algo a lo que sí están dispuestos los partidos de la derecha.

El que el PRD sea un cadáver podrá ser una noticia que festejen muchos de sus detractores de derecha y de izquierda, pero en realidad implica una verdadera catástrofe para todas las izquierdas. La necesidad de una opción electoral que abra el campo a las demandas sociales es indispensable, se trata de ampliar los medios de lucha mientras se van estrechando las demandas programáticas, no lo contrario. Urge la conformación de una verdadera organización de las izquierdas, pero comprendiendo que ésta no podrá darse en los abstractos términos de la “unidad a toda costa”, como se hace en el PRD; sino que solamente puede ser posible en el plano del trabajo concreto, la negociación amplia y la discusión de las diferencias (el pragmatismo de trabajar solamente sobre los acuerdos no ha hecho más que conducir a naufragios gigantescos). La primera tarea de las izquierdas que no descartan la lucha electoral será la defensa de los trabajadores, lo que por supuesto incluye la defensa de los electricistas del Sindicato Mexicano de Electricistas, pero va más allá. Por principio de cuentas, nada más a la defensa de los derechos contenidos en la Ley Federal del Trabajo, no es posible dejar que se legalicen prácticas como los contratos de prueba, la subcontratación y demás linduras de la política laboral neoliberal. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

jueves, noviembre 26, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 31:

Materia, realidad y existencia en Mario Bunge

(quinta de nueve entregas)

Por: Sagandhimeo

CAPÍTULO 2

INTRODUCCIÓN

Una ontología materialista integral no puede limitarse al concepto de materia, pues si bien se sostiene que todo objeto que pueda moverse es material, no queda claro en qué medida lo material es real. En el presente capítulo se clarificará qué se entiende por realidad, qué elementos son reales y en qué medida lo son, y finalmente, la relación que guarda la realidad con la materialidad. De este modo, se complementará la investigación del capítulo precedente y se profundizará en una ontología (el materialismo científico) que dé cuenta de la realidad y de su materialidad de modo coherente.

2.1 DEFINICIÓN DE REALIDAD

Sobre qué sea real requerimos primeramente de un criterio, lo cual es sumamente difícil pues no podemos salirnos de la realidad para verificarla, en todo caso sabremos que algo es real si podemos percibirlo, pero es aventurado partir de la mera percepción pues caeríamos en un subjetivismo, es decir, en creer que existe sólo aquello que se relaciona con el receptor.

Para nuestro materialismo científico la situación es más compleja, pues en todo caso antes de existir receptores conscientes como los humanos ya existía el universo, por tanto el criterio no puede ser la percepción, sino algo más amplio como lo es la influencia, es decir, "para que una cosa --exceptuando el universo-- sea real es suficiente (aunque no necesario) que influya sobre otro objeto o sea influida por éste. La primera disyunta [que influya sobre otro objeto] hace lugar a los sujetos (cognoscitivos). La segunda disyunta [que sea influido por éste] es necesaria para hacerle lugar al universo como totalidad, el cual aun cuando no sea influido por cosa alguna, está compuesta por entidades reales." (Bunge, 2002a:90). Entendiendo por "influir" el hecho de poder cambiar el estado de un objeto, es decir, moverlo.

Un ejemplo sobre el influir lo encontramos en Hacking, pues para saber si un objeto tan imperceptible como un electrón es real, requerimos de un experimento en el cual podamos afectar al elemento en cuestión, inclusive con el simple hecho de arrojarlo hacia algo, es decir, “hasta donde a mí concierne, si se puede rociar algo con ellos, entonces son reales” (Hacking, 1996:41). Donde rociar significa lanzar un haz de electrones sobre ciertas partículas.

En otras palabras, si definimos lo real como aquello que influye sobre otro objeto poseemos un método para conocer la realidad de cualquier entidad y si también incluimos que tal objeto pueda ser influido para ser real estamos incluyendo al universo como totalidad, pues de otro modo tendríamos que suponer que existen objetos aislados o pretender que la suma de todo cuanto existe es irreal.

Podría objetarse que existen objetos que no pueden influirse y que son reales, como una galaxia o la tabla de los elementos. Sin embargo que nosotros no influyamos sobre una galaxia no significa que ésta no interactúe con su entorno y dentro de sí y la tabla de los elementos no puede influirse pues es un mero constructo mental, el cual hemos formulado mediante nuestros cerebros, los cuales se encuentran en permanente interacción. Es decir que, un objeto es real si posee interacción con al menos otro objeto, pues de otro modo se encontrará aislado del mundo y esto evidenciará que es una mera idea en nuestra mente, que es real tan sólo como idea.

En ese sentido, postular la realidad de objetos aislados es lo mismo que no postular nada, pues no existe forma de percibir su interacción, y por otra parte, nadie en la cotidianidad se atrevería a asegurar que todo es una ilusión y en todo caso, para que haya ilusiones requerimos de una realidad para contrastarlas, además de que es inconsecuente afirmar que los componentes de una totalidad son reales y que ésta no lo es.

Ahora bien, la segunda postura posee cierta solidez, pues a pesar de que las ilusiones no existen sin una realidad como base, éstas también son reales, pero en un sentido distinto, es decir, son reales en tanto que ocurren, pero son irreales en tanto que aparentar ser algo que no son, “se trata de hechos, pero ocurren en el cerebro en lugar de en el mundo exterior” (Bunge, 2006:50). Por ejemplo, si escucho un zumbido puedo creer que hay una abeja cerca, si una abeja lo produce es un sonido plenamente real, en el sentido de que influye sobre mí, pero si no hay ninguna abeja o ningún otro elemento externo que produzca el sonido: significa que mi cerebro o mi oído lo están produciendo, por lo que el fenómeno existe, pero sólo como ilusión, pues no hay influencia de nada externo hacia mí. Otra forma de ilusión sucede con la distorsión de los sentidos o las sensaciones, como cuando hay una disfunción cerebral y se toma por real lo que la mente produce, o cuando un objeto se ve de forma distinta de la que posee por encontrarse dentro del agua.

Es decir que, la realidad puede dividirse en dos grados: "un objeto es objetivamente real si existe independientemente de todos los sujetos cognoscitivos (o sea, en los mundos externos a ellos). Un objeto es subjetivamente real si existe sólo como parte de una experiencia subjetiva de algún sujeto" (Bunge, 2002a:89). En otras palabras, tanto los objetos materiales como los fenómenos psíquicos son reales, pero mientras los primeros son reales por sí mismo, es decir, en tanto influyen sobre otros; los segundos lo son en tanto fenómenos psíquicos, ya que su contenido es aparencial, pues no es capaz de influir directamente sobre otro ente.

Para Hacking (1996) lo objetivamente real de Bunge coincide con su formulación de aquello que pueda rociarse que mencionamos unas líneas arriba y lo subjetivamente real como el sentimiento del odio no sería real, ya que no puede examinarse directamente, lo que sería real para Hacking consiste en los procesos cerebrales que desencadenan el odio, ya que éstos pueden detectarse experimentalmente. Por todo esto ambos autores coinciden en lo fundamental.

Sin embargo, existen una postura que hace énfasis en los fenómenos o apariencias: "el fenomenismo ontológico es el punto de vista que afirma que sólo existen los fenómenos: que todo es un montón de apariencias para alguien y que todo cambio es una experiencia humana" (Bunge, 1999:68). Posturas como ésta se sostienen debido a que nuestra única interacción con el mundo es mediante nuestros sentidos, pero no debe confundirse el instrumento con el campo, pues una cosa es que sólo podamos conocer el mundo mediante las sensaciones que nos produce y otra que sólo existan éstas. Para salir de tal embrollo tenemos a la ciencia, con la cual, es altamente posible aproximarnos a la realidad fuera de nuestra subjetividad, pues la objetividad de la ciencia parte de instrumentos rigurosamente controlados. Es decir que, podemos conocer la influencia de una entidad sobre otra independientemente de un sujeto que la perciba, aun cuando haya hechos imperceptibles.

Por lo tanto, el enfoque que hemos estado defendiendo es el realismo, "o el punto de vista que afirma que hay hechos imperceptibles y que algunos de ellos se pueden conocer". (Bunge, 1999: 69). Pero no basta con ésta definición, pues comúnmente se opone el realismo al idealismo, es decir, el primero que deriva las ideas de la realidad y el segundo que deriva la realidad de las ideas; tal distinción es defectuosa, pues el idealismo al afirmar que todo deriva de las ideas está afirmando implícitamente que lo real son las ideas, es decir que, "El realismo idealista (o metafísico o platónico) identifica la realidad con la totalidad de las ideas eternas y sus sombras concretas, aunque vagas, y cambiantes" (Bunge, 1999:69).

Es decir, que para éste realismo lo primordial son las ideas, el problema es que las ideas son por definición meras formas, ya que son abstracciones, si su realidad radica en otras ideas la forma se queda sin contenido y la realidad estaría vacía. Para que las ideas posean realidad requieren de un contenido que no sea otras ideas, sino algún material que pueda llenarlas. Ahora bien, para que tal contenido sea real requiere poder influir directamente sobre otros elementos, es decir que, requiere poder cambiar. Por lo tanto, las ideas requieren de elementos materiales para ser reales y sólo lo serán de manera derivada, en tanto posean un contenido real, es así como el realismo idealista carece de fundamento, "en contraste, el realismo científico identifica la realidad con el conjunto de todas las cosas (...) que pueden cambiar de una forma u otra. Según el realismo científico, las ideas, lejos de existir por sí mismas, son procesos que ocurren en la mente de algunos animales" (Bunge, 1999:69). Es decir, que sin negar la realidad de las ideas, podemos ubicarlas dentro de los cerebros, en donde no son reales por sí mismas, sino porque alguien las piensa.

Además, "no estamos definiendo como existencia independiente del sujeto (...) porque las creaciones humanas no se actualizan sin intervención humana (...) porque también los sujetos de conocimiento son reales" (Bunge, 1981:38). En ese sentido, el hecho de que nuestro pensamiento sea una abstracción no implica que es irreal, pues ya hemos argumentado que es real de manera derivada; sino que todo ente es real, siempre que se delimite si es real por sí mismo como los objetos materiales o de manera derivada como los objetos ideales. Así por ejemplo, a la pregunta "¿hace ruido el árbol que cae en un bosque remoto donde no hay quien pueda oírlo?" (Bunge, 2006:68), responderemos que hubo un sonido puesto que provocó sus respectivas ondas y por tanto influyó sobre otros objetos, pero no hubo sonoridad en tanto que no hubo un sujeto que lo escuchara, de ese modo la realidad no depende del sujeto sin negar que poseemos influencia sobre la misma.

Por otro lado, así como la suma de los objetos materiales constituyen el universo, la suma de los objetos reales constituyen la realidad, es decir que, "la realidad es el conjunto de todos los objetos reales (...) puesto que se ha definido como un conjunto, es a su vez irreal, ya que los conjuntos son incapaces de influir cosa alguna" (Bunge, 1981:37). Cabe mencionar que aquí nuestro autor no habla de la realidad como un conjunto material semejante a un organismo, sino de un conjunto conceptual, es decir, de la abstracción general que resulta de clasificar los objetos singulares. Es decir que, dentro de un materialismo consecuente, no podemos hablar de categorías autónomas, pues cualquier entidad posee un referente material, por lo que si hablamos de la suma de todo lo real (la realidad), tendremos que hacerlo en función de sus componentes, nunca en abstracto.

Asimismo, el hecho de que la realidad sea un conjunto implica que ningún ente es real por sí mismo, pues "los componentes de un sistema real son reales, pero no lo son de manera independiente" (Bunge, 2006: 52), esto ocurre porque todos los objetos están conectados por la red espacio-temporal que se abordó en el capítulo anterior, y porque por definición todo objeto requiere necesariamente de al menos otro objeto para influir o ser influido. Diremos pues, grosso modo, que todo objeto es real porque participa de la realidad de los demás objetos.

En resumen, la realidad es la suma de todos los objetos reales, los cuales a su vez lo son porque pueden influir o ser influidos por otros objetos, ya sea de manera directa como los objetos materiales o de manera derivada como las ideas y apariencias. Esto implica que la realidad es algo más que lo que existe fuera del sujeto y que lo que está dentro del sujeto también es real.

2.2 ALGUNOS PROBLEMAS EN TORNO A LA REALIDAD

Una vez que se ha clarificado qué es la realidad y qué es un objeto real, es momento de abordar algunos problemas que surgen en torno a ello, tales como la realidad de las propiedades, la ficción, la posibilidad, las capacidades, los trascendentales y los conceptos.

2.2.1 LAS PROPIEDADES.

Hemos visto que las propiedades no son materiales por sí mismas, sino porque las poseen objetos materiales (1.2), a su vez las propiedades no son reales por sí mismas, sino de la misma manera derivada, es decir, "las propiedades, relaciones y cambios de cada uno de los objetos materiales, son reales sólo de un modo derivado: en términos estrictos, se trata de abstracciones" (Bunge, 2002a:90), además dentro del realismo "hay dos tipos de propiedades: primarias o independientes del sujeto y secundarias o dependientes del sujeto" (Bunge, 2006:68), esto ocurre en tanto que nuestra percepción de las cosas no es idéntica a las cosas mismas. Por ejemplo una propiedad primaria de la materia es el tamaño, la cual concebimos secundariamente como volumen percibido. Otro ejemplo, el amor es una propiedad relacional secundaria, derivada de la propiedad primaria de la afectividad biopsicosocial.

En otras palabras, las propiedades primarias son reales de manera derivada, pues lo son en tanto pertenecen a objetos materiales y las propiedades secundarias son reales en menor grado aun porque se derivan de otras propiedades; pero su complejidad puede ser mayor, en tanto se componen tanto de las propiedades de la materia, como de las propiedades emergentes que surgen en su interacción con el cerebro.

2.2.2 EL ESPACIO Y EL TIEMPO

Otro caso de propiedades primarias lo son el espacio y el tiempo. Por ejemplo, un lápiz es un objeto real, en tanto influye sobre otros objetos como un papel, el espacio que ocupa el lápiz no es real por sí mismo, sino de manera derivada: lo que es real es el lápiz "espaciado", además la magnitud de la distancia que percibimos en el lápiz no es real por sí misma, sino derivada a su vez del espacio que ocupa el lápiz. Por otro lado, una explosión nuclear es un fenómeno real en tanto influye sobre los objetos que están a su alrededor, el tiempo en que ocurre no es real por sí mismo, sino derivado de la sucesión de eventos que provoca tal explosión y la sucesión percibida es real de manera derivada de la sucesión de eventos. En otras palabras, el espacio y el tiempo son reales de manera derivada en tanto propiedades de los objetos. Y nuestra percepción de los mismos es real en tanto deriva de tales propiedades, por lo que es real en menor grado aún.

martes, noviembre 24, 2009

Reyertas 65: Decisiones

…Y el futuro nos alcanzó. A unos días del fatídico 29 de noviembre, la suerte parece echada en América Latina. Ese día en Honduras se realizarán las elecciones presidenciales en las que saldrá el sucesor de José Manuel Zelaya, al tiempo que en Uruguay se realizará la segunda ronda electoral, acto en que se definirá al sucesor de Tabaré Vázquez como presidente de aquella nación sudamericana.

En el caso hondureño la burguesía parasitaria de libremercado, es decir aquella que no hace más que vivir tanto de la explotación de los trabajadores mediante las alianzas que tiene con los grandes capitales trasnacionales, está a un paso de conseguir su tan ansiado objetivo. Erradicar cualquier posibilidad de un gobierno le reste privilegios. Todo eso a costa de los propios trabajadores hondureños, tanto del campo como de la ciudad. Los antiguos terratenientes apoyados por los militares de Romeo Vásquez y que tienen como cara visible a Roberto Micheletti se están saliendo con la suya. Mientras Zelaya hace huesos viejos en la embajada brasileña en Tegucigalpa, los golpistas pueden darse el lujo de prometer que el gobierno de facto dejará libre unos días el gobierno. La descarada maniobra del golpismo parece ser la puntilla en contra de las movilizaciones que la izquierda ha impulsado como repudio al conservadurismo que predomina a la sociedad hondureña.

Para colmo de males, el propio gobierno de Barack Obama ya comenzó a ceder en favor de los golpistas, tal cómo se esperaba cuando varios de sus propios funcionarios están metidos hasta el cuello detrás de los empresarios librecambistas de Honduras. No se olvide que en 1998 el actual embajador de Estados Unidos en la nación centroamericana fue uno de los principales negociadores en la integración del malogrado Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Por cierto, que no fue fácil echar abajo dicha propuesta, pues la burguesía parasitaria de America Latina ya se veía favorecida por los grandes negocios que iba a realizar al estrechar, aún más, sus vínculos con el capital extranjero. Para la oligarquía terrateniente latinoamericana esa alianza es estratégica porque le permite potenciar su dominio sobre los habitantes de la región sin tener que arriesgar un solo centavo.

El hecho de solamente existir a estas alturas dos candidatos con posibilidades de ganar las elecciones del próximo día 29 de noviembre, Porfirio Lobo (del Partido Nacional y Elvin Santos (del Partido Liberal, el mismo en que militan Micheletti y Zelaya), o que el opositor esté al frente en las encuestas, con cosas que pasan a segundo término. No se trata de problemas de barandilla, tal como quisiera que se redujese el señor Micheletti, sino de la cancelación de un futuro para Honduras. Pero una cancelación que podría extenderse hacia el resto de América Latina e incluso hacia el resto del mundo. A pesar de su talante como político oportunista, José Manuel Zelaya fue destituido nada más por pretender reformas democratizadoras. Resulta absurdo que a unos meses del final de su gobierno, un congreso constituyente lograse elegir a sus integrantes, redactar una constitución, convocar a elecciones, realizar todo el proceso electoral y definir a los funcionarios del gobierno. Todo lo anterior en menos de cinco meses. ¿Quién en su sano juicio realmente creería que eso implicaba la perpetuación de Zelaya en el poder?

Definitivamente no. Tanto el fallo del poder judicial como el congreso hondureño demostraron que su actuación fue por consigna. Lo cuál no es raro si se observa que detrás de muchos políticos y ministros de justicia se encuentran los intereses de la familia Flores Facussé, comenzando por el expresidente Carlos Flores Facussé. Debe reconocérsele a esa oligarquía terrateniente hondureña que ha sabido sortear los embates de los partidarios de Zelaya, de manera que a cada movimiento de los zelayistas en que logran cierta ventaja, los empresarios responden con algún tipo de treta que les regresa la ventaja política. En los últimos días, el consenso mundial para desconocer las elecciones presidenciales convocadas para el 29 de noviembre ha sido roto gracias a que Roberto Micheletti le dio a Estados Unidos el pretexto que necesitaba: prometió ausentarse del poder unos días. Así, a justo menos de una semana de realizarse los comicios, las esperanzas para echar abajo al golpismo se van reduciendo. Si Lobo o Santos ganan las elecciones el problema no se resolverá, pero la vía democrática se estará cancelando. Ahora bien, la disyuntiva es precisamente que tan dispuesto (primero) y que tan madura (después) está la organización de los trabajadores en Honduras. De lo anterior depende que escenario se haga real. Desde la simple acumulación de una ofensa más en contra del pueblo, hasta el brote de focos guerrilleros al más puro estilo guevarista.

El asunto hondureña, como he señalado anteriormente, es un problema que atañe a toda América Latina, sobre todo considerando que a la zona se le toma como la cabeza o mejor dicho la región en que más progresos ha tenido la renovación de la izquierda. Pese a que la posible recuperación económica promete alargar el ciclo económico largo, y con ello las posibilidades revolucionarias de los pueblo, si no se resuelve de mejor manera el asunto hondureño la regresión podría adelantarse. Basta con mirar lo que está aconteciendo en Nicaragua para comprender que la reacción se está fortaleciendo ya no exclusivamente en Honduras, sino más allá de ésta. Claro que Daniel Ortega ha dado demasiados pretextos, pero aún así las manifestaciones del pasado 21 de noviembre no deben despreciarse.

Al sur del continente nos encontramos con otro evento que el 29 de noviembre podría implicar un viraje en la correlación de fuerzas en América Latina: la segunda vuelta de la elección presidencial en Uruguay. Más allá de que José Mújica formó parte del gabinete del malhadado Tabaré Vásquez, lo cierto es que el candidato del Frente Amplio (FA) representa la única alternativa electoral que tienen los trabajadores. Una alternativa que solamente podrán hacer efectiva para la clase obrera en función de no relajar la movilización, sino en incrementarla.

Los sondeos que presentan diversos medios de comunicación sobre la elección uruguaya señalan que Mújica le lleva a Luis Alberto Lacalle (candidato del Partido Nacional) entre 8 y 10 puntos porcentuales. No se olvide que en la primera ronda, realizada el 25 de octubre pasado, el candidato del FA obtuvo 3l 48.16% de la votación, mientras que su contendiente del próximo domingo 29 consiguió apenas el 28.94%, casi 20 puntos porcentuales menos. Por si fuese poca la ventaja que ha tomado Mújica, en las elecciones de octubre el Frente Amplio alcanzó la mayoría tanto en la Cámara de Senadores como en la Cámara de Diputados. De tal modo que la izquierda tendrá mayoría.

Sin embargo, cabe reflexionar que aún ganando las izquierdas podrían perder con Mújica. La desmovilización de los trabajadores para dar paso al avasallamiento de la persona, de la gran figura es uno de los principales riesgos. Aunque debe tomarse en cuenta que las formas de movilización populares no pueden ser las mismas durante la campaña electoral que ya en pleno ejercicio de gobierno. Se requiere de formas más conscientes, menos desgastantes y más efectivas.

Como he señalado en ocasiones anteriores, la clase obrera se encuentra en un momento decisivo en la historia. O la oleada renovadora se transforma para dejar atrás el voluntarismo y el culto a la improvisación, o tendrá que volver a padecer una etapa de sojuzgamiento ante la recomposición de los grandes capitalistas mundiales. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

domingo, noviembre 22, 2009

Memoria proletaria 4: La revolución del pueblo, la vigencia de octubre de 1917

Con mucha frecuencia los camaradas que aspiramos al triunfo de una revolución encabezada por la clase trabajadora solemos sobrestimar el papel de los grandes dirigentes que encabezaron la revolución rusa de 1917. A Lenin se le considera un santo omnipotente o cuando menos omnisciente. Según sus más fieles apologetas nunca tuvo errores y su único defecto fue el no ser inmortal.

Respecto a León Trotsky (Lev Davidovich Bronstein) y a José Stalin (Iósif Visariónovich Dzhugashvili), ambos resultan polémicos. Según desde el punto de vista del que se les vea serán o los grandes villanos traidores a la revolución o los grandes salvadores de la revolución. Los partidarios de Stalin, los estalinistas, no paran de señalar a Trotsky como un intelectual pequeño-burgués que traicionó a la revolución al pretender revisar la teoría marxista con el propósito de justificar su entronización como sucesor de Lenin. En cambio ven a Stalin como el gran formador de la organización que permitió rescatar la revolución en un solo país.

Por su parte, los trotskistas conciben que la revolución rusa traicionó los ideales del proletariado en el momento en que Stalin ascendió al poder. En grado extremo, plantean que el sucesor de Lenin fue el responsable del derrumbe de la Unión Soviética en 1991, pues al apropiarse para sí mismo del poder se convirtió en un agente de la burguesía. El resultado fue la simulación de un Estado obrero cuando lo que en realidad existía era un Capitalismo de Estado. A cambio de lo anterior, Trotsky siempre fue el personaje que representaba la razón pura. Sin embargo, la envidia burguesa de Stalin, convirtió a aquél en la principal víctima del estalinismo.

Tanto para estalinistas como para trotskistas todos los problemas de organización en el primer experimento por crear un Estado obrero provenían del otro. Así, Lenin nunca fue cuestionado. Gracias a esta forma de comprender la historia de los trabajadores, tanto estalinistas como trotskistas y leninistas consiguieron disipar la nueva forma de concebir la historia para fortalecer el personalismo de los grandes próceres que caracteriza a la historiografía burguesa.

El 7 de noviembre de 1917 (según el calendario gregoriano que ahora predomina en el mundo, 25 de octubre según el calendario juliano) estalló la insurrección de San Petesburgo (Petrogrado), evento decisivo en el triunfo de la revolución bolchevique. Justo en ese momento la revolución menchevique de febrero de 1917, encabezada por Aleksandr Kerénsky, se extinguió definitivamente. Los ocho meses en que los socialdemócratas que pretendían continuar con la política del zar que sacrificaba al pueblo con tal de vencer en la Primera Guerra Mundial, para saldar las deudas de Rusia con Inglaterra y Francia. Kérensky prometió abandonar la política de sacrificio del pueblo ruso para favorecer la reconstrucción de la nación, comenzando por las condiciones de producción alimentaria. No obstante, ya en el poder pronto fue claro que no estaba dispuesto a cumplir con sus promesas. La Revolución de febrero solamente había servido para derrocar al zar, pero colocando en el poder a un personaje decidido a gobernar con formas muy similares.

La Revolución de Octubre fue posible solamente gracias a la actuación del pueblo ruso organizado. Es cierto que personajes de la talla de Lenin encauzaron esa actuación, pero si los mismos trabajadores rusos no hubiesen percibido como una necesidad histórica las propuestas de Vladimir Ilich Ulianov, esta revolución simple y sencillamente no habría sido posible.

En la presentación recomendada es posible apreciar, en las fotografías que la integran, la gran disposición de los trabajadores rusos para hacer triunfar la Revolución de Octubre. Los dirigentes bolcheviques eran arropados por las personas que integraban la clase obrera.

Mucho se ha escrito sobre las huelgas, mítines, piquetes y revueltas que el proletariado realizó en las ciudades. Incluyendo la misma participación de los militares que se solidarizaron con su propia clase en lugar de ser parte de la represión burguesa y de la zarista. Además de las insurrecciones de campesinos, que conformaban el 80% de la población rusa, aunque no necesariamente la porción social que más peso económico tenía.

El primer intento por conformar un Estado obrero, un Estado socialista que superase las deficiencias del capitalismo y le diese acta de defunción a la burguesía, con ello a fenómenos de desigualdad como la explotación y opresión, fracaso de manera estrepitosa en 1991. Sin embargo, es un hecho cada vez más evidente que en varias partes del mundo la instauración de un nuevo Estado obrero, la urgencia por experimentar una nueva forma de organización de la sociedad, va en crecimiento.

Incluso en la propia Rusia, baste con ver en los diarios que el pasado 7 de noviembre las autoridades rusas fueron avisadas de que ese día se organizarían 479 mítines en toda esa nación para conmemorar el 92 aniversario de la Revolución de Octubre. El resultado es que el número de participantes en este tipo de conmemoraciones viene en aumento, al menos en 2009 se reportó que en esos 479 eventos participaron más de 154 mil personas, cifra muy superior a las de la década anterior. Pero esto no solamente ocurre en Rusia, también pasa en toda Europa del Este, las celebraciones por el 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín ocultó que viene creciendo el fenómeno de la Ostalgie (neologismo construido a partir de los vocablos alemanes Ost=Este y Nostalgie=nostalgia, es decir nostalgia por el este). Aunque aún muy débiles, son manifestaciones de descontento social por la reimplantación del capitalismo. Con mayor fuerza los experimentos socialistas podrían surgir en otras partes del mundo, especialmente en América Latina. Pero para no cometer los mismos errores en que incurrió el pueblo ruso, es preciso retomar la memoria de la revolución rusa. Se impone la necesidad de realizar en forma colectiva una revisión de la historia de la Revolución de Octubre, así como de las consecuencias que ésta tuvo durante las siete décadas siguientes. Aunque sin sobredimensionar el papel que tuvieron los grandes personajes, los grandes dirigentes, porque hacer eso, sea en sentido positivo o negativo, no hace más que oscurecer el papel que tuvieron los pueblos, la clase trabajadora principalmente.

Por el momento, vale la pena recordar algunas de las formas en que el mundo capitalista concebía la Revolución de Octubre, para tampoco caer en esa forma de maniqueísmo. Al respecto dejamos a los lectores con un interesante documental que produjo Cinematheque Gaumont, como parte de la serie: Les Grands Jours du Siecle. Una visión bastante cargada a mostrar las bondades del capitalismo en forma subrepticia, pero con interesantes imágenes tomadas durante la propia Revolución de Octubre y en la época de ésta.

Documental en cinco partes: