lunes, septiembre 13, 2010

Reyertas 107: Tregua vasca

El video publicado por la British Broadcasting Corporation (BBC) en su página de Internet el pasado 5 de septiembre, ocasionó gran sorpresa a escala internacional. Hace tiempo que Euzkadi Ta Azkatazuna (ETA) no realiza acciones armadas, tampoco había dado muestras de acercamiento con el gobierno español. En poco más de un minuto la organización independentista vasca anunció que dará pasos para tomar la vía democrática hacia un País Vasco y socialista.

Video de la BBC con el comunicado de ETA, versión de texto completa aquí

Tan desprevenido estaba el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que no consiguió articular una verdadera respuesta. Aunque no faltó la objeción de siempre. Apenas conocido el anuncio el ministro del interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, apuntó que lo ETA estaba “muy lejos” de los “mínimos democráticos necesarios” En términos iguales se pronunciaron otras autoridades: tanto el lehendakari, Patxi López, como la representante regional del Partido Popular (PP), María Dolores de Cospedal.

Más importante que la recepción dada al anuncio por los políticos profesionales, lo verdaderamente importante es comprender el significado de tal mensaje en el contexto tanto de una España golpeada por la recesión como del País Vasco que mantiene su lucha por la independencia.

La España que muere

Hace un par de meses me referí al contexto económico de la España actual (véase Reyertas 97: Hacia la huelga española). En aquella oportunidad ya exponía que el milagro español no es más que un mito. La apariencia de sólido crecimiento se la ha dado la fuerte intervención de capital monopolista europeo que ha forzado la integración de la Unión Europea. La recesión (2008-2010) exhibió la gran fragilidad española.

Es decir, la unificación de la economía europea ha desarrollado prematuramente el entramado financiero español, pero sin el firme sustento del desarrollo pleno de las fuerzas productivas. Convirtiendo a España en la triple víctima de los intereses imperialistas tanto alemanes como británicos y estadounidenses. Las consecuencias sociales de la política económica española saltan a la vista: un drama de tal envergadura como la derrota de la Armada Invencible en el Canal de la Mancha en 1588. España padece un nivel de desempleo, principalmente entre los jóvenes, superior al resto de las naciones de la zona euro.

Si la población española que carece de un trabajo supera el 30% de la Población Económicamente Activa (PEA). Esa cifra se reduce a la mitad en dos de las regiones más productivas de España: Cataluña, la primera, y País Vasco, la quinta. Esto sugiere que uno de los principales motivos por los cuáles el reino español es tan reacio a aceptar la independencia de ambos territorios es el económico.

Estatutos autonómicos

La Constitución española de 1978 reconoció el derecho de sus provincias a ejercer su propio gobierno. Fue un gran avance con respecto a lo ocurrido durante la dictadura franquista, que enarbolaba el lema “España una, grande y libre”. El objetivo de las Cortes Constituyentes era atenuar el nacionalismo vasco y catalán que se habían fortalecido con la dictadura. El éxito de tal medida fue relativo, pues si bien se consiguió que los principales partidos participantes en la elaboración de la Constitución de 1978 la aprobasen, las pequeñas organizaciones partidarias regionales no solamente la rechazaron sino que han ido impulsando movimientos de Liberación Nacional.

Los motivos para oponerse a lo estipulado en la legislación democrática son diversos, pero se pueden resumir en dos elementos. Por un lado, los alcances constitucionales de los regímenes autonómicos derivados de la Constitución de 1978 son menores a los que obtuvieron durante la II República (1931-1939) tanto Cataluña (1932) como el País Vasco (1936).

Con todo, los regímenes autonómicos no se han mantenido inamovibles. Sobre todo durante los gobiernos del Partido Obrero Socialista Español (PSOE) se han conseguido algunos avances. El ejemplo más reciente ocurrió en 2006 cuando se aprobó el nuevo estatuto autonómico de Cataluña, en el cuál ya hay elementos más claros de un autogobierno catalán. Sin embargo no se puede decir que tales avances se han debido a la “buena voluntad” de los socialistas. Más bien los gobiernos del PSOE han empleado el problema de la autonomía como una ficha de negociación para premiar o castigar a los nacionalismos.

El autogobierno de Cataluña tiene mucho de logro propio de los catalanes, pero tiene también mucho que agradecerle a la radicalidad euskera. Por su parte, a Euskal Herria (denominación en euskera que comprende a toda la Vasconia: País Vasco, Navarra e Iparralde) le ha sido negada sistemáticamente la posibilidad de un autogobierno. Ni siquiera el edulcorado Plan Ibarretxe ha tenido suerte en el parlamento español.

El segundo elemento por el cuál los partidos nacionalistas rechazaron la Constitución de 1978 fue porque en ella se estableció que para conseguir el estatuto autonómico se necesitaba o que la propuesta fuese elaborada por el parlamento regional y aprobado por las Cortes Generales, lo que en la práctica le concede derecho de veto a esta última. Como comenté líneas arriba ese derecho fácilmente pudiese ser empleado como premio o castigo. El propio Plan Ibarretxe es demostración del uso de ese derecho de veto en forma lesiva a los intereses vascos. Curiosamente, el estatuto catalán es más radical que el proyecto presentado por el lehendakari en 2005.

País Vasco y Libertad

Sin lugar a dudas la organización en pro de la independencia vasca que más fama ha cobrado a lo largo de más de medio siglo de existencia es Euskadi Ta Azkatazuna que en español significa País Vasco y Libertad. ETA se fundó en 1958, en medio de la dictadura franquista, con miembros que provenían de Ekin (acometida) y de las Juventudes del Partido Nacionalista Vasco (PNV). Ambas agrupaciones tenían conflictos ideológicos muy serios con el PNV, ilegalizado durante la dictadura, por lo que se decidió conformar una nueva organización clandestina más consecuente con la lucha del pueblo vasco por su independencia.

Tres años después, 18 de julio de 1961, ETA comenzó a emplear la acción directa como forma de lucha contra el franquismo. En aquella ocasión se trató de un atentado en contra de un tres de voluntarios franquistas que se dirigían a una ceremonia, en la localidad de San Sebastián, por la conmemoración del inicio de la Guerra Civil. Al año siguiente en Belloc, Francia, se realizó su primera asamblea general. El resultado de ésta demuestra que en los primeros años la facción dominante era la nacionalista vasca. Fue hasta mediados de la década de 1960 que ETA se acercó al socialismo.

Durante los años restantes de la dictadura, la organización clandestina vasca tuvo la simpatía de muchas otras facciones que también permanecían ilegalizadas por el franquismo. Incluso a escala internacional. De hecho, ni el exitoso atentado del 20 de diciembre de 1973 contra el almirante, y presidente del gobierno español, Luis Carrero Blanco (Operación Ogro), quién era el sucesor designado por el propio “generalísimo” ante la proximidad de su muerte, no fue un suceso que le restase simpatías a los etakideak (integrantes de ETA, no etarras o etistas como mal refieren los medios de comunicación masiva).

Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar tras la muerte, en 1975, del dictador Francisco Franco. La reforma democratizadora estaba en vías de concretarse con la convocatoria a conformar las Cortes Constituyentes en 1977. Al igual que otras agrupaciones regionales, ETA se negó a reconocer el documento constitucional de 1978, debido a las consideraciones expresadas líneas arriba. En cambio, continuó con su política de acción directa en contra del Estado español.

Poco a poco eso le restó simpatías. Para 1982, cuando el PSOE subió al gobierno de España en la persona de Felipe González (1982-1996) la persecución en contra de ETA se hizo cada vez más patente. De manera subrepticia, durante los años del gobierno socialista, se conformaron los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), que fueron cuerpos paramilitares que so pretexto de combatir al terrorismo, cometieron una serie de abusos y violaciones a los Derechos Humanos cuyas repercusiones aún persisten en Euskal Herria. Pese a los escándalos de corrupción derivados de la acción de las GAL, financiadas por el gobierno socialista, las consecuencias no tocaron a la élite encabezada por Felipe González. Las condenas se redujeron a unos cuantos involucrados por los casos Marey y Amedo, ambos acciones muy específicas que no tocaban a la red política que estaba tras las GAL. Por el contrario, el gobierno del franquista Partido Popular (PP) de José María Aznar (1996-2004) se encargó de fomentar la impunidad del gobierno de González sobre esa guerra sucia.

En esos términos, los gobiernos “democráticos” se han encargado de utilizar el pretexto de combatir el terrorismo vasco para castigar severamente a esa comunidad. Según información proporcionada por la revista Contralínea en su edición 196 del 22 de agosto de 2010, nada más desde 2003 han sido condenados por abusos de autoridad contra jóvenes vascos unos 335 funcionarios de policía. Sin contar los numerosos casos en que las causas se desestiman de manera arbitraria. Tampoco la representación política les es libremente permitida a los independentistas vascos, desde la ilegalización de Batasuna (a la cuál se le consideró el “brazo político de ETA”) en 2002, no se ha permitido la formación de partidos políticos con la bandera de la independencia. En cambio, se ha premiado el colaboracionismo del arcaico Partido Nacionalista Vasco (PNV).

Atochados

Tras el final de la guerra fría, mantener la hegemonía estadounidense exigía enfocar el armamentismo en un nuevo objetivo militar. Las luchas asimétricas libradas tanto por agrupaciones de liberación nacional como por las revolucionarias se convirtieron en el blanco ideal; éstas fueron igualadas bajo el tamiz del término terrorismo. Desde los años 1990 Medio Oriente, con el conflicto árabe-israelí, América Latina con las guerrillas y España con el “separatismo” vasco se convirtieron en las caras más visibles del nuevo flagelo para la soberanía imperialista. Sin embargo, fue hasta después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York que el discurso antiterrorismo tuvo un verdadero auge internacional.

En España, los años transcurridos desde la transición democrática fueron tiempos en que ETA perdió una gran parte del respaldo social que tuvo durante la dictadura, en que el rechazo al terrorismo se masificó. La asimilación del discurso antiterrorismo promovido por las clases dominantes tuvo su mayor reforzador con los atentados contra el sistema de trenes de Madrid el 11 de marzo de 2004 en las cercanías de la concurrida estación de Atocha.

En una primera instancia el gobierno populista de José María Aznar intentó responsabilizar a ETA de los atentados, pero pronto quedó claro que se trataba de un acto organizado por un comando yihadista, las Brigadas de Abu Hafs Al Masri, vinculado directamente a Al Qaeda. El motivo no era otro que el castigar al gobierno español por haberse involucrado directamente en la invasión contra Irak en 2003.

La sensibilidad del pueblo español quedó muy agitada en contra del terrorismo tras los atentados referidos. Ello derivó en dos situaciones completamente distintas con respecto a la política del gobierno del PP durante ocho años. Por un lado, la respuesta socarrona de Aznar ante los atentados en Atocha fue el empujoncito para el triunfo electoral del PSOE el 14 de marzo de 2004, con ello el ascenso al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Por el otro, la misma ETA comprendió que ante las condiciones de la sociedad española debía adoptar una postura de diálogo, lo que hizo para marzo de 2006, dos años después de los atentados. No obstante, la falta de seriedad del gobierno español y la falta de habilidad de la organización independentista para ganarse la simpatía de la mayoría de las clases subsumidas fueron factores que terminaron por descarrillar los acuerdos de Loyola. Así, para mediados de 2007 ETA volvió a las armas. Tanto por parte de los partidarios de la causa vasca como la reacción española quedaron fortalecidos. La intransigencia de la derecha encabezada por el PP es la posición dominante en la opinión hispana.

ETA-Izquierda Abertzale

La situación actual de ETA, incluyendo la tregua unilateral anunciada, es la demostración de cuán equivoco es utilizar el centralismo democrático a ultranza. Es preciso reconocer que salvo la organización vasca, las FARC (en Colombia) y algunas guerrillas de corte maoísta en Asia, esta forma de organización revolucionaria no es empleada en manera seria y consecuente en el resto del mundo. Resulta penoso ver las parodias de centralismo democrático que los partidos “marxistas” de apodos ideológicos variopintos desarrollan. Por ello no es posible tomar a esas organizaciones como demostración de nada. En cambio, una organización revolucionaria seria como ETA, cuya capacidad insurgente ha sido evidente por más de medio siglo, si es un referente del que es posible extraer enseñanzas trascendentes.

Por principio de cuentas, queda claro que bajo condiciones de un desarrollo amplio de la democracia burguesa los mecanismos de una organización revolucionaria basada en el centralismo democrático son más un lastre que un beneficio para el avance de la lucha obrera y la estimulación de una conciencia de clase. En cambio, bajo condiciones de un gobierno burgués autoritario, el centralismo democrático no solamente fue la forma organizativa que le permitió a ETA subsistir, sino prácticamente era la única capaz de garantizar la existencia de una opción revolucionaria y de forjar un proletariado para sí.

En el propio mensaje de cese al fuego la organización pro-vasca dejó esbozada cierta simpatía por crear una organización revolucionaria más horizontal que vertical. Éste es un punto fundamental, pues para aprovechar el espacio ideológico que se abre en un sistema político tan laxo como la democracia burguesa, dónde todo está organizado para que los principios de las clases subalternas se diluyan en la multitud de opiniones. Aunque por su puesto que un asunto es dejar los procesos organizativos verticales para momentos en que sean más útiles, y otra cosa completamente distinta es incurrir en el error de la ultrademocracia. Es preciso tener conciencia que el exceso de horizontalidad en las organizaciones revolucionarias, bajo condiciones de democracia burguesa, también conducen a neutralizar cualquier intento transformador de la sociedad.

En segundo punto, la insistencia retórica sobre lo políticamente correcto no debe ser adoptada sin crítica por los trabajadores. Descalificar formas de lucha en abstracto resulta un error grave. La condena a priori de los métodos es tan peligrosa como el desfase entre medios y objetivos. Las organizaciones políticas son entes cuya existencia resulta independiente de nuestra conciencia, por tanto no serán como las queremos. A ETA se vale y se le debe criticar severamente, pero antes habría que valorar si su lucha es consecuente con las necesidades del proletariado.

La tregua quizá no amaine la persecución que el gobierno español ha desatado, al menos en lo inmediato, contra ETA. Pero sí es posible que le abra nuevos caminos de lucha a la izquierda abertzale. Ni España ni Francia reconocerán, en lo inmediato, la independencia euskera, pero al menos se abrieren a vías para remasificar la causa, no solo en territorio vasco sino como demanda de la clase trabajadora a escala mundial. ¡Gora Euskal Herria Askatuta! ¡Gora Euskal Herria Sozialista!

Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡Necesario es vencer!

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