jueves, mayo 07, 2009

Problemas fundamentales del universo. Análisis filosófico del conocimiento, dios, el alma, el universo, la nada y la libertad, 19:

El Género

Análisis filosófico del amor

(Primera de dos partes)

Por: Sagandhimeo

INTRODUCCIÓN

El amor es uno de los fenómenos más importantes de la humanidad, pues repercute en la vida de cada individuo, así como en el desarrollo de nuestra sociedad. En esta obra se buscará su genealogía, así como su desarrollo histórico desde una perspectiva dialéctica, donde hombres y mujeres forman parte de un mismo conjunto: el género humano.

1. Origen natural.

Hasta donde sabemos, en el inicio del universo todo estaba sumamente comprimido, después hubo una gran explosión que marcó el origen de todo cuanto somos y nos rodea, desde entonces varias fuerzas como la electromagnética han ejercido una influencia decisiva en el desarrollo de la existencia. El filósofo griego Empédocles intuyó que el movimiento del universo se efectúa entre dos fuerzas: el amor y el odio. En sentido literal esta afirmación resulta injustificada, pues no podemos atribuir características antropomorfas al universo, pero en sentido metafórico estaba en lo cierto: las fuerzas de atracción y repulsión provocaron que las partículas más pequeñas formaran partículas subatómicas, átomos, moléculas y en ultima instancia, vida y amor, entre otras. Esto no significa que podamos reducir la complejidad de tales elementos a fuerzas físicas, sólo evidencia que la materia tiene el potencial para desarrollarse en formaciones infinitamente más complejas.

En el plano biológico las fuerzas de atracción y repulsión impulsaron la reproducción sexual, pues la genética sexuada aumenta las probabilidades de supervivencia en algunas especies, ya que la combinación de ADN que resulta del sexo acelera las mutaciones favorables. Pero este salto cualitativo no se dio repentinamente, sino en procesos sumamente complejos y paulatinos, donde la bisexualidad fisiológica imperó. Este paso de la bisexualidad fisiológica a la formación de dos géneros complementarios no se efectuó radicalmente. En cuestiones externas la mayoría de los mamíferos machos conservan tetillas no desarrolladas y en algunos primates hembra subsiste un pene no desarrollado en el clítoris, el cual es capaz de generar erección y orgasmos sin funciones reproductivas. Esto sugiere que la especie humana no requiere de una dualidad biológica radical para su supervivencia, también evidencia que la sexualidad no es meramente reproductiva, sino que cuando menos posee una función psicológica, como la satisfacción.

Por la misma línea, ninguna diferencia genérica (salvo la estrictamente sexual) es de clase, sino de grado, es decir que hombres y mujeres poseen el mismo potencial humano, aunque en diversa proporción. Por ejemplo, ambos géneros segregan progesterona y testosterona (las hormonas sexuales), pero en diversa medida, lo que hace que el hombre sea ligeramente más competitivo y agresivo y la mujer ligeramente más cooperativa y calmada, la diferencia es tan escasa que cualquier influencia social la anula.

En el plano físico el hombre es ligeramente más fuerte que la mujer y digo ligeramente porque cualquier mujer que se ejercite será más fuerte que un hombre que no lo haga. Por otro lado la mujer se desarrolla biológicamente en función de la reproducción, por lo que la mayor parte de sus energías se concentran en ello. Esto sugiere que hombres y mujeres poseen la misma cantidad de energía fisiológica, pero que el hombre la posee mayoritariamente de manera muscular y la mujer principalmente de forma reproductiva-maternal, todo esto ocurre en tanto la supervivencia obligó a los primates machos durante millones de años a cazar y competir por la comida, mientras las hembras ocuparon sus energías en la maternidad y la recolección de plantas.

La preferencia sexual tampoco está radicalmente polarizada, pues si bien es cierto que en la mayoría de las culturas impera la heterosexualidad, en la Grecia Antigua imperaba la homosexualidad y hasta se exaltaba. Además en el pueblo Etoro de Nueva Guinea, la homosexualidad predomina, donde la gente tiende a copular con los de su mismo sexo, sólo se juntan heterosexualmente para la reproducción y lo hacen con desagrado. Esto sugiere que la preferencia sexual se constituye predominantemente por tendencias socioculturales.

Por otra parte, el desarrollo sexual y la convivencia originaron la emotividad en los animales, la cual surgió para favorecer la supervivencia colectiva, esto no ocurre en todos los animales, pues sólo algunos de ellos poseen la complejidad cerebral y la interacción necesaria para desarrollar emotividad, únicamente la poseen los reptiles, aves y mamíferos. En los seres humanos alcanzó tal complejidad que generó el amor. El cual superó la mera atracción sexual y el mero afecto familiar para generar sentimientos de unión de las más diversas formas, como el amor de amigos, el amor a la patria, el amor a la humanidad, a los animales, e incluso el amor a los objetos y a personajes imaginarios. Es decir que el origen del amor es netamente biológico, pero su desarrollo en el humano superó la mera base fisiológica para adquirir la complejidad psicosocial.

En el plano intelectual los estudios cerebrales y psicológicos nunca han mostrado que el hombre sea genéticamente más inteligente que la mujer, pero la cultura y la educación suelen favorecer a los hombres e incluso tienden a inclinarlos a las ciencias exactas, por lo que suele creerse que las mujeres son menos inteligentes, lo que es meramente cultural, pues actualmente las mujeres compiten por los mejores puestos en todas las áreas de la cultura (ciencia, política, arte, filosofía e incluso delincuencia organizada, entre otras).

En el caso del amor de pareja, el enamoramiento parte del instinto de reproducción, donde el organismo nos impulsa a buscar una pareja que posea rasgos asociados a la fertilidad y a la procreación, como un cuerpo sano y fuerte, óptimamente desarrollado y con una personalidad confiable y sólida, entre otras cosas (aunque siempre en comparación a uno mismo, véase mi obra LA NADA).

En caso de encontrar a una persona con las características que requerimos, nuestro organismo reacciona hormonalmente produciendo la sensación de enamoramiento, el cual se estima que dura entre 18 y 30 meses. Luego, si somos capaces de forjar un crecimiento mutuo, el amor perdura más allá del mero enamoramiento, lo cual requiere de un esfuerzo permanente y no de un supuesto destino místico, pues sólo se seguirá amando a la misma persona si se poseen objetivos de vida comunes. Esto ocurre en tanto a la especie le basta un lapso de tiempo breve de enamoramiento para fines reproductivos.

En otras palabras, si el amor estuviera predeterminado ya sea genética o místicamente, bastaría con tener una pareja para poseer un amor permanente, lo que provocaría que perdiera su complejidad e intensidad. Por otra parte, si el amor fuera algo meramente azaroso, amaríamos y odiaríamos a quien fuera y en el momento que fuera, por lo que no podría disfrutarse en toda su amplitud. Por tanto, el amor posee una base natural que suprime la aleatoriedad, pero no está predeterminado, sino que ambos géneros poseen la capacidad de forjar el amor de pareja en un ejercicio de libre autodeterminación, donde el azar y la necesidad forman una unidad dialéctica.

2. Desarrollo histórico

El amor no es el mismo en todos los tiempos y lugares, sino que cada etapa histórica desarrollo su propio tipo de amor,  daremos un breve repaso a la historia social.

2.1 Comunidad primitiva. En la prehistoria las relaciones humanas eran muy semejantes a las relaciones entre los animales, pues nuestra madurez social era mínima. Cuando nuestras principales actividades eran recolectoras, y nuestro principal problema era la supervivencia, no había posibilidad de que se desarrollara la cultura, ni de que se ejerciera dominio político, pues apenas había recursos para comer y a veces ni eso. Esa supuesta “Edad de oro” que los griegos añoraban, no es otra cosa que aquélla época en la que la opresión sobre la mujer, la explotación de la naturaleza y del humano eran nulas, pero no porque la humanidad fuera perfecta, sino porque las condiciones materiales eran tan duras que las oportunidades de supervivencia eran escasas.

En tales condiciones la convivencia adoptó una gran diversidad de formas, cabe mencionar que el incesto fue suprimido desde hace millones de años por los primeros primates y otras especies cercanas, pues propiciaba una combinación genética demasiado repetitiva, de modo que surgió una especie de matrimonio colectivo, donde varios hombres y mujeres formaban una sola pareja con hijos comunes, pero ya sin incesto (Engels). La caza, el cultivo y el sedentarismo generaron nuevas formas de convivencia, entre ellos la poliandria (una mujer con varios hombres), donde incluso hubo matriarcados (preponderancia de la autoridad femenina) y la poligamia (un hombre con varias mujeres). En todos estos casos imperó el poliamor, donde el enamoramiento era enfocado en más de una persona. Esto evidencia que tal sentimiento no siempre fue unilateral, sino que su existencia y la estructura de la familia están determinadas históricamente.

2.2 Esclavismo. Cuando la agricultura, la ganadería y las relaciones sociales alcanzaron cierta madurez, se desarrolló la cultura y con ella la civilización, donde la construcción de ciudades y la división del trabajo fueron los factores determinantes para la consolidación de la familia monogámica. En ese sentido, al generarse una producción de recursos superior al mínimo de supervivencia, el hombre aprovechó su fuerza bruta para someter a la mujer, inaugurando así la primera forma de esclavitud. Este acontecimiento no significa que el humano sea malo por naturaleza, sino que su madurez histórica no era suficiente para forjar relaciones equitativas. Por ende, el amor de padres a hijos también toma la forma de autoritarismo, donde la convivencia no puede desarrollarse plenamente, pues el discurso en lugar de permitir el diálogo multilateral tiende a la imposición, lo que también sucede en la actualidad.

Además, algunas especies de primates son monogámicas por naturaleza, pero la nuestra no, esto es evidente históricamente en tanto la monogamia nunca ha imperado, desde su nacimiento ha estado acompañado por la infidelidad (permitida, tolerada o repudiada) de ambos géneros. En tal sentido, así como el exceso de producción permitió al hombre apropiarse más medios de subsistencia de los que necesitaba y así constituir la propiedad privada: sus relaciones familiares adquirieron la misma forma, donde su esposa se convirtió en un objeto más de su riqueza. Por ende, la mujer era esclava física como cualquier otro hombre, o esclava sexual si bien le iba, es decir, esposa y esclava maternal, pues con la falta de métodos anticonceptivos pasaba la mayor parte de su vida procreando y criando a sus hijos. Por tanto, la mujer se veía triplemente oprimida, tanto por su condición de objeto sexual, como por su condición de ama de casa y de madre. Y esta polaridad social propició una degeneración extrema en cuestiones psicológicas, donde se concebía a la mujer como débil, sentimental y tonta. Y el hombre, para mantener su dominio se radicalizó en los aspectos contrarios: la fortaleza física, la dureza emocional y una supuesta razón infalible, entre otras. Esto también propició la homofobia y la ideología de la mujer como un mero complemento del hombre, donde las religiones fueron determinantes.

En ese sentido, algunas religiones sostienen que por designio divino o por naturaleza la mujer es inferior al hombre y que está destinada a servirlo y someterse a él, o que su labor fundamental es la procreación. De este modo la opresión social se fundamenta ideológicamente, sobre el supuesto de que hombres y mujeres poseen una condición estática y predeterminada. En realidad nuestra constitución humana se ha ido construyendo durante miles de años en procesos que implican la transformación de la naturaleza en el humano y del humano en la naturaleza.

2.3 Feudalismo. Con el crecimiento de la agricultura la esclavitud en masa se hizo innecesaria, por lo que emergió la clase servil. En esta etapa el dominio del hombre sobre la mujer se mantuvo, pues incluso la “conquista” sentimental hace referencia a la conquista de los pueblos.

Surge en esta etapa la caballerosidad, donde los caballeros (guerreros a caballo que servían al Rey) poseían tal elegancia que trataban a las mujeres con cierta generosidad. Pero esta actitud, lejos de elevar el rango de las mujeres, remarca la supuesta inferioridad de las mismas, pues consiste en tratarlas como si sus capacidades fueran menores; por ejemplo, abrirles la puerta o acercarles la silla.

Una válvula de escape para tal opresión consistió en el amor cortés. En los cuentos de hadas se muestra a la mujer como una persona inútil que sólo está en la espera de que su príncipe la rescate y vivan felices por siempre. Pero en la realidad los matrimonios eran arreglos político-económicos donde la mujer se casaba involuntariamente, por tanto el único amor que podía encontrar se hallaba en algún aventurero que la complaciera a escondidas, lo que constituía el amor cortés.

La peor discriminación a la mujer en esta época aconteció con la quema de brujas. Aquellas mujeres que no se casaban, practicaban oficios como la herbolaria y no se preocupaban por su aspecto: eran tachadas de brujas. Pues se tenía el prejuicio de que la mujer estaba hecha para servir al hombre, tener hijos, embellecerse y no generar conocimiento alguno; de lo contrario se creía que se habían casado con el diablo y que pervertían a los caballeros. Además, solían ser mujeres que no deseaban ser madres o que practicaban el aborto, de modo que se las quemaba vivas por no cumplir con lo establecido socialmente. La propia mujer contribuye a tal discriminación cuando enfoca su vida en la mera procreación, pues deja de desarrollar su potencial intelectual y social para reducir sus posibilidades a cuestiones biológico-sentimentales. Además, el derecho al aborto constituye el derecho a decidir sobre su propio cuerpo y sobre un posible futuro miserable para el bebé; por lo que al practicarlo prudentemente, se está reconociendo la mayoría de edad de las mujeres para tomar decisiones vitales.

(Continuará…)

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Va un saludo y mis felicitaciones por tan noble esfuerzo el que realizas con la publicación quincenal de tus propuestas filosóficas, al menos le dejan reflexionando a uno sobre los temas que abordas.
Sin embargo, me quedan algunas inquietudes con este post, entiendo que es la primera parte y supondría que cuando menos habrá otra, pero no quiero dejar pasar algunos detalles que me parece no quedan muy claros en tu escrito. En cierto momento hasta los siento un tanto imprecisos.
Por principio de cuentas no me queda muy claro de qué se trata esta reflexión, no entendí si estás refiriéndote al "Género", al "Amor" o al "Papel de la mujer en la sociedad". Esto no es un punto secundario, porque se trata de temas muy distintos y que cada uno contiene implicaciones mucho más profundas de las que refieres.
Independientemente de la cuestión anterior, que ya de por sí es bastante delicada, quizá por defecto de profesión, pero no pude dejar de notar las inconsistencias que presenta tu texto en cuánto al resumen histórico sobre las formas de cortejo entre los humanos. Primero asumes que hubo alguna "Edad de oro" en que la opresión hacia la mujer era inexistente. Si esto fuese cierto, no nos dices una sola palabra sobre cuál fueron los motivos para que operase tal cambio en las relaciones sociales, ese sería el punto fundamental, porque de otra manera hacer una afirmación tan fuerte como la que haces parece aventurero.
Tampoco esclareces demasiado las razones por las cuales las religiones, en la época del esclavismo, comenzaron a proscribir la homosexualidad.Si es algo que realmente ocurre de manera instintiva, ¿qué motivó su condena social?
En cuanto al amor cortés, lo ubicas como una construcción acontecida durante el feudalismo, pero ¡híjole! Una vez más noto algunas imprecisiones históricas. ¿Realmente fue una aportación de las sociedades europeas feudales? ¿No será más bien una construcción posterior, más o menos humanista o incluso renacentista? Shakespeare y Walter Scott, por mencionar dos ejemplos, hablan del amor cortés en las novelas que contextualizan en la llamada Edad Media, pero el primero escribió desde el siglo XVI-XVII y el segundo lo hizo desde el XVIII-XIX, cuando las idealizaciones sobre las hazañas de los caballeros habían sido popularizadas por las novelas de caballerías. En realidad muchas de las condiciones de vida durante la edad media eran más bien algo violentas para todo mundo. Y las formas de cortejo no lo eran menos, las grandes guerras que acontecieron en Europa, Norte de África y el Medio Oriente no resultaban muy corteses para el amor y menos en el trato hacia las mujeres. La mujer feudal vista como botín de guerra no es algo que diste demasiado de la concepción clásica que hablaba del rapto de Helena, de Europa o incluso de las sabinas.
Vaya, son muchas cosas, así que lo dejo por el momento, a la espera de las siguientes partes y de sus amables respuestas.

sagandhimeo dijo...

Gracias por las felicitaciones, me parece que el amor, el género y la mujer son aspectos que deben ser abordados conjuntamente pues su interconexión es evidente, entiendo que cada tema en sí mismo es bastante complejo, pero mi ensayo no pretende ser enciclopèdico, por lo que considero que basta con señalar la concatenación entre estos fenómenos desde una perspectiva histórico-materialista, comprendo que mi apuesta es riesgosa (defecto de profesión, tal vez, je).

Menciono una "supuesta edad de oro" no que la hubo realmente. Menciono que el cambio de relaciones para que iniciara la opresión sobre la mujer fue el exceso de producción, el cual facilitó que algunos miembros de la sociedad dejaran de trabajar.

lo del repudio a la homosexualidad lo ataño a la extrema polaridad sexual que ocurrió por la necesidad de dominio y opresiòn.

Lo del amor cortés es sencillo: el feudalismo incluye el renacimiento, pues el capitalismo no logra su culminación sino hasta la rev. francesa, para ello me baso en una obra llamada sociología del renacimiento. El amor cortés no es incompatible con la violencia que mencionas, precisamente porque era un amor a escondidas.

En general admito que los temas sociales son difíciles de abordar filosóficamente, pues su complejidad limita la generalizaciòn, pero dentro de lo que cabe trato de clarificar los aspectos que considero fundamentales para entender qué es el amor y su conexión con la humanidad y el universo.

Saludos.

Anónimo dijo...

Ah, esperen, esperen, también tengo qué comentar: entre mis dudas e imprecisiones que ubico en ambos...y quizá también pueda hacer una aportación, jejeje.
Me entusiasma el tema y me entusiasma sus textos, nomás que ahorita ando tan, pero tan zombie, que no puedo escribir con claridad...pero pronto, muy pronto.
Saludos :)
Lorena

Anónimo dijo...

Ah, me rindo. Nomás no puedo ahorita darme tiempo para elaborar algo más pensado y serio, acorde con la discusión :(
Pero ahí cuando menos se espere...quizá.
Saludos.
Lorena.

Anónimo dijo...

Antes de hacer algunos comentarios sobre la segunda entrega de este tema, quisiera hacer algunas puntualizaciones adicionales.
1) Creo que es una salida cómoda y fácil decir que: "el amor, el género y la mujer son aspectos que deben ser abordados conjuntamente pues su interconexión es evidente". ¿De verdad su interconexión es evidente? En dado caso ¿qué la hace evidente? Desde mi perspectiva no hay tal cosa, más bien habría que ser más críticos con sus implicaciones, eso no quiere decir que haya que caer en el enciclopedismos. Pero supongo que, al igual que en las ciencias sociales, para la filosofía es importante la precisión en el uso de los términos. El amor es un sentimiento que experimentan los seres humanos que implican una serie de mecanismos bioquímicos y sociales, pero que en ningún motivo, por ninguna razón se circunscribe estrictamente a la mujer. Tampoco se puede reducir el papel de las mujeres en las sociedades a lo largo de la historia al simple papel de objetos de amor (aunque no faltará quién pretenda que así debe ser). Esos mismos roles son los que convierten el asunto del papel social de las mujeres en algo que no necesariamente tiene una interconexión evidente con el amor. En muchas ocasiones es solamente una posibilidad el experimentar amor para muchos seres humanos, incluidas las mujeres, lo que no necesariamente significa que se vaya a materializar. En cuanto al término género es donde realmente tengo más reservas. No soy partidario del feminismo vulgar (que puede ser tanto el pequeño burgués como el anarquista) porque implica una caricaturización de la lucha por la emancipación de las mujeres. No obstante, hasta donde tengo entendido, esta idea de género surgió entre los académicos del establishment para contraponerlo al feminismo con el objetivo de restarle importancia como postura crítica del modo en que se presentan las relaciones sociales en el capitalismo.
2) El hablar del excedente como factor de cambio es realmente insuficiente, esconde tras de sí procesos objetivos que son aún más importantes. Por ejemplo, ¿de dónde se obtuvo ese excedente?, ¿por qué el excedente es un factor de cambio?, ¿por qué los momentos de escasez (que también se presentan en la historia) no regresaron las aguas a su nivel obligando al toda la sociedad a participar en las mismas tareas? Me queda claro que no se trata solamente del excedente lo que genera cambios en la estructura social, sino el que la obtención de excedentes se convierta en una regularidad que permita, incluso paliar los periodos de escasez. Pero, lo central radica en las formas en que se consigue. El excedente, cualquiera que sea su forma, no es más que trabajo acumulado, perfeccionado. Esto es: la repetición de una determinada tarea permite a quién la realiza dominarla, al tiempo que redefinirla en forma más simple. Un primer ejemplo importante de ese perfeccionamiento del trabajo, es la división primitiva de éste. Así como el trabajo permite el sustento bioquímico-social del ser humano, el perfeccionamiento de éste permite la transformación tanto de la constitución física de los seres humanos como de sus formas de relacionarse entre sí. En síntesis, me parece que hablar de excedente de producción es impreciso, más bien habría que reflexionarle por el lado de las implicaciones de la estructura social del trabajo.

Anónimo dijo...

3) Lo del amor cortés no me parece tan sencillo como lo sugieres, Sagandhimeo, porque como modo de producción no puede medirse en los parámetros que estás sugiriendo. Muchos historiadores económicos serios no conciben que la duración del modo feudal de producción sea igual a toda la llamada "Edad Media" ni las fases del "Renacimiento" e "Ilustración". Primero, porque tras el colapso del Imperio Romano de Occidente el modo esclavista quedó agotado completamente, pero no se puede decir que haya sido automáticamente sustituido por otro modo de producir, como tal. En realidad, el feudalismo como modo de producción solamente se puede hablar de que alcanzó la fusión de sus elementos esenciales tras las invasiones de los piratas vikingos a Europa, antes no. En el lado opuesto, aunque no comulgo con la idea, invstigadores de la talla de Paul M. Sweezy señalan que el capitalismo como modo de producción dominante está vigente desde la llamada acumulación originaria de los siglos XV-XVI (renacimiento). Por ese lado, haciendo a un lado la polémica sobre la fecha en que el capitalismo triunfa. no se nos debe olvidar que la mayoría de los autores que construyeron literariamente el concepto de amor cortés, pertenecían y/o servían a una clase en específico: a la naciente burguesía. Por tanto, cabe la pregunta, si el amor cortés no habrá sido más bien un reflejo de las aspiraciones (e idealizaciones) de los rentistas burgueses que en sus inicios pretendían ser asimilados a la aristocracia dominante. Me extendí bastante, por el momento aquí le dejo. Aunque tengo otras dudas y comentarios, creo que tiene mayor pertinencia incluirlos en la segunda parte de este tema, pues derivan de aquél. Saludos.

sagandhimeo dijo...

no puede estudiarse a la mujer sin contemplar al hombre, ni al hombre sin contemplar a la mujer, por eso ambos deben ser comprendidos dentro de la categoría de género, no porque sea un término cómodo o burgués, sino porque permite una visión multilateral del asunto. Dentro del género uno de los fenómenos que más competen a la interconexión de los sexos es el amor, ya que es un impulso biológico que influye en sus relaciones sociales y una construcción social de la diferencia sexual. Por eso es que género, amor, hombre y mujer poseen una estrecha relación. No digo que la mujer sea sólo objeto de amor o que el amor se reduzca a la mujer.

Entiendo que hablar del excedente puede ser incompleto, pero sólo lo retomo para señalar que no podía haber explotación sin excedente y que al haberlo la primera forma de explotación fue hacia la mujer, por su condición de madre, etc. Creo que no es necesario profundizar en el asunto si está claro el enfoque.

Los modos de producción no aparecen o desaparecen al instante, sino que conviven con vestigios del anterior o con salpicadas del nuevo. El capitalismo empezó a brotar en venecia en el siglo XII y el feudalismo fue totalmente arrasado hasta el siglo XX, cualquier fecha intermedia puede pertenecer a uno u otro modo de producción. Por eso el amor cortés puede tener rasgos burgueses y orígenes feudales, pero se realizó en zonas predominantemente feudales.

saludos y gracias por tus comentarios.

sagandhimeo dijo...

Una referencia al amor cortés como fenómeno feudal:

http://es.wikipedia.org/wiki/Amor_cort%C3%A9s

Anónimo dijo...

Recibe un fuerte abrazo, y todo mi agradecimiento por tu atención al dar respuesta a mis comentarios, sin embargo, creo que seguimos en desacuerdo. A ver si podemos ir estableciendo algunos acuerdos mediante esta discusión, digo, no acuerdos en el sentido de negociación sino en el de esclarecimiento mutuo. Así que aquí van:
1) ¿Entonces queda completamente claro que cuando se está haciendo referencia al término “género” se está diciendo “género humano”? ¡Vaya truco el de estirar los términos cuál si se fuese un Coperfield cognitivo! Es cierto que no hay ningún error en retomar las categorías elaboradas desde la teorización de la academia capitalista. El problema radica en que no es posible tomarla tal como viene ni partiendo de lo que nos gustaría que fuese, tal como se hace al reducir el problema a contenidos que se intuyen, pero que no emanan de una clarificación crítica del concepto: “género”. No es posible cerrarse la jerga conceptual para la explicación de la realidad, porque se corre el riesgo de perder vigencia, pero tampoco es válido asumir de buenas a primeras conceptos sin detallar antes sus contenidos. En dado caso, y aunque suene un tanto cuanto reiterativo, estamos refiriéndonos a consecuencias derivadas de la “división primitiva del trabajo”. Aun aceptando sin conceder el concepto “género” tal como parece proponerse su uso, en realidad éste no necesariamente tiene una conexión “evidente” con el fenómeno del “amor”, sino que tendría una serie de implicaciones mucho más profundas y trascendentes que el problema teórico del “amor”. Por lo tanto, si me resulta muy confuso titular a una reflexión sobre algunas formas de las prácticas amorosas como si el tema fuese el problema de la conceptualización sobre el “género”. En todo caso, antes que pasar a las cuestiones sentimentales del “amor” habría que comenzar una crítica del concepto “género” desde el problema objetiva de la “división primitiva del trabajo” (teniendo el cuidado de no reducirla a los problemas del corazón) sino a sus verdaderas determinantes de estructuración de las sociedades.
2) No tengo nada contra Wikipedia, por el contrario me agrada el funcionamiento de esta ciberenciclopedia social, pero también tengo claro que tiene límites muy precisos. No es lo mismo utilizarla como medio de información para reforzar aquello que en otro tiempo se conocía como la “cultura general”. Sin embargo, creo que como herramienta para generar reflexiones más profundas es poco útil, porque la generalidad de los datos no siempre es corroborable su veracidad o porque resultan tan telegráficos que es imposible extraer las conclusiones pertinentes. El link que nos presentas es interesante en cuanto que ubica geográficamente las primeras formas de “amor cortés”, así como la escueta síntesis de algunas de sus características. Lo que el artículo no señala, es que en Provenza hacia el siglo XI ya había una actividad comercial importante que era realizada por los estamentos sociales que posteriormente se identificarían como burguesía. Por cierto, que cuando me referí al problema de la preeminencia de los modos de producción, en ningún momento se trataba de dar la salida fácil de confundirlos con las “formaciones socio-económicas”, que esas sí, contienen elementos que son el resabio de los modos anteriores.

Anónimo dijo...

El problema, es más bien del origen de clase que tiene el llamado amor cortés, ese es un punto medular. Claro, partiendo de que el tema del texto es el “desarrollo de las formas del amor”. En términos históricos, el amor cortés pudo haber surgido durante el dominio del modo feudal de producción, pero la clase que lo retoma, desarrolla y expandió fue la burguesía rentista (capital usurario y comercial) al mismo tiempo que pregonaba las ideas del humanismo. Esta es una vinculación que no se puede dejar a la deriva ni pasar por alto, el desarrollo del amor cortés estuvo estrechamente condicionado al desarrollo del humanismo en Europa. Por eso, es que a pesar de que las canciones picarescas de los juglares son el preámbulo del “amor cortés” no fue sino hasta el siglo XIV que en Europa se le dio ese sentido más acabado en que la mujer termina siendo cosificada de manera “linda” por los autores que desarrollaron el humanismo. A diferencia de los trovadores éstos personajes eran gente que había sido instruida, que había tenido una educación más formal financiada por la insipiente burguesía comercial y financiera. Giovani Bocaccio, Dante Alighieri y Francesco Petrarca son los principales ideólogos del “amor cortés”, sobre todo el último que a través del seudónimo de “Laura” construyó una idílica idea del amor al estilo platónico. Pero una vez más, ni Petrarca, ni Bocaccio, ni Alighieri, ni Erasmo, ni Maquiavelo ni ningún otro de los autores humanistas puede identificársele con las formas feudales del “amor”. Todo lo contrario, dado su origen de clase, pero más exactamente, a los intereses que respondían al ser financiados por las familias aristocráticas que obtuvieron su lugar en las pequeñas repúblicas italianas a punta de repartir parte del oro que obtenían del comercio y la usura. Por el contrario, las verdaderas formas de relaciones afectivas derivadas del modo feudal de producción, es decir las que se presentaban entre los siervos o los señores feudales eran mucho menos idílicas. El derecho de pernada o prima nocte es algo más representativo de las relaciones feudales, pero también es cierto que más allá de ese tipo de legislación el poco desarrollo de la división del trabajo hacía que las relaciones afectivas fuesen menos desiguales que con la introducción del “amor cortés”, el cuál bajo la mesa endureció el papel de la mujer en la división social del trabajo a las tareas reproductivas.

sagandhimeo dijo...

No pretendo estirar los términos indiscrimidamente, sólo que hablar de género masculino y femenino coincide con que ambos conforman el género humano.

No es que el género tenga una conexión evidente con el amor sin más, sino que el amor es uno de los principales vínculos entre los géneros.

Si en Provenza había una actividad comercial que era realizada por los estamentos sociales que POSTERIORMENTE se identificarían como burguesía. en el momento preciso no eran comerciantes burgueses, sino pertenecientes a la aristocracia feudal.

Aunque la clase que retoma el amor cortés fue la burguesía rentista, su lucha era contra la aristocracia dominante, por lo que aun se sitúa en el feudalismo.

De otro modo en este momento ya viviríamos en el socialismo, pues el proletariado en ascenso está luchando contra la burguesía en decadencia y aun vivimos en el capitalismo.

saludos.

Anónimo dijo...

1) Utilizar un término, un concepto que tiene funciones cognitivas en la forma tan amplia y sin el mínimo trato crítico como se hace con el de "género" es perder el rigor que se había manejado en los posts anteriores. Darle la vuelta diciendo que es "género humano" sólo porque el hombre y la mujer conforman éste, no es más que sacarle la vuelta al problema, no resolver el problema teórico.
Tampoco se puede decir que el "amor" un sentimiento CONSTRUIDO socialmente no algo natural puede ser un "vínculo entre los géneros", eso solamente pasa en las novelas del corazón. Al ser una construcción social el "amor", que nada tiene que ver con el género directamente (por ello insisto en que sería bueno replantear el título del texto por uno que identifiqué más su contenido), es un producto concreto que resulta de múltiples determinaciones, es unilateral verlo como simple "vínculo".
2) Bueno, cualquier filósofo debería saber que utilizar el "reductio ad absurdum" no es un método de argumentación lógico, sino un error en el empleo de la lógica. Esto viene al caso por el uso que se hace del concepto de clases sociales con referencia al modo de producción. Las clases sociales existen de forma independiente al modo de producción. El modo de producción es nada más la forma organizativa de la producción de la sociedad que invariablemente está organizada por una clase determinada, lo que no implica que esa clase no existiese o no pueda existir en el futuro en una posición subalterna. Por ejemplo, el proletariado es una clase social que ya reconocía la República romana. El capitalista, por su lado, como clase social existe al menos desde lo que en Europa denominaron Edad Media, como una clase distinta y diferenciada de la aristocracia. El nombrecito de burguesía solamente se comenzó a utilizar para definir a las distintas facciones de la burguesía, durante el período de la Ilustración, originalmente se relacionaba a los capitalistas con el lugar en que habitaban: los burgos o ciudades. El que las ordenes monásticas, cristianos no eclesiásticos metidos a prestamistas, los moros, o los judíos viviesen de su relación con el capital usurario, rentista y comercial, los convierte en capitalistas en el sentido antiguo de la palabra. Pero no los iguala con los condes, marqueses, duques, caballeros, hidalgos y demás catálogo de aristócratas.
En su cotidiana interrelación, la lucha de clases no siempre se presenta en la forma más aguda, como antagonismo, en ocasiones la legitimación se centra en la imitación, pero ésta no elimina su identidad como clase. Así como el capital usurario en ocasiones buscó mecanismos para mimetizarse con la clase dominante, así mismo la aristocracia buscó en su momento los mecanismos para asemejarse a la burguesía, ya en el capitalismo. Así también, parte del proletariado intenta mimetizarse con los capitalistas en la actualidad.
Saludos.