lunes, febrero 15, 2010

Reyertas 77: Amenazas reveladas

En los últimos dos meses los mexicanos presenciamos varias declaraciones y acciones del gobierno federal que han enrarecido el ambiente político con el fin de allanarle el camino a la propuesta calderonista de Reforma Política del Estado. Ésta pretende ampliar la superestructura jurídica neoliberal para facilitar la concentración de la ganancia. No se olvide que dicho modelo de acumulación se favorece a los monopolios. Al plantear condiciones iguales de mercado se favorece que aquellas empresas, cuyo tamaño es inmensamente mayor, avasallen a las pequeñas empresas carentes de las herramientas para competir. En el caso de las instancias de gobierno en México, la desproporcionalidad entre competidores resulta en una boyante burguesía de libre mercado en abierta confrontación con una burguesía dedicada a la edificación de un mercado interno. Pese a que instintivamente el proletariado se ha colocado del lado de la burguesía de mercado interno, la falta de claridad de la masa ha hecho posible que el capitalismo imperialista sumado a la burguesía librecambista se impongan por su mejor capacidad económica. Así, no solamente la economía mexicana ha sido hegemonizada por esa alianza neoliberal, sino también las instituciones de gobierno. Con lo cuál se generó una estructura económica precaria para el grueso de los mexicanos.

Raquitismo económico

Repetidamente he referido que la situación de la economía mexicana es la fase depresiva. La crisis económica de 2008-2009 no se explica, como simplonamente lo pretende hacer Felipillo I, el espurio, por las tendencias económicas mundiales. Es, principalmente, un problema de la estructura productiva desarrollada desde la década de los años 1980 (véase Reyertas 25: ¿Rudo? y Cursi). El colocar la extracción petrolera como eje central económico nacional, apuntalada por la industria maquiladora de exportación, ha hecho que el país sea incapaz de producir los suministros básicos para la población. Además de hacer depender su ingreso de la demanda extranjera.

Es cierto que en los años recientes se han aplicado medidas económicas que permiten controlar dos grandes problemas del país: el crecimiento acelerado de los precios (inflación) y el déficit de la balanza de pagos. Utilizando los datos que cada semestre publica el Fondo Monetario Internacional (FMI) se comprueba que desde el año 2000 la inflación ha sido menor al 10% anual, cosa impensable en 1987, cuando ésta superaba el 159%. En tanto, el déficit de la balanza de pagos mexicana desde 2003 se ha mantenido por debajo del 1.5% del Producto Interno Bruto (PIB), en contraste con el inicio de los años 1990 cuando México perdía hasta 6.72% de su PIB en realizar pagos al extranjero por concepto de deuda o por importaciones.

A cambio de esas maravillas de los gobiernos neoliberales, y con especial énfasis los panistas, se ha sacrificado el futuro de México como nación. El mercado interno está desarticulado. A tal grado que la década recién concluida fue la peor de la historia para México, en cuanto a su crecimiento económico. Ni siquiera la de los años 1980 había sido tan mala. Los diez años que median entre el 2000 y el 2009, tuvieron en promedio una tasa de crecimiento del PIB de 1.86%, siendo el 2000, el último del gobierno de Ernesto Zedillo, el mejor año, pues se tuvo un crecimiento de 6.6%. También el ingreso de los mexicanos ha sido otro de los grandes damnificados del neoliberalismo. El Producto Interno Bruto per cápita, según el poder de paridad de compra de la moneda mexicana, se estancó en US$13,500 al año, durante 2009. Es decir, al descontar la inflación y otros factores que distorsionan el valor monetario, resulta que cada mexicano produce al año poco más de $175,500. Cifra que equivale a unos $14,625 al mes. Pero, ¡oh, sorpresa! La realidad es que el salario medio de los mexicanos no llega siquiera a los $6,000 mensuales. Así, sin recurrir a otro elemento queda demostrado que las reformas económicas y políticas que se han realizado en la etapa neoliberal, pero especialmente durante los gobiernos panistas, han sido en contra de las clases subsumidas.

Inseguridad belicosa

Desde los primeros días de su presidencia Felipillo I, el espurio, se proclamó como el adalid de la seguridad en México. Echando mano de todos los recursos del Estado dominaría al crimen organizado y especialmente al narcotráfico, que tanto daño le han hecho al país. Sin embargo, el despliegue de militares y marinos no solamente ha sido tan ineficaz como espectacular para combatir a la delincuencia organizada. Sino que también ha estado caracterizada por los escándalos de corrupción de altos mandos del gobierno. El más notable de ellos es el de Genaro García Luna, Secretario de Seguridad Pública Federal (SSP). Las denuncias en su contra dejan la imagen de un funcionario público que se dedica a crear puestas en escena que magnifican el papel del gobierno en contra del crimen ante la opinión pública, pero que en la práctica, al irse develando la realidad, generan una serie de dudas sobre la veracidad de las operaciones policíacas y militares que ponen en riesgo los procesos judiciales. Además del pasatiempo histriónico del secretario de seguridad pública, también quedan grandes dudas sobre los verdaderos objetivos del gobierno federal al desplegar esta guerra en contra del crimen organizado.

Tal situación hace plausible la versión del respaldo de las autoridades federales hacia uno de los cárteles: el encabezado por Joaquín el chapo Guzmán. Resulta significativo que en los más de tres años del gobierno de Felipillo I, el católico, y todo el sexenio de Vicente Fox, se haya señalado a dicho narcotraficante como el consentido del gobierno. En esos términos no ha faltado quién argumente la existencia de una alianza entre el gobierno federal y dicho capo.

La corrupción de altos funcionarios no es una novedad, ni exclusiva de México. En todo el mundo, los capitalistas, especialmente los grandes propietarios, han aprovechado las debilidades de la condición humana para favorecer sus negocios. La burguesía renacentista, del norte de Italia, fomentaron la corrupción para apropiarse del poder político, eso hizo que familias como la Medici, la Borgia o la Sforza controlasen grandes territorios. Más recientemente es preciso recordar que los grandes imperialismos británico y estadounidense se erigieron sobre toda la corrupción que fomentaron en las neocolonias. No se olvide que, en el siglo XIX, cuando China se negó a seguirle comprando opio, los británicos comenzaron una serie de guerras en contra de la nación asiática (las guerras del opio de 1839 a 1860) que la obligaron a abrirse comercialmente hacia occidente. Por su parte, los Estados Unidos intervinieron en América Latina durante todo el siglo XX lo cuál construyó su hegemonía en la región. Lo curioso, es que para muchas de esas acciones no se requirió la intervención descarada del ejército de EE.UU., pues en muchos casos fueron los funcionarios corrompidos, por el poderoso dólar, quienes se encargaron de proteger los intereses estadounidenses.

Los grandes narcotraficantes no son distintos del resto de los grandes capitalistas. Pese a dedicarse a una actividad económica proscrita, cuán irreal puede ser en ocasiones la legislación, obtienen grandes beneficios como resultado de aprovechar esas leyes y sus influencias sobre políticos. Para ilustrar mejor el punto, en la edición más reciente de la revista Proceso (véase núm. 1737, 14/II/10, p. 12-13) se da cuenta de una serie de mantas colocadas en sitios visibles de varias ciudades de la república mexicana, en las que los cárteles opositores al del Chapo denuncian el respaldo que ha recibido dicho personaje por parte de los gobiernos del PAN. La transcripción de una de dichas mantas apunta:

Esta carta es para la ciudadanía Para: que se den cuenta o para los que ya tienen conosimiento. El gobierno federal protege al Chapo Guzmán y su jente, que son los culpables de la masacre de gente inosente que hicieron en torreón.

Para el gobierno federal sólo hay Z en el país y cárteles que son enemigos del Chapo, que es el… protegido de los panistas desde que Vicente Fox entró al poder, y lo soltó y todavía sigue el compromiso hasta la fecha, a pasar de las masacres… que hacen con gente inocente.

¡que es eso de matar gente inocente! en las… discotecas ¿la pregunta es porque lo hacen? porque no se pueden defender. Por que… no pelean con nosotros, de frente a frente invitamos al gobierno federal que atake a todos los carteles por igual hasta su protejido y que matan.

Gobierno en Durango y Culiacán que es donde vienen las ordenes para hacer esas barbaridades como sucedió en Cd Juares y Torreón.

La versión dada por las narcomantas es verosímil en función de los resultados de la guerra en contra del crimen: la violencia ascendente. Para reducir efectivamente ésta sería necesario eliminar las prohibiciones (ello afectaría las ganancias de los narcoempresarios y por tanto su capacidad para el cohecho), reeducar a la población en torno a las adicciones, realizar una nueva reforma agraria que incluya el apoyo a los campesinos (principalmente ejidatarios) para conseguir elevar la producción alimentaria (lo que obligaría que el precio de esas cosechas sea más atractivo que el de los estupefacientes). Sin embargo, esas reformas no se avizoran en el corto plazo, pues la hegemonía política en el país la tienen los empresarios (legales o no) partidarios del libre comercio.

Tendencia de la reforma calderonista

En Reyertas 71: Escenarios y sugerencias para 2010 hice algunos comentarios sobre el sentido que tiene la Reforma política que presentó Felipillo I, el breve, en diciembre pasado. En aquella oportunidad se mostró que el sentido que tiene dicha propuesta es el restringir la participación social, reducir la representatividad del legislativo y fortalecer las funciones del poder ejecutivo. Un elemento adicional que es preciso tomar en cuenta es la tendencia del gobierno actual a concentrar el gasto público en el poder ejecutivo. Según los datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) publicados por al revista Contralínea (14/II/10, p. 24-27), las 16 dependencias federales que conforman ese poder incrementaron su presupuesto al pasar de los $52,216 millones en 2007 hasta llegar a los $82,015 millones en 2009. Ese incremento del 57% en tan sólo 3 años no se corresponde ni con el supuesto programa de austeridad del gobierno federal ni con la situación en que viven millones de trabajadores en el país. Pero sí es un elemento que demuestra hasta qué punto se concentran los recursos del Estado en el ejecutivo federal. Esa misma instancia es la que mejores servicios le ha brindado a la burguesía librecambista. Por tanto, la concentración de fuerza en la figura presidencial, promovida por la Reforma política, no será más que en beneficio de una facción muy específica de la clase capitalista.

Militares usados

Aunque se esfuerza por presentarse como un gobernante incluyente y democrático, a Felipillo I, el espurio, le traiciona fácilmente su autoritarismo como gobernante. La prueba más reciente de ello es un hecho que no puede dejarse pasar fácilmente: el ejército pronunciándose en favor de la Reforma política de Calderón. El mensaje del Secretario de la Defensa Nacional (Sedena), el general Guillermo Galván Galván, al decir: “sólo mediante reformas integrales, estaremos en condiciones de consolidar ese bienestar colectivo que todos exigen, pero que no todos procuran” (La Jornada, 10/II/10, p. 3), en el contexto de un discurso en que el titular de la Sedena se compromete a respaldar al ejecutivo como representante de la nación, resulta una grave amenaza y una toma de posición política por parte de uno de los poderes fácticos más oscuros en la historia.

Es cierto que, a diferencia de otras naciones, el ejército mexicano tiene su origen en el propio pueblo y su principal objetivo es el de defender a éste. Sin embargo, eso no ha sido obstáculo para que en ocasiones se haya utilizado a la milicia en contra de las clases subsumidas. Para la clase obrera avanzar, incluyendo derrotar al neoliberal gobierno calderonista, implica hacer que la tropa se ponga del lado del pueblo, no del de los generales. Ni la muerte ni la derrota son opciones: ¡NECESARIO ES VENCER!

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